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Los Cosacos



Los Cosacos tienen las mejores tropas militares de todas las existentes. Si los hubiese tenido en mi Ejército, hubiese podido conquistar el mundo entero.
-Napoleón Bonaparte-


Todo buen imperio ha tenido tropas de choque procedentes de pueblos o zonas particularmente famosas por su dureza. Roma confiaba en sus campesinos, España tuvo a los almogávares (Valle de Arán, Pirineos), el Vaticano a la Guardia Suiza e Inglaterra a sus highlanders (Norte de Escocia). China, por su parte, tenía una muralla para defenderse de los feroces invasores nómadas. Rusia tuvo una muralla viviente, tenaz, superviviente, altamente móvil y capaz de colonizar cualquier terreno por inhóspito que fuese: los cosacos.




Orígenes


Durante la II Guerra Mundial, los militares alemanes no vacilaban en considerar a los cosacos como vestigios de pueblos germánicos, puede que de los godos. La realidad es algo más compleja, aunque no les faltaba del todo razón.

Los cosacos son la versión aria de los tártaros. Parece que los antepasados de los cosacos se instalaron en las estepas de lo que hoy es el Sur de Ucrania y el Sur de Rusia entorno al Siglo X, y que en su base étnica estuvieron, desde el Siglo I, pueblos arios como los escitas, los sármatas, los alanos y los godos, aunque no tardarían en ser eslavizados, de modo que hoy son considerados étnicamente como eslavos. Todos estos pueblos tuvieron algo en común: eran esteparios, y la estepa imponía la ley de las grandes distancias y de las grandes extensiones de tierra. Quien dominase el caballo, la velocidad y el arte de tirar a caballo, dominaría la estepa.

Los grupos cosacos como entidad organizada se empezaron a constituir en la actual Ucrania desde mediados del Siglo XIII. Nobles pobres (hidalgos) y campesinos fugados de Rutenia, Polonia y los principados rusos, inflamaron rápidamente los números de estos grupos y los convirtieron en una fuerza a tener en cuenta.

Se sabe que los cosacos participaron en la Batalla de Kulikovo de 1380, en la que el Príncipe de Moscovia, Dimitri Donskoi, derrotó a la Horda Dorada.




El estilo cosaco


Son una verdadera familia. A pesar de la diversidad de huestes y clanes, forman una mafia desde el Don hasta Yakutsk, cada hueste luciendo en el uniforme el color distintivo de su gente, y liderada por un Atmán o jefe tribal.

Antiguamente, los cosacos podían admitir en sus comunidades a forasteros considerados deseables para su gente, después de hacerles prestar juramento, aunque era requisito ser cristiano y no ser ni turco, ni tártaro, ni judío ni musulmán. Los jóvenes cosacos, a los 19 años, iban a vivir a campamentos militares en islas, donde reinaba una severa organización y disciplina. Estos jóvenes, habituados desde niños a las despiadadas intemperies rusas, a la caza, a la equitación, a la lucha y al movimiento, constituían sin duda una excelente materia prima para formar guerreros eficaces.

Todos los jóvenes físicamente sanos debían alistarse en el Ejército, por tradición. El joven cosaco tenía que proporcionar caballo, uniformes, sable, lanza y silla (el coste de las armas de fuego podía ser repartido con el Estado, pero el Estado pagaba sin límites por la munición), y se colocaba bajo una disciplina privilegiada, única solamente para los cosacos.

Con la incorporación de los cosacos al organismo ruso, quedó en evidencia que los cosacos amaban Rusia, aborrecían la burocracia estatal, pero respetaban la autoridad de los Zares. Sin embargo, no dudaban en rebelarse si consideraban que los Zares no cumplían con sus obligaciones como protectores de Rusia.

Los cosacos sólo podían casarse con jóvenes cosacas, aunque les era permitido raptar mujeres de pueblos vecinos. Sin embargo, no les estaba permitido el matrimonio con mongolas, turcas, tártaras o judías.

La estepa abierta, la supervivencia con medios propios, la velocidad y fuerza del caballo, el viento, el amor a Rusia, el odio al tártaro y el ansia por alcanzar el horizonte, son los factores que han contribuido a acuñar la característica mentalidad cosaca.



El auge de los cosacos y la conquista de Asia


Muy sencillamente: la descomunal expansión Rusa hacia el Este fue principalmente obra de los cosacos.

En un principio, los cosacos no se consideraban sujetos a ninguna autoridad, y hacían de la independencia su bandera. Prueba de ello es que, en 1539, el Gran Duque Vasili III de Rusia, le pidió al sultán turco que controlase a los cosacos, obteniendo la respuesta de "Los cosacos no me juran lealtad y viven como les place a ellos mismos." Igualmente, diez años más tarde, el sultán turco le pidió al Zar Iván el Terrible que controlase a "sus" cosacos, a lo que Iván respondió: "Los cosacos del Don no son de mi incumbencia y van a la guerra o viven en paz sin mi conocimiento." Este tipo de mensajes circulaban habitualmente entre el Imperio Otomano, la Mancomunidad Polaco-Lituana y Rusia, demostrando que el Oeste de Ucrania era zona tomada por los cosacos.

Por otro lado, parece que el Imperio Austriaco de los Habsburgo utilizó a los cosacos de manera clandestina para hostigar a los turcos y así aliviar las tensiones en sus propias fronteras. Asimismo, los cosacos y los tártaros del Khanato de Crimea se enzarzaron en una espiral de violencia en la que las incursiones de unos eran contestadas con las represalias de otros y viceversa. Estos enfrentamientos perduran, aun hoy en día, en el racismo cosaco hacia las minorías musulmanas túrquicas "tártaras" del territorio ruso.

A lo largo de toda la segunda mitