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¿Lo sabías? Este es el origen de 20 expresiones que usamos

1 - "Al que quiera celeste, que le cueste"



Frase de antigua data, usada para indicar que quien pretende algo muy valioso deberá trabajar o esforzarse mucho para conseguirlo. Algunos estudiosos de la paremiología sostienen que su origen se vincula con el arte, ya que, en ciertas épocas, obtener color azul claro o celeste para las pinturas de cuadros o esculturas, resultaba complejo y oneroso, pues parece que esa tonalidad sólo se conseguía a partir de una piedra preciosa: el lapislázuli. En definitiva, aquel que quería una obra con celeste, debía pagar mucho por ello.

2 - "Al divino botón"



Hacer algo en vano, esforzarse sin obtener el resultado esperado. La frase, al decir de estudiosos en materia de etimología de frases, los paremiólogos, se origina en la vieja Roma, cuando algunos flamantes cristianos rezaban el rosario (o alguna plegaria similar). Parece que ciertos ciudadanos elevaban sus oraciones de forma rítmica y desganada, motivo por el cual pasaban las cuentas (los botones santos o divinos) del rosario sin depositar demasiada fe en el rezo. Así las cosas, las oraciones que llegaban a oídos de Dios no obtenían su aprobación y lo que se pedía no era concedido. Rezaban al divino botón, es decir, poniendo más énfasis en los pequeños objetos que en el contenido de las plegarias.

3 - "¡A la Marchanta!"



Expresión de origen español muy usada en Buenos Aires a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Significa hacer las cosas de manera desprolija, sin organización. Marchante o marchanta era aquella persona que salía de paseo, generalmente a efectuar compras. Quienes tenían la posibilidad de gastar dinero sin demasiados apremios, solían realizar compras sin muchos miramientos, por ello, se comenzó a usar la frase aplicada a aquellos casos en los que se gastaba por gastar, sin tener la verdadera necesidad de adquirir los productos. La frase se inmortalizó gracias al tango Mano a mano, letra de Celedonio Flores (1896-1947) y música de Carlos Gardel (h 1890-1935) y José Razzano (1887-1960). En dicho tema, se cuestiona el proceder de una mujer ingrata que despilfarra la plata de su amante en términos lunfardos: “los morlacos del otario los tirás a la marchanta”.

4 - "A caballo regalado no se le miran los dientes"



Significa que hay que mostarse conforme con las cosas obtenidas gratuitamente sin importar su estado. Presenta un remoto origen, pues la costumbre de observar detenidamente la dentadura de un caballo antes de comprarlo, para evaluar su salud o su edad, se remonta a varios siglos en la historia del hombre. Claramente, en la frase se nos advierte que, si el caballo es un obsequio, mal haríamos en fijarnos en el estado de sus dientes, puesto que no hay que pagar precio alguno por él.

5 - "Chupar las medias"



Actitud propia de los obsecuentes, de aquellos sujetos rastreros que apelan a cualquier cosa con tal de conseguir los favores de alguien, sin importarles quedar en evidencia. Se trata de una hipérbole, pues chupar las medias sería llevar a la máxima expresión un antiguo rito de admiración y reverencia que consistía en besar los pies de una persona o imagen. Ya los romanos acudían a esta acción para honrar a sus dioses, besando los pies de las estatuas que representaban a sus deidades. La práctica no se detuvo en la antigüedad, pues consta que los caballeros medievales también la ejecutaron para rendir tributo a los señores o monarcas. Hasta hay pueblos, no influenciados por la cultura occidental, que en la actualidad apelan a besar los pies de alguien como signo de veneración o respeto.

6 - "Me costó un ojo de la cara"



Se utiliza para hacer entender que se ha conseguido un objetivo pero que su costo ha resultado por demás elevado. En el siglo XVI, durante las expediciones para explorar y conquistar “las Indias”, el conquistador manchego Don Diego de Almagro perdió un ojo por culpa de una flecha en el asedio de una fortaleza Inca. Al regresar a España se presentó ante el rey Carlos I y al despachar sobre la acometida en las nuevas tierras de la corona Don Diego se lamentó que: “El negocio de defender los intereses de la corona le había costado un ojo de la cara”. Se supone que insistió tanto en el hecho de haber perdido el ojo que pronto esta frase se difundió rápidamente entre la corte, los soldados y el pueblo, llegando así hasta nuestros días.

7 - "Comerse un garrón"



Significa pasar por un hecho infortuito, desagradable. La palabra garrón, etimológicamente, deriva del término garra, por eso uno de sus significados es “espolón del ave”. No obstante la acepción que aquí nos interesa es otra: “extremo de la pata de algunos animales”, como el conejo y las reses. Uno puede inferir que, luego de atrapar a una animal con fines de alimentación, lo último que pretende comerse es el garrón. La habitual economía en el uso de la lengua ha provocado que, en ocasiones, la expresión indique idéntica situación cuando se formula como “un garrón” o “!qué garrón!”.

