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La niña que recibe regalos de los cuervos

Si quieres ser parte de la familia de un cuervo, aprende a recompensarlos


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Todo empezó cuando Gabi tenía 4 años. Como todo niño a estas edades, era frecuente que de vez en cuando, se le cayera la comida de las manos: un cacahuete, un trozo de sándwich, un pedazo de queso, algún snack… Un día se dio cuenta de que tras ella, estaba un cuervo muy atento. Acababa de comerse ese trocito que le había caído de su hamburguesa y ahora la miraba con atención para ver si, por casualidad, le caía algo más.
Su madre, Lisa, lo encontró muy gracioso, así que le sugirió a la niña que, a partir de entonces, recordara que con lo que a ella le sobraba, otros animales podían alimentarse. Era una buena idea, ¿por qué no? Gabi fue consciente de que aquello podía ser una divertida responsabilidad, así que a partir de entonces, cada día prepararía una bonita caja llena de comida y agua para los cuervos.

Y fue entonces cuando surgió la magia. Poco a poco, aquella caja, fue llenándose a su vez por las mañanas de pequeños obsequios traídos por los cuervos para la niña. Era un intercambio. Ambos se recompensaban y ambos ganaban. ¿Quieres saber qué regalos trajeron los cuervos a nuestra protagonista?



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  • Un corazón de cristal (la pieza favorita de Gabi, porque según ella, representa el amor que se profesan)
  • Bisagras
  • Piedras pulidas de colores
  • Alambres y horquillas
  • Llaveros
  • Piezas de vidrio de diferentes colores
  • Tapones de botellas
  • Tuercas
  • Botones
  • Pendientes
  • Conchas
  • Cordones de zapatos
  • Trozos de esponjas
  • Piezas de Lego

Todas estas piezas, estos inusuales regalos traídos por las aves, están guardados meticulosamente en cajitas, ahí donde Gabi pone la fecha en que le fueron entregados. Es algo muy especial para ella y para su madre, y que lleva cumpliéndose desde hace cuatro años. No falla ni un día. Según explican los biólogos, los cuervos son unos animales realmente inteligentes con unas costumbres muy determinadas. Así, por ejemplo, para formar parte de su círculo social, es frecuente que se realicen distintos tipos de intercambios.

Entre ellos es habitual, por ejemplo, ofrecerse alimentos o cortejos, y aunque los regalos de objetos no siempre están garantizados, puede ocurrir de vez en cuando, como es el caso de lo ocurrido con Gabi. Según ella misma explica, hay veces en que los regalos que le traen no son siempre agradables, hay días en que le traen pinzas de cangrejo en descomposición, o incluso algún animal muerto. Nunca sabe lo que va a encontrarse por las mañanas en su jardín. Pero ahí está la magia, el encanto de esta historia tan especial entre una niña de Seattle y los cuervos de su jardín.
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