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La mitologia sobre las edades Miticas Parte 3






Elías aparece sorpresivamente en el relato anunciando a Acab la sequía. Luego, se esconde en un arroyo cercano al Jordán y es alimentado por cuervos. Después, por mandato de Yahvé, va a Sarepta, un poblado cercano, a la casa de una viuda, en donde el profeta multiplica la comida y resucita a su hijo. Se trata del primer caso documentado de resurrección de un muerto. Elías se enfrenta a Jezabel, que había mandado que mataran a los profetas de Yahvé. Elías desafía a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal a que acepten el sacrificio de un buey en un altar preparado para ser incinerado; Elías hace que le preparen un altar igual y además hace que mojen la madera tres veces hasta que se llena un foso alrededor del ara. Yahvé acepta el sacrificio de Elías, para confusión de los profetas de Baal, y en el monte Carmelo los derrota y los degüella con la ayuda del pueblo, tras lo cual termina la sequía. Elías era un humano sujeto a pasiones similares a las nuestras. Tras su victoria, huye por temor a la venganza de Jezabel y se adentra en el desierto, deseándose la muerte. Sin embargo, después de que el Ángel de Yahvé le da de comer y beber se sintió reconfortado y anduvo hasta el monte Horeb, donde se esconde en una cueva. En medio de una depresión, el profeta Elías ora a Yahvé y demuestra un exceso de celo en su misión. Dios se le manifiesta y le apoya presentándose como una voz apacible y suave tras vientos, temblores y un fuego y le da nuevas misiones, y acaba señalando a Eliseo como su sucesor. La maldad de Acab y Jezabel enfrentada por Elías no se limitaba al culto de Baal, sino que se proyectaba en el despojo de sus súbditos. El episodio de la viña de Nabot es representativo de la repetida historia del despojo de las tierras de los campesinos por los gobernantes y grandes propietarios. Otros profetas se referirían a estas situaciones, tales como Isaías y Miqueas. Elías expresa la sentencia divina contra Jezabel y contra la descendencia de Acab. Derrotado y muerto éste en combate con las tropas del rey de Aram, a pesar de los buenos augurios de los falsos profetas, le sucedió su hijo Ocozías, que anduvo por el camino de su padre y de su madre e hizo pecar a Israel y murió pronto. Según Reyes, tras la muerte de Ocozías, el 852 a. C., Dios traspasa el oficio de profeta a Eliseo, «un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino» a la vista de Eliseo. Eliseo toma el manto de Elías y es de este modo reconocido por Yahvé como su profeta. Vemos que Elías, al igual que Enoc, es también llevado “vivo” al Cielo; y el astrólogo de la corte de Isdubar, el Hea-bani caldeo, es igualmente elevado al Cielo por el dios Hea, que era su patrón, como Jehovah lo era de Elías. Las variaciones sobre este tema no tiene fin, pero el significado secreto es siempre el mismo. La expresión de Pablo de “que él no vería la muerte”, tiene por tanto un sentido esotérico, pero nada de sobrenatural .


