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Las únicas actividades humillantemente prósperas de un balan

12 AÑOS

Las únicas actividades humillantemente prósperas de un balance nefasto


El default posible no hace más que evidenciar, aún más, que lo que debieron ser doce años de despegue de la Argentina, se convirtieron en un retroceso gigantesco en todos los ámbitos y con una salida incierta en las elecciones de 2015 que demostarán si, al menos, la lección de lo que nunca debió suceder, resultó un verdadero aprendizaje para una sociedad, hasta aquí culpable, de su infeliz destino.
27/07/2014|08:51

 
Néstor y Cristina: Los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla.


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Persiguiendo a la tortuga, Cristina choca la calesita
Diccionario K en mano, Cristina busca una nueva palabra para “default”


por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter: @santosjorgeh
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). Doce años en la vida de un país no son muchos, aunque depende de lo acontecido en el transcurso de los mismos.
 
Doce años en la vida de una persona no son pocos, si se analiza si estos fueron aprovechados o desaprovechados para posicionarse de manera correcta en la ruta de su existencia.
 
Doce años se cumplirán cuando Néstor antes y Cristina Kirchner, dos veces después, abandone el poder.
 
Esos doce años analizados sin fanatismo, propio de las mentes capturadas por el accionar  demagógico de los gobiernos populistas –como el encarnado por el  matrimonio K- terminan siendo un atropello a la dignidad, al ejercicio democrático, a la prosperidad; en síntesis, al respeto de la vida de quienes han gobernado.
 
Los años más prósperos en ingresos de la historia de la nación han sido perdidos.
 
El balance no solo no da negativo analizando la diferencia entre activos y pasivos.
 
El drama es mayúsculo es que no hay activos; solo pasivos y el patrimonio neto es altamente negativo.
 
No es no querer, es no poder encontrar méritos en la gestión de una pareja que ha disfrutado del poder en beneficio de un relato, en detrimento de la verdad y se ha enriquecido enorme e impunemente en forma personal; como a un séquito muy escaso de argentinos muy próximos a ellos.
 
Las “actividades” más desarroladas y  humillantemenete prósperas son el juego (no hay lugar, por menos importante que este sea, que no tenga al menos un casino); el narcotráfico, la corrupción, la trata de personas, la prostitución y la delincuencia violenta.
 
Se ha multiplicado el empleo público y el empleo negro.
 
No quedan obras de infraestructura destacables.
 
Se perdió el autoabastecimiento energético.
 
La pobreza abarca al menos al 30% de la población.
 
Se incrementó la vagancia subsidiada, la maternidad juvenil para generar ingresos familiares, se precarizó de tal forma la educación que se ha llegado a prohibir subterráneamente que los docentes puedan hacer que sus alumnos repitan un año; por menos conocimientos que hayan acumulado.
 
Entrar en otros detalles conocidos, padecidos y a sufrir -por largos años- sería ahondar en una herida abierta que tiene la mayoría de los argentinos que ven cómo se los ha engañado, cómo se los ha estafado, cómo se les ha robado el presente y el futuro a ellos y a sus hijos.
 
La división social, la fragmentación de clases y la violencia encerrada en ella ha sido una tarea premeditada y perversa hecha por quienes han conducido el país desde el poder central.
 
El servilismo, la adulación, la obediencia debida; mayoritariamente ganada por medio de ingresos espurios de quienes –no en escasa cantidad- se han prestado a estas prácticas, ha resultado otro de los resultados nefastos para una sociedad quebrantada en sus bases morales y éticas. 
 
La verdad escondida (para no pocos) debajo de la inmensa alfombra está apareciendo irremediablemente, matando descarnadamente a la falacia contada en innumerables medios mantenidos con dineros estatales y en extensas cadenas nacionales.
 
Si algo cierra un ciclo como la frutilla de un postre que nadie quiere comer, es el default que está al caer.
 
Una cesación de pagos, que más allá de sus consecuencias, anuda una inmensa bolsa de decepciones y retrotrae la memoria a una crisis –la de 2002- de la que se debió haber salido para nunca más volver; si quienes  administraron el poder, dado por el voto mayoriario de la ciudadanía, hubiesen sido al menos algo probos y mucho más “prudentes” en el manejo de los recursos de todos.
 
El desánimo y el enojo en los rostros de los argentinos, no es producto de una etapa circunstancial de problemas financieros; reflejan una angustia muy superior que quizás se canalice en un cambio en el resultado de las elecciones de 2015, si es que esta comunidad quiere darle un vuelco real a sus remanidas y buscadas desdichas.
 
Los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla.
 
Al final de 2015 se sabrá si algo de esta negra historia ha sido aprendida… falta poco para ello; aunque el tránsito sea por demás costoso.
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