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Las 7 Autocirugías Más Sorprendentes de la Historia

A lo largo de la historia, se han presentado casos en donde la existencia de los protagonistas dependía de una complicada cirugía; la desesperación y el instinto de supervivencia se ponían en manifiesto, obligándolos a tomar una arriesgada decisión: realizarse a sí mismos un proceso quirúrgico.



1. Douglas Goodale
En 1998, Douglas Goodale, quien era pescador, se encontraba en alta mar en plena pesca de langostas. Cuando se disponía a sacar a su presa con las redes, una gran ola impactó en el barco, creando una holgura en la cuerda, la cual luego se enrollaría alrededor del torno. Mientras intentaba apagar el motor, su manga se enganchó en el cabrestante. En segundos, éste había tomado su mano y parte de su brazo. Solo e incapaz de liberarse, y con su cuerpo balanceándose en el barco, los instintos de supervivencia del pescador tomaron el control, y uso su otro brazo para subir su cuerpo hacia el barco. Debido a la forma en que su brazo derecho había quedado trabado, tuvo que dislocar el hombro de su brazo lastimado. La única forma de liberarse era cortar su propio brazo, tomó su cuchillo y comenzó a cortar. El agua salada del océano y el torcimiento de su brazo ayudaron a reducir la pérdida de sangre. Por último, se las arregló para pilotar el barco hasta el puerto y conseguir ayuda médica, recuperándose con éxito en los días siguientes.

2. Sampson Parker
Sampson Parker, estaba sembrando maíz en su granja, y accidentalmente una máquina procesadora atrapó su mano. Este clamaba pidiendo ayuda, pero no había nadie cerca. Por más de una hora intentó sacar su mano de la máquina, consiguiendo solamente que su mano se atrapara más. Viendo esto, después sacó una navaja para cortarse los dedos y liberarse de ella. Antes de terminar, la máquina causó un cortocircuito, lo que resultó en un pequeño incendio que cada vez crecía más. Al ver que su piel empezaba a derretirse, evidentemente, su elección fue luchar con todas sus fuerzas y desprenderse prontamente de su brazo.
En palabras de Parker, el único dolor que sintió fue cuando cortaba los nervios. La carne no la sentía. Más aún, Parker agradecía al fuego por crear esa enorme angustia en él, porque de lo contrario, hubiera sido bastante doloroso.
Cuando lo único que le aferraba a la máquina era su hueso, usó su peso para romperlo, tirándose con todas sus fuerzas hacia el suelo. Inmediatamente salió corriendo, con su brazo goteando sangre, hacia su camioneta, con la cual llegó hasta la carretera a pedir ayuda, pero nadie paraba a auxiliarlo, hasta que finalmente, un hombre salió de su coche a ayudar a Parker. Este hombre, al ver que la pérdida de sangre era tremenda, pensó que no sería capaz de salvarlo. Afortunadamente, un helicóptero de rescate llegó a tiempo y llevó al herido a un hospital, donde se recuperó con éxito.

3. Joannes Lethaeus
Si una auto-cirugía es por sí sola algo sorprendente, y si encima hablamos de hace más de 350 años, la cosa es realmente extraordinaria. Pues eso hizo este herrero holandés, al hacerse una litotomía, es decir, se extrajo una piedra del riñón (del tamaño de un huevo de gallina), con la única ayuda de una especie de cuchillo de la época y sus propias manos, que fueron las que sacaron la piedra de su interior. Parece ser que lo hizo perfecto, necesitando ayuda únicamente de un profesional para cerrarse la herida.

