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La Revolución Rusa

La Revolución Rusa



A 94 años del triunfo de la Revolución Rusa, repasamos su surgimiento y algunos de sus logros. Este artículo está basado en la serie de notas escritas por Carlos Echagüe para este semanario, en ocasión del 90 aniversario de la Revolución Rusa.

“Un sol en la noche oscura, un relámpago que iluminó el camino”. Así describía el dirigente comunista de la histórica lucha de los trabajadores de la construcción, Pedro Chiarante, lo que significó para los obreros argentinos la Revolución Rusa del 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre en el viejo calendario ruso). “Nos pareció la realización de un sueño, de ésos que uno cree que jamás se harán realidad”, decía Chiarante.
Ese 7 de noviembre los obreros, los soldados y los campesinos dirigidos por el Partido Comunista Bolchevique liderado por Lenin, derrocaban al régimen de Kerenski en Rusia. Tras los combates de los Guardias Rojos, y de los soldados pasados al campo revolucionario en el ejército y en la armada, a las 10 de la mañana, el Comité Militar Revolucionario (creado por el soviet de Petrogrado), emitió el siguiente manifiesto a los ciudadanos de Rusia, firmado por Lenin: “El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El poder del Estado ha pasado a manos del órgano del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, el Comité Militar Revolucionario, que encabeza al proletariado y a la guarnición de Petrogrado.
“La causa por la cual luchó el pueblo: el ofrecimiento inmediato de una paz democrática, la abolición de la propiedad terrateniente sobre la tierra, el control obrero sobre la producción y la creación de un gobierno soviético, esa causa está asegurada. “¡Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos!”.



Vigencia de la Revolución Rusa
Pasaron más de 90 años de la Revolución Rusa, y hoy la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ya no existe. ¿Qué sentido tiene reivindicar este hecho? Primero, porque fue la primera vez en la historia que una “chusma” de analfabetos y harapientos pudo tomar el poder y dirigir un país, construyendo una sociedad que permitió resolver la comida, el trabajo, el techo, la tierra, la educación, la vivienda y la salud a la mayoría de los obreros y campesinos. Segundo, porque el camino de la Revolución Rusa muestra toda su vigencia, en esta segunda década del siglo 21, cuando el capitalismo atraviesa una de las –si no la más– grave crisis de su historia. Tercero, la Revolución Rusa demostró, con la construcción de una nueva sociedad, la sociedad socialista, en un camino complejo y con aciertos y errores, que el socialismo es superior al capitalismo, ya que en pocos años transformó a la Rusia atrasada y con la inmensa mayoría de su pueblo hambreada, en un pujante país con un alto desarrollo industrial, técnico, científico y artístico.
“Este es un punto fundamental que está en lucha. Las clases dominantes y los catedráticos directa o indirectamente a su servicio omiten los hechos sustanciales y tergiversan groseramente la historia. Su objetivo es hacer creer que el socialismo fracasó, que fue un desastre y no sirvió para nada, y que, en todo caso, el capitalismo no será muy bueno pero es lo único y lo mejor que puede haber, y que se ha “demostrado” que el comunismo “es inviable”. Les guste o no, los trotskistas resultan funcionales a esto”, dice Echagüe.



Surge un nuevo Estado

¿Cómo pudo mantenerse y afirmarse el poder de los soviets, en un país desangrado por años de guerra imperialista, y que debió enfrentar una guerra civil por parte de las clases derrocadas, y la intervención de las potencias imperialistas? Recuerda Carlos Echagüe (en una serie de notas publicadas en ocasión del 90 aniversario de la Revolución Rusa), que “a mitad de 1919, Churchill se jactó ante el parlamento inglés de que había organizado una cruzada de 14 países y que en el año nuevo no habría más Poder Soviético”.
Pero los obreros y campesinos pobres, en medio de esta feroz batalla, barrieron con un Estado opresor, y construyeron uno nuevo, su dictadura revolucionaria. Dictadura basada en la democracia proletaria, por la cual, por primera vez en la historia, las grandes mayorías explotadas, oprimidas, ignoradas; se pusieron de pie y empezaron a tomar en sus manos los asuntos políticos, militares, culturales, económicos, empezaron a gobernar.
Esta lucha fue encarnizada, dentro del Partido y del nuevo Estado, entre los que querían avanzar en profundizar el protagonismo de las masas en las decisiones del Estado, y los que impulsaban un camino que, en los hechos, llevaba a restaurar el capitalismo. En el campo, por ejemplo, lo campesinos ricos trataban por todos los medios que las masas no participaran en los soviets.
Recién hacia 1930 se logró que la mayoría de los campesinos participara de las elecciones a los sóviets rurales (en 1923 apenas si llegaba al 30%).



