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La Odisea - Parte VII - Ulises y Circe

Avanzando con paso firme, Ulises llegó hasta el palacio y, entrando en la sala de banquetes, aceptó la copa que le ofreció su encantadora anfitriona; sin embargo, las mezclas de Circe probaron ser inefectivas ante el poder del ajo silvestre, y, cuando ella agitó su varita sobre su cabeza para que compartiera la misma suerte de sus compañeros, él desenvainó su espada y corrió detrás de ella, amenazando con quitarle la vida si no le devolvía inmediatamente a sus amigos sus formas humanas, tras lo cual debería prometer no causarle más prejuicios.



Circe, aterrorizada ante la amenaza, estuvo de acuerdo en acceder a todas sus demandas; en pocos momentos, Ulises se vio de nuevo rodeado por sus compañeros, los cuales le estuvieron inmensamente agradecidos por su rescate.

Circe preparó entonces su segundo festín, y les agasajó a todos tan bien que Ulises permaneció allí durante todo un año.

"Y allí, día tras día,
permanecimos un año entero y banqueteamos
generosamente con abundantes carnes y delicados vinos".

Homero.


Al finalizar ese período, los compañeros de Ulises comenzaron a añorar sus propios hogares y convencieron a su jefe para que abandonaran a la bella hechicera. Al principio, Circe fue reacia a dejarle marchar, pero, viendo que sus esfuerzos no podrían seguir deteniéndole, le pidió que buscara las costas de Crimea, y que allí consultara con el vidente Tiresias. Esa tierra, que se encontraba en los confines de los oscuros dominios de Hades, estaba habitada por sombras, los espíritus de los muertos, condenados a permanecer allí durante una temporada antes de ser admitidos dentro del Hades.

Ulises embarcó y, de acuerdo con las indicaciones de Circe, dejó que su barco navegase a la deriva, hasta que su proa encalló en una playa guijarrosa, donde desembarcó. Entonces, caminando recto, llegó hasta el lugar donde pudo oír el rugido del Flegeton uniéndose con el Aqueronte, sitio en el que excavó una trinchera con su espada.

Terminada la trinchera, mató a dos víctimas negras, proporcionadas por Circe, y dejó que su sangre fluyera hasta la trinchera. Todos los espíritus se congregaron a su alrededor, ansiosos de beber sangre fresca, pero Ulises, con la espada desenfundada, les obligó a retroceder, hasta que finalmente Tiresias, el vidente ciego, se aproximó.

A él se le permitió inclinarse y beber, y, tan pronto como hizo eso, recuperó el poder del habla, y advirtió a Ulises de las muchas pruebas que aun le esperaban. Entonces, tras pronunciar su profecía, desapareció; pero Ulises permaneció allí un rato más, para permitir que su madre bebiera de la sangre y le explicara cómo había llegado hasta la tierra de los espíritus.

Muchos otros vinieron y conversaron con él; finalmente, se vio forzado a partir para regresar a Eea, donde se quedó para realizar los ritos funerarios por Elpenor, uno de sus seguidores, un joven que se había quedado dormido en una de las torretas del palacio y con un movimiento involuntario se había caído al suelo, donde había sido encontrado muerto.

Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog: http://thechestofdreams.blogspot.com.es/
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