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Lo que pasa con Argentina me tocó vivirlo en carne propia



Recluido en la Embajada de Ecuador en Londres por la presión judicial a la que lo someten Estados Unidos y Suecia, el fundador de WikiLeaks recibió a Página/12 para hablar de su situación, las perspectivas que abren las nuevas tecnologías y las implicancias del conflicto entre la Argentina y los fondos buitre.

Tranquilo, sonriente, rozagante, barba y pelo largo onda Beatles en la época de Let It Be, así luce por estos días Julian Assange. Tras dos años de encierro en el pequeño departamento del barrio Knightsbridge que alberga a la Embajada de Ecuador en Londres, donde se encuentra asilado, el director del sitio de publicaciones filtradas WikiLeaks, salvo por cierta somnolencia en la mirada, apenas da muestras del desgaste sufrido. Atrás quedó el yuppie juvenil, nervioso y desconfiado, de las primeras semanas en la embajada. Ahora se mueve más despacio y habla más despacio y con voz más grave, casi gutural, que alza apenas lo suficiente como para ser escuchado desde muy cerca. Ahora sorprende cada tanto con una risa franca que antes no se le oía, salida del fondo de una pancita incipiente que antes no existía.

Feliz de haber jugado un rol clave para preservar la libertad del famosamente arrepentido ex espía Edward Snowden, optimista con respecto al fin de su enfrentamiento con Washington en un futuro cercano y orgulloso de que su organización lo haya sobrevivido, se lo ve incluso con mejor semblante que dos años atrás, como si el encierro recién empezara. Mientras la Justicia sueca sigue demandando su extradición para interrogarlo por presuntos delitos sexuales y Estados Unidos lo busca para juzgarlo por terrorismo mediático, Assange se mantuvo activo en su estrecho confinamiento, comandando una lista de nuevas filtraciones (la última, sobre una ley secreta de Australia, hace apenas veinte días), coordinando el rescate de Snowden en Hong Kong, coescribiendo dos libros, fundando un partido político en su Australia natal y compitiendo en las elecciones de ese país, apoyando campañas en favor de activistas por los derechos humanos en Africa y de ciberactivistas en Europa y Oceanía, y participando en un video con el grupo musical boricua Calle 13, entre otras apariciones públicas vía Skype con figuras conocidas, según él, para romper el intento de Estados Unidos de pintarlo como un paria.

Todos estos menesteres le dejan poco tiempo para la amplia requisitoria periodística que su figura atrae, y que quedó demostrada quince días atrás cuando un chisme infundado en un tabloide británico sensacionalista sobre su inminente partida de la embajada dio la vuelta al mundo y llenó de periodistas y cámaras la vereda de la sede diplomática. El propio Assange y el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño desmintieron el rumor con una conferencia de prensa conjunta.

Sin embargo, tras rechazar o ignorar cerca de 500 pedidos de reportaje en el último año, según la cuenta de uno de sus colaboradores más cercanos, el domingo pasado aceptó un soborno de queso francés y chocolate belga para sentarse a una entrevista de algo más de dos horas con Página/12, en la que habló de lo que pasó en el mundo de espionaje, en América latina, en WikiLeaks y en su vida personal durante estos largos 24 meses a la sombra. En este texto se refiere a la pelea entre el gobierno argentino y los fondos buitre, a la tensión entre los oligopolios mediáticos y la libertad de expresión en Ecuador, al avance de los sistemas de vigilancia masiva en las redes sociales, a los efectos de la revolución tecnológica en la geopolítica mundial. También cuenta por qué tiene ganas de vivir en América latina y su secreto para combatir la depresión.

–Deme su opinión sobre la pelea argentina con los fondos buitre. Sé que habló del tema con funcionarios argentinos que visitaron esta embajada.