4. Aron Ralston
En el año 2003, Aron Ralston, mientras estaba en un viaje de senderismo en el cañón Blue John, una roca se desprendió, aplastando su antebrazo derecho y atrapándolo contra la pared del cañón. Ralston no había contado a nadie sus planes de excursión y sabía que nadie estaría buscándolo. Suponiendo que iba a morir, pasó unas cien horas sorbiendo lentamente su pequeña cantidad de agua, tratando de sacar su brazo. Con el tiempo se quedó sin agua, talló su nombre, fecha de nacimiento y la presunta fecha de su muerte en la pared del cañón, incluso grabó en vídeo el último adiós a su familia. Después de cinco días tratando de levantar y romper la roca, el deshidratado y delirante Ralston, se dispuso a amputarse el antebrazo atrapado, con el fin de escapar. Después de liberarse, tuvo que escalar una escarpada pared de 20 metros, y luego caminó por el cañón bajo el caliente sol del mediodía. En el camino se encontró con una pareja de turistas, quienes le dieron agua y alertaron a las autoridades, hasta que finalmente fue rescatado por un equipo de búsqueda en helicóptero, seis horas después de la amputación de su brazo.
La exitosa película “127 horas”, nominada a 6 Oscar en la edición del 2011, está basada en este acontecimiento.

5. Leonid Rogozov
Leonid Rogozov, era un médico soviético que en 1961 fue asignado a una base de la antigua URSS en la Antártida. Rogozov era el único médico en esa estación, quien en aquél entonces tenía 27 años, enfermó repentinamente. Tras analizar sus síntomas, concluyó que tenía apendicitis y dadas las condiciones climáticas y el aislamiento en que se encontraba la base, era imposible trasladarlo a tiempo para que fuera operado, así que decidió realizar el procedimiento él mismo. Con la ayuda de un espejo y asistido por un ingeniero y un meteorólogo, hizo una incisión de 12 centímetros en su abdomen bajo anestesia local. La operación duró casi dos horas (incluyendo varios momentos en que Rogozov perdió el conocimiento), pero el procedimiento concluyó exitosamente y unos cuantos días después estaba completamente restablecido.

6. Evan O'Neill Kane

En 1921, este Doctor de Pennsylvania, quiso probar que el éter, el cuál en ese momento era el anestésico general por excelencia, podía ser sustituido por otros anestésicos locales menos peligrosos. Como prueba, el médico se operó a sí mismo, extirpándose el apéndice bajo los efectos de otro anestésico, colocándose en la mesa de operaciones con un espejo sobre su abdomen. Junto a otros tres médicos a modo de apoyo, Kane realizó la extensa incisión para remover el apéndice, siendo suturado por sus ayudantes (esto fue anterior a la implementación de nuevas técnicas que permitieron a los médicos realizar incisiones de menor tamaño para la extirpación del apéndice). El médico se recuperó con éxito, y unos años después, cuando contaba con 70 años, el doctor Kane se realizó una cirugía mucho más complicada para reparar una hernia inguinal. La cercanía a la arteria femoral la convertía una operación particularmente delicada, y Kane la realizó en menos de dos horas. Según informaron los otros médicos que estaban con él, estaba relajado y bromeaba aun cuando suturaba a milímetros de importantes vasos sanguíneos.

7. Inés Ramírez
Esta campesina mexicana, que solo hablaba el idioma zapoteco, nunca había recibido formación médica, y consiguió realizarse una cesárea, en la que tanto ella como su bebé salieron totalmente ilesos. Inés se encontraba sola en su choza cercana a Río Talea en México, cuando rompió aguas, la partera más cercana se hallaba a 80 km de distancia, a lo largo de un terreno irregular y lleno de caminos difíciles.
A la medianoche del 5 de marzo del año 2000 después de 12 horas de continuo dolor y un pequeño avance en el parto, Inés se sentó en un banco y utilizó un cuchillo de cocina para abrirse el abdomen. Inés cortó a través de su piel en una línea diagonal por encima del estómago hacia el ombligo. Después de operarse ella misma por espacio de una hora consiguió llegar al útero y extraer a su bebé. Después cortó el cordón umbilical con unas tijeras, y cayó inconsciente al poco tiempo. Cuando recuperó el conocimiento, se envolvió el abdomen herido. Horas más tarde, encontraron a Inés yaciendo consciente al lado de su bebé. Un médico suturó la incisión de 17 cm de largo y finalmente fue llevada al hospital más cercano, en donde examinaron a ella y a su bebé encontrándolos en perfectas condiciones.
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