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Las purgas en la URSS (1930) 2

Esta es la continuación del post anterior

Aplicando el leninismo

Stalin también criticó fuertemente a aquellos que no estaban dispuestos a autocriticarse porque consideraban que esto sería interpretado por los enemigos como un signo de debilidad y sería aprovechado por ellos, y que este reconocimiento de errores también podía conducir a la desorganización y el debilitamiento.



«Estas son tonterías, camaradas, tonterías y nada más. Al contrario, reconocer públicamente nuestros errores y corregirlos honestamente, puede sólo fortalecer a nuestro Partido, elevar la autoridad de nuestro Partido… Cuidar y conservar a los cuadros ocultando sus errores significa en verdad destruir a esos mismos cuadros».

Por último, Stalin instó a los líderes de las organizaciones del Partido a escuchar la voz de las masas, una manera segura de practicar el liderazgo correcto. Criticó firmemente «la actitud formalista y secamente burocrática de algunos de nuestros comunistas hacia la suerte de tal o cual miembro del Partido, hacia las exclusiones del Partido, o la reintegración de los excluidos, de sus derechos como miembros del Partido».

Según Stalin los dirigentes tienen que llegar a conocer a los militantes, su desarrollo y su forma de vida para poder hacer un juicio justo e individual de cada uno. Sin ese conocimiento, «ellos actúan habitualmente al azar: o bien los alaban en bloque y sin medida, o bien los golpean, también así en bloque y sin medida, los excluyen del Partido por miles y por docenas de miles». Stalin se opuso a todas las expulsiones por supuesta pasividad o sobre la base de que los militantes en cuestión no habían entendido correctamente el programa del Partido. Sólo marxistas probados y teóricamente avanzados podían comprender plenamente el programa del Partido.




Stalin hizo un llamamiento a los dirigentes del Partido a aplicar la fórmula leninista sobre el miembro del Partido, según la cual, «se considera como miembro del Partido a aquel que reconozca el programa del Partido, pague su cuotas y trabaje en una de sus organizaciones». Ningún miembro del Partido debe ser expulsado por carecer de un conocimiento profundo del programa del Partido o de las políticas del Partido. Stalin calificó de política cruel y enorme burocratismo la exclusión de los obreros debido a errores pequeños, como llegar tarde a las reuniones del Partido o no pagar las cuotas del Partido. Antes de plantear la cuestión de la expulsión, se debe hacer una crítica, una advertencia y dar un cierto tiempo para que la persona en cuestión pueda superarse. Los dirigentes del Partido están obligados a tener una preocupación genuina por los militantes, «y eso es justamente lo que le falta a algunos de nuestros camaradas», concluyó Stalin.

Los militantes del Partido empiezan a criticar

Cuando los discursos de Stalin fueron publicados, se convirtieron en el punto de partida del debate público, al igual que los discursos de Molotov, Zhdánov y Yezhov. Los principales fueron el «Discurso de clausura en el Pleno» de Stalin y la propuesta de Zhdánov sobre votaciones secretas en las elecciones del Partido, que había sido aprobada por el Comité Central. Por lo tanto, las cuestiones que despertaron el mayor interés concernían al poder de los dirigentes del Partido y sus acciones, así como a la democracia partidaria. Se discutió también sobre el juicio Bujarin-Rýkov y la necesidad de estar alerta contra espías y saboteadores, así como la crítica de los errores de los militantes en cuanto a la disciplina del Partido. Pero la cuestión más importante seguía siendo la omnipotencia y la corrupción entre los dirigentes locales del Partido.

A lo largo de la década de 1930, el Comité Central había instado a los miembros del Partido a iniciar la crítica de los dirigentes y a denunciar a los secretarios corruptos y sin compromiso con la causa. ¡Por fin, la discusión se puso en marcha! Se organizaron reuniones del Partido en todas partes como consecuencia del Pleno del Comité Central de febrero de 1937. Las reuniones que hasta hace poco se realizaban de manera rutinaria y burocrática, en un ambiente de amiguismo, de repente tuvieron que ser replanteadas en respuesta a la demanda abrumadora por parte de los militantes. Los archivos de Smolensk proporcionan una gran cantidad de ejemplos de reuniones en las que los dirigentes locales fueron literalmente puestos contra la pared y obligados a autocriticarse ante la militancia. Las masas de militantes no fueron indulgentes. En muchas reuniones de comités distritales y células de trabajo o células locales, los dirigentes del Partido no sólo fueron completamente desenmascarados, sino que fueron privados de sus puestos en el acto, eligiéndose inmediatamente nuevos líderes que contaban con la confianza de los militantes. Estas elecciones no eran parte del plan del Comité Central sobre nuevas votaciones secretas en las elecciones de los dirigentes del Partido. En ese momento ese plan estaba recién en la etapa de preparación. Pero nada pudo impedir que los militantes reemplazaran a los burócratas corruptos.

El caso del distrito de Belyi

El siguiente es un ejemplo típico de la atmósfera que se vivía en la clase obrera después del Pleno del Comité Central de febrero de 1937. En el distrito de Belyi (Belyi Raion), tuvo lugar una reunión para analizar las actividades del partido. Esta reunión duró cuatro días. Las actas de la reunión están disponibles en los archivos de Smolensk. Los militantes de base que rara vez hablaban en las reuniones, o que eran clasificados como pasivos, tomaron la palabra en esta ocasión, y «sin tener en cuenta la persona» no escatimaron sus palabras. 220 de los 240 miembros estuvieron presentes en la reunión del comité de distrito Belyi (Belyi Raion). Setenta ysiete hablaron en la reunión y plantearon duras críticas al secretario distrital Kovalev. Se le acusó de ser un burócrata sin ninguna consideración con los militantes. Había falsificado los informes sobre la educación política y había cerrado salas de estudio con la excusa de que no eran necesarias. Sus métodos eran dictatoriales, prejuiciosos y brutales. Los militantes que por algún motivo eran convocados a la oficina distrital siempre se sentían incómodos, sabiendo que los iban a hacer esperar durante largo tiempo o regresar sin terminar el asunto en trámite.



El jefe del NKVD de Belyi, Vinogradov, llegó en ayuda de Kovalev. Pidió a los militantes no discutir el trabajo del Partido. Según él, las directivas del Pleno del Comité Central de febrero establecían que los militantes debían discutir la campaña de la siembra de primavera. Kovalev, por su parte, trató de desviar la crítica hacia los niveles más bajos del Partido, las células del Partido. Según su opinión, era ahí donde debían buscarse los errores, no en el distrito. Incluso Golovashenko, el representante del Obkom (el comité regional) salió en respaldo de Kovalev. Trató de calmar el debate y atacó a los militantes que habían criticado severamente a Kovalev. Pero nada pudo ayudar a Kovalev. Las críticas de los militantes continuaron sin cesar durante toda la reunión y la lista de acusaciones se hizo más y más larga. La reunión terminó cuando los militantes destituyeron a Kovalev y eligieron a Karpovsky como Primer Secretario Distrital del Partido.



El «Discurso de clausura del Pleno» de Stalin: una herramienta en la lucha

La historia no termina aquí. El jefe del NKVD local trató de ayudar a Kovalev; el representante regional hizo lo mismo. Una decisión de la secretaría regional anuló el nombramiento del secretario distrital, Karpovsky, y propuso en su lugar a otro miembro, Boradulin, para el puesto. Otra asamblea de gran número de militantes declaró que Boradulin era aún más incompetente que Kovalev y eligió nuevamente a Karpovsky como secretario distrital. Esto ocurrió a pesar de que el propio Karpovsky instó a los miembros a aceptar la propuesta de la secretaría regional.



Esa era la atmósfera después del Pleno del Comité Central de febrero. Con el «Discurso de clausura del Pleno» de Stalin en sus manos, los militantes de base inmediatamente comenzaron a echar a los arribistas y burócratas corruptos y eligieron a sus propios dirigentes, independientemente de los deseos de las autoridades superiores. Fue una lucha espontánea, como se ve claramente en los informes de los archivos de Smolensk, y estuvo cerca de tener mayores consecuencias. Al mismo tiempo, los burócratas corruptos en posiciones de poder continuaron protegiendo a los otros. A. Kovalev, por ejemplo, se le dio un buen trabajo en el departamento de personal de la región. La lucha, sin embargo, no había hecho más que empezar.

Las elecciones del Partido de 1937

Una de las importantes resoluciones aprobadas en el Pleno del Comité Central de febrero fue la de celebrar elecciones generales en el Partido, con votaciones secretas. El 20 de marzo de 1937, dos semanas después del Pleno del Comité Central, se emitió un decreto del Comité Central relativo a las elecciones en el Partido, y esto inició un debate en la prensa sobre la necesidad de la autocrítica, de la democracia partidaria y el control sobre los principales dirigentes del Partido. La dirección central hizo todo lo posible para evitar que los dirigentes corruptos del Partido manipularan las reuniones electorales.



Las elecciones se realizaron en abril de 1937. Los dirigentes locales fueron muy criticados durante las reuniones electorales. Anteriormente, las reuniones partidarias de discusión y crítica siempre habían sido un foro para la crítica a los miembros de base por la poca disciplina partidaria y mala conducta. Ahora, la situación se invirtió. Esta vez, los dirigentes locales fueron el centro de las críticas. Por regla general, se nombraron muchos militantes para las juntas de esas reuniones del Partido. Las discusiones fueron largas y cuidadosamente transcritas en actas. Las elecciones secretas se realizaron al final. Hay muchos documentos en los archivos de Smolensk sobre las elecciones partidarias, incluidas las cédulas de votación.

Cambio del antiguo liderazgo

Los resultados nacionales de las elecciones del Partido fueron informados por la prensa más tarde. De las 54.000 organizaciones del Partido cuyos resultados electorales fueron conocidos en mayo de 1937, el 55 por ciento había cambiado a la antigua dirección. Este fue un resultado increíble. Puso de manifiesto, en primer lugar, que la falta de confianza en los antiguos liderazgos se había difundido bastante, y, en segundo lugar, que los militantes de base en la práctica tenían la fuerza colectiva necesaria para expulsar a los políticos que eran incompetentes o habían abusado de su poder. Evidentemente, el Pleno del Comité Central le había dado voz a una causa basada en la insatisfacción.

Las elecciones del Partido, sin embargo, también tuvieron otro aspecto. La mayoría de los dirigentes expulsados operaban a nivel local, en los distritos y las células, el nivel donde los miembros comunes y corrientes fácilmente podían decidir lo que estaba bien y lo que estaba mal y descubrir la corrupción, el abuso de poder y el sabotaje. Más arriba, en los comités municipales y regionales, las elecciones del Partido no dieron resultados similares. Los dirigentes regionales del Partido demostraron una gran facilidad para sobrevivir a las críticas. A nivel regional, hubo varios casos de políticos corruptos, conocidos por ser propensos a comportarse como pequeños reyes, que sin embargo se las arreglaron para asegurar una votación a su favor. Los militantes comunes y corrientes no tuvieron la misma oportunidad para evaluar el trabajo de estos dirigentes como lo tuvieron en el caso de los dirigentes locales. Hubo otro factor que trabajó en contra de los militantes comunes y corrientes: los secretarios regionales y municipales corruptos e incompetentes siempre se rodearon de un grupo que los apoyaba sin importar lo que pasara. No fue fácil para los miembros comunes y corrientes superar todo esto en su búsqueda de la verdad.

Cambio en los liderazgos regionales

Sin embargo, en los niveles más altos también se persistió en la lucha contra la burocracia y la corrupción en el Partido Comunista. A principios de junio, las conferencias regionales anuales del Partido comenzaron como de costumbre. A estas conferencias no se les daba ninguna importancia particular, ya que por lo general simplemente discutían los informes sobre el trabajo de las direcciones regionales. Esta vez, sin embargo, ocurrió algo nuevo. También en las conferencias regionales, se criticaron a los dirigentes. La dirección del Partido sabía que iba a ser mucho más difícil para los miembros comunes y corrientes hacer oír su voz a nivel regional. Por lo tanto, la dirección central decidió esta vez enviar a representantes del Comité Central a las conferencias regionales. Estos representantes llegaban, a veces sin ningún previo aviso, se sentaban y participaban en las discusiones. Esto tuvo el efecto de inclinar la balanza en varias conferencias regionales en detrimento de los dirigentes regionales del Partido. De las veinticinco conferencias regionales informadas por la prensa, cuatro terminaron aprobando la remoción de la dirección regional del Partido. Sin embargo, en muchas zonas los sátrapas regionales siguieron en el poder haciendo lo que querían sin tener en cuenta las directivas del Partido.

Corte marcial para los generales

Fue en la época de las conferencias regionales del Partido cuando tuvo lugar un acontecimiento decisivo para el futuro de la sociedad soviética. El 11 de junio de 1937, Pravda anunció que el mariscal Tujachevski y los generales Putna, Yakir, Uborevich, Feldman, Kork, Primakov y Eideman habían sido arrestados y acusados de traición. Los generales habían sido detenidos el 26 de mayo de 1937, acusados «de entrega básica y habitual de secretos militares a un cierto poder fascista hostil, y de trabajar como espías para lograr la caída del Estado soviético y restaurar el capitalismo», durante largo tiempo.



La conspiración de los generales era la parte militar de la lucha de la oposición contra el gobierno soviético. El juicio por traición a Piatakov-Rádek había asestado un duro golpe a la oposición, pero los generales no habían cancelado sus planes para un golpe de Estado. Por el contrario, se dieron cuenta de que cualquier retraso iría en su contra. Sus planes habían finalizado y era hora de actuar. Tras el juicio de Piatakov y la denuncia del grupo de Bujarin-Rýkov, ahora bajo arresto, los conspiradores militares aumentaron sus esfuerzos. A finales de marzo de 1937, decidieron el momento del golpe. Iba a tener lugar dentro de seis semanas, o antes del 15 de marzo a más tardar.



El retorno de los comisarios políticos

Una vez que tuvo conocimiento de los planes de un golpe de estado, el gobierno soviético actuó rápidamente. El 8 de mayo, se aprobó una importante resolución: se reinstalaron los comisarios políticos en todos los niveles del ejército. El sistema de comisarios políticos que supervisan a los oficiales y las decisiones militares había sido abandonado diez años antes, el 13 de mayo de 1927, a instancias de Frunze, un viejo bolchevique y cuadro del Partido altamente ubicado que se había convertido en uno de los principales oficiales del ejército. Abolió los comisarios políticos y restableció el poder de los oficiales. El 11 de mayo de 1937, el mariscal Tujachevski fue depuesto de su cargo de vicecomisario de guerra y enviado en una misión menor en la zona del Volga. El general Gamarnik, uno de los conspiradores (que posteriormente se suicidó), fue depuesto, el mismo día, de su cargo de vicecomisario de guerra. Los generales Yakir y Uborevich fueron también degradados, mientras que los generales Kork y Eideman fueron detenidos, acusados de espiar para la Alemania nazi. Los conspiradores perdieron así los medios prácticos para dirigir un golpe militar.




La sociedad socialista se defiende

La rápida intervención del gobierno soviético evitó el intento de golpe de Estado contra la Unión Soviética socialista, pero no se sabía cuán extendida estaba la red de conspiradores en la sociedad civil y el ejército.

Las reuniones regionales del Partido y la lucha contra la contrarrevolución

En junio de 1937, la situación en la Unión Soviética era extremadamente tensa. Nadie sabía exactamente la magnitud de la conspiración militar, pero había muchos indicios de que era más grande que el grupo que había sido descubierto. El Comité Central decidió iniciar una investigación exhaustiva. La conspiración militar venía desde arriba y sus raíces en la sociedad civil debían buscarse en las personas con puestos directivos. En las regiones, se organizaron reuniones extraordinarias de militantes para evaluar el trabajo de las direcciones regionales del Partido e investigar la magnitud de la conspiración. La reunión pertinente de la región occidental se llevó a cabo durante tres días entre el 19 y el 21 de junio de 1937. Kaganóvich participó en la reunión como representante del Comité Central. La cuestión central fue la evaluación de Rumiantsev, el secretario regional del Partido, y sus colaboradores cercanos.





Rumiantsev sometido a la crítica

Ivan Petrovich Rumiantsev era un «viejo Bolchevique» que se había unido al Partido en 1905. En 1929, el Comité Central lo nombró Primer Secretario de Smolensk. Para ocupar su puesto, Rumiantsev se llevó con él a varios de sus antiguos camaradas para ponerlos en varios de los cargos más importantes de la región. Este procedimiento nepotista fue señalado como antimarxista por Stalin, en el Pleno del Comité Central de febrero, pero esto no molestó a Rumiantsev. En junio de 1937, Rumiantsev tenía 61 años y era miembro del Comité Central con fuerte reputación en la región occidental, donde se había puesto su nombre a varias empresas y fábricas. Prácticamente, Rumiantsev era inmune a las críticas. El «viejo bolchevique» Rumiantsev se había convertido a lo largo de los años en un burócrata pomposo e interesado principalmente en su propio bienestar. En la región occidental, la insatisfacción con Rumiantsev era evidente, pero las oportunidades para removerlo eran escasas.



Sin embargo, las condiciones habían cambiado radicalmente antes de la reunión del 19 al 21 de junio de 1937. Esto no sólo se debía a la presencia de Kaganóvich y su apoyo a las voces críticas. Más importante aún, el factor que motivaba a los militantes a ser más abiertos era que uno de los generales conspiradores y condenados, Uborevich, era miembro del Comité Regional y había colaborado estrechamente con Rumiantsev. Había sospechas de que Rumiantsev era uno de los altos dirigentes del Partido implicados en la conspiración militar. Las viejas injusticias cometidas por Rumiantsev y su grupo en contra de militantes individuales fueron sacadas a la luz sin piedad.

La situación de la dirección de la región occidental se hacía cada vez más sombría. Entre otras cuestiones, fue traída a discusión la remoción del secretario del Partido Kovalev. Kovalev había sido removido por los militantes del Partido en la reunión de militantes del distrito de Belyi, pero para su retiro fue asignado a un trabajo cómodo por... Rumiantsev. Los militantes ahora se preguntaban qué había sucedido y fueron de la opinión de que era Rumiantsev quien había causado que Kovalev actuara en contra de la voluntad de los militantes del Partido. Había sido él quien estaba detrás de las transgresiones y abusos de poder que habían tenido lugar en el distrito de Belyi. Al recurrir al amiguismo y al clientelismo, Rumiantsev había «suprimido la crítica y la autocrítica, creando un círculo de «su gente»». La lista de acusaciones de corrupción y prepotencia contra los dirigentes de la región occidental se hizo cada vez más larga. Como consecuencia de ello, toda la dirección fue destituida en la reunión. A raíz de las investigaciones posteriores, Rumiantsev y su grupo fueron arrestados bajo los cargos de corrupción y abuso de poder.


El Comité Central lanza un vasto contraataque


En julio de 1937, el Comité Central había reunido pruebas suficientes para demostrar que la conspiración militar había sido parte de un plan que implicaba a muchos altos dirigentes del Partido. La situación era extremadamente grave. Incluso en el Comité Central había miembros corruptos involucrados en la conspiración. La construcción del socialismo iba acompañada de consecuencias que algunos viejos bolcheviques y otros nuevos altos dirigentes del Partido, no podían aceptar. La imagen distante y un tanto romántica del poder obrero durante los días de la revolución de 1917 ya se habían realizado en la práctica en la Unión Soviética y ahora el país estaba realmente gobernada por los obreros. Este fue un desarrollo que atemorizó a algunas personas que habían tenido privilegios y vivían cómodamente. Ellos escogieron el camino de la contrarrevolución. Ellos encontraron fuera de la Unión Soviética, sus aliados indispensables en su lucha por detener el desarrollo socialista. El Comité Central decidió luchar contra esta traición y terror blanco de una manera determinada.




La tarea de dar seguimiento a las pistas reveladas por el intento de golpe de los traidores estuvo a cargo de la policía de seguridad, el NKVD, bajo la dirección de Yezhov. En todo el país, se investigó a gente que se sabía que había tenido contacto con los conspiradores del grupo Piatakov y con los generales. Muchos fueron arrestados. La situación política era insegura y todavía no estaban claros los contactos extranjeros de los conspiradores. Los generales habían revelado secretos de defensa de la Unión Soviética y no estaba claro hasta qué punto esto había debilitado el país.

Las purgas llegan a los altos rangos

Las purgas en el Partido cobraron impulso después de que el Comité Central pusiera en duda la lealtad al socialismo de los dirigentes regionales del Partido. Las reuniones del Partido fueron fuertemente influenciadas por la tensa situación general, y los miembros comunes y corrientes se volvieron más y más abiertos en contra de los dirigentes corruptos e ineficientes. Personas que se consideraban totalmente inmunes, de repente, se vieron expulsadas de los cargos de dirección por las masas del Partido. Algunos fueron entregados directamente a la justicia por sus crímenes. La historia burguesa de Occidente habla de terror contra los principales dirigentes y administradores de empresas, personas que eran más ricas que el promedio. «Nadie podía dormir seguro en su cama», dicen los historiadores burgueses.



Pero, ¿por qué no cuestionar a individuos que habían negociado «bajo la mesa» con la propiedad pública, que habían utilizado los fondos estatales para financiar sus propios negocios y que habían dado libremente regalos y sobornos a amigos y conocidos? ¿Por qué se debía tener consideración con los dirigentes del Partido que usaron el poder para oprimir y maltratar a los miembros comunes y corrientes? ¿Por qué no se debía perseguir a los generales y oficiales de alto rango que revelaron los secretos del país y colaboraron con el enemigo? ¿Por qué debían quedar libres y ser tratados mejor que otros criminales?

Las expulsiones y los «viejos bolcheviques»

La investigación también muestra que la mayoría de los expulsados durante ese tiempo fueron personas de los círculos dirigentes del Partido. Vamos a dar un ejemplo concreto del distrito Partido de Belyi. De 244 miembros y candidatos en la organización del Partido de Belyi, durante 1937, fueron expulsados 36. De estos expulsados, 29 ocupaban puestos de dirección: dos primeros secretarios de los comités distritales del Partido y dos Vicepresidentes del Comité Ejecutivo del Soviet distrital, un secretario distrital del Komsomol, un Fiscal de Distrito, el jefe distrital del NKVD y uno de sus oficiales, los directores de las tres grandes escuelas en el distrito, el jefe de la oficina de tierras del distrito, el director de la Estación de Máquinas y Tractores de Belyi, cuatro jefes de las empresas industriales, dos jefes de organizaciones comerciales, cinco presidentes de granjas colectivas y cinco presidentes de Soviets rurales.

El mito de las expulsiones de 1937

El mito acerca del terrible año de 1937 que la burguesía ha hecho uno de sus tópicos favoritos –como es lógico a través del agente de policía Robert Conquest y la CIA/MI5, los verdaderos padres del mito–, es desenmascarado por las estadísticas sobre las purgas durante toda la década de 1930 [ver Cuadro 5].



