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La sangre de malvinas ,



La sangre de Malvinas





La dictadura de Leopoldo Galtieri llevó a los argentinos a una guerra improvisada con Gran Bretaña por primera vez por las Islas Malvinas la asimetría en el respaldo internacional, el desamparo de nuestros soldados y la impericia de la conducción local precipitaron el desenlace.


Pese a ser una reivindicación territorial más que centenaria, la principal hipótesis de conflicto que tenían las fuerzas armadas argentinas y la única con una potencia extranjera, el plan para recuperar las islas Malvinas en 1982 fue pergeñado por los comandantes de la última dictadura entre gallos y medianoches: sin consultar a especialistas y sin medir las consecuencias.

En apenas tres meses, los generales y almirantes "halcones" que se habían alzado con el poder de la mano de Leopoldo Galtieri en diciembre de 1981 pusieron en ejecución su plan maestro. Consistía en la movilización de las posiciones argentinas en el Atlántico Sur y contemplaba una escalada que debería culminar con la ocupación de las islas, el izamiento de la bandera argentina en la rebautizada capital Puerto Argentino y el inicio de negociaciones con Gran Bretaña, que —se esperaba— aceptaría sin más el hecho consumado.


Una intensa campaña de acción psicológica y propaganda crea el clima para el lanzamiento de una gesta patriótica y nacionalista sin precedentes históricos. Un incidente pesquero en las islas Georgias del Sur, incentivado por la Marina, y la conmoción política provocada por la más importante movilización de protesta contra el régimen militar, que había llegado a la Plaza de Mayo y fue brutalmente reprimida el 30 de marzo, precipitan el lanzamiento de la operación.





La noticia, resguardada en el mayor de los secretos, trascendió poco después de las 10 de la noche del jueves 1º, cuando el ex canciller del gobierno de la Revolución Libertadora y veterano dirigente nacionalista Mario Amadeo informó a una decena de cronistas acreditados en el Palacio San Martín que su amigo, el canciller Nicanor Costa Méndez, le acababa de informar que "se ha resuelto la incorporación de hecho de las Islas Malvinas a nuestro territorio".




El desembarco comenzó a las 2 de la madrugada del viernes 2 de abril. Los argentinos se desayunaban de la noticia por los diarios, la radio y la televisión —al mismo tiempo que la mayor parte de los altos funcionarios civiles y militares— en un clima de sorpresa y júbilo.


Puertas adentro, Galtieri había aceptado a regañadientes una conversación telefónica con el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, quien haría un último y vano intento de disuadir al argentino de seguir adelante con la acción militar. En febriles comunicaciones, las embajadas y aparatos de inteligencia británicos y estadounidenses se recomponen de la sorpresa e intentan evaluar la seriedad y las derivaciones del paso que habían dado los militares argentinos.


El Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba al día siguiente la Resolución 502 que instaba a dar marcha atrás con la ocupación argentina y retomar negociaciones diplomáticas

El "general majestuoso", como lo habían llamado a Galtieri en su paso por Washington hacía pocos meses, tendría su fugaz momento de gloria y sus propias Plazas de Mayo colmadas de gente eufórica. De repente, nadie parecía recordar la protesta y la represión de los días previos.

La casi totalidad de los partidos políticos, desde la izquierda a la derecha, prácticamente todos los dirigentes sindicales, empresarios y mujeres y hombres de la cultura consultados por los medios se manifestaban al unísono en apoyo de la recuperación de las islas. Sólo algunas voces solitarias y aisladas expresaban su desconcierto y desazón.




El 10 de abril, en medio de las gestiones mediadoras que realizaban el secretario de Estado Alexander Haig y el embajador Vernon Walters, los dos además generales retirados y "halcones" de la Guerra Fría, Galtieri le hablará a una multitud calculada en cien mil personas desde los balcones de la Casa Rosada y, embriagado también de euforia, arengará desafiante a los británicos: "Si quieren venir, que vengan; les presentaremos batalla".


El 15 de abril, pocas horas antes de la llegada de Haig a Buenos Aires, se concreta un segundo diálogo telefónico entre la Casa Rosada y la Casa Blanca. Nunca antes, con la sola excepción de Kennedy con Frondizi, un presidente norteamericano le había dedicado personalmente tanta atención a un mandatario argentino. En este caso, es Galtieri quien intenta disuadir a Reagan para que interceda ante Londres a fin de detener el avance de la flota británica.

