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La Sociedad del Ego



Nuestro egocentrismo debería ser revisado si queremos avanzar hacia una sociedad civilizada, que será altruista o no será. La de hoy, desde luego, está muy lejos de tal calificativo.La Barbarie egocéntrica es la seña de identidad de nuestro mundo y cada vez se expresa de un modo más violento

¿ALTRUISMO O EGOCENTRISMO?

El amor es la fuerza más importante que lleva a la acción, bien sea el amor a una persona, a la humanidad o a una verdad, pero quien no se ama a sí mismo de un modo positivo no puede amar a otros de un modo altruista, por más que se esfuerce.

Bajo la influencia del ego, los otros aparecen como enemigos o como competidores, y la sociedad en su conjunto aparece como conflictiva y amenazante. Así podemos explicarnos que nuestro mundo esté dominado por gentes oportunistas, individualistas, patronos, especuladores cardenales y creadores de la llamada opinión pública, que no será otra que la suya. Es la Sociedad del Ego.

No tenemos más que observar las relaciones que tenemos la mayoría de nosotros con nuestros vecinos, amigos o conocidos para apreciar tanto la falta de altruismo como la abundancia de aspectos interesados que se dan en esa relación. Cuanto más de lo que sea tengamos y podamos dar, más de los que aspiran a tener de eso nos buscarán. ¿Porque nos quieren? No, porque tenemos algo que ellos quieren. Las relaciones comunes son relaciones desde el ego. Las relaciones desde el ego se establecen en función del toma y dame, y en eso la gente suele llevar muy bien la cuenta para que no haya desnivel. Si te hago un favor, cuidado si no me lo recompensas de algún modo; porque la cuestión siempre es la misma para el ego: tener, ysi se puede, tener por encima de quien sea, con más o menos disimulo y posibilidades; tener y aspirar a tener lo de otro o al menos algo de lo de otro que uno desea para sí. En esto se basan infinidad de relaciones personales, por no decir casi todas; desde las relaciones de explotación de los trabajadores por sus patronos a las reuniones de vecinos, por no hablar de las relaciones de explotación que se establecen en las parejas. Tras estas relaciones es fácil ver que la envidia actúa de motor esencial, o el individualismo, la codicia, el egoísmo, el desamor en suma.. ¿Es esta una verdadera relación? En absoluto. Vivimos casi a diario en relación simulada. Este equipaje es sobre el que nos pone en guardia el mundo espiritual.



Cierto que las religiones se han encargado de vacunarnos contra ese mundo, pero no es de extrañar, porque están al servicio del Ego, del ego de sus insaciables dirigentes que nunca tienen bastante poder, riquezas o prestigio, pero eso no invalida las leyes espirituales del altruismo expresadas tanto en los Mandamientos mosaicos como en el Sermón de la Montaña. La regla de oro del progreso personal espiritual y social está formulada hace siglos: “Lo que quieras que te hagan a ti,hazlo tú primero a otros, y no hagas a nadie lo que no quieras que se te haga”.

Los ateos, los agnósticos o los que han sido atrapados por las religiones suelen renegar, sin embargo, de lo espiritual. Para muchos de ellos, crean o no en Dios, el mundo se convierte en un sin sentido o en un castigo, cuando no en algo regido por otro dios: el AZAR. Y bajo el azar se viven toda suerte de conflictos externos en donde se trata de sobrevivir por encima de los otros y con el menor daño posible. El azar nos convierte en víctimas de la buena o mala suerte, y por tanto de un destino cuyas raíces desconocemos, en lugar de admitir que para aspirar a recibir hay que dar y que se recoge lo que se siembra. Pensar lo contrario hace dificil la aparición de una conciencia espiritual que favorezca el altruismo, pero muy fácil los enfrentamientos de todo tipo en los que tiene mucho que ver con la búsqueda del propio beneficio, con la infelicidad, decepción, violencia y desgarro que vemos reflejados en la sociedad y hasta en el arte contemporáneo. El desgarro que expresa el arte tiene mucho que ver con esos dos aspectos que se vienen mencionando: la falta de autoconocimiento y la ausencia de un amor altruista fundado en las leyes divinas, que son las leyes del amor altruista del que la estructura social abomina. Nuestro egocentrismo, pues, debería ser revisado si queremos avanzar hacia una sociedad civilizada, que será altruista o no será.La de hoy, desde luego, está muy lejos de tal calificativo.

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