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Las últimas mujeres con los "pies de loto"

Las últimas mujeres con 'pies de loto'

Con el proyecto Living History, la fotógrafa inglesa Jo Farrell ha sacado del olvido a las últimas mujeres chinas con “pies de loto”, una deformación estética en los pies que fue considerada sinónimo elegancia y sumisión en China durante diez siglos. Lo que comenzó casi por curiosidad, después de ocho años de trabajo se ha transformado en una labor con la que Jo Farrell está profundamente comprometida. Debido a que las sobrevivientes tienen entre 80 y 90 años, y en el último año han muerto tres de ellas, la fotógrafa ha emprendido una campaña para recibir donaciones que le permitan documentar la vida de estas mujeres y darles un lugar la historia.



Las fotos, los testimonios y los videos recopilados por Farrell muestran que su intención no es la de montar un espectáculo grotesco, mucho menos la de condenar la crueldad de la antigua práctica china. Lo que hace valioso al trabajo de Farrell es el punto de vista que ha elegido para abordar el tema. “Living History” contribuye a reconstruir la memoria colectiva en un momento de gran vulnerabilidad para China, donde la fiebre de modernización acelerada está sepultando, sin miramientos, todo rastro de historia antigua bajo una oleada de tecnología, olvido y rascacielos.

Después de ver a las mujeres retratadas por Farrell, no pude más que pensar en lo que alguna vez dijo el filósofo Walter Benjamin: “Todo documento de cultura es un documento de barbarie”. Prácticamente, ningún pueblo está exento de esa contradicción: detrás de las obras cumbre de la civilización occidental hay una historia de sometimiento, pues los recursos con los que se han construido ciudades y templos –que hoy consideramos hermosos– han surgido de la explotación y la esclavitud. Así, las mujeres con pies de loto son una suerte de documentos vivos. Y si su testimonio queda perdido en el olvido, quedará un enorme vacío en nuestra comprensión de la historia.



Durante más de diez siglos, los pies deformes fueron en China un sinónimo de que la mujer iba a ser buena esposa, ya que una transformación tan larga y dolorosa implicaba que la mujer sabía sufrir sin quejarse.

“Sus pies representaban todo el conflicto y el dolor por el que ha pasado –y por el que muchas mujeres pasan– para atraer a una pareja”, dice Farrell al recordar el día que conoció a la primera sobreviviente, Zhan Yun Ying, y ésta accedió a mostrarle sus pies, “fue un shock, pero también fue hermoso”.



La belleza de la que habla Farrell no tiene que ver con una cuestión estética, sino con la confianza y la intimidad que desde entonces ha construido con esas mujeres. Muchas ellas ni siquiera le habían mostrado sus pies a su propia familia porque hoy consideran esa costumbre como algo feo, viejo e indigno. Por ello, encontrarse con la cámara, la curiosidad y el respeto de Farrell, ha sido toda una sorpresa y una alegría.

En este video (en inglés), realizado por Farrell, se puede ver cómo viven y caminan las últimas mujeres con pies de loto.


link: https://www.youtube.com/watch?v=6vVb2V9xt0o

La deformación de los pies era una práctica a la que supuestamente sólo se sometían las mujeres de clase alta, quienes contaban con recursos para no tener que trabajar en el campo. Sin embargo, la mayoría de las mujeres con las que ha conversado Farrell vienen de familias campesinas de clase baja, y muchas de ellas han trabajado en el campo toda su vida, realizando labores que no requieren mucho movimiento. Según cuentan, el deformarse los pies constituía para ellas un acto de amor hacia su familia: “Era la forma de atraer mejores prospectos, para nosotras y para nuestros hijos”.

En sintonía con el tema que explora, Farrell trabaja con cámara análoga y no con digital. Revela los rollos en blanco y negro, sin retocar o editar, fotografía a las mujeres, a sus familias, sus pertenencias y, por supuesto, sus pies. A pesar del gran valor que tiene el proyecto, desde que Jo Farrell lo comenzó, nadie en China se ha interesado por apoyarla económicamente, “porque habla de costumbres antiguas, y los chinos no quieren mirar hacia atrás”. Con todo, la fotógrafa y ahora documentalista sigue adelante con el compromiso de dar voz a un grupo de mujeres que jamás pensaron ser tomadas en cuenta.









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