Luego de esa conversación Galtieri se queda con la idea de que estaba en una posición de fortaleza para arrancarle a Gran Bretaña un reconocimiento de la soberanía argentina. Nuevamente, malinterpreta el comportamiento del presidente norteamericano y ello conduce a una colisión directa y al fracaso de las gestiones de Haig y Walters.



El gobierno de Reagan dará por concluida su relación amistosa con los militares argentinos y ofrece a partir de entonces todo su respaldo al gobierno de Margaret Thatcher, sin dejar de manifestar su preocupación por el probable desenlace bélico.

Los hilos de la trama secreta se habían desatado; las energías, liberadas y esa guerra que nunca debía ocurrir se precipita irreversible. Mientras se aproxima la flota británica, una férrea censura sumada a una intensa actividad de desinformación y propaganda acompañará la inminencia de las acciones armadas con un pronunciado triunfalismo.



Por primera vez, los generales estaban llevando al país a una guerra real y sangrienta, la única que la Argentina libró en el siglo XX, ni más ni menos que contra la alianza militar más poderosa del mundo: la tercera potencia armada, respaldada por la primera.




El hundimiento del Crucero General Belgrano



con más de mil soldados a bordo
, por parte de las fuerzas navales británicas, que ocurre el 2 de mayo fuera de la zona de exclusión marítima, termina de despertar a los argentinos que aún creían en un "paseo" y a quienes soñaron con batallas de escritorio.

Las cosas no salieron según lo previsto por los estrategas político-militares. Las sorpresas e improvisaciones se precipitarían una tras otra. En el terreno militar, el gobernador puesto en Malvinas, el general Mario Benjamín Menéndez, no atinará a componer un plan de batalla y observará impertérrito la desigualdad de fuerzas en combates encarnizados que tendrán momentos de heroísmo protagonizados por soldados y oficiales argentinos.

En el terreno diplomático, Costa Méndez peregrinará por los foros internacionales acompañado por los embajadores y un triunvirato de delegados de la Junta Militar que llevaban opiniones discordantes y mantenían sus propias conversaciones por separado.

Intensas negociaciones se desarrollan en Nueva York y Washington, reuniones preparativas y plenarias, oficiosas y formales, de la OEA, el TIAR, el Consejo de Seguridad y el Movimiento de los No Alineados en La Habana. Habrá incluso una misión militar secreta que viaja a Libia en busca de armas.

Además, había emisarios actuando a pedido o de motu proprio, y delegaciones de dirigentes políticos que viajan para intentar explicar la posición argentina.

El 11 de junio, tres días antes del penoso final, llega a Buenos Aires el papa Juan Pablo II y permanece durante 48 horas encabezando una multitudinaria misa por la paz en el Monumento de los Españoles, en Palermo. Se reúne en dos oportunidades con Galtieri y la Junta de Comandantes, pero no había ya mediación posible.




Fueron 74 días de ocupación y 45 días de combates.



El doble desastre, diplomático y bélico, en la guerra del Atlántico Sur y la derrota argentina frente a Gran Bretaña tendrá como consecuencia inmediata 746 soldados argentinos muertos y más de mil heridos y el derrumbe de las pretensiones militares de mantenerse en el poder.

La derrota de Malvinas representó un "parteaguas" en la historia argentina de proyecciones internacionales: el inicio del camino a la democracia en la Argentina y su impulso en todo el Cono Sur pueden tomarse como un desenlace final de cuarenta años de turbulentas relaciones de poder entre civiles y militares y manejo compartido de la política estatal en nuestro país.



Causas y consecuencias



Las percepciones erróneas de militares argentinos y responsables de la política exterior, las pretensiones continuistas del Proceso y las aspiraciones personales de Galtieri, fueron tan desencadenantes como la euforia nacionalista y el desafío a EE.UU. y Gran Bretaña.

Tras la guerra se precipitaron la caída de la dictadura, la recuperación de la democracia y la hipoteca de la deuda externa.




Qué significó




La guerra de las Malvinas sigue siendo hoy tan difícil de aceptar, por lo absurda, como en 1982. Pero esa lejanía en el tiempo permite tener otra perspectiva y arrimarnos quizás a cierta comprensión. En esa comprensión debe caber el marco de un mundo dividido entonces por ideologías y poderes que no existen más —la bipolaridad— y una sociedad que, como la nuestra, varió en 20 años su vertebración económica, social y cultural.