–Es un caso complejo y hay que entender qué hay detrás. Me parece interesante preguntarnos por qué el gobierno estadounidense apoya estas acciones, cuando al comienzo del juicio parecía que el Departamento de Estado quería relaciones tranquilas con la Argentina y no apoyaba a los fondos buitre, y ahora sí los apoya aunque claramente está causando tensiones con la Argentina. Parece responder al deseo de Estados Unidos de sentar un precedente para que empresas estadounidenses puedan embargar activos de gobiernos extranjeros, lo cual genera un incentivo genuino en favor de las empresas estadounidenses a la hora negociar con gobiernos extranjeros. Esto en general. En el caso argentino en particular, parece que además la están penalizando por una decisión geopolítica que no le gustó.

–¿Quiere decir la negociación con Irán?

–Sí.

–El gobierno estadounidense dice que su sistema judicial es independiente y que no tiene nada que ver con la decisión, pero usted dice que el Departamento de Estado apoya los fallos.

–Las acciones adoptadas para hacer cumplir el fallo valen más que las declaraciones diplomáticas. A nivel social, los jueces son personas y las personas tienen amigos. Se mueven en circuitos sociales y profesionales; si esos circuitos estan en contra de una determinada decisión, el juez que tomó esa decisión debe pagar un costo, mientras que si la decisión recibe apoyo en esos circuitos, el juez obtiene un beneficio. No conozco a este juez (Thomas Griesa)...

–No es sólo un juez, el fallo fue confirmado en la cámara y la Corte Suprema lo ratificó al negarse a escuchar la apelación de la Argentina.

–Por eso, es más que un juez en particular. Si lo miras desde una perspectiva más amplia, en los últimos diez años Estados Unidos se ha embarcado en un programa de extraterritorialidad. En vez de invadir países a la fuerza, ha ido introduciendo la capacidad de cumplir funciones típicamente de Estado en otros territorios, combatiendo la inmunidad soberana, forzando tratados de policía corporativa, estableciendo que los otros países se vean obligados a extraditar ciudadanos a Estados Unidos cuando Estados Unidos quiera, y obliga a esos países a desplegar a sus policías para confiscar pruebas o clausurar servicios de Internet a pedido de Estados Unidos. La mitad de esas medidas se refieren a leyes criminales y la otra mitad a reclamos comerciales.

–Así que esta decisión en favor de los fondos buitre encaja perfectamente en la estrategia.

–Sí. Me tocó vivirlo en carne propia. Mi fiscal, el fiscal federal que lleva la causa contra WikiLeaks, está basado en Alexandria, Virginia, que es una extensión del centro de poder que es Washington DC. Se trata del mismo fiscal que lleva la causa contra el neozelandés de Kim Dotcom y que imputó a personas de 69 países. O sea, su fiscalía es un centro de extraterritorialidad. Nadie me acusa de haber hecho algo dentro de Estados Unidos. La única acusación es que publicamos documentos estadounidenses. A Kim Dotcom tampoco lo acusan de hacer algo en Estados Unidos, sino que los productos de Fox y EMI y de otros gigantes de marcas registradas estadounidenses terminaron en el sistema de compartir archivos MegaUpload (que maneja Kim Dotcom) y por eso tratan de extraditarlo desde Nueva Zelanda a Estados Unidos. No lo acusan de tener una empresa en Estados Unidos o de que haya violado alguna ley estadounidense directamente, sino indirectamente. Esto significa que una empresa estadounidense o sus accionistas pueden llegar a Nueva Zelanda desde el otro extremo del mundo y ejercer un poder coercitivo para llevar a alguien a ser juzgado en Estados Unidos. Si alguien controla las leyes y a la policía de un determinado país, entonces controla a ese país. Por la manera en que los datos fluyen a través de Internet, todos estamos conectados jurisdiccionalmente a Estados Unidos porque usamos Google, que es una empresa estadounidense. Y en América latina más, ya que el 98 por ciento de las telecomunicaciones de la región pasan por Estados Unidos. Acá en Gran Bretaña han extraditado a varias personas. A Baba Ahmed lo extraditaron por escribir artículos sobre el yihadismo. Hablando de libertad de expresión, escribes un artículo sobre los jihadistas y te extraditan y te procesan por terrorismo.