8 - "Cada muerte de obispo"



Se recurre a esta expresión cuando queremos señalar que algo sucede muy de vez en cuando, con intervalos por demás prolongados. La expresión incluye a un obispo indeterminado, pero se presume que se alude al Papa, quien no abandona su cargo hasta su muerte. Pero no todos los Papas han gozado de un largo período al frente de la Iglesia Católica. El caso más recordado es el de Juan Pablo I (1912-1978), fallecido en extrañas circunstancias, luego de 33 días de haber sido consagrado Sumo Pontífice.

9 - "Es de medio pelo"



Expresa la calidad de algunos objetos, la belleza de un sujeto o el rendimiento de un profesional. Aproximadamente una centuria atrás, provenientes de la española ciudad de Cádiz, llegaban a nuestro país sombreros confeccionados con pelo de castor. Algunos de ellos, los de mejor calidad y más caros, estaban hechos con pelos enteros extraídos del animal, mientras que otros, los más baratos, sólo tenían parte de pelo de castor. Es decir, algunos eran de pelo entero y otros de medio pelo. Tal situación delataba el nivel social de la persona portadora del sombrero y, así las cosas.

10 - "Vender gato por liebre"



Se usa la frase para exponer un engaño típico o una estafa. Durante la Edad Media, en Europa, comenzaron a funcionar ciertas posadas o restaurantes para alojar viajeros. Allí se podía dormir y comer, pero las condiciones no eran de las mejores. A veces, la falta de carne de ternera (o vaca) hacía que se ofrecieran otros platos, aunque no siempre se aclaraba la situación a los clientes. En el peor de los casos, se utilizaba carne de gato (muy similar a la de la liebre).

11 - "Andar de capa caída"



Con esta expresión se busca describir el ánimo decaído de una persona, en particular de quienes han perdido un lugar de prestigio y todos sus beneficios. Debe sus orígenes al derecho romano, según el cual Capítis díminutio, apuntando al capital, significaba la pérdida parcial de los derechos, situación a la que se llegaba en general por enfermedad o deudas. La tradición popular la transformó en capa caída, aludiendo a la prenda de abrigo cuyo uso ha perdurado por siglos y que antiguamente revelaba, de manera simbólica, la condición social de las personas. La manera en que los hidalgos llevaban la capa, especialmente los empobrecidos, delataba su estado de ánimo, ya que éstos andaban arrastrándola por el piso cuando habían perdido los favores de la corte, contrayendo deudas de juego o cuando padecían mal de amores.

12 - "Morder el polvo"



Hacerle “morder el polvo” a alguien significa vencerlo, derrotarlo física o espiritualmente. El modismo se basa en una remota acción de los señores medievales, de los que pertenecían a los sectores sociales más encumbrados. Cuando un caballero se sentía mortalmente herido en batalla, tomaba un puñado de tierra y lo mordía. En dicha actitud quedaba de manifiesto el amor y el respeto a su tierra, demostrado en forma de postrer beso. De allí que quien “mordía el polvo”, lo hacía porque se sabía irreversiblemente derrotado y a punto de dejar este mundo.

13 - "A troche y moche"



Se dice que esta exclamación, usada para señalar que algo se hace con cierto desenfreno y sin demasiado orden. Encuentra su génesis en las tareas realizadas por los leñadores. Estos trabajadores, generalmente provistos de hachas, sierras y otras herramientas destinadas a cortar la madera, cuando fraccionan los árboles utilizan los verbos trocear y mochar, por lo que, originalmente, a troche y moche fue darle duro y parejo a los árboles ya derribados, con el fin de quitarles las partes menos aprovechables.

14 - "Meterse en camisa de once varas"



La expresión hoy se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida. Su origen se sitúa en la jerga castrense de la Edad Media, refiriéndose a la dificultad que conllevaba el asaltar una camisa (parte del muro exterior de un castillo entre torres de flanqueo) de once varas de longitud, debido a que de esta manera, uno era extremadamente vulnerable al ataque con armas arrojadizas desde ambas torres de flanqueo. Una vara son treinta y tres pulgadas, lo que equivale a unos ochenta y cuatro centímetros. Así, la camisa o sección de la muralla exterior mediría 363 pulgadas o bien 9.24 metros.

15 - "¡Viva la Pepa!"



Cuando decimos esto aludimos a un gran desorden o a que todo da igual. Pero… ¿quién era la famosa Pepa? No era una persona, era la Primera Constitución Española dictada en 1812, en momentos en que ese país pasaba momentos de mucha convulsión y su rey, Fernando VII (1784-1833), estaba prisionero de Napoleón Bonaparte (1769-1821), en Francia. Cuando el rey volvió a ocupar su trono, abolió esa constitución y prohibió terminantemente que se la mencionara. Los revolucionarios liberales que la defendían no se resignaron y buscaron una estrategia para mencionarla en público sin recibir castigo. Como esa constitución había nacido un 19 de Marzo, día de San José, cariñosamente llamado Pepe, comenzaron a aludir a la carta magna como Pepa. Con la consigna ¡Viva la Pepa!, trataban de mantener despierto el clamor popular. La frase, con el tiempo, perdió su significado original pero conservó su espíritu de libertad.

16 - "¡Se armó la gorda!"