El conflicto tuvo, sin duda, un contraluz. Por un lado alejó a la Argentina, en el plano político, de una reivindicación legítima e histórica. El retroceso internacional fue notorio. La democracia cargó con ese costo.

También sumió a la mayoría de la sociedad en una honda frustración. El arraigado sentimiento por Malvinas se transformó para las nuevas generaciones en una sensación distante.

Esa pérdida que tiene estrecho vínculo con la identidad nacional posibilitó, en cambio, el nacimiento de otra ilusión: la derrota militar terminó por tumbar a la dictadura y abrió las puertas a la democracia, imperfecta, pero que los argentinos añoramos por décadas.




El número




746
Fueron los soldados argentinos muertos en el conflicto de Malvinas.
1068 heridos.
Del lado británico,
los muertos fueron 268 y los heridos, 777.




EL CEMENTERIO ARGENTINO DE DARWIN, ABANDONADO



Nadie cuida a los muertos en Malvinas



Jorge Lanata viajó a las Malvinas para contar, desde el próximo domingo, qué pasa en las islas hoy, cómo viven los argentinos radicados en Puerto Argentino y qué piensan los kelpers del conflicto que estalló hace 25 años. Además, prepara un especial que se editará en DVD y saldrá a la venta con la edición de PERFIL del 1 de abril. Pero apenas comenzó su investigación el periodista llegó al cementerio de Darwin donde están enterrados los soldados argentinos caídos en la guerra y se encontró con un panorama desolador: tumbas abandonadas, cruces en malas condiciones y el Estado argentino ausente.




Abren un registro de denuncias por torturas a soldados argentinos en Malvinas



Buenos Aires cuenta desde hoy con un registro de denuncias sobre violaciones a los derechos humanos cometidas contra soldados argentinos durante la guerra de 1982 con el Reino Unido por la posesión de las islas Malvinas.

Este registro revivirá los testimonios tanto para la historia como para hacer justicia, afirmó Pierini, quien precisó que el organismo a su cargo ha
Abren un registro de denuncias por torturas a
La presentación del registro fue realizada por la defensora del Pueblo de la Ciudad, Alicia Pierini, y el legislador porteño Juan Cabandié en una rueda de prensa al que asistió un grupo de ex combatientes.

'Este registro revivirá los testimonios tanto para la historia como para hacer justicia', afirmó Pierini, quien precisó que el organismo a su cargo ha recibido una serie de testimonios que serán sistematizados y enviados a la Justicia.

Añadió que 'las Fuerzas Armadas argentinas trataron a los jóvenes soldados del mismo modo en que procedieron como gobierno dictatorial con los ciudadanos en territorio continental: con cárcel ilegítima, torturas, vejámenes, abuso de poder y muerte'.

El año pasado se abrió una causa judicial a partir de una denuncia formulada por el gobierno de la provincia de Corrientes (noreste) y un grupo de veteranos del conflicto bélico entre Argentina y el Reino Unido.

La denuncia contra los jefes militares argentinos que actuaron en las islas del Atlántico Sur se basa en un informe de la Subsecretaría de Derechos Humanos de Corrientes y el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de esa provincia, que recogió testimonios de 23 soldados.


El informe establece que en el archipiélago hubo al menos un homicidio de un soldado argentino, cuatro combatientes que murieron de hambre, otros diez castigados en estacas (atados de pies y manos, boca arriba) y varias torturas ordenadas por los superiores.





Derecho a la Identidad
"Soldado argentino sólo conocido por Dios"



En el cementerio de Darwin se levantaron 237 tumbas de soldados argentinos caídos en combate. Pero sólo 114 figuran con sus nombres, El resto, 123 cuerpos, no están identificados.




Esta situación irregular no es una cuestión menor y tiene que ver con el pensamiento de quienes en 1982 tomaron la decisión de recuperar las Islas Malvinas con una acción militar que nos llevó al conflicto armado con Gran Bretaña dejando un saldo de 649 muertos. Tiene que ver con el pensamiento de un Estado terrorista que al regreso de los soldados combatientes al continente, después del 14 de junio de 1982, impusieron el silencio, amenazando a todo aquel que, en ese presente, contara algo de lo sucedido.