–En nuestra última entrevista, hace más de un año y medio, usted dijo que Facebook era abominable y que WikiLeaks suele difundir su información a través de Twitter. ¿Es porque Twitter es menos vulnerable al espionaje y la vigilancia masiva que Facebook?

–También tenemos una página de Facebook y ponemos nafta Shell en nuestros autos. Algunas de estas cosas están tan masificadas que no podemos ignorarlas completamente. Es cierto que históricamente Twitter ha defendido a sus usuarios con fuerza. Pero desafortunadamente Twitter se ha convertido en tal preocupación, que la tremenda presión que ejerce el gobierno estadounidense está empezando a surtir efecto. Nadie operando a nuestro nivel debería confiar en Twitter. Twitter borró la cuenta de Anonymous en Suecia, con 21 mil seguidores eliminados de un plumazo. También cerró varias cuentas de las firmas de relaciones públicas que representan al Estado Islámico. Tiene un robot que vigila si estás compartiendo archivos con derecho de autor y cierra tu cuenta si compartes videos del Estado Islámico. Esto no quiere decir que yo apoye al Estado Islámico pero apoyo que todo el mundo sepa lo que el Estado Islámico está haciendo. Si el Estado Islámico quiere confesar ciertas cosas entonces la gente necesita saber eso. Así que las mismas restricciones políticas y legales que padecen otros sitios de Internet están llegando a Twitter y lo están convirtiendo en un instrumento de control social de sus usuarios. Y Face- book es mucho peor, mucho peor en cuanto a la censura automática a gran escala que somete a sus usuarios.

–En un ecosistema tan contaminado, Twitter no podría ser muy distinto a los demás.

–Sí, son susceptibles a las presiones políticas de Estados Unidos y durante mucho tiempo lograron resistir, pero paso a paso han ido cediendo territorio a esas fuerzas.

Recetas para resistir el asilo

–¿Cómo está?

–¿Qué quiere decir?

–Mucha gente quiere saber cómo la está pasando acá en la embajada. Si se está muriendo, si le creció el pelo, si se pasa todo el día en posición fetal porque no se puede levantar de la cama. ¿Cómo está?

–Estoy muy esperanzado porque siento que se está desarrollando una inevitabilidad en cuanto a que vamos a ganar nuestro enfrentamiento diplomático. A través de Ucrania o de Medio Oriente o de otro factor que no puedo controlar ni predecir, mis abogados predicen que es inevitable que ganemos y que es sólo una cuestión de tiempo. Cuando estás en un confinamiento indefinido, en tanto no sabes cuándo vas a ganar el enfrentamiento diplomático, se hace difícil porque no puedes planificar tu vida porque no sabes lo que estarás haciendo en dos meses o dos años, porque no sabes en cuánto tiempo vas a recuperar tu libertad. Pero ahora tengo la confianza de que ganaré en no demasiado tiempo.

–Supongo que como todo el mundo tendrá momentos depresivos, pero ¿se levanta a la mañana con ganas de trabajar? ¿Se le hace difícil?

–(Larga pausa Sí... recuerdo que una vez hace diez años sentí deseos de mirar televisión, ducharme y cavar un agujero en el jardín. Y entonces pensé “¡Dios! ¡Esto es horrible! ¡Así es como se sienten las personas normales!”. Se ríe Pero eso no me pasa muy seguido. Estoy metido en una batalla por algo en lo que creo profundamente y además tengo a mi equipo y a mis amigos y a mis aliados, que están involucrados en esta batalla y tengo la responsabilidad de luchar por ellos. Así que siempre hay algo para hacer y cuando uno enfrenta a una potencia, en nuestro caso una superpotencia que quiere destruirme y destruir mi organización y a la gente que yo quiero, entonces cada momento que te relajas es un momento en que ellos no se relajan. El espacio físico con el que cuento no es el ideal, cualquier persona que haya estado en prisión lo entiende, pero en mi caso tengo un régimen de visitas mucho mejor que el de un preso.

–Pero menos sol y menos ejercicio al aire libre.