El socialismo demostró su superioridad

El socialismo resolvió en lo fundamental lo que ningún país capitalista, ni el más opulento, ha resuelto hasta ahora: las necesidades básicas de la totalidad de la población (trabajo, alimentación, techo, educación, salud, acceso a la cultura y el deporte para todos).
Durante la década de 1920 la URSS primero tuvo que reconstruir la economía destruida por 7 años de guerra. El eje de la compleja e inédita lucha que se libró entonces fue: ¿quién vencerá a quién? ¿El camino socialista o el capitalista? En tan sólo diez años la URSS pegó un salto extraordinario de la situación de atraso heredada al desarrollo de las ramas centrales en lo tecnológico, lo científico, la capacidad productiva y la defensa. En los años 30, con la colectivización agrícola y la industrialización socialista, se dotó de una poderosa industria y llegó en este plano a los niveles más avanzados. Ya en el año 1940, la Unión Soviética alcanzó los primeros lugares en la producción fabril y en desarrollo tecnológico.
En el año 1950 había sólo dos países del mundo que podían producir cualquier cosa de acuerdo al nivel alcanzado por el conocimiento científico: Estados Unidos y la Unión Soviética. Y en el 40º aniversario de la Revolución de Octubre la Unión Soviética lanzó el primer satélite artificial de la Tierra.
A diferencia de la Revolución Industrial burguesa, al mismo tiempo que se producían los saltos en la producción se producían los cambios sociales. Se terminó en 1930 con el flagelo de la desocupación, al revés de lo que sucedía en los países capitalistas, donde la gran crisis mundial desatada en 1929 hundía a decenas de millones de obreros en el paro forzoso y el hambre. Se terminó con el analfabetismo y se aseguró el acceso de los hijos de obreros y campesinos a la enseñanza media y terciaria y a la Universidad. De 1927 a 1940 se multiplicó casi por diez el número de alumnos que cursaban del 5º al 10º grado y en más de cinco veces la cantidad de estudiantes en establecimientos de enseñanza técnica y superior.
El salto más notable fue en el campo: el sistema koljosiano aseguró y veló para que todos los niños campesinos concurriesen a la escuela. Sus padres ya no tenían necesidad, como antes, de sacarlos de los colegios.
Se introdujo la jornada de siete horas y la semana de cinco o de seis días. Y se desarrolló un sistema generalizado, gratuito, que aseguró el acceso de todos a la atención médica. Se desarrolló un sistema de seguridad social para todos. El costo de los libros, el precio de las entradas de cine, de museos y entretenimientos pasó a ser meramente simbólico.



Nuevas relaciones sociales

La colectivización fue un salto histórico en el desarrollo social. En 1928 trabajaban en todo el vasto campo de la URSS tan sólo 18 mil tractores; en 1940 lo hacían 684 mil.
El principal factor que posibilitó cumplir exitosamente los planes fue la actividad creadora, sin precedentes, de decenas de millones de trabajadores liberados del yugo de la explotación. Sintiéndose dueños de su patria socialista y de su destino, desplegaron su potencialidad y su iniciativa ilimitadas. Esto no lo puede entender el capitalista.
El motor del crecimiento y cambio productivo fue la emulación socialista: lo más avanzado ayudando a lo más atrasado, la cooperación, la innovación técnica promovida por las masas y no sólo por los especialistas. En el capitalismo ¿cuál es el motor? La ganancia, el egoísmo, el individualismo, la competencia a muerte. Para el capitalista, desde ya, los trabajadores son números y valen menos que un animal.
Los héroes, los ejemplos para todos, en la nueva sociedad ya no eran los que la burguesía llama “triunfadores”. En el socialismo pasaron a ser héroes quienes crean la riqueza, quienes sirven al pueblo, los más solidarios, quienes estudian y estimulan la ciencia, la técnica, el arte y la cultura popular, los que ayudan a los rezagados.


Derrota, no fracaso

Los logros no significan que se trataba de un paraíso como erróneamente se pintó. Continuó habiendo clases, contradicciones de clase y lucha de clases. Con cada avance no se atenuaban ni se simplificaban las contradicciones. A menudo se tornaban más complicadas y agudas. Todo ello se expresaba de manera concentrada en el Partido, en la lucha entre los dos caminos –el socialista o el capitalista–, entre dos líneas, la proletaria y la burguesa, y entre marxismo y revisionismo. No obstante haber mostrado su superioridad, la dictadura del proletariado fue derrocada y se produjo la tragedia de la restauración. Ello empezó por la degeneración del Partido, cuya dirección pudo ser usurpada desde adentro por los revisionistas después de la muerte de Stalin. Así fue derrotada la primera experiencia de dictadura del proletariado.
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