La lucha "desde abajo" contra el glifosato en Argentina

Algunas granjas en Misiones, Santa Fe o Entre Ríos se oponen a los productos de Monsanto y buscan alternativas agroecológicas. En otras partes del mundo, el debate sobre la toxicidad de estos agroquímicos sigue sin resolverse.
En noviembre de 2017, la Unión Europea renovó el permiso para el uso del glifosato en su región por otros cinco años. En mayo de 2018, el gobierno de Emmanuel Macron insistió en su promesa de prohibirlo en 3. En agosto siguiente, un juzgado de California, Estados Unidos, ordenó a Monsanto indemnizar al agricultor Dewayne Johnson, diagnosticado con cáncer en 2014. A comienzos de septiembre de este año, un juzgado de Brasil revirtió la decisión de prohibir los pesticidas con este compuesto en el país.
La tensión por el uso del glifosato pasa en buena parte por las decisiones de jueces, legisladores y gobernantes en distintas partes del mundo. Pero en Argentina, uno de los países que más demanda químicos con este compuesto, hay un grupo de agricultores que está empezando a promover los cultivos agroecológicos. Se trata de plantaciones donde se buscan alternativas naturales para erradicar las plagas y las enfermedades sin el uso de herbicidas, pesticidas o insecticidas.
Todavía son pocos los que se unen a esta corriente de la agronomía y para Marisa Fogante, quien cultiva frutas sin el uso de químicos, la razón es clara: "en Argentina, también, la producción convencional o con agrotóxicos está muy presente, tiene mucho lobby, mucha presión, muchas empresas que financian, auspician y promueven este tipo de agricultura. Entonces obviamente nosotros venimos a cuestionar algo que, entre comillas, funciona".
Esther Herran: "nuestros abuelos han demostrado que se puede usar y ser una persona sana"
Pero la relación directa entre los agroquímicos y la salud humana todavía está sujeta a discusión. En parte, porque la exposición a los agroquímicos es uno entre otros factores que pueden incidir en la aparición de estas enfermedades.
“No es difícil demostrar que el glifosato es perjudicial para la salud, eso ha sido demostrado contundentemente”, afirma Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario,
"lo verdaderamente difícil es construir una línea causal directa entre el contacto con el glifosato y el impacto en la salud".
Por eso hay investigadores, como el químico y toxicólogo Keith Solomon, que afirman que las investigaciones in vitro o en ambientes controlados no reflejan las condiciones reales en las que el glifosato es biodegradable. Verzeñassi resalta que esto no se puede demostrar únicamente en los laboratorios porque desde el momento en que los cuerpos se exponen al glifosato y el surgimiento de las enfermedades pueden pasar 10 o 15 años.
"El problema es que el modelo de análisis positivista de la ciencia médica es lineal, y eso, entre otras dificultades, impide entender que los síntomas requieren de un periodo largo para manifestarse", añade el investigador argentino.
Pero hay otros actores que no lo ven así. En 2017, la eurodiputada española Esther Herranz, en una reunión con cooperativas agrarias, sentenció sobre el glifosato: "nuestros abuelos han demostrado que se puede usar y ser una persona sana". Y hace pocas semanas, en medio del debate en el Congreso de Colombia para retomar la aspersión con glifosato para combatir los cultivos ilícitos, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, expuso su propio caso: "en mi experiencia como agricultor, no he conocido un mejor herbicida que el glifosato".
En la comunidad científica, también, hay discrepancias. Los que defienden que el glifosato es inocuo señalan a sus contrapartes de "románticos", y estos les responden que sus investigaciones son pagadas por Monsanto. Verzeñassi, por ejemplo, dice que parte de los obstáculos para convencer a la gente sobre la toxicidad de este componente se encuentra en el ruido que genera la "ciencia mercenaria controlada por las empresas".
Y mientras los gobiernos centrales, los legisladores y las altas cortes debaten sobre decisiones definitivas, pequeñas comunidades empiezan a adelantarse. En abril de este año, por ejemplo, el municipio de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, se sumó a las otras 11 ciudades Argentinas que desde su gobierno municipal han prohibido el glifosato en sus jurisdicciones.
En Estados Unidos, entretanto, los abogados de Bayer (la farmacéutica que adquirió Monsanto este año) se preparan para enfrentar las demandas de al menos 8.700 personas que culpan al glifosato de sus enfermedades.
Video interensante, veanlo:
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