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La Muerte al servicio de las corporaciónes: IRAK

La revista The Nation ha publicado una alarmante nueva denuncia de cincuenta veteranos de guerra estadounidenses de la Guerra de Iraq que dejan constancia pública de vívidos relatos de la ocupación militar de EE.UU. en Iraq y describen un lado brutal de la guerra que es raramente visto en las pantallas de televisión o descrito en informes de los periódicos. La investigación marca una primicia en el hecho de que constan tantos testigos presenciales de dentro de las fuerzas armadas de EE.UU., que se han reunido en un sitio para corroborar abiertamente las afirmaciones de asesinatos indiscriminados y otras atrocidades por los militares de EE.UU. en Iraq. Hablamos con el co-autor del artículo, la periodista Laila Al-Arian, y cuatro veteranos de Iraq que presentaron sus historias de la guerra.

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Extractos de declaraciones de soldados americanos.

ESPECIALISTA GARETT REPPENHAGEN: Las incursiones en las casas fueron una parte muy difícil de mi experiencia en Iraq. Realizamos numerosos allanamientos de casas. Y, sabe, sentíamos que debíamos hacerlo. No teníamos la iniciativa en Iraq. Los militares de EE.UU., nueve de diez veces, están a la defensiva. Nos atacan, y el combate es usualmente iniciado por el enemigo. Así que muchas veces estamos sólo – estamos registrando casas. Vamos basados en caprichos, esperando que podamos capturar a los iraquíes, a los que tratan de dañar a las fuerzas de EE.UU. Y registramos muchas casas, derribamos las puertas, separamos a la gente.


Y repasábamos una lista de control - ¿tenían contrabando? Sí / No. Si tenían, los arrestábamos, y les poníamos un saco sobre la cabeza y lo marcábamos con una “A”- Sabe: ¿tienen tarjeta de identidad? Si no la tienen, los marcamos con una “B,” nos los llevamos. Si no pertenecían a esa casa, si no vivían en esa casa, los marcábamos con una “C” y los llevábamos. Así que sacábamos a un montón de gente de sus casas. Y a mucha de esas gentes, los sacábamos por la cadena de mando, y los interrogaban, y los transferían más arriba. Y mucha gente nunca volvía a su casa el día siguiente o nunca más.


Así que es muy difícil. Es duro ver a la gente, entrar a sus casas, especialmente cuando sabes que la mayor parte del tiempo tienes malas informaciones y estás allanando una casa en la que usualmente la gente es inocente y no tiene nada que ver con la insurgencia o con algún daño a soldados de EE.UU.


Ante la pregunta que le hacen al Sargento John Bruhns sobre como fue su primer día en la guerra en Irak este dice:

... fue muy confuso. Estábamos – mi unidad, junto con otros 150.000 soldados, concentrados en la frontera de Kuwait con Iraq. Y finalmente, nuestro comandante dijo: “OK, en marcha,” y entramos en Iraq. Y entramos en el desierto del sur de Iraq, y tardamos días en llegar a la civilización.


Y en ese momento tenía muchas reservas, porque miraba alrededor, y vi a 150.000 soldados en camino a Bagdad por el desierto abierto, y ahí está el presidente Bush, y acusa a Sadam Husein de tener un masivo arsenal de armas de destrucción masiva, posiblemente un arma nuclear, diciendo que es un dictador homicida adicto a esas armas y que tenemos que detenerlo ahora mismo. Y yo pensaba en mi fuero interno, me dije: ¿qué mejor momento para Sadam Husein para utilizar esas armas? Tiene a 150.000 soldados en el desierto del sur de Iraq, y podría lanzar esas armas directamente contra nosotros y no matar a nadie más que a nosotros.


Así que fue muy aterrador, especialmente porque nuestros comandantes militares nos decían que él tiene esas armas, y que es su última defensa, que vamos a matarlo, a apoderarnos de su gobierno, y que utilizará esas armas. Y esperábamos por lo menos 50.000 bajas ese día. Es lo que nos decían. Así que era muy aterrador.


Pero una vez que comencé a llegar a áreas pobladas, las armas no habían sido utilizadas en el momento apropiado para que Sadam Husein las usara. Llegué a la conclusión definitiva de que el presidente Bush había tomado una decisión totalmente incompetente o que nos había engañado deliberadamente para comenzar la guerra.

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Sobreviviente de la matanza de Haditha, en que soldados estadounidenses mataron a su familia (y un total de 24 personas) el 19 de noviembre de 2005.


Un estudio publicado hace poco en la revista médica británica The Lancet usó métodos científicos para calcular que desde el inicio de la guerra se han matado a 655,000 iraquíes y que el 90% murió por la violencia.
En Ramadi la noche del 13 noviembre, por lo menos 35 personas murieron cuando los tanques militares estadounidenses dispararon contra las casas, el más reciente de varios masacres cometidos por Estados Unidos que han salido a la luz a pesar, en muchos casos, de intentos de taparlos. Otros ejemplos son el asesinato de 24 iraquíes civiles por la Infantería de la Marina estadounidense en Haditha el 19 de noviembre de 2005, la violación y muerte a una joven de 14 años y la muerte de toda su familia en Al-Mahmudiyah, y el asesinato de 11 iraquíes, entre ellos 5 niños y una abuela de 75 años, en Ishaqi el 15 de marzo de 2006.
Las fuerzas armadas estadounidenses utilizaron fósforo blanco, que quema la piel, contra el pueblo iraquí. Un tratado internacional limita su uso, pero Estados Unidos se niega a firmarlo. Los funcionarios estadounidenses negaron haberlo usado hasta que un documental italiano mostró fotos de las víctimas inocentes.
Las fuerzas dirigidas por Estados Unidos han atacado a concentraciones de la población. En 2004, se realizaron dos ofensivas contra la ciudad de Faluya y también a al Qaim, Tal Afar, Samarra y Nayaf, resultando en muchas bajas civiles y una destrucción enorme de la infraestructura urbana que interrumpió los suministros de necesidades esenciales como agua y medicinas. Esas tácticas de sitio se prohíben en el artículo 14 del Protocolo II de la Convención de Ginebra.
La presencia de tropas estadounidenses en Irak solo ha exacerbado las tensiones, la violencia sectaria y la guerra civil.
El San Diego Union-Tribune informó el 9 de febrero: “Casi todos los indicadores de producción petrolífera y de luz, agua y drenaje han caído debajo de los niveles que existían antes de la invasión de Irak”.
La tortura vista en las fotos de Abu Ghraib no fue producto de unos soldados aislados, sino de órdenes de los niveles más altos del gobierno (como Rumsfeld), y ahora la Ley de Comisiones Militares la ha legalizado. Se enjuició a un puñado de soldados y se hicieron unos cambios, pero siguen saliendo a flote informes sobre la tortura en los centros de detención estadounidenses de Irak.

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Jimmy Massey: Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. «¿Tú puedes hablar con el teniente?», me preguntaron. «Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate». La respuesta fue: «No». En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.

Nuestra primera misión en Irak no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Irak, estuvimos en Kuwait.
Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.


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Jimmy Massey: Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Irak. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Irak.
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