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La renga - Sup. SI de Clarin Nov 1994.



Por primera vez en la historia del rock argentino una banda llenó Obras con su disco debut.
LA RENGA: Arriba los de Abajo.

- Son tres amigos que se largaron a tocar hace cinco años en los clubes de su barrio, Mataderos.
- Crecieron lentamente gracias al apoyo de sus fans y hoy, fichados en una multinacional, se asoman al éxito.
- Su fórmula musical no es renovadora pero resulta eficaz por relatar de manera creíble historias callejeras.


NOTA:

Dicen ser independientes y ya hicieron su primer Obras.
LA RENGA: No corre, vuela.

Manteniendo contra viento y marea una estructura de trabajo familiar, La Renga es reconocida entre su público por “haberse hecho de abajo” y se encuentra, multinacional contrato mediante, frente a la posibilidad de la proyección masiva. ¿Están listos para el salto?

“Hoy La Renga trajo el barrio a Obras realmente” (Graffiti de autor anónimo encontrado en el pizarrón del backstage de la catedral del rock argentino).
A las tres de la madrugada del domingo, el cantante y guitarrista Chizzo – rocker rubio con voz de trueno- se despide de su gente al inequívoco grito de “Chau, vieja”.
Recién entonces, tras las dos horas largas de show, el “barrio” de La Renga – cuatro mil cien personas de distintos sectores de la ciudad- descuelga y enrolla sus banderas con nombres de sitios como Mataderos, Villa Soldati, Madero y Saavedra. La extenuada muchedumbre de remeras del Che Guevara suspira, satisfecha por haber levantado bien alto el emblema de sus vidas en casas bajas y esquinas eternas. Nadie olvida que estamos en la mismísima catedral en donde los sueños del rock argentino cobran forma, crecen o se desvanecen. El grupo tuvo que esperar hasta que el equipo de Obras Sanitarias diera cuenta de su ocasional rival basquetbolistico para poner en escena su rito suburbano y desarrollar en veinticinco canciones algo que se parece bastante a la venganza de las cientos o miles bandas de rocanrol , así como se lee, que alguna vez emergieron desde el oeste de la ciudad para morir en la penumbra de las salas de ensayo.

“Obras es un lugar como cualquier otro, un espacio físico”, dice Chizzo tras la apertura con “El rito de los corazones sangrando”, arrastrado hard rock que se distingue por sobre el repertorio del grupo. El ámbito en donde La Renga rubrica su carácter de fenómeno difiere bastante de las dos mesas de ping pong y el mostrador del Club Social Larrazabal en Mataderos , uno de esos sitios en donde el paso del tiempo se mide en partidos de cartas. Ahí empezó todo, 1989, cuando Chizzo – plomero hasta hace algunos meses- se unió a los hermanos Tete (bajista, operario en fabrica de bujías) y Tanque (batería), un macizo taxista de treinta años que minutos antes del show templa su fuerza estrellando una pelota de tenis contra la pared. “Cuando termine esto me voy a emborrachar, porque hace una semana que estoy infartado”, dice el huracán doble bombo.
-¿Vas a seguir con el taxi?
- Y.. Sí. Si cobráramos entradas a 25 pesos viviría de esto, pero preferimos mantenerlas a 10 y seguir trabajando.
Luego de iniciar una frustrada cooperativa con otras bandas para combatir el sistema de la venta anticipada de entradas que impera el circulo rockero, - La Renga, el trío de base mas el ex Auténticos Decadentes, Chiflo en saxo- sentó su base de operaciones en Galpón del Sur a razón de dos shows por mes. Allí crecieron en público y dieron vida a barras de fans identificadas como La banda del tetra, Los mismos de siempre y La jauría rabiosa. Entonces cantaban “Renga no quiero Die Schule, no quiero Cemento, yo quiero el Galpón”. Hoy están en Obras con sus banderas de guerra. “Cuidamos mucho a la gente”. Explica Tete. “Siempre guardamos un número de entradas para darles a los que no tienen guita. Ellos saben lo que nos costo llegar y no queremos que haya ningún quilombo en la puerta. Cuando estaba todo mal en Cemento, por ejemplo, nos ocupamos de sacar algunos chicos de la comisaría”

“Figuritas, medallitas y diplomas este sistema no me supo enamorar. Pero el tiempo no pasa en vano y la vida solo me sirvió, para encontrar mi lugar y pudrirme en mi rocanrol”. Así cantan en “Blues Cardíaco” . Hoy por hoy, en pleno auge del after chabon de Sumo desde 1987, La Renga da en el blanco de lo que se conoce como rocanrol. No son puristas del blues pero respetan su valor como música original, no son una banda heavy metal pero beben en su técnica en potencia para darle contundencia a sus temas. Avanzan, con paso propio , en la senda abierta por el éxito masivo de Los Redonditos de Ricota y Divididos . Desde las letras defienden el orgullo por el barrio, exponen los claros y oscuros de vivir en el suburbio y denuncian al “piojo resucitado” . En Obras hicieron un cover del rock and roll tradicional, “Presumida” y no es casualidad. Es la letra que, por excelencia, plantea el romance fallido entre el muchacho de barrio y la chica de clase alta.

