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La Revolucion de Joshua



Desafiante para los esquemas de la política tradicional, así es el flujo de préstamos entre la ficción contemporánea y los nuevos activismos civiles, al amparo de las últimas primaveras que ha vivido el mundo, desde la rebelión de Oriente Medio al actual levantamiento de Hong Kong.

Para muestra, basta detenerse en Joshua Wong, el adolescente flaquito de las gafas pesadas, quien –por estos días– se planta ante la masa y le repite, con máxima adhesión, un parlamento que fue literalmente guionado por el estadounidense Alan Moore para su personaje V, en V de Vendetta , la ficción que le cambió la estética y la dinámica a la protesta global en la era de Anonymous (la organización global que protesta, con la careta del emblemático héroe de esa historieta, contra el control de información y la censura).



Joshua habló esta semana con palabras de V: “El pueblo no debe temer a su gobierno; el gobierno debe temer a su pueblo”, tal como abogaba el personaje de ficción en aquella ucronía sobre una Inglaterra sometida al despotismo de una especie de “Gran Hermano” ominoso. “No soy un superhéroe”, se vio obligado a declarar Joshua, el llamado “heredero de Tiananmen”, cuando le levantaron monolitos tras su detención del pasado 26/9, sólo por protestar por mayor autonomía para el pueblo de Hong Kong, que hasta ahora elige autoridades entre candidatos ordenados por un comité pro-chino.

La primavera oriental hace vibrar a las calles de Hong Kong y obliga a negociar al poder político. Al movimiento en el que se destaca Joshua, “Scholarism”, lo integra una mayoría de menores de 20, devueltos a la arena política y recuperados a la masa organizada bajo el signo de los héroes de Marvel. “Joshua combina idealismo con destreza para la organización de su generación”, lo definió su profesor en la Universidad Linguan: su manera de liderar es la contraria al adoctrinamiento; moviliza gracias al mero ars de su retórica intertextual.



Desapegada de la teoría política, audaz como para mezclar la ficción fantástica con el espíritu del antiguo Mayo francés en el que crecieron los padres de los nuevos movilizados, poseedora de una imagen revulsiva, la rebeldía de la era Anonymous le debe a la ficción la recuperación de la imaginación política y a la “sociedad del espectáculo” el alumbramiento de héroes tan inconcebibles, hace algunos años, como Joshua, quien lidera un sueño y una causa en el Lejano Oriente; a los 17, así de flaquito y con sus gafas tan pesadas.


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