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“Los colonos se han llevado dos tercios de mi cosecha de ace

“Los colonos se han llevado dos tercios de mi cosecha de aceitunas”



Ayman Sheij Ibrahim tiene edad de jubilarse, pero los agricultores no se retiran y aún le sobran energías para recolectar las aceitunas de las decenas de olivos que atesora en sus tierras. El problema de Ibrahim es que sus olivos, algunos centenarios, están atrapados en el asentamiento israelí de Talmon, en Cisjordania.

Esta y otras colonias de la zona, situadas en el municipio palestino de Al-Janiya, cerca de la ciudad de Ramala, se levantaron tras confiscar varias hectáreas de tierra a campesinos palestinos y los colonos que las habitan están entre los más violentos.

“Nos quitaron las tierras, a mí y a decenas de familias palestinas, y las declararon zona militar cerrada. Luego construyeron la colonia, en los años 80”, explica a Nóvosti Ibrahim.

“Estuvimos batallando hasta que nos dejaron acceder a nuestros olivos, pero solo unos días al año para recoger la cosecha y ya está. Entre el 2000 y el 2006 no pudimos entrar”, cuenta el agricultor.

Cuando logró pisar su tierra de nuevo, varios de sus árboles habían sido arrancados o quemados por los colonos. A pesar de esto, sigue solicitando permiso a Israel cada año para acceder a sus tierras y recoger su cosecha.

Las autoridades israelíes niegan el 50% de las autorizaciones que los campesinos piden para llegar a sus terrenos, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

Los agricultores cuyas tierras están fuera de los asentamientos se enfrentan a un panorama casi tan desalentador y dramático como el anterior. Aunque sus olivos están en zona no confiscada por Israel, a menudo no pueden llegar a sus tierras porque los colonos se lo impiden con violencia.

Muchas veces, los agricultores alcanzan sus terrenos y se encuentran con la triste sorpresa de que les han cortado algunos árboles, como ocurrió a principios de octubre en la localidad de Burin, en Cisjordania.

“Hace dos días fui a recoger las aceitunas de mis olivos, dentro de la colonia de Talmon, y descubrí que los colonos se habían llevado ya dos tercios de mi cosecha”, asegura un campesino de Al-Janiya, donde se extienden hectáreas y hectáreas de bancales con olivares que son la fuente de vida de sus habitantes.

“He podido entrar en mis tierras solo tres días para recoger las aceitunas. En todo el año no me dan ni un mes de acceso”, dice Abás Yusef, un agricultor de 70 años de Al-Janiya cuyos olivos se encuentran dentro de Talmon.

“Entre el año 2000 y el 2006 no pudimos acceder a las tierras. Cuando me concedieron el primer permiso y entré, contemplé una catástrofe: 400 olivos milenarios habían sido arrancados y los colonos habían construido carreteras en medio de nuestros árboles”, añade Yusef, a quien los colonos mataron 60 árboles hace cuatro años.

Casi la mitad de la tierra cultivada en los territorios palestinos está dedicada a los olivos y el 25% de los ingresos agrícolas de los territorios palestinos proceden del aceite de oliva, según datos de la OCHA.

Entre 2006 y finales del mes pasado, la OCHA registró más de 2.300 ataques de colonos que acabaron con víctimas palestinas o daños a propiedades. Entre 2009 y el pasado agosto, al menos 50.000 árboles frutales, principalmente olivos, fueron destruidos por colonos.

Entre 2005 y septiembre de 2014, la ONG israelí Yes Din ha documentado 246 incidentes en los que colonos han dañado árboles frutales y los palestinos afectados han denunciado los ataques a la policía. Solo cuatro denuncias han acabado en acusación formal de las autoridades. El 96,6% de los casos quedan impunes, según Yesh Din.

“Es necesario proteger a los campesinos de los ataques de los colonos, que esta violencia no quede impune y se levanten las restricciones a los palestinos para acceder a sus tierras y evitar así un daño irreversible” en Cisjordania, afirma el jefe de la OCHA en Palestina, James W. Rawley.

En las dos últimas semanas se han producido diez ataques de colonos contra palestinos que han acabado con heridos -incluidos tres niños y una mujer- y daños serios a propiedades. Los asaltos suelen quedar impunes y a menudo, el Ejército y la policía israelíes protegen a los colonos en lugar de asistir a las víctimas.

Algunos campesinos van a recoger sus aceitunas acompañados por voluntarios israelíes de ONGs, entre ellas Rabinos por los Derechos Humanos (RDH). “Nuestra presencia les protege contra la posible intimidación de los colonos (…) y es un acto de solidaridad entre israelíes judíos y palestinos”, indica RDH.

Su presidente, el rabino Arik Ascherman, denuncia que a veces, “soldados israelíes impiden que los voluntarios acompañen a los campesinos o intentan persuadir a los agricultores de que si se fían de las ONGs israelíes tendrán problemas”.

Algunos campesinos han conseguido que la justicia israelí les conceda el acceso a sus tierras, gracias a la intervención de Yesh Din o los rabinos.

Pero la mayoría de los casos se pierden. “Hemos recurrido a la justicia y ya no sabemos qué más tenemos que hacer para poder entrar en nuestras tierras cuando queramos, ¡son nuestras!”, subraya Yusef.
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