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La revolución pendiente del fútbol europeo

La revolución pendiente del fútbol europeo

UNA MERIENDA DE NEGROS. El fútbol a nivel internacional continúa siendo una merienda de negros. La FIFA y la UEFA mandan a su antojo y los clubs pagan la fiesta sin tener derecho al negocio. Esto es la ley del más fuerte, las organizaciones amenazan a los que se quieren salir del círculo vicioso con sanciones draconianas y esto dura demasiado. Hace años se creó el G-14, un grupo de presión formado por los principales clubs europeos que no ha servido de nada, ni un gesto ni un paso adelante por parte de UEFA. Así se explica el cabreo de Laporta que contempla con estupor cómo se le llevan hasta ¡17 jugadores internacionales! sin darle ni las gracias. Y encima, cuando uno está sancionado y no puede jugar, como el caso de Henry, lo atan a la silla y le obligan a continuar con su selección como si estuviéramos en tiempos de cautiverio. El problema es que el bocinazo del presidente del Barça puede caer en saco roto si nadie se ata los machos y decide llegar hasta el final. Una cosa es decir y otra más complicada hacer. Son muchos los presidentes que esconden la cabeza cuando ven peligro. Enfrentarse al poder establecido es muy peligroso cuando sabes que ellos tienen las llaves de las competiciones.

EL EJEMPLO DEL BALONCESTO. Los clubs saben muy bien que no pueden tomar decisiones radicales ya que tendrían todas las de perder. Negarse a ceder jugadores a las selecciones se sancionaría con la máxima dureza, algo así como la exclusión de los clubs rebeldes de la Champions. Hay que ir por otro camino, presionar como hizo el baloncesto en busca de una escisión. Aquí el sueño secreto de los grandes sería crear una Liga Profesional de Clubs de Fútbol que organizara una nueva Champions. El ejemplo lo ha dado el baloncesto. Años atrás la FIBA del todopoderoso Stankovic lo controlaba todo, desde los arbitrajes a los derechos de televisión. Los clubs se plantaron y la rebelión comenzó en Catalunya. A la vista de que el máximo organismo europeo no entraba en razones, se decidió crear una organización paralela. De esta manera, durante el año 2000 se disputaron al mismo tiempo dos competiciones, la Copa de Europa de la FIBA y la Euroliga que capitaneó con habilidad e inteligencia Jordi Bertomeu desde Barcelona. En sólo un año, el pez chico se comió al grande. La Copa de Europa se murió por deserción y todos los clubs se apuntaron a la Euroliga.

LA GUERRA SERA DURA. En esta situación estamos. Los clubs de fútbol se sienten ninguneados por la FIFA y maltratados por la UEFA que organiza a su antojo la Champions. Laporta está dispuesto a ponerse delante de la manifestación para reclamar unos derechos lícitos que les corresponden. Quieren cobrar cuando cedan jugadores y quieren poner límite a los amistosos que se han convertido en la vía de negocio de unos cuantos listillos. No será una guerra fácil ni corta, pero si los principales clubs europeos fueran unidos mas allá de la demagogia y el cinismo, esta batalla la pueden ganar como la ganó el baloncesto. En el siglo XXI no se pueden mantener las normas de hace veinte años, cuando se jugaban muchos menos partidos de selecciones y había menos jugadores internacionales. Aquí viene una revolución imparable. Los clubs no necesitan a las Federaciones y el ejemplo está en las Ligas americanas, que las organizan asociaciones profesionales controladas por los clubs.

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