“Este juego me deprime. Las pelotas, aunque sean de papel, fueron hechas para ser pateadas. Estos tipos no saben lo que es un potrero”, dice Tanque sentado a la tribuna de Obras. Es viernes, la prueba de sonido del grupo es interrumpida por el entrenamiento del equipo de básquet del club anfitrión. El deporte le pide entonces al rock que apague sus cigarrillos dando una pista de encontronazo que sacudirá la paz de ambos mundos al día siguiente. El público pulcro del básquet se encuentra en las puertas de acceso con las barras sucias y desprolijas de La Renga. Adentro, atletas que rozan los dos metros se cruzan silenciosamente en los camarines con los músicos y asistentes.
A partir de la medianoche, Obras es propiedad de La Renga de sus rocanroles, sus nervios y su público “guevarista” embanderado en suburbios. Después de casi dos horas y media de show, Chizzo abandonara el escenario en desesperada búsqueda de agua. En el backstage, definitivamente copado por la familia renga, espera el banquete del festejo. Cubos de queso, fiambres surtidos, rodajas de pan y algunos cartones de vino.
Bienvenidos al barrio.





{aparte 1}
¿Independientes?


En la manera en que se dio hasta aquí la historia de La Renga, la independencia del grupo respecto de algunas estructuras Rockeras tradicionales (compañías de grabación, agencias de contratación, monopolios de difusión) parece mas el resultado de cierta manera solitaria de llevar adelante sus asuntos que de una concepción ideológica a defender.
Radio Trípoli, Distribuidora Belgrano Norte y Del Cielito Records fueron los sellos discográficos que fallaron en el intento de fichar a La Renga hacia 1993, cuando el grupo comenzó a ser numero fuerte del local Stadium junto a Hermética, La Pelotas, 2 Minutos y Memphis La Blusera. Con el cassete independiente Esquivando Charcos (1991) en la calle, el grupo negocio con la multinacional Polygram la edición de su elepé debut “Adonde me lleva la vida”, que iba a ser el segundo capitulo autónomo en la historia del conjunto.
El grupo llevo adelante toda la producción y la vendió a Polygram para su fabricación y distribución, reservándose por contrato la ultima palabra en cuestiones habitualmente resignadas por las bandas noveles (elecciones de tema de difusión, obligaciones promocionales, manejo de la imagen).
Desde el sello se dice que la razón por detrás de la contratación esta en que “son un grupo de verdad”, mientras se los apoya fuerte en lo promocional. Cerca de 25 mil fueron invertidos para el video de “El rito de los corazones sangrando”, en un evidente intento por expandir las 7 mil copias que lleva vendidas el CD. El grupo mantiene independencia para elegir cómo y donde tocar. Así, la apuesta de alquilar Obras y fijar un precio único para las entradas (10 pesos) corrió por riesgo propio.

{aparte 2}
Una familia


La Renga llego a Obras manteniendo intacta la estructura de trabajo familiar que los distingue desde sus comienzos. Desde el manager y los plomos hasta el escenográfo y los custodios del vallado del escenario, pasando por el fotógrafo y un grupo de teatro callejero que los acompañaba en escena, las historias coinciden en un mismo punto de partida. Gente que traspuso la distinción público-banda para sumarse al círculo amistoso del grupo y luego al equipo de trabajo.
Sebastián (20) filma el viernes las secuencias previas y posteriores a la prueba de sonido. Su padre, empresario de la construcción, explica “Vine a conocerlos porque sé que cuando no esta en casa, esta con La Renga. En un ensayo, un show o comiendo un asado. La banda lo contiene. Empezó tirando cables y ahora esta filmando. Veinte días atrás, Sebastián guió a La Renga hacia el galpón de materiales de su padre en busca de materiales reciclables para la escenografia del primer Obras. Fito, encargado de la grotesca villa miseria que corona el escenario, cuenta: “Básicamente soy un dibujante. De irlos a ver pase a trabajar con ellos. No soy un empleado a sueldo pero el grupo se encarga de que no me falte nada”.
Del mismo modo las historias por detrás de estos Campanelli rockeros hablan de personas que se involucraron en oficios a partir del contacto con el grupo, Gabriel, manager todo terreno, supervisa la prueba de sonido y dice “Aprendí todo trabajando junto a ellos. Nunca antes había trabajado en sonido”. Pablo, fotógrafo del grupo, da una pista similar. Los vi en el Rockódromo hace tres años y nunca deje de seguirlos. Me pidieron que hiciera fotos y acá estoy”.

Nota: Fernando García / Informe de Santiago Terrizzano
Fotos: Clarín
Medio: Suplemento SI - Diario Clarín
Fecha: Noviembre 1994
Transcripción: Leandro de Mataderos


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