Analizando las estadísticas se puede percibir la magnitud de las mentiras burguesas. De hecho, 1937 fue uno de los años que registran el menor número de personas expulsadas, es decir, ¡no más del cinco por ciento! ¿Cómo es que la burguesía y sus lacayos han transformado 1937 en «el increíble año 1937 de Stalin» con «millones de acusaciones falsas, millones de deportados, millones de asesinados», como le gusta decir al autor sueco Per Englund. ¿Cuáles son los intereses detrás de esto? Entendemos que en un movimiento de masas de crítica y autocrítica que involucró a millones de personas, se tomaron algunas decisiones equivocadas y se afectaron a personas inocentes. Pero esto también ocurrió en purgas anteriores. Decenas de miles de miembros del Partido fueron expulsados por razones equivocadas, pero estos fueron reintegrados después de apelar simplemente al centro del Partido. Las injusticias que afectaron a los trabajadores comunes y corrientes más que a otros, no son de interés para Occidente. ¿Cómo se explica el interés en las expulsiones de 1937? ¿Por qué precisamente 1937 es tomado como lo peor que sucedió en la Unión Soviética?



La respuesta está en el carácter de clase

La explicación está relacionada con el carácter de clase. La gran diferencia entre las purgas de 1937 y las otras purgas radica en que durante estas últimas se expulsaron principalmente a militantes de base, trabajadores comunes y corrientes, que constituían cerca del 80 por ciento del total de los expulsados. En 1937, fue todo lo contrario. Del total de expulsados, aproximadamente el 80 por ciento estaba formado por peces gordos del Partido y oficiales de alto nivel del ejército corruptos. Eran personas que habían adquirido privilegios y ventajas financieras, y que, con el fin de conservarlos, estaban dispuestas incluso a colaborar con la Alemania nazi. Era gente a la que no le importó pisotear a los militantes comunes y corrientes y que fácilmente echó fuera a los que no aceptaban sus transgresiones. En 1937, fueron expulsados los dirigentes del Partido y los oficiales con inclinaciones hacia el pensamiento occidental y burgués. Perdieron sus posiciones de poder, fueron expulsados del Partido y se les sometió a juicio. Podemos entender el odio de la burguesía hacia el año soviético de 1937.




La política del Partido y las dificultades de la lucha de masas

El objetivo de las purgas fue echar a burócratas corruptos y traidores fuera del Partido y el ejército. Esta lucha de largo alcance, que involucró a millones de militantes del Partido, no pudo llevarse a cabo sin errores. Viejas diferencias personales pueden llevar a decisiones injustas. La fuerte desconfianza podía surgir de todos los cuadros del Partido y podía propagarse fácilmente cuando se demostraba que un alto dirigente del Partido era un burócrata corrupto. El Comité Central era consciente de estas dificultades y advirtió desde el principio contra las exageraciones.



En algunos lugares, este principio fue difícil de cumplir. Militantes del Partido que, por ejemplo, tenían trabajos administrativos y no habían demostrado un interés genuino en la vida del Partido fácilmente podían ser expulsados, a pesar de su lealtad al socialismo ya demostrada por su trabajo. El Comité Central se opuso a esto y corrigió las injusticias al oír las apelaciones de los que habían sido expulsados. En octubre de 1937, durante una recepción a los cuadros técnicos del Donbas, Stalin personalmente criticó a aquellos que cuestionaban a todos los cuadros dirigentes. De acuerdo con Stalin, los nuevos técnicos (de cuello blanco) y economistas de la Unión Soviética provenían del proletariado y merecían el respeto de la gente.

Conclusión



Lo que claramente se desprende de todo lo anterior es que las purgas fueron parte de una lucha dirigida contra la burocracia y la traición a la patria; esa lucha no estaba dirigida contra los cuadros dirigentes del Partido en general, contra los «viejos bolcheviques», o contra gente que simplemente se encontraba en minoría en cuestiones políticas, a menos que esto los llevara a la actividad criminal y a la traición.
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