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Las súplicas

Ten misericordia de mí, oh Señor, porque estoy enfermo; sáname, oh Señor, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada… sálvame por tu misericordia… El Señor ha oído la voz de mi lloro. El Señor ha oído mi ruego; ha recibido el Señor mi oración.
Salmo 6:2-4, 8-9

Las súplicas

(Lea el Salmo 6)
Los salmos contienen toda la gama de la oración: la queja, la súplica, la confesión, el agradecimiento, la alabanza y la adoración. La queja expresa un sufrimiento profundo; la súplica es el clamor de la fe de la persona que sufre. David, autor de numerosos salmos, pasó por el sufrimiento, la humillación, el abandono e incluso la traición. También sintió el dolor por haber pecado. No obstante, el sentimiento profundo de la gracia divina le permitió atravesar esos momentos de sufrimiento y abatimiento sin caer en la desesperación. Su oración era la súplica de la fe que puede decir: “¿Hasta cuándo?” (Salmo 6:3), porque sabía que Dios intervendría.
Amigos cristianos, ¿clamamos a Dios? ¿Perseveramos en la oración cuando todo va bien, a fin de tener reserva de fuerzas espirituales para cuando vengan los días difíciles? Y cuando todo parezca sin salida, seamos conscientes de que Dios oye el clamor, el suspiro del que espera en él (Salmo 38:9). Perseveremos en la oración y así podremos decir: el Señor oyó mi oración.
Podemos pasar por momentos de vergüenza y sufrimiento debido a nuestro mal comportamiento, y nos preguntamos: ¿Cómo puedo orar a ese Dios a quien tanto ofendí? Confiemos en su misericordia. El rey David dijo: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo” (Salmo 32:5-6).
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