El Libro de Enoc es un libro que forma parte del canon de la Biblia de la Iglesia ortodoxa etíope pero no es reconocido como canónico por las demás iglesias cristianas, a pesar de haber sido encontrado en algunos de los códices por la Septuaginta, Códice Vaticano y Papiros Chester Beatty. Los judíos etíopes lo incluyen en la Tanaj, conjunto de los 24 libros de la Biblia hebrea, a diferencia de los demás judíos actuales, que lo excluyen. Las únicas versiones íntegras de este libro que se conservan están en ge’ez, lengua litúrgica de la Iglesia etíope, pero son conocidas varias partes en griego, y un fragmento en latín. También ha sido encontrado, en Antínoe, ciudad egipcia edificada por el emperador Adriano en honor de su favorito Antinoo, un fragmento en copto y, además, en Qumrán fueron hallados múltiples fragmentos en arameo y uno en hebreo. La tradición atribuía su autoría a Enoc, bisabuelo de Noé. En la actualidad se cree que el texto fue redactado por varios autores judíos entre los siglos III a. C. y I d.C. Se conocen otros tres Libros de Enoc, el Segundo Libro de Enoc, escrito a finales del siglo I o después y conservado en eslavo eclesiástico, y el Tercer Libro de Enoc, en hebreo, así como elEnoc copto, que data del siglo V y del cual apenas se han encontrado partes. El libro que hoy se conoce fue editado tal vez en el siglo I de nuestra era, y consta de varias partes escritas entre los siglos III a. C. y I d. C. Una parte es el Libro del Juicio, que en los capítulos 1 al 5 trata de las palabras de bendición de Enoc a los justos, que vivirán cuando los impíos sean condenados. Se estima que su composición data de antes del 200 a. C. Ota parte es el Libro de los Vigilantes oCaída de los ángeles, que en los capítulos 6 al 36 se centra en el tema de los Vigilantes, o ángeles, que interpretando el Génesis 6, dice que estos ángeles tuvieron relaciones sexuales con mujeres y engendraron gigantes, llamados nephilim, seres famosos que desataron la violencia sobre la tierra y pervirtieron a la humanidad. Además, el Libro de los Vigilantes se caracteriza por unir y complementar las historias de los Vigilantes con la historia del Diluvio universal, presentes en el Génesis, y hace una descripción detallada del mundo y los cielos en las fábulas populares judáicas de su tiempo. Fue escrito antes del 160 a. C. Otra parte está representada por el Libro de las parábolas o El mesías y el reino, que en los capítulos 37 al 71, de carácter mesiánico, profetiza la venida del Hijo del Hombre, la caída de los reyes y poderosos y el día del Elegido. Es la única parte que no se ha encontrado en los manuscritos de Qumrán. Se estima que fue escrito después del 63 a. C. a finales del siglo I a. C. o en el siglo I d.C. Otra parte la constituye el Libro del cambio de las luminarias celestiales o Libro astronómico, que en los capítulos 72 al 82 expone en detalle el antiguo calendario solar hebreo, en concordancia con el Libro de los Jubileos, que cita este libro de las luminarias del cielo. Fue escrito entre el 250 y el 190 a. C. Otra parte la forma el Libro de los sueños, que en los capítulos 83 al 90 refiere dos visiones apocalípticas experimentadas por Enoc en sueños. La primera visión simplemente anuncia que la Tierra será destruida y la segunda visión es una historia de la humanidad y de Israel hasta el fin de los tiempos, en la que los actores son representados como animales simbólicos. Se calcula que fue escrito entre los años 161 y 125 a. C.





Otra parte del Libro de los Vigilantes es la Carta de Enoc y Apocalipsis de las semanas, que en los capítulos 91 al 105 divide la historia en diez hipotéticas «semanas», interpretando el pasado y proyectándose escatológicamente al futuro. Fue escrito después del año 135 a. C., probablemente entre el 110 y el 60 a. C. La última parte del libro está formada por losFragmentos, cuyos capítulos 106 y 107 parecen ser una parte del Libro de Noé, que se ha perdido pero que está presente en los manuscritos del Mar Muerto. Predice los crímenes de la humanidad y el advenimiento de tiempos mesiánicos con el triunfo de los justos. El capítulo 108 explícitamente dice que es otro Libro de Enoc, pero falta en varios manuscritos. Algunos autores consideran que el Libro de los Vigilantes fue, al menos en parte, redactado hacia el 400 a. C., pero la mayoría estima que las primeras secciones fueron compuestas en el siglo II antes de Cristo, a más tardar en el 166 a.C. Los autores podrían basarse en parte del Pentateuco, y habrían ampliado las secciones de Génesis, Números y Deuteronomio. Por ejemplo, el Libro de Enoc podría ser originalmente un midrash, método de exégesis de un texto bíblico, del Deuteronomio. En el Deuteronomio leemos: “Yahveh vino de Sinaí y de Seir les esclareció; resplandeció desde el monte de Parán y vino con diez mil santos; con la ley de fuego a su diestra“. Y en el Libro de Enoc leemos: “El Señor vino con muchos millares de Sus santos, para ejecutar juicio sobre todos, y para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad, que han hecho impíamente, y de todas las cosas ofensivas (duras) que pecadores impíos dijeron contra El“. También tenemos la parte en que en el Libro de Enoc se habla de Enoc, séptimo desde Adán. Por otro lado, en Judas 1 leemos. “De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor ha venido con sus santos millares a hacer juicio contra todos, y á convencer a todos los impíos de entre ellos tocante a todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y a todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él“. La parte que hemos nombrado El libro astronómico es anterior al Libro de los Jubileos y, por lo tanto, se remonta por lo menos al siglo III a. C. Algunos de los fragmentos de esta parte encontrados en Qumram han sido datados por los paleógrafos a finales de ese siglo III a. C..El calendario solar que expone fue el adoptado por la comunidad de Qumran, la cual consideraba que, así como Israel se había desviado del verdadero camino y del testimonio justo, el calendario oficial erraba al determinar las fechas de las fiestas establecidas en la Torah.