Ocultaron así las voces de los protagonistas amparados en consignas tardías e inútiles de los intereses supremos de la defensa nacional y no hicieron nada para que en forma conjunta con los británicos, se identifique a nuestros muertos.



Le mintieron a los familiares sosteniendo la figura de "desaparecido" y no dieron respuesta de que había sucedido con los soldados que murieron en combate y menos aún, de los que murieron por hambre, congelados o asesinados por los propios. En muchos casos fuimos los soldados quienes tuvimos que dar esas respuestas ante la desesperación de un padre por saber de su hijo.



Los ex soldados conscriptos fuimos testigos de las aberraciones cometidas por oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas, a través de los testimonios de los que sufrieron en carne propia, la tortura física, psicológica, los estaqueamientos.



Fuimos testigos y sabemos quienes son los responsables de la muerte de soldados argentinos a causa de la irresponsabilidad de los cuadros de las Fuerzas Armadas.



Pasaron 26 años y como dice León Gieco, "todo está escondido en la memoria", es así que el año pasado se abrió una causa en el Juzgado Federal de Río Grande a cargo de Liliana Herraez, denunciando delitos de reducción a servidumbre y tortura, seguidos de lesiones graves y/o gravísimas y de muerte donde hay mas de 40 militares denunciados por soldados, mayoritariamente de Corrientes, patrocinados por la Subsecretaría de Derechos Humanos de dicha provincia.



Como indica el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del 22 de diciembre de 1999 "toda la sociedad tiene el irrenunciable derecho de conocer la verdad de lo ocurrido, así como las razones y circunstancias en las que aberrantes delitos llegaron a cometerse, a fin de evitar que esos hechos vuelvan a ocurrir en el futuro. A la vez, nada puede impedir a los familiares de las victimas conocer lo que aconteció con sus seres mas cercanos (…) Tal acceso a la verdad supone no coartar la libertad de expresión".



En tal sentido, el Estado no puede continuar haciéndose el distraído y debe realizar todas las gestiones necesarias para que se devuelva la identidad a los que cayeron defendiendo a la soberanía y dieron vida a la democracia, es necesario que el Equipo Argentino de Antropología Forense realice la tarea de identificación como una acción humanitaria en búsqueda de la verdad para que la sociedad no siga siendo victima de las acciones de la dictadura.



Para las Fuerzas Armadas, los soldados caídos fueron a causa de los combates y esto forma parte de la gran mentira que vienen sosteniendo desde el 82. Remigio Fernández murió por desnutrición en Puerto Howard; Héctor Miguel Rolla murió congelado en Monte Longdon; Rito Portillo asesinado por un suboficial de la marina en proximidades de Puerto Argentino.



Federico Lorenz, escritor e historiador visitó el Cementerio de Darwin y escribió en un artículo publicado en Clarín: Las cruces de los NN de Malvinas dicen "Soldado argentino sólo conocido por Dios". Es una hermosa fórmula para países que relatan convencionalmente sus guerras, pero en el nuestro, donde el "algo habrán hecho" fue de la mano de la muerte, se parece demasiado a una liviana relación con las responsabilidades, con la vida, a un juego peligroso y autodestructivo como sociedad.



Acaso debamos preguntarnos cómo aliviarle la tarea a Dios, y empezar a (re) conocer a nuestros muertos, para que no sean sólo de sus deudos.



Lo peor que le puede suceder a un ser humano es perder su identidad, todos tenemos "Derecho a la identidad" y los muertos de Malvinas también, reconocerlos es buscar la Verdad con Memoria Justicia y Soberanía.





imagenes:














































http://actualidad.terra.es/articulo/html2/av22581387.htm





















algunos videos



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fuentes:

http://www.youtube.com/watch?v=aLzisTj_N4o&feature=related
http://www.malvinasonline.com.ar/notas/nota.php?recordID=267
http://www.clarin.com/suplementos/especiales/2005/08/28/l-02115.htm
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0168/articulo.php?art=215&ed=0168
http://www.cescem.org.ar/excombatientes/listas/muertos/introduccion.html
http://www.corrientesaldia.com.ar/noticia/111346/Identificacion_de_soldados_muertos_en_Malvinas.aspx



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