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Lámparas Perpetuas ¿Sabías sobre esto?

¡SALUDOS, LINCES DE LAS PRADERAS GALACTICAS DE PLUTÓN!

Hoy vengo a hablarles de un tema atrapante:



LAS LÁMPARAS PERPETUAS











Desde tiempos inmemoriales
, mucho antes del descubrimiento de la luz electrica, mucho antes de la civilización occidental, incluso mucho antes de que uruguay ganara su última copa del mundo, numerosos testimonios y cónicas de comunidades tan diferentes como griegos, árabes, romanos y hasta monjes y exploradores medievales han dado testimonio de estos artefactos ocultos en tumbas, templos y otros lugares.


"Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite"

— Madre Teresa de Calcuta"

¿Qué son las lámparás perpetuas?



A diferencia de la sabia cita de la Madre Teresa, una lámpara perpetua es todo lo contrario, es decir, un artefacto luminiscente cuya luz aparenta ser de duración inagotable o mayor a varios siglos sin la necesidad de proveerle combustible o mantenimiento alguno.

Esta tecnología perdida que data aparentemente del imperio egipcio se remonta a la más alta antiguedad, al rededor del año 1200 a 1500 a.C en tiempos del éxodo bíblico. Podemos dar nota de ello en el capítulo 27 del Éxodo, versículo 20, el cual describe el tabernáculo con una lámpara eterna.






Algunas crónicas sobre lámparas perpetuas:



El satírico griego, Lucian ( 120-180 ) vio, durante uno de sus viajes a Heirapolis en Siria, en la frente de una estátua de Hera, una joya brillante que en la noche iluminaba el templo entero.
En otro templo dedicado a Júpiter, en Baalbek, existía otra piedra incandescente y luminescente.


Numa Pompilius, el segundo rey de Roma, además de su capacidad para dominar el rayo, poseía también una lámpara eterna en la cúpula de su templo.



Plutarco relata que, según los sacerdotes, en la entrada de un templo dedicado a Júpiter-Amón, una lámpara ardía desde la más alta Antiguedad. 


El naturalista romano, Pliny, ( siglo I ), pretendía que una lámpara llena con aceite púrisimo y dotada de una mecha de amianto, podría arder para siempre.

Un siglo más tarde, ideas similares fueron reiteradas por Hero de Alejandría.


Pausanius, ( siglo II ), en su "Atticus" describe una magnífica lámpara dorada en el templo de Minerva Polias en Atenas, fabricada por Callimachus, que podía arder durante más de un año.

Según el relatado de Saïd Ebn Batric, el altar del templo de Apolo Carneus y el gran templo de Aberdain en Armenia poseían lámparas semejantes.


San Agustín, ( 354-430 ) nos dejó la descripción de una lámpara maravillosa de un templo dedicado a Isis, en Egipto, que no se apagaba ni con el viento ni con la lluvia. 

Esta lámpara fue descrita tambien por Fortunius Licetus.


Durante el reinado de Justiniano de Bizancio, en 527, al renovar un edificio antiguo en Edessa en Siria, se encontró en un nicho disimulado y tapado, un crucifijo y una lámpara que habría ardido durante 500 años. 


En el año 600, en la isla volcánica de Nesis, cerca de Nápoles, en una tumba de mármol, se encontró un vaso con una lámpara cuya llama brillaba en una bombilla de cristal ; cuando el cristal se rompió, la lámpara se apagó. La tumba databa de la era precristiana. 


Hacia 1300, Marcus Grecus, escribía en su "Liber Ignium" ( libro sobre el fuego ), que se podía fabricar una lámpara inagotable funcionando con una pasta de luciérnagas.


Cerca de Roma, en 1401, se encontró el sepulcro de Pallas, hijo del rey troyano Evandre, iluminado por un farol perpetuo. Para apagarlo hubo que romperlo, o, según otra versión, derramar el "licor" de la lámpara que había estando luciendo durante 2600 años. 


El obispo de Verona, Ermalao Barbaro ( 1410-1471 ), conocido por sus traducciones de las fábulas de Esopo, señaló también varios descubrimientos de lámparas. En particular el de un campesino de Padua ( Italia ) en 1450, el cual al arar su campo, sacó una urna de gran tamaño hecha de terracota con dos pequeños vasos metálicos, uno de oro y otro de plata.

Un fluido claro, de composición desconocida y calificado de "licor alquímico", llenaba los dos vasos, mientras que en el interior de la urna un segundo vaso de terracota contenía una lámpara ardiendo.

Franciscus Maturantius recuperó la lámpara y la describió en una carta dirigida a su amigo Alphenus.

Sobre la urna, unas inscripciones en latín, exhortaban a los ladrones eventuales a respetar la ofrenda de Maximus Olybius a Plutón.