–Lo cual es difícil. Si estuviera en estas condiciones sin creer en algo con tanta fuerza y sin sentir que debo luchar por mi organización y para volver a ver a mi familia, sería muy fácil caer en un estado depresivo. Supongo que la clave es que siento que tengo la capacidad de hacer cosas que otras personas no saben o no pueden hacer. La gente no pierde su poder porque se vuelve apática. Es al revés: se vuelve apática porque pierde su poder. Yo no he perdido mi capacidad de acción, aunque tenga que actuar a través de otros. Así que no pierdo las ganas. Es una lección que quizás le sirva a otras personas en situación de confinamiento. Si uno se retrotrae a la Segunda Guerra Mundial verá que los índices de suicidio se redujeron considerablemente durante el conflicto, aun cuando las circunstancias eran más difíciles. Pero la gente tenía una causa por la cual luchar.

–¿Cómo ve el futuro de WikiLeaks?

–En los últimos años WikiLeaks ha estado luchando por su supervivencia. Continuó publicando, pero gran parte de nuestros esfuerzos se fueron en protegernos del asalto del gobierno de Estados Unidos y sus aliados. Puedo decir con orgullo que lo hemos logrado. Imagínese una pequeña firma internacional de publicaciones batallando golpe a golpe con el Pentágono, la CIA y la NSA, recibiendo una amenaza explícita del jefe del Pentágono, en televisión por cuarenta minutos, ordenándole destruir todas sus publicaciones presentes y futuras... y acá estamos cuatro años más tarde. Uno pensaría que tendríamos que haber destruido material o habernos autocensurado o comprometido nuestras fuentes, que uno hubiera dicho que sí, que no hay manera de resistir una orden directa del Pentágono, pero nada de eso ocurrió. Cuando el Pentágono le da una orden directa a un país ese país hace lo que el Pentágono le ordena. El ejemplo más reciente es el de Siria, con su arsenal de armas químicas. Mientras Siria no fue bombardeada directamente, fue atacada significativamente de otras formas y tuvo que retroceder entregando su arsenal de armas químicas. Nosotros no retrocedimos, no diluimos ni una sola publicación presente o futura, y vencimos el bloqueo bancario al que estábamos sometidos. Esto significa que la organización atraviesa su mejor momento en términos financieros, no tuvimos que despedir ni a un solo miembro de nuestra organización a pesar de que durante el bloqueo –de Visa, Mastercard, PayPal y Bank of America– tuvimos que reducir salarios en un cuarenta por ciento. No creo que haya muchos diarios en el mundo que puedan decir que no tuvieron que despedir ni a un solo empleado en los últimos cuatro años por razones económicas. Como organización estamos más grandes y más saludables que nunca. Sentimos la certeza de estar ganando el enfrentamiento diplomático.

–¿WikiLeaks hará otra filtración tan importante como Cablegate?

–Creo que es inevitable. Lo que no habrá es tanta sorpresa. Hemos batido una serie de records mundiales uno detrás de otro. Asesinato colateral batió el record de videos más vistos de una masacre estadounidense filtrada en Internet. Los cables de la guerra de Afganistán fueron la filtración más grande de documentos clasificados cuando se produjo. Luego fue eclipsada por la filtración de los documentos de guerra de Irak, que a su vez fue eclipsada por la filtración de los cables del Departamento de Estado. Cuando filtramos los documentos de Siria fueron 1,2 millones de documentos, por lo que superamos la cifra de Cablegate y luego con la filtración de los documentos de Stratford, que fueron cinco millones, nos volvimos a eclipsar. Así que no sería sorpresa que volvamos a eclipsarnos por quinta vez, más bien es la expectativa. El proceso se ha normalizado y desde el 2010 hemos inspirado a muchas organizaciones a hacer cosas similares como WildLeaks (sobre vida salvaje) o SerbiaLeaks. Muchas han cerrado porque hacer esto es más difícil de lo que parece, pero algunas han sobrevivido. El sitio en Bulgaria anda bien desde hace tiempo. El mejor de su clase, después de nosotros.

–Surgirán más sitios como WikiLeaks o similares, ¿se producirá una descentralización?

