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La violencia y el sistema por Carlos del Frade

Estimados lectores de este post: es una info muy interesante de leer, por favor no bardeen.
La violencia es una herramienta y una identidad del sistema.
En la cancha grande de la historia, treintaiún años después del terrorismo de estado, apenas hay un centenar y medio de integrantes de fuerzas armadas y seguridad que están presos. De acuerdo a documentos del propio ejército argentino hubo no menos de 80 mil uniformados que participaron de la represión.
Mataron para concentrar la riqueza en pocas manos y domesticar a las nuevas generaciones de argentinos a la regla de juego número uno: no se pueden modificar las cosas, ganan siempre los mismos, los que son pocos.
Y hubo otro saqueo impune, las palabras. Según la UNESCO, cada argentino manejaba hacia 1975, 8 mil vocablos cada uno. Hoy, tres décadas después, apenas 800. Si uno no puede decir lo que necesita, no puede expresar lo que sueña, no puede comunicar por qué sufre, se convierte en un no dicente, en un repetidor de palabras ajenas, en un a-dicto, en alguien incapaz de poner en palabras sus urgencias.
Sobre esta base de impunidad, satanización de la política y el gremialismo, los años noventa trajeron la privatización de los patrimonios paridos por generaciones y generaciones de argentinos. Falta de trabajo y educación y medios de comunicación que en lugar de reparar la ausencia de palabras fomentaron el individualismo y la salvación personal. El pasado no servía para nada y el futuro debía ignorarse.
Sin trabajo ni sueños colectivos de los cuales enamorarse, las mayorías de pibas y pibes argentinos comenzaron a sentir que el país era apenas la descolorida metáfora de la camiseta de la selección. Y el que vive sin sentido, mata sin sentido. Cuando los diarios, las radios y la televisión presentan casos de asesinatos “sin sentido”, en realidad están mostrando consecuencias de vidas sin sentido colectivo, sin sueños ni esperanzas.
La violencia, entonces, es hija de la masacre impune; la privatización de los patrimonios colectivos; la desinformación programada que oculta a los verdaderos multiplicadores del dolor y hace creer que el enemigo es el que está al lado y no el que desde arriba impone, mutila, segrega, castiga y excluye; y la ausencia de ejemplos motivadores que devuelvan la capacidad transformadora a la política y la militancia social.
En la cancha chica del fútbol, veintiocho años después, Julio Humberto Grondona es la expresión de intereses que privatizaron los patrimonios de los clubes en beneficio de grandes empresarios “inversores” que fueron cerrando las instituciones con fines sociales y abrieron el terreno para convertir a las viejas barras seguidoras en grupos de tareas que tienen como única finalidad mantener el privilegio de los apropiadores de estas últimas identidades colectivas, los clubes de fútbol.
En la avenida de doble mano que suele ser la realidad, marchan por una calle los delincuentes de guante blanco y por la otra, sus socios menores, los delincuentes de manos sucias, sus grupos de tareas. Aquellos que en los barrios de las grandes ciudades ganan “soldados” a cambio de tener un lugar en las canchas y ganarse la vida con la venta de drogas que nunca viene de abajo, sino de arriba.
La violencia es una forma de pertenecer a algo colectivo. Es el gran negocio del sistema: durante más de treinta años viene pontificando que la política y la militancia son malas palabras, sinónimos de corrupción; de tal forma cientos de pibes aguantan el presente desde esos lugares, la violencia y la droga. Desde una de las cárceles más tristemente célebres del país, el penal de Coronda, en la provincia de Santa Fe, un muchacho le confesó a este cronista: “Me di cuenta que no hacía negocios para mi. Le hice el negocio al sistema. Ellos están contentos con que salgamos a afanar, con que nos droguemos. Así nunca vamos a ser revolucionarios. Ese es el negocio de ellos”, dijo el pibe. Una brutal y profunda enseñanza.
En la cancha grande de la historia y en la cancha chica del fútbol, la violencia es una herramienta de los poderosos para que nadie quiera cambiar las reglas del juego y ganen siempre las minorías.
Habrá que comprometerse a recuperar lo que se quiere.
Porque si no se pelea por lo que se quiere, se termina sufriendo lo que no se quiere.




Carlos del Frade
DNI 14.729.802

0341 4850097
[email protected]


Periodista y escritor.
Entre otros libros publicó “Central, Ñuls: la ciudad goleada. Fútbol, lavado de dinero y poder”, que se puede consultar a través de la página web de salvemos al fútbol.
Una de las tantas fuentes: http://www.castellanos.com.ar/nuevo/textos.php?id=50970
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