El Libro de Enoc es un libro apocalíptico perteneciente a la apocalíptica judía. En el capítulo 7 narra la caída de los Vigilantes, que engendraron con mujeres humanas a los nephilim o ‘gigantes’, a los cuales también se refiere el Génesis 6: “Ellos devoraron todo el trabajo de los hombres hasta que estos ya no alcanzaron alimentarlos más. Entonces los gigantes se volvieron contra los hombres y empezaron a devorarlos y empezaron a pecar contra los pájaros, y contra las bestias y los peces y a devorar unos la carne de los otros y se bebieron la sangre. Entonces la tierra acusó a los violentos por todo lo que se había hecho en ella“. Se acusa a los ángeles guardianes por haber desviado su misión y encarnado la explotación, la opresión, la destrucción de los ecosistemas, la guerra, el oro, la vanidad, la brujería, la fornicación y el engaño. «Y como parte de la humanidad era aniquilada, su clamor subió al cielo». Los arcángeles Miguel, Sariel (Uriel), Rafael y Gabriel, al ver la sangre derramada y la injusticia se dijeron que «la tierra desolada grita hasta las puertas del cielo por la destrucción de sus hijos». Dios los envía entonces a encadenar a los Vigilantes y a destruir a los gigantes «pues han oprimido a los humanos». Los ángeles caídos rogaron a Enoc que intercediese por ellos y los gigantes ante Dios. Luego el libro describe la visita de Enoc al cielo en forma de una visión, y sus revelaciones. Una parte significativa del texto se dedica a describir sorprendentemente los movimientos de los cuerpos celestes, vinculados al extraño viaje de Enoc por el cielo, que más parece una historia de abducciones extraterrestres. Buena parte del libro se dedica a denunciar a los opresores y reyes de la tierra y anuncia su derrota final: «Este castigo con que son castigados los ángeles es un testimonio para los reyes y los poderosos que poseen la superficie de la Tierra». Esto es similar a lo que se dice en Pedro 2: «Desgracia para los que edifican la iniquidad y la opresión y cimientan sobre el fraude, porque serán derrumbados de repente y no habrá paz en ellos. Habrá un cambio y los justos serán victoriosos….. Desgracia para vosotros ricos, porque os confiáis en vuestras riquezas, seréis privados de ellas». El Libro de Enoc asume la continuidad del discurso de los profetas y anticipo del mensaje cristiano, enfatizando en la venida del Hijo del Hombre. Es una expresión de la literatura apocalíptica como esperanza para los humildes. Debido a la contradicción de fechas y al no contar con la antigüedad debida, la mayoría de los traductores no incluyen el Libro de Enoc. Ya que el patriarca Enoc no parece ser el editor del Libro de Enoc, éste es considerado un libro apócrifo, no inspirado, que se escribió probablemente durante los siglos II y I a. C. Por tal razón esto no coincide con el dato que da el libro del Génesis sobre Enoc, que relata lo siguiente: “hijo de Jared; nació cuando su padre tenía ciento sesenta y dos años, y fue el séptimo hombre en la línea genealógica desde Adán. A los sesenta y cinco años llegó a ser padre de Matusalén, y después tuvo otros hijos e hijas“.





