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Las ruinas de mi identidad. [Update]

LIEBIG, ENTRE RIOS.


"Rompieron la marcha tres substanciosas tazas de excelente caldo, debido a la disolución de agua caliente de esas preciosas pastillas Liebig, preparadas con las mejores carnes de los rumiantes de las Pampas…"

Julio Verne - Viaje a la Luna


Parte en broma, parte en serio, se decía: "En Fábrica Liebig lo único que desperdiciamos son los mugidos". A esto se llegó porque a la producción del extracto de carne, se le sumó la de "Corned Beef" o carne enlatada y posteriormente distintos productos y subproductos hasta llegar a aprovechar totalmente el cuero del animal.



Las instalaciones de Fábrica Colón eran completísimas: tres grandes muelles con guinches a vapor y eléctricos, una flota de cuatro remolcadores y seis chatas de carga, una red ferroviaria para zorras de tracción a sangre, enormes calderas y generadores de energía eléctrica que se renovaban a medida que la tecnología avanzaba; compresores para cámaras de frío, fábricas de hielo, latas y toneles; gasógenos y talleres mecánicos especializados; laboratorios de alimentos, equipos para incendios, dispensario, y todas las maquinarias más modernas de la época para procesar sus productos.







La independencia económica de la compañía respecto al puerto de Buenos Aires era casi total, ya que durante varias décadas los productos eran llevados directamente a Europa sin pasar por él. .



A partir de 1950 comenzó una lenta decadencia debido a diversos factores, hasta que la compañía fue vendida a la firma Vizental en 1980, y sus instalaciones desmanteladas.











La urbanización en torno a Fábrica Colón tiene un diseño particular: además del Sector Fábrica, la traza del pueblo esta formada por dos barrios claramente definidos y formalmente separados, llamado por los habitantes, El Pueblo y Los Chalets. Las viviendas de ambos sectores, construidas por la empresa, formaron un pintoresco poblado, en el que vivieron gratuitamente jefes, empleados y obreros con sus familias, o personal soltero. Con el tiempo fueron siendo dotadas de las instalaciones necesarias, atendidas por una intendencia de la empresa.









En El Pueblo se alojaban los obreros y los empleados administrativos de menor jerarquía.
La gran mayoría de las viviendas consistían en casas apareadas de una planta, con un zaguán común cada dos casas. Esta tipología se va repitiendo y se agrupa de tres maneras: la Hilera, de 300 metros de largo; los Corralones (Grande y Chico) donde las casas se ordenan en torno a un patio central; y el barrio La Canaleta, formado por dos construcciones en paralelo, con cinco pares de casas cada una, cuyos patios traseros se enfrentan, formando una calle de servicio.
En El Pueblo están contemplados los lugares Publicos: un centro comercial, la Iglesia, y el Club Liebig, que fue célebre en la zona por su salón de fiestas, cine-teatro y su equipo de fútbol.


















Los Chalets, sector destinado al personal jerárquico y a los "ingleses" en general, ocupaba la parte más alta, con vistas al río. Sus construcciones tienen diversidad formal, aunque la mayoría sigue las líneas del clásico chalet colonial inglés.
El barrio posee dos edificios emblemáticos: el Mess, un hostal
donde se alojaba a los visitantes masculinos que viajaban por temas relacionados con la fábrica; y la lujosa Casa de Visitas, para visitantes importantes. Allí se alojó en 1925, el Príncipe de Gales.
Los deportes tenían un lugar preponderante en este sector: el Lawn Tennis y el Golf Club Fábrica Colón.










EL ORGULLO


El hecho de pertenecer a un pueblo de tan arraigada independencia y con tanta historia, que contó en su apogeo con instalaciones civiles, deportivas y laborales, además de servicios que otras ciudades mucho más grande apenas comenzaban a adquirir, ha inculcado en sus habitantes un orgullo casi fanático de su pueblo.






