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Líder de la CGT oficialista impulsa paro de 36 horas

El líder de la CGT oficialista impulsa una medida de fuerza de 36 horas, mientras que el camionero y los gremios opositores aplazaron, por ahora, otra huelga general. Duras críticas de Moyano al Gobierno y a sus candidatos







Se recordará el de hoy como un día en el que se dieron vuelta los papeles en el espectro sindical: a la misma hora que la UOM del hiperkirchnerista Antonio Caló amenazaba desde Mar del Plata con un paro de 36 horas para repudiar la actual política tributaria, las centrales opositoras de Hugo Moyano y de Luis Barrionuevo, reunidas en un Comité Central Confederal, resolvieron tomarse más tiempo antes de llamar a una nueva huelga nacional contra el Gobierno; actuando en línea con lo resuelto ayer por los gremios del transporte.

"Pedimos mandato para convocar a un paro en un mejor momento para accionar, que será cuando estemos unidas todas las organizaciones sindicales", cerró el plenario Barrionuevo, al fin de un plenario durante el que se llamó explícitamente a los trabajadores a no votar por el kirchnerismo en las próximas elecciones. El paro de 36 horas con el que había azuzado el dirigente gastronómico al fin de la última medida de fuerza, el 31 de marzo, quedó archivado sin mayores explicaciones.

Como se esperaba en los últimos días, la comandancia sindical evitó hablar de la profundización de un plan de lucha, pero a cambio se despachó a gusto contra la Presidenta y varios de sus colaboradores, incluidos los candidatos presidenciales del Frente para la Victoria.

De estos últimos el más vapuleado resultó ser Florencio Randazzo, por sus declaraciones -algo equívocas- sobre la continuidad del impuesto a las Ganancias en un imaginario gobierno suyo. "¿Cómo se puede ser tan servil?", preguntó Moyano a una platea con numerosas representaciones del sindicalismo del interior.

El Confederal, al que en la jerga sindical se conoce como el "parlamento de los trabajadores", giró sobre un eje excluyente: el de la unidad del sindicalismo peronista que, se supone, debería concluir con la fundación de una CGT única.

Al calor de los discursos, Moyano, que como buen dueño de casa llevó la voz cantante, dijo que el llamado a la unificación gremial era apenas el primer paso de la unidad del peronismo y aun de la propia unidad de todos los argentinos. Con todo, el camionero, que dijo hablar "desde las entrañas del movimiento obrero", no se privó de pedirle al mundo del trabajo que use esa "arma letal que es el voto" para terminar con 12 años de administración K.

"Habrá que luchar también para que no hagan fraude como en Salta", apuntó el jefe de la CGT Azopardo, tomando por buena la denuncia del ex gobernador Juan Carlos Romero, quien salió a decir estos días que estuvieron amañadas las recientes elecciones en esa provincia.




"Votemos por la decencia", abundó el ruralista Momo Venegas; a quien sus pares volvieron a tomar para la humorada por su inicial apoyo a Néstor Kirchner, allá lejos y hace tiempo. Como siempre, Moyano y Barrionuevo protagonizaron varios gags, como el de enrostrarse cuál de los dos era más dominado por sus parejas.

Fuera de las palabras subidas de tono y los infaltables chistes, refiriéndose a aspectos más resolutivos, Moyano anunció que tiene lista una demanda contra la doctora Kirchner por la sangría que sufren en su recaudación las obras sociales sindicales. Pidió que se sumen a su plan otras organizaciones sindicales para tener más fuerza en la Justicia.

Según admite la propia Superintendencia de Salud, el Estado tiene una deuda con esas entidades de salud que araña hoy los 31 mil millones de pesos, fruto de un sistema de redistribución automática de los fondos con varios agujeros. El camionero directamente habló de "robo". Barrionuevo aportó: "Nos hicieron pelito para la vieja".

Los asistentes al colmado salón Felipe Vallese expresaron unanimidad total sobre la necesidad de cerrar filas. Al debatir esa posibilidad, todavía en el aire, los discursos abundaron en citas y realizaciones de Juan Perón. Obviamente, Cristina quedó muy mal parada en cada arenga que buscaba establecer comparaciones entre su gestión y la del fundador del justicialismo.

Contundente por donde se lo mire, el último paro fue puesto como ejemplo de eficacia y de coordinación entre distintas expresiones sindicales.

Fue saludado con una ovación el anuncio sobre un probable paro de la UOM, en protesta a la intransigencia oficial a actualizar el mínimo no imponible de Ganancias. "Los apoyamos firmemente, basta de sometimiento compañero Caló", se escuchó. Hacía mucho tiempo que no se pronunciaban palabras amables para el jefe de la CGT oficial en la calle Azopardo.

También se pidió, en este caso Barrionuevo, después de parafrasear a la doctora Kirchner en cuanto a que los empresarios traigan sus dineros a la Argentina, que Amado Boudou, Máximo Kirchner, Nilda Garré, Ricardo Jaime, el Rubiecito (por Axel Kicillof) y Lázaro Báez "devuelvan la plata que se robaron".


Agustín Amicone, del calzado, reclamó que el sindicalismo marque con claridad que tiene una agenda de reclamos que exceden la política impositiva. En ese sentido, se habló de la precariedad de los jubilados, el trabajo en negro, la pobreza, el narcotráfico, la inseguridad. "La inflación es la madre de todos los problemas", observó el marítimo Juan Carlos Schmid, además de mostrarse convencido de que el gobierno que venga en diciembre deberá hacer un necesario "ajuste" para sanear una economía "desquiciada".
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