Enoc, según la Biblia, formó parte de la “gran nube de testigos” que fueron ejemplos sobresalientes de fe en tiempos antiguos. Según el Génesis 5: “Enoc siguió andando con el Dios verdadero”. Como profeta de Yahveh, predijo la venida de Dios con sus santas miríadas para ejecutar juicio contra los impíos, y éste quizás fue el motivo por el que se le persiguió. Sin embargo, si fue perseguido, Dios no permitió que sus opositores lo matasen, de modo que “lo tomó”, es decir, interrumpió su vida a los trescientos sesenta y cinco años, edad muy inferior a la normal de la época, que era de muchos más años. La Biblia dice que Enoc fue “transferido para que no viera la muerte”, por lo que se supone que fue trasladado vivo al reino de Yahveh, su Dios, tal vez una gran nave espacial. Según el Pirkah de Midras; “Hanokh comunicó a Noé la ciencia del cálculo (astronómico) y del cómputo de las estaciones”. El rabino Eliezar atribuye a Enoc lo que otros atribuyeron a Hermes Trismegisto; pues los dos son idénticos en su sentido esotérico. En este caso Hanokh, o Enoc, y su Sabiduría pertenecerían al ciclo de la Cuarta Raza Atlante, y Noé al de la Quinta. En este sentido ambos representan la presente raza raíz y la que le precedió. En otro sentido, Enoc desapareció, “se fue con Dios, y no existió más, porque Dios se lo llevó”. Enoc, interpretado en clave simbólica, es el tipo de la naturaleza doble del hombre, espiritual y física. Por esto ocupa el centro de la Cruz Astronómica, según la presenta Eliphas Lévi, que es la estrella de seis puntas de David, el “Adonai”, uno de los nombres en hebreo de Dios. En el ángulo superior del triángulo superior está el Águila; en el ángulo inferior izquierdo está el León; en el de la derecha el Toro; mientras que entre el Toro y el León, sobre ellos y debajo del Águila, está la faz de Enoc o del Hombre. Ahora bien; las figuras del triángulo superior representan a las Cuatro Razas, omitiendo la Primera, los Chhâyâs, o Sombras, y el “Hijo del Hombre”. A esta raza de Chhâyâs se refiere el Libro de Dzyan cuando dice: “Siete veces siete sombras (Chhâyâs) de Hombres futuros (amânasas, sin mente) nacieron. Cada una de su propio color y especie. Cada una inferior a su Padre (creador). Los Padres, los Sin-huesos, no podían dar vida a seres con huesos. Su prole eran bhûtas (fantasmas o larvas), sin forma ni mente. Por esto son llamados Raza chhâyâ (sombra o imagen astral)“. De esta raza, andando el tiempo, y con ayuda de grandes Seres, como los Dhyân Chohans, Pitris, etc., procedió el hombre físico y dotado de inteligencia. Volviendo al triángulo superior, Enoc está en el centro, colocado entre la Cuarta y Quinta Razas, pues representa la Sabiduría Secreta de ambas. Estos son los cuatro animales de Ezequiel y del Apocalipsis .


En este doble triángulo, que en Isis sin Velo, de Blavatsky, se presenta frente a la diosa hermafrodita Ardhanâri hindú, están simbolizadas solamente las tres razas históricas: la Tercera, por Ardhanâri; la Cuarta, por el fuerte y poderoso León; y la Quinta, la aria, por lo que es su símbolo más sagrado, el Toro. Louis-Silvestre de Sacy (1654 – 1727), distinguido hombre de letras y abogado francés, encuentra varias declaraciones de lo más singulares en el Libro de Enoc: “El autor (Enoc) hace constar el año solar de 364 días, y parece conocer períodos de tres, de cinco y de ocho años, seguidos de cuatro días suplementarios que, en su sistema, parecen ser los de los equinoccios y solsticios…. Sólo veo un medio de excusar estos “absurdos”, y es el de suponer que el autor explique algún sistema fantástico que pueda haber existido antes que el orden de la naturaleza hubiese sido alterado en la época del Diluvio Universal“. La Doctrina Secreta enseña que este “orden de la naturaleza” fue alterado, como también la serie de las humanidades de la Tierra. Pues, según el ángel Uriel dice a Enoc: “Mira, te he mostrado todas las cosas, ¡oh Enoc!; y todas las cosas te he revelado. Tú ves el sol, la luna y los que conducen las estrellas del cielo, los cuales hacen que se repitan todas sus operaciones, y estaciones. En los días de los pecadores, los años se acortarán y la luna cambiará sus leyes“. En aquellos días también, años antes del gran Diluvio que hizo desaparecer a los Atlantes y cambió la faz de toda la Tierra, porque el eje de la Tierra se inclinó, la naturaleza geológica, astronómica y cósmica, en general, no podía ser la misma, precisamente porque la Tierra se había inclinado. En el Libro de Enoc leemos: “Y Noé gritó con amargura; óyeme, óyeme, óyeme; tres veces. Y dijo: La Tierra trabaja y se estremece con violencia. Seguramente, pereceré con ella“. Esto se parece a una de las muchas contradicciones que se ven en la Biblia cuando se lee literalmente. Pues es extraño que se dijera de Noé que había “encontrado gracia a los ojos del Señor”, y se le había dicho que construyera un Arca. Pero aquí vemos al venerable patriarca Noé expresando tanto temor como si, en lugar de “amigo” de Dios, fuese uno de los Gigantes condenados por la Deidad encolerizada. La Tierra se había ya inclinado ; el diluvio sólo era simplemente cuestión de tiempo, y sin embargo, Noé parece ignorar que ha de salvarse. Había llegado el decreto de la Naturaleza y de la Ley de Evolución, para que la Tierra cambiase su raza, y que la Cuarta Raza fuese destruida para hacer sitio a una nueva. El Manvántara, era de un Manu, el progenitor hindú de la humanidad, había alcanzado su punto de regreso de tres rondas y media, y la Humanidad física gigantesca había alcanzado el punto culminante de la materialidad.





De ahí el versículo apocalíptico, que habla del mandamiento emitido para su destrucción, para que tuviese lugar el fin de la Cuarta Raza: “Pues ellos conocían verdaderamente todos los secretos de los ángeles, todos los poderes secretos y opresores de los Satanes, y todos los poderes de los que ejercen la hechicería, así como también de los que hacen imágenes fundidas en toda la tierra“. ¿Quién pudo informar al autor del Libro de Enoc de que la Tierra podía ocasionalmente inclinar su eje? En efecto, resulta curioso leer: “La posición del globo terrestre respecto del Sol ha sido, evidentemente, en los tiempos primitivos, distinta de lo que es ahora; y esta diferencia debe haber sido causada por un desplazamiento del eje de rotación de la tierra“. Esto recuerda la declaración que hicieron los sacerdotes egipcios a Herodoto en el sentido de que el Sol no se había levantado siempre donde ahora se levanta, y que en tiempos pasados la eclíptica había cortado al Ecuador en ángulos rectos. Hay muchos de estas frases misteriosas esparcidos por los Purânas, la Biblia y otras mitologías. Ello pone de relieve que los antiguos conocían muy bien la Astronomía y la Cosmografía en general, que el modo de conducirse la Tierra ha variado más de una vez desde el estado primitivo de las cosas. Así, Jenofonte asegura que Faetón, en su deseo de aprender la verdad oculta , hizo que el Sol se desviase de su curso natural. Sin embargo, no es tan sorprendente lo que dijo Josué, parando por completo el curso del Sol. No obstante, ello puede explicar la enseñanza de la mitología de los países del Norte, de que antes del actual orden de cosas el Sol se levantaba al Sur, al paso que colocaban la zona frígida (Jeruskoven) al Este, mientras que ahora está en el Norte. El Libro de Enoc es un resumen de los principales rasgos de la historia de la Tercera, Cuarta y Quinta Razas. También contiene unas cuantas profecías de la presente época del mundo, un largo resumen retrospectivo y profético de sucesos universales y completamente históricos, desde el punto de vista geológico, etnológico, astronómico y psíquico, de los anales antediluvianos. El Libro de Enoc es citado muchas veces en el Pistis Sophia, importante texto gnóstico escrito posiblemente en el siglo II, y también en el Zohar, libro central de la corriente cabalística. Orígenes y Clemente de Alejandría lo tenían en muy alta estima. Orígenes, entre otros, que vivió en el siglo II de la Era cristiana, lo menciona como obra venerable y antigua. El Nombre secreto y sagrado y su potencia están bien y claramente descritos en el antiguo libro, aunque de modo alegórico. Desde el capítulo dieciocho al cincuenta, las visiones de Enoc son todas descriptivas de los misterios de la Iniciación, uno de los cuales es el valle ardiente de los ángeles caídos. Quizás tuvo San Agustín mucha razón al decir que la Iglesia rechazaba el Libro de Enoc de su canon, a causa de su gran antigüedad, ya que entonces la Iglesia no aceptaba una antigüedad del mundo superior a los 4.004 años antes de Cristo.




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