Salvar la Liebig de sus ruinas

Cuando, en los primeros días de septiembre, vimos el camión cargado con las “retorchas” fue un golpe, saber que se llevan el hierro y ver el desgüace es doloroso. Pensar en su posible demolición es impotencia y fracaso.
“¡Nunca entré en La Fábrica! ¿no voy a poder conocerla más?” preguntó mi sobrino de 10 años y me sentí responsable. Decidí difundir “el laborioso trabajo de extracción” del patrimonio en Pueblo Liebig, porque todos estamos perdiendo un pedazo de la historia social y económica de la producción alimentaria, del trabajo de la carne de Argentina y de la región binacional del Río Uruguay.
La gacetilla circuló desde el 4 de noviembre entre arquitectos, organizaciones civiles, defensores del patrimonio y de la historia, amigos; y el hecho corrió como pólvora. La ayuda de René Boretto, director del Museo de la Revolución Industrial en Fray Bentos, ha sido invalorable; y el apoyo de los uruguayos, de una gran solidaridad; desde sus museos hasta la Comisión Nacional de Patrimonio y el Ministerio de Cultura.
De este lado del río las adhesiones llegaron de vecinos: Jorge E. Martí, Rodríguez Anselmi y Holzer; amigos de Berisso, Bariloche y Gualeguaychú (donde el Frigorífico Nacional pasó al patrimonio de la comunidad por ley provincial); y la Escuela 16 la incluyó en su web. Se sumaron Silvia Vallory y Fabián Berger, el Museo de Antropología de Concordia; la Coordinadora General de Cultura de la Provincia y Graciela Rotman, del Programa Identidad Entrerriana. El periódico El Entre Ríos publicó la noticia el 9 de noviembre y diversos medios digitales del país la reprodujeron.
Ofrecieron su ayuda, organismos como TICCIH (Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial), INCUNA (Asociación Arqueología Industrial, Gijón), MNACTEC (Museo de la Ciencia y Técnica de Cataluña), ICOMOS (Consejo Internacional de Sitios y Monumentos), CEDODAL (Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana), las asociaciones Basta de Demoler y Responde (Recuperación Social de Pueblos que Desaparecen); la Universidad de Mendoza, Olavarría y Sevilla; la Red de Patrimonio de Paysandú, el Consulado Argentino el Centro de Arqueología Urbana de la UBA.
Entre todos enviamos cartas electrónicas, desde el 14 de noviembre, a las autoridades provinciales y nacionales. Llegaron a destino: desde la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos hasta al Vicegobernador de Entre Ríos, Dr. José Lauritto.
El patrimonio vale, pero no por su peso, sino por su significado histórico y por el derecho colectivo a la memoria y preservación de todo patrimonio cultural; histórico, arquitectónico y paisajístico (art. 26, nueva Constitución Provincial y art. 41, Constitución Nacional)
El patrimonio no tiene dueños, tiene depositarios; pero para que haya patrimonio, primero debemos conservarlo… los grandes empresarios, cada vecino y las autoridades públicas.
¿Cuál es el objetivo de la denuncia? Alcanzar una declaración de Bien de Interés Histórico Provincial en el marco territorial de Paisaje Cultural LIEBIG: río, fábrica, pueblo y la memoria del trabajo. (art 1, Convención de Patrimonio Mundial, UNESCO). Poner en marcha una Estrategia de Conservación y Desarrollo, para frenar los “atentados demoledores” al patrimonio industrial de la fábrica y el pueblo, antes de salir a vender los escombros de nuestra Identidad.

Arq. Adriana Ortea - Archivo Marca LIEBIG - [email protected]


Pueblo Liebig, otra Itálica famosa.


Se están llevando todo, cuenta la gente del pueblo. Y si nadie los detiene no va a quedar de pie ni la simbólica chimenea que todavía se erige con algo de melancolía.
Tomé el compromiso de ayudar en la irrenunciable tarea de impedir, detener, o al menos demorar el desgüace del patrimonio físico, histórico y cultural del establecimiento que fue en Pueblo Liebig durante un siglo, un emporio de la industria de la carne.
Me crié en el pueblo, porque mi padre trabajó en allí. Y me cuesta regresar al pueblo, porque ya no está… el trabajo, los amigos y poco va quedando de la fábrica.
Liebig no es de nadie porque es de todos, habrá que argüir con legitimidad. Sabemos que en nuestro país y en la provincia hay amparo constitucional para la propiedad privada, que tiene un profundo sentido social y que en el caso puntual de Liebig reúne valores culturales, históricos y tradicionales; hoy afectados por el desgüace de la planta industrial o de lo que queda de ella. Es como si de a poco se cortara la memoria del pueblo.
Y recordé los versos del poeta sevillano Francisco de Rioja, contemporáneo de Cervantes, dedicados a Itálica, la ciudad fundada por Escipión, el africano, en la Andalucía española 200 años A.C. Entre ladrones, pillos y desguazadores se perdió el rico patrimonio arquitectónico de aquella emblemática población. Y el poeta, al ver la dura realidad del despojo, escribió: "Esto, Fabio, ¡ay dolor! qué veis ahora, campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa". Y dan ganas de cambiar el esdrújulo de Itálica por Fábrica, como era, con el aditamento de Colón, el viejo nombre del hoy Pueblo Liebig.
¿Y qué hay que hacer? ¿Cómo evitar el despojo? Por lo pronto hay que permanecer unidos en un reclamo justo y enérgico, hasta obtener el reclamo mínimo de un amparo legal que permita a las generaciones futuras conocer y gozar del patrimonio que hicieron las manos de lejanos abuelos. ¿Por qué no cumplir con la Ley de Juntas 7555/9480? Cuya función es: "reglamentar la edificación, de acuerdo a los usos y costumbres de la zona", y dictaminar la "ordenanza necesaria aprobada por el Ministerio de Gobierno".
La arquitecta Adriana Ortea, es una presencia aparecida en Pueblo Liebig, puesta a despertar las conciencias de los pobladores y también de quienes tienen responsabilidades institucionales. Desde noviembre junta datos, información, documentos y apoyo de personalidades y de entidades regionales, provinciales, nacionales e internacionales; con un sólo propósito: conseguir el amparo legislativo y la posterior creación de un museo industrial, como el existente en la uruguaya Fray Bentos, antecesora de nuestra Liebig.
Hay un pueblo renacido, que celebró con orgullo los 100 años de la Compañía, y del Club Liebig, de la Biblioteca Fábrica Colón y de la escuela n° 16 Hipólito Vieytes.
No nos quedemos en el silencio ni seamos cómplices inocentes de este desgüace, saqueo o despojo, como mejor se lo denomine, para que el patrimonio industrial de Fábrica Colón no se convierta en la Itálica entrerriana.

Por Jorge Enrique Martí, poeta y periodista.



PATRIMONIO EN PELIGRO.


PUEBLO LIEBIG: En Pueblo Liebig en los ochenta se perdió el trabajo y se fueron miles de obreros. A fines de 2008 se vendió el hierro por peso y se llevaron las históricas máquinas como chatarra. La empresa FriCoSa, ahora Fortitudo S.A., la nueva sociedad de Juan Carlos Vizental y familia, ha enviado sus emisarios a “visitar” a algunos pobladores. Desde 1997 cuando cerró la Latería, Vizental se convirtió en propietario ausente y reaparece para apropiarse de las ganancias generadas por los vecinos. La comunidad local, ante la pérdida del empleo y un futuro como pueblo fantasma, buscó otro camino a través del turismo. Liebig se integró a los circuitos regionales como pueblo histórico siendo su patrimonio industrial, su particular trazado urbano y la historia de la industria de la carne su principal atractivo. El patrimonio de la fábrica ha sido liquidado, perdiendo el pueblo, la provincia y el país la oportunidad de desarrollar un sitio histórico de importancia internacional. Ahora vienen por la gente: el propietario busca apretar a un sector de la comunidad, unas 28 familias residentes en el barrio “chalets”. Algunos viven aquí hace más de 25 años, y la mayoría ha llevado adelante emprendimientos desde el fin del trabajo fabril. Hoy son víctimas de lo que construyeron y conservaron. El conjunto de las acciones parece augurar una enorme operación inmobiliaria.




Más info y fuentes:

- Liebig.
- Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario.