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La política uruguaya de aquí a octubre




Se terminó una etapa electoral de las más competitivas dentro del Partido Nacional. En el Frente Amplio y el Partido Colorado los ganadores ya estaban establecidos de antemano en función de las proyecciones realizadas por las encuestadoras, con un amplio margen de diferencia de cada candidato respecto de sus respectivos competidores.

¿Quién se pondrá la banda presidencial? Esta es una pregunta que se responderá en las próximas elecciones, mediante un posible balotaje. Lo que queda claro de aquí en adelante, por lo menos hasta octubre, es quizás un panorama donde cada candidato sin distinción de bandera política tratará de atraer a los votantes con ideas y proyectos, algunos más viables que otros.

Pero lo que si no faltará en este camino hacia octubre es el circo mediático donde cada candidato anunciará su compañero de fórmula, e inmediatamente sus contrincantes e incluso sus mismos compañeros de partido (con el objetivo de hacer valer su peso en las elecciones) tratarán, como ya han hecho algunos, de dar una imagen negativa del candidato.

Por otro lado, algunos de los votantes manifestaron que en algunos tramos de este camino hacia las elecciones internas hubo un trato entre los políticos muy poco saludable para la propia elección (que puede ser cierto). Pero algunos votantes se rieron en la transmisión de información boca en boca, en el mundo virtual, y entraron en ese circo mediático donde sólo importa reírse de las propuestas, de un jingle, etc. Y eso sucede sin que se dé espacio para cuestionar que tan alocada es la propuesta, o que tan gracioso es un jingle, y entonces esos votantes se concentran en cómo sumergirse en esa ola donde la falta de compromiso para proponer ideas parece ser una constante.

Para quienes están hartos de las propagandas políticas, para los cansados del discurso y las propuestas, es bueno recordarles que gozarán de un mes de anestesia deportiva gracias al mundial de fútbol. Es que, como pasa siempre en este país, los hechos o problemas importantes se terminan tapando con algún evento de menor significación. Y el fútbol, al que algunos intelectuales han denominado el opio de los pueblos, no es la excepción.
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