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Los asesinos en serie latinoamericanos más famosos

1. El asesino de Sucre (Bolivia)



Jaime Benjamin Cárdenas Pardo es uno de los peores asesinos seriales de los cuales se tiene registro en la historia boliviana. Según sus propias declaraciones llegó a matar a más de 30 personas.

Desde los 11 años comenzó a beber y a los 14 ingresó en el mundo de las drogas, pronto comenzó a robar para sostener sus vicios y también a matar. El novio de una de sus víctimas le pagó a un sicario para matarlo. Sin embargo, como éste no lo encontró decidió matar al hijo de su objetivo, lo cual despertó una sed de venganza que lo llevó a asesinar a 15 personas.

Una vez que lograron capturar al asesino de Sucre, éste declaró:

“No importa lo que haga uno, ni que te perdonen, sólo necesita perdonarse uno. A los jóvenes quiero decirles que no se metan en las drogas, el camino a la delincuencia puede ser lindo un rato para divertirse y tener dinero, pero tiene sus consecuencias”


2. La bestia (Colombia)



Luis Alfredo Garavito es un asesino serial colombiano. Este hombre fue el responsable de secuestrar, violar y asesinar a por lo menos 172 niños, con lo cual se convertiría en el mayor asesino de niños de la humanidad.

Tras ser capturado en el año 1999, Garavito confesó haber asesinado a 172 niños. Sin embargo, se baraja la posibilidad que en realidad sea el responsable de por lo menos 400 muertes. Este asesino se ganaba la confianza de los niños para que aceptaran sin mayor resistencia ir con él, luego los amarraba, los forzaba, los mataba y, finalmente, realizaba unos ritos satánicos con los cuerpos de sus pequeñas víctimas.

3.Los ángeles de la muerte (Uruguay)



Marcelo Pereira Guzzo y Juan Acevedo Agriela, enfermeros de profesión, fueron encontrados culpables de la muerte de 15 personas, aunque algunos expertos creen que el número real de víctimas de esta pareja asesina podría ascender a 200.

La razón de actuar de esta pareja era la “compasión” por pacientes que se encontraban en estado terminal, para acabar con su agonía les inyectaban medicamentos que no estaban indicados en la historia médica de los mismos. En la investigación posterior se concluyó que si bien muchos de esos pacientes se encontraban en el área de cuidados intensivos, no todos tenían los días contados, por lo cual la teoría de ser unos asesinos piadosos se disipó rápidamente.

Otra enfermera también fue acusada de complicidad pero no pudo ser encontrada culpable por falta de pruebas. Tiempo después uno de estos asesinos le aseguró a un periodista que durante ese período de tiempo se sintió como si fuera Dios.
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