Hoy refiere a cualquier tipo de problema más o menos grave, incluyendo a una guerra o a una simple trifulca familiar. A mediados del siglo XIX España era una potencia en franca decadencia, había perdido la mayoría de sus territorios coloniales en América y el descontento en la población crecía sin pausa. Ante tal debacle, comenzó a generarse un movimiento revolucionario que estalló en 1868. El levantamiento, por cuya causa la reina Isabel II (1830-1904) debió abandonar el país, vino precedido de un insistente rumor callejero en el que se utilizó un giro idiomático muy castizo: “se va armar la gorda”. Con dicha sentencia se aludía a que se avecinaban conflictos de alto calibre; más específicamente, con “la gorda” la gente se refería al alzamiento militar, que en septiembre de ese año finalmente se concretó. Dicha revolución fue conocida como La Septembrina o La Gloriosa

17 - "Tirar la casa por la ventana"



Se dice que alguien tira la casa por la ventana cuando efectúa gastos extraordinarios con motivo de alguna celebración en particular. Todo comenzó en España, allá por el año 1763, en épocas del reinado de Carlos III (1716-1788), quien instauró la Lotería Nacional en aquel país. Desde entonces, cuando un español obtenía un premio suculento, se impuso la costumbre de arrojar, a veces por la ventana, los muebles y algo más hacia la calle, pues el dinero ganado mediante el azar alcanzaba para reemplazarlos por otros nuevos. Hoy se mantienen la frase y los festejos que ella supone, pero se ha perdido la solidaridad de entregar a otros aquello que resulta útil pero que ya no usamos.

18 - "Poner las barbas en remojo"



Fórmula oral que refiere a los casos en los que se le llama la atención o se castiga a una persona por un acto indebido. La expresión original no dice barbas, sino bardas. Las bardas son límites, cercos o vallados históricamente, fabricados con sarmientos, paja o espinos y usados para dividir terrenos. Inicialmente se decía: “Cuando veas las bardas de tu vecino quemar, pon las tuyas a remojar”, para evitar que te ocurriera lo mismo. En el fondo, no se trataba de un castigo sino de una advertencia. Bueno, en este caso, el tiempo y el viaje del refrán por diferentes lugares y culturas, provocó una modificación sustancial en el formato de la expresión y en su significado.

19 - "Aquí hay gato encerrado"



Con ella se pretende expresar desconfianza ante cualquier asunto o cosa que no nos parecen muy claros. Por supuesto que lo de gato es simplemente una imagen para dar a entender el mensaje que se quiere transmitir. Sucede que en el siglo de Oro español se llamaba “gato” al ladrón, dado que ese sustantivo es el que mejor pone de manifiesto el sigilo y los movimientos ágiles y furtivos de quienes practican el oficio de apropiarse de lo ajeno. Pero, ¿por qué se le adjudicaba a ese animal semejante oficio? Por supuesto que el hecho de ser sigiloso, ágil y rápido tiene que haber influido para comparar a los amigos de la propiedad ajena con estos felinos. Pero también hubo otra motivación al momento de elegirle el nombre. Antiguamente los bolsos se fabricaban con la piel del gato. Por ello, la jerga de los ladrones había recreado la palabra "gato' para referirse, entre ellos, al elemento en el que la gente portaba el dinero y otros valores. Por extensión, también designaba esa palabra el dinero mismo.
La frase "Aquí hay gato encerrado', en la actualidad, se ha generalizado en su uso y se aplica a la manera de actuar de cierta gente que despierta grandes sospechas en los demás.


20- "Eureka!"



Podríamos graficarla con palabras castellanas como "qué bueno', "ya está', "por fin lo encontré' y otras similares. Se trata de un verbo griego que se encuentra en tiempo pasado. Su presente es "eurisko' y quiere decir "yo encuentro'; y, en pasado, "­encontré!' o "he encontrado'. Su pronunciación, en griego, es "éureka', como palabra esdrújula y no como grave, tal como por lo general la pronunciamos. Entonces, prácticamente suena como una interjección, por lo que se escribe, casi siempre, entre signos de exclamación. Al respecto agrega el autor antes citado: “Esta exclamación que en griego significa "Lo encontré' se ha hecho proverbial gracias a una historia atribuida a Arquímedes (nacido en Siracusa en el año 287 a. C.). Al recibir una corona encargada a un orfebre, el rey Hierón de Siracusa, quiso saber si el hombre había sustituido por plata una parte del oro que le había entregado. Confió el problema al famoso físico y matemático, quien pasó varias semanas sin hallar la clave. Hasta que un baño de inmersión se la inspiró. Al meterse en la tina y ver que el agua rebasaba, pensó ¿por qué no valerse de ese hecho para resolver el problema? Medir el volumen que hacía desbordar la corona en un recipiente lleno de agua; después hacer lo mismo con un peso de oro igual al de la corona, y por fin, repetir la experiencia con plata. Si el volumen del oro y el de la plata coincidían, este era de oro puro. "­Eureka, eureka!' -"ya lo tengo'-, exclamaba el sabio por las calles, dejando la tina tal como se encontraba en ella, sin ropa”.

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