En la Vía Apia, cerca de Roma, en abril de 1485, se abrió la tumba de Tullia, hija de Cicerón, fallecida en 44 antes de J.C..

Los descubridores quedaron tán sorprendidos por el hallazgo de una lámpara de luz reducida que la rompieron. Había estado ardiendo durante más de 1500 años.

El sarcófago estaba lleno de un líquido oscuro que había conservado perfectamente el cuerpo expuesto en Roma y visitado por 20 000 personas. 


En 1610, Ludovicius Vives, en sus notas sobre San Agustín, contó que, en 1580 mientras su padre vivía, una lámpara encontrada en una tumba se rompió al cogerla. 

Una inscripción revelaba que tenía 1500 años de antiguedad. 


En 1586, el historiador inglés Cambden, en su descripción de Yorkshire, habla de una lámpara eterna, encontrada en la tumba de Constantius Chlorus, padre del emperador Constantino el Grande y fallecido en Inglaterra en el año 306. 

Cambden señala el descubrimiento de otras lámparas encontradas en la misma época, después de la disolución, en 1539, de la iglesia católica y de los grandes monasterios por Enrique VIII. Los bienes de la iglesia fueron sistemáticamente saqueados y las lámparas despreciadas por ser reliquias del papazgo. 


En 1652, el padre jesuita Kirscher, en su "Oedipus Aegyptiacus", se refiere a numerosos descubrimientos de lámparas perpetuas halladas en sepulturas subterráneas en Memphis, por sus contemporáneos.


En 1681, cerca de Grenoble, un mercenario suizo llamado Du Praz, encontró una curiosa lámpara de cristal que ardía en una tumba sellada.

La lámpara, todavía incandescente, fue traída a un monasterio cercano donde siguió ardiendo durante varios meses, hasta que un día un monje entrado en años la rompió. 


En 1846, cerca de Córdoba en España, en una tumba romana antigua, otra lámpara fue encontrada. 


El padre Evariste Regis Huc ( 1813-1860 ) que viajó mucho a Asia, hizó la descripción de una lámpara perpetua que pudo ver en Tíbet










Desde las más altas autoridades religiosas, hasta los más afamados alquimistas, pasando así por el más diverso abanico de autores han sido tentados en sus curiosidades por estos enigmáticos artefactos.



Las opiniones al respecto son tan variadas como los aficionados al tema, desde obras demoniacas
hasta burlas y descreimientos por la imposibilidad de la existencia de estas luminarias maravillosas que aparentemente no podrían existir. Esto sin embargo no detuvo a los curiosos en su cruzada por recuperar esta ciencia perdida, a la cual todos rotulaban de curiosa, misteriosa, intrigante, pero por la abrumadora cantidad de crónicas nunca de "mágica".


DATO CURIOSO:


Tras múltiples intentos fallidos por descubrir la verdad científica detrás de este misterio, una madrugada de 1669, el científico aleman Henning Brandt
descubre accidentalmente lo que hoy en día conocemos como fósforo. Así que si bien no hemos logrado revelar por completo este misterio, por lo menos gracias a estas enigmáticas lámparas podés prender la cocina sin quemar un pedazo de diario en el calefón, lince.













CONCLUSIONES:



Ninguna hipótesis parece ser suficiente para dar luz a este tema: La mayoría necesita aire
para arder, otras se apagar al contacto con este; aparentemente con mechas de amianto (la lana de salamandra) o de metal, algunas emiten una fosforescencia mientras que otras se valen de una llama.


 El aceite
sigue con su misterio, a veces sería bituminoso, otras veces sacado del oro por un procedimiento alquímico secreto, o también de origen vegetal ( especialmente el aceite extraído de una especia egipcia de judías tóxicas ) Pero dada la ausencia de muestras, lo único que tenemos son crónicas y suposiciones.





¡ESO ES TODO, TARINGUEROS!

VISITA MIS OTROS POST:















Fuente: 
De Defectu Oraculorum ; Licetus cap.V; De Civitate Dei, lib.XXI, cap.6;De Reconditis Lucernis Antiquorum, cap.VI, et, Isodorus De Gemmis; Fortunius Licetus, cap.VII, y, Citesius en su Abstinens Consolentanea; Licetus, cap.X ; Baptista Porta, Magia Naturalis, lib.XII, cap.ult; Martianus, Liber Chronicorum, lib. XII, cap. 67; Fortunius Licetus, cap.IX ; Scardeonius, De Antiq. Urbis Patavinae ; Rubeus, De Destillatione ; Lazius, Wolfhang, lib.III, cap.18; Guido Pancirolli, Rerum Memorabilium Deperditarum, vol.I, p.115; Relatado también por Maiolus en su Episcopus Colloquies; Cambden, Brittania, Gough's ed., III; Johann Helfrich Jungken, Curious Experimental Chemistry, 1681; Wray, Athenaeum, relatado por M. Wetherell de Séville.
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