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La pobre lógica del desarme ciudadano de Bogotá

Cualquier persona podría pensar que si existieran menos armas en las calles entonces existirían menos homicidios. Pero ¿Como restringir el porte de armas si son la herramienta fundamental de los delincuentes? Imaginate que vas por la calle y dos delincuentes te roban y te golpean con un arma de fuego y tu tienes un arma de fuego legal en tu casa que no puedes sacar por causa de una ley.

Los delitos se realizan con armas ilegales y a los delincuentes les importa un pito la restricción a las armas. En cambio el ciudadano de bien que quiere evitar problemas legales se ve obligado a dejar su arma de fuego quedando indefenso contra la abundante delincuencia de la ciudad. Cuando un delincuente muere en plena acción delictiva el arma del ciudadano a cumplido con su objetivo y esta muerte no se puede poner en las estadísticas como un homicidio sino como una baja.

Por otra parte están los pendejos que tienen armas legales y se emborrachan y disparan al aire o comenten barbaridades cuando ven que la mujer se la esta jugando con otro. Esto es fruto de deficientes exámenes sicológicos que son requisito para tener armas de fuego en Colombia.

Esta es mi lógica libre de esa doble moral que abunda en Colombia donde la vida del que quita vidas inocentes vale lo mismo que la de un ciudadano de bien.

Ahora veamos lo que dice el consejo de Bogotá:


Armar o amar, un programa amenazado
H.C. Diego García


En desarrollo de la cultura del desarme, programa prioritario de la administración distrital, se han venido implementando diferentes actividades para garantizar el ejercicio de las libertades y derechos ciudadanos en condiciones de seguridad en el Distrito Capital, para lo cual se iniciaron procesos de coordinación entre las diferentes agencias del Estado con el propósito de articular las estrategias en los asuntos de convivencia y seguridad ciudadana.

Uno de los principales pasos fue la expedición, por parte de la XIII Brigada del Ejército Nacional, de la resolución No. 001 de enero de 2012, mediante la cual se restringió el porte de armas de fuego durante las 24 horas del día en cualquier sitio público de la ciudad. Con la cual se buscó evaluar el impacto de la medida en favor de la reducción en los índices de homicidios.

Durante 2011 (antes de la resolución), se presentaron 1.655 homicidios, de los cuales se estimó que el 62.3% fueron materializados con armas de fuego. En 2012 se registraron 1.276 homicidios, obteniendo una disminución del 22.9% respecto del año inmediatamente anterior. Para el año 2013 se presentaron reducciones aún más esperanzadoras, pues haciendo referencia al índice de homicidios se pasó de 22.1 por cada 100.000 habitantes (2011) a 16.4, con lo que quedaban demostradas las bondades que tenía el programa de desarme ciudadano, claro está, sumado al constante control de las autoridades.

En 2014 el panorama ya no resulta tan alentador, pues empiezan a verse algunas grietas, producto de la falta de iniciativa de la Administración Distrital para promover la constante evolución de la medida, que aun resultando sumamente progresista, se quedó sin herramientas para afrontar los distintos retos que se le presentan. Pese a que se expidió el Decreto 540 de 2013, «Por el cual se adopta e implementa el Plan Integral de Convivencia y Seguridad Ciudadana Bogotá D.C.» y como uno de los principios orientadores consagra la cultura democrática (Evolución de la cultura ciudadana), dicho principio es de lo que más se carece en la actualidad, lo que desafortunadamente se evidencia en las cifras.

Entre enero y mayo del año pasado se registraron 482 homicidios, mientras que para el año en curso se registraron 509 en el mismo periodo, presentándose un aumento del 6%. Respecto del sicariato las cifras son más alarmantes, pues de 5 casos presentados en los 5 primeros meses del año pasado, se pasó a 40 casos presentados en los mismos meses. La proyección para 2014 indica que la ciudad cerrará el año con un índice de 16.7 homicidios por cada 100.000 habitantes, presentando también una variación respecto de la cifra presentada en 2013.

Tenemos derecho a recorrer la ciudad con la tranquilidad de que las autoridades están trabajando arduamente para proteger nuestra vida y mejorar nuestra percepción de seguridad, por lo cual resulta imprescindible que se retomen los programas de formación ciudadana consolidando la vida como un valor supremo en el Distrito Capital.
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