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La leyenda del perro infernal de la Primera Guerra Mundial




La leyenda del perro infernal de la Primera Guerra Mundial


La guerra es ya de por sí un territorio de horror, masacre y profundo drama humano. Es común que en este escenario de oscuridad se hilen muchas leyendas, muchas historias marcadas por el misterio y esa fina frontera donde la sobrenatural, se entremezcla con la realidad.
En el caso del perro del infierno de la Primera Guerra Mundial, contamos con esos mismos ingredientes situados en un lugar en concreto: Mons, un pequeño pueblo Belga donde esa guerra de trincheras vio con sus propios ojos un fenómeno singular que más tarde, sería recogido por un periodista Canadiense. Se llamaba F. J. Newhouse, y fue él quien narró esta historia en un periódico norteamericano desatando lo que se consideraría, uno de los relatos más inquietantes en tiempos de guerra.

El perro de la batalla de Mons
Estamos en 1914, y los británicos llegaban en su primera incursión hasta este pequeño pueblo belga para hacer frente a las tropas alemanas que estaban ocupando esta región. Aquella larga batalla se recuerda como algo tan cruento que según los testigos que lograron sobrevivir a ella, la niebla del amanecer siempre olía a sangre y a tierra húmeda.

La batalla acabó siendo como lo fueron la mayoría de los enfrentamientos en la Primera Guerra mundial: a través de las trincheras, con el fuego de artillería rompiendo el silencio de aquellas tierras, baterías de ametralladoras, duros combates entre el barro, las heridas abiertas y esa humedad ambiental que se clavaba en el alma. Hubo centenares de víctimas.

Los soldados terminaron llamando a aquella zona “Tierra de nadie”. Allí solo se iba a morir, nunca se veía avance por parte de ninguno de los bandos, era una hondonada que cercenaba los ánimos y que duró casi 2 años. Tanto fue así, que incluso los propios británicos llegaron a plantearse la retirada en más de algún momento. En especial cuando llegó el “perro del infierno”.
Cuando caía la noche, y en los momentos en que paraban los ataques y ambos enemigos establecían una tregua momentánea para recuperar a sus muertos y heridos en el campo de batalla, se escuchaba un aullido. A medio camino entre un lobo y un perro, asomaba siempre a la media noche la sombra de un animal siniestro cerca de los alambres de púas de las trincheras. Y atacaba de forma feroz tanto a alemanes como a británicos. Lo llamaron el sabueso de Mons.
Se abalanzaba sobre los hombres desgarrándoles la garganta, ataques brutales que alzaron el terror entre todos los combatientes. Si no había bastante con las ametralladoras, cuando la calma caía en Mons aparecía aquel monstruo salido de la nada. Y el terror que provocaba, era algo que se instaló en profundamente en cada hombre, un miedo atroz que sabía a óxido en la boca, un pánico que como decimos, más tarde recogió un periodista de guerra tras escuchar la misma historia por decenas de hombres.

La historia del El sabueso de Mons fue publicada en 1919 por el Ada Evening News de Oklahoma, pero más tarde, acabó en infinitas publicaciones de territorio estadounidense. En ese artículo se contaba por ejemplo el caso de un capitán de Londres y sus cuatro fusileros. Era una pequeña patrulla que intentó tomar por sorpresa una posición de alemana durante la noche. Nunca llegaron. Y no fue por el enemigo, en absoluto… Fue por el sabueso de Mons. Días después encontraron los cuerpos destrozados.

Para la prensa quedo casi como un relato de terror que cualquiera podría comparar con los de Arthur Conan Doyle, sin embargo, para quienes lo vivieron en primera persona y salieron con vida de la batalla de Mons y del perro del infierno, aquel ser tenía en realidad poco de “fantasmal”.

Se habló de un experimento genético por parte de los laboratorios nazis. Y en especial, sonó el nombre de un científico: Gottlieb Hochmuller. No obstante, y a día de hoy esta historia entra dentro de lo que se considera “criptozoología”, una simple leyenda de la que no se ha podido demostrar nada. Para la mayoría, no fue más que el terror de unos hombres en tiempos de guerra que llegaron a ver más enemigos de los que ya tenían.



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