–Estamos haciendo eso en cuanto a la tecnología y los métodos de trabajo pero la gente desconfía por el nivel de los ataques que hemos recibido de Estados Unidos. En Brasil, por ejemplo no se animaron a empezar un WikiLeaks. Pero bajo otros nombres nuestro ejemplo ha motivado que varias organizaciones procuren filtraciones de distintas maneras. Algunos intentos son más limitados que otros. Una novedad que no me gusta es que medios tradicionales como The Guardian y The New Yorker desplegaron en sus sitios sistemas de recepción que facilitan la entrega de documentos. Ese siempre fue el extremo más sencillo de la ecuación. Lo difícil es publicar esos documentos de manera segura y esos medios no prometen hacer eso y de hecho no lo hacen.

–En su enfrentamiento con el Pentágono ¿cuánto tiempo le demanda el frente legal, cuánto el frente político y cuánto el frente tecnológico? ¿Cuánto tiempo le demanda la arquitectura tecnológica de WikiLeaks?

–¿A mí personalmente? Más que nada superviso. Desafortunadamente fui promovido a este puesto gerencial, así que más que nada superviso ideas y cada tanto tengo ideas, pero en estos días no estoy haciendo mucha programación.

–Pero la tecnología ¿es crucial? ¿Su gente está programando todo el día? En esta guerra, cuando ellos mueven una ficha ¿usted tiene que contestar?

–Tenemos un equipo importante que se dedica a eso, porque hacer que las cosas parezcan simples es muy complicado. En nuestro caso tenemos un servicio que se extiende a todo el mundo y conexiones entre distintos servidores y estamos manejado varias bases de datos muy complejas con más de ocho millones de documentos, así que internamente hacemos todo lo que hace el motor de búsqueda de Google y tenemos que mantener una ingeniería interjurisdiccional en un ambiente hostil.

“Me gustaría vivir en América latina”


¿Cómo ve el futuro de América latina?

–América latina es hoy la región más optimista del mundo en términos de desarrollo de soberanía. Y no es que esté deslumbrado. Conozco los problemas de la región demasiado bien. Pero es la única región del mundo que registra un progreso y no un retroceso. Es la región que más interés ha manifestado en nuestro trabajo y tenemos la capacidad para responder esa demanda.

–¿Le gustaría vivir en la región y ser parte de esa movida que usted describe?

–Claro, he estado intentándolo con mucha fuerza en estos últimos dos años. Es una región realmente esperanzadora en términos geopolíticos. Te doy un simple ejemplo. Por la reciente guerra de Israel en contra de Gaza Brasil retiró su embajador de Israel y fue muy crítico con ese país. Brasil no está en Medio Oriente. El presidente (de Ecuador, Rafael) Correa, que mantenía una relación buena con Israel, canceló su viaje a ese país. Las críticas no se hicieron por razones religiosas ni por ser Israel un rival geopolítico de la región. Fue una expresión de populismo, de gobiernos que sintieron la necesidad de ser vistos favorablemente por la población. Es un ejemplo saludable de gobiernos respondiendo a fuerzas democráticas.

–¿Quiere decir algo más sobre la región?

–Se viene en pocos días el referéndum independentista en Escocia. La situación de Escocia con respecto a Inglaterra es muy similar a la de Estados Unidos y Canadá con respecto a Latinoamérica. Escocia no ha podido ser independiente en los últimos 300 años, probablemente no gane el referéndum. Pero si pierde perderá apenas, por muy pocos votos, y la pregunta es por qué esto no pasó antes y por qué Escocia perdió su independencia. Es porque Inglaterra actúa como una suerte de barrera entre Escocia y los centros de actividad comercial en Europa occidental. Es como una especie de recaudador de tarifas y agente aduanero, interponiéndose en el flujo comercial e informativo entre Escocia y Europa. Lo mismo hace Estado Unidos con América latina. Pero la apertura de la ruta comercial con China ha permitido que Latinoamérica empiece a romper ese dominio. Acá en Gran Bretaña Internet ha facilitado el comercio marítimo, lo cual significa que Escocia ha podido comerciar y comunicarse en forma más directa con Europa sin tener que pasar por Gran Bretaña. Es un efecto muy interesante. Por un lado, tenemos una revolución totalizadora en las comunicaciones en la que los actores dominantes pueden expandir su dominio. Así el estado de vigilancia masiva ha expandido su poder hasta interceptar la mayoría de las comunicaciones del mundo, mientras que Microsoft y Apple se han vuelto completamente dominantes, bajando a todos los demás operadores de sistemas de computación. Uno ingenuamente podría pensar que este mercado global destruiría la soberanía regional pero los mismos factores implican mayor interconexión con diferentes partes del mundo, entonces Escocia puede saltar por encima de esa especie de bloqueo de Inglaterra y América latina puede saltar por encima del bloqueo de Norteamérica. Y aun dentro de las regiones, mayor conectividad significa más comercio, entonces los países latinoamericanos han podido incrementar el comercio y las telecomunicaciones entre ellos. Es interesante especular sobre cuál de estas dos tendencias terminará imponiéndose.

