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Lara Croft se vuelve feminista?

‘TOMB RAIDER’: ¿ES DE VERDAD TAN FEMINISTA LA LARA CROFT DE ALICIA VIKANDER?


Este post no contiene spoilers.
Es el texto de la fuente con un par de agregados míos.




Cuando en 1996 apareció una versión femenina e implacable de Indiana Jones en el mundo de los videojuegos, era imposible verlo como un momento de fuerza femenina. Y lo fue, si lo miramos desde la perspectiva de su situación: era una mujer atlética, rica, inteligente y audaz, que con dos pistolas en mano era capaz de enfrentarse a cualquier peligro que se le pusiese delante. Era una mujer completamente empoderada. ¿Cuál era el problema? No hay que ser muy listo para verlo: un aspecto completamente sexualizado: Y es que ya podía estar escalando el Himalaya o nadando en una cueva, que Lara Croft siempre lucía sus voluminosos pechos y su cintura de avispa en una camiseta ajustadísima de tirantes, que acababa metiéndose dentro de unos mini pantalones -también ajustados, para ir a conjunto- que resaltaban su impresionante trasero. Eso sí, llevaba botas.

Para 1998, el personaje se había convertido en todo un ídolo sexual, una perfecta representación de las fantasías masculinas, que encontraría la perfecta horma de su zapato con la exuberante Angelina Jolie, protagonista de las dos primeras adaptaciones, que pese a retratar a una mujer que está en control de las situaciones y que no rinde cuentas ante nadie -sin duda un ejemplo para la época-, hubo una clara sexualización en la mirada de los cineastas que la retrataron. ¿La escena de la bañera en el primer filme? Por favor. Su cuerpo daba la talla para el personaje, y los dos directores de los filmes -Simon West (2001) y Jan de Bont (2003)-, hombres y acompañados de guionistas hombres, supieron aprovecharlo bien destacando más sus movimientos sexys que todo lo que de verdad caracteriza al personaje. Y no hablo del pecho, que en los dos pósters queda claro que es algo importante para ellos.




También ha sido algo importante para algunos “fans” del videojuego original, sobre todo al ver que la nueva actriz en dar vida a Croft es Alicia Vikander.

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Hay algo importante en toda esta historia. La Lara Croft de Jolie y la de Vikander han nacido en tiempos completamente diferentes. La primera vivía en la impunidad más absoluta sobre la sexualización de la mujer en Hollywood, un momento en el que Harvey Weinstein seguía haciendo sus fechorías y silenciando a las víctimas, un momento en el que quejarse de la cosificación era algo totalmente fuera de lugar, por lo que se aceptaba como cláusula indispensable para construir una heroína de acción. Hoy, la fiesta se está acabando, y los llantos masculinos se oyen a kilómetros de distancia.

‘Tomb Raider’ (2018) sigue la estela de la nueva imagen que presentó el videojuego en 2013, un relanzamiento que nos trajo a un personaje con pantalones largos y más profundidad emocional. Ahora sí parecía de verdad una mujer que se dedica a asaltar tumbas, y no una azafata de la Fórmula 1. ¿Los puristas del personaje le dieron la espalda? Puede ser, pero les demás no lo hicimos: se convirtió en la edición más vendida de la saga, y le siguió un nuevo título, ‘Rise of the Tomb Raider’, también un auténtico bombazo. De hecho, es este último al que más se parece la nueva adaptación cinematográfica, arco y flechas incluidas.





Entonces, ¿es la nueva Lara Croft feminista? ¿No lo era la anterior?

Lo cierto es que el feminismo es un movimiento político -y lo personal es político- que busca la igualdad entre hombres y mujeres, y no recuerdo ningún discurso del personaje demandando derechos en este aspecto. Sus acciones, sin embargo, hablan por sí solas: en el nuevo filme, se dedica a boxear, repartir comida como medio de vida, despistar a una horda de hombres con una bicicleta y mucho ingenio, y llevar no más de dos o tres modelos de ropa durante todo el relato.



El culto al cuerpo que responde a las fantasías masculinas tradicionales se ha intercambiado por el culto al cuerpo del ‘fitness’, a estar en forma, y es evidente la mirada de la cámara sobre los abdominales de Vikander y su espectacular forma atlética. El foco ahora está en lo que consigue hacer gracias a ese estado, ganado a pulso tras cuatro meses de entrenamiento, y no en cómo los hombres suspiran al verla pasar (que también). En este sentido, y aunque quizás a más de uno le parezca una tontería, una se siente liberada cuando ve una película de acción clásica, donde hay una mujer fuerte en el centro de la acción, y de repente nadie intenta violarla ni se intenta ponerle con calzador un interés romántico completamente innecesario. ¡Qué liberador!





La Lara Croft de Alicia Vikander es la evolución natural de un personaje que ya no necesita de la cosificación para convencer al público. Ahora las mujeres conforman cerca de la mitad de los consumidores de videojuegos, por no hablar de los espectadores de cine. Las fronteras entre los gustos masculinos y femeninos ya no existen, pues cada uno debería poder tener los suyos propios sin prejuicios o estigmas. Ahora estamos en ese momento, no del todo perfecto pero igualmente dulce, en el que ‘blockbusters’ como este -que, como películas, pues ni fu ni fa- pueden presentarnos un personaje interesante sin caer en tópicos baratos o buscar un reclamo más allá de la historia. ‘Tomb Raider’ se sostiene por sí sola.



Además, hay un último elemento que la convierte, no tanto en feminista, sino en un interesante signo de los nuevos tiempos. Donde ‘Wonder Woman’ y ‘Jessica Jones’, estandartes de esta nueva revolución superheroica femenina, apuntan con el dedo con insistencia a la cultura machista heteropatriarcal que las oprime y que, en muchas situaciones, las pone en problemas que resuelven con grandes dosis de empoderamiento, la nueva Lara Croft no se enfrenta directamente con esta opresión. Es una mujer con un trabajo e intereses propios, con problemas no resueltos con su padre desaparecido y una gran curiosidad por continuar el trabajo que él comenzó. Aparte de algunas miradas lascivas (qué le vamos a hacer), no es un personaje que se enfrente al acoso, por lo que puede desarrollarse -en la ficción- como una persona autónoma y desembarazada de toda desigualdad. Qué utopía. Ella vive, por suerte, en un mundo diferente al de hace unos años. Un mundo al que aún le falta mucho por aprender y avanzar, pero donde las mujeres pueden cada vez más moverse en libertad sin ser juzgadas, acosadas o sexualizadas. Incluso con un poco de escote y una talla 85, ver a las mujeres como personas es posible.
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