–Es un poco la historia de la humanidad. Lo mismo pasó con la Revolución Industrial, ¿nos hizo más libres o más esclavos? Ahora con la revolución tecnológica la pregunta se repite.

–Depende de cuál tecnología se utiliza. En el caso de la que sirve para fabricar armas nucleares, ha llevado a una centralización. Las bombas atómicas requieren mucha tecnología de avanzada y por eso muy pocos Estados son capaces de producirlas. Pero la tecnología también puede permitir que los débiles tengan más poder. Es lo que pasó con la invención de la imprenta, que al menos al principio hizo que la gente sea más libre. Con una inversión relativamente modesta permitió escapar de la dominación de la Iglesia Católica y de la gente rica, que era la única con dinero suficiente como para comprar libros escritos a mano. Los mismo sucedió con los (fusiles de asalto) AK-47, en comparación con los tanques de guerra. Con los AK-47 la ecuación es: un hombre, un arma. Con las armas nucleares la ecuación es: una nación enorme, una bomba. En este momento tenemos un sistema de vigilancia masiva que no tiene competencia, un sistema tan grande que ni siquiera alcanza una sola superpotencia para abarcarlo, ya que Estados Unidos requiere la ayuda de Gran Bretaña para llevar adelante semejante vigilancia.

–Entonces usted es de los que opinan que la tecnología nunca es neutral.

–Nunca. Puede estar muy inclinada hacia un extremo, como en el caso de las armas nucleares, o puede inclinarse hacia el otro extremo y facilitar la emancipación individual y la emancipación regional. O puede ser algo intermedio.

–También sirve para preservar el patrimonio cultural de pueblos originarios, que se hubiera perdido si no existiera Internet.

–Es difícil predecir qué va a pasar. En los últimos diez años han resurgido el idioma galés y el catalán, aparentemente gracias a Internet. Por otra parte, han de-saparecido cientos de idiomas de aborígenes australianos debido a la tendencia idiomática dominante del inglés, el español, el chino y quizás el ruso. Así que en este caso la tecnología opera en ambas direcciones.

–Ecuador tiene las leyes más duras de la región limitando la libertad de expresión y, al mismo tiempo, le da asilo a usted, que es un icono de la libertad de expresión. Quisiera preguntarle al respecto.

–Simpatizo con los dos lados del debate. Por un lado, he sido sujeto de abusos por parte de los medios oligárquicos de la derecha que están controlados por grupos de interés privados.

–¿Pero no solíamos decir los periodistas que daríamos la vida para defender esos abusos verbales, aun cuando seamos los destinatarios, porque creemos en la libertad de expresión?

–Libertad de expresión... está la libertad de expresión individual, que nunca puede ser abusada, pero... yo también lo veo desde una perspectiva industrial. Yo creo que un individuo debería ser capaz de decir lo que quiera y si lo que dice no es verdad tendría que ser penalizado de alguna manera. Como medio, WikiLeaks tiene el mejor registro del rubro en tanto ha publicado más de ocho millones de documentos secretos, todos verdaderos, sin haber sido desmentido, así que aun desde el punto de vista institucional nos molesta cuando alguien publica algo que no es cierto, u obtiene popularidad o poder político a través de mentiras. A nivel individual, los gobiernos no deberían tener la capacidad de desplegar recursos policiales, de la Justicia criminal o del Estado en contra de personas por decir cosas que no son ciertas, porque lleva a la selectividad y a los abusos. Si todos los ciudadanos tuvieran el mismo acceso a la Justicia y si los jueces no fueran parciales, entonces estaría de acuerdo con que la gente fuera penalizada por decir mentiras y dañar la reputación de otras personas.

–Es el sistema tradicional: si alguien calumnia puede ser condenado por hacerlo en la Justicia civil. Para eso no hace falta un tribunal de censura como el que fue creado por la ley de medios de Correa.

–Pero el uso de las leyes de injurias y calumnias es problemático porque el acceso al sistema judicial es desparejo. Es un problema serio. Por ejemplo, en Inglaterra los diarios constantemente injurian a figuras de la izquierda y a cualquiera que desafíe el establishment. Lo han hecho conmigo con mentiras burdas. Pero no lo hacen con los ricos porque sólo los ricos pueden solventar un juicio por calumnias. Siendo así, las leyes contra las calumnias deberían ser abolidas. Cualquier ley que sólo puede ser usada por unos pocos que tienen dinero o están cerca del poder debe ser abolida por ser inherentemente injusta. En este sentido estoy a favor de que haya menos leyes y no más leyes. Pero también está el tema de la regulación de los medios, que es distinta a la del autor individual o el periodista. Cuando un grupo mediático se hace grande tiene la capacidad de afectar significativamente la política de un país, porque se convierte en una entidad estratégica similar a la forma en que un ejército es una entidad estratégica. Puede afectar la soberanía de un país si está trabajando con actores externos: lo primero que hizo la OTAN cuando bombardeó la ex Yugoslavia fue bombardear los estudios de televisión. Murieron muchos periodistas. Lo mismo ocurre en casi todas las guerras y casi todos los golpes de Estado: atacan a los medios más grandes. Porque los grandes medios son uno de los elementos clave de poder de una nación y cuando entiendes eso entiendes que necesitan ser monitoreados y regulados, como los ejércitos y las milicias necesitan ser controlados porque quien los controle puede influenciar significativamente el tejido democrático de una nación. Por lo tanto, considero que una fuerte regulación debe existir para mantener el libre mercado de medios.

–Es lo que hacen leyes de medios como la de Argentina y la de Uruguay: desarman los monopolios. Pero en Ecuador hay un tribunal al que le llega cada artículo para que decida cuál está bien y cuál debe ser multado. En mi opinión, amordaza a la prensa libre.

–Cualquier regulación de medios tiene un efecto paralizante. Las leyes contra las calumnias también. El gobierno ecuatoriano ha introducido nuevas leyes contra la publicación de documentos clasificados con las cuales yo no estoy de acuerdo. Entiendo que las motivaciones detrás de esas leyes no son necesariamente malas, ya que contratistas de seguridad vinculados a los Estados Unidos habían estado hackeando el sistema informático del gobierno ecuatoriano y publicando los materiales como ataque geoestratégico contra el gobierno ecuatoriano para marginalizarlo, porque es más independiente que gobiernos previos. Pero esos documentos ahora se publican en sitios web afuera de Ecuador, en Texas, que es la peor situación posible, ya que ni siquiera pueden ser analizados y discutidos por periodistas locales que los pongan en contexto.

–Otra crítica es que el gobierno ecuatoriano, para llevar a juicio a medios y periodistas, usa la vieja figura de la ley de desacato, que ya ha sido abolida en casi toda la región.

–No soy vocero del gobierno ecuatoriano, que es un gobierno que hace algunas cosas bien y otras cosas mal, como todos los gobiernos, pero entiendo los dos lados del argumento. Algunas críticas a las leyes ecuatorianas de medios son de buena fe pero muchas son motivadas por razones geopolíticas y provienen de grupos financiados por la AID (la agencia para el desarrollo del Departamento de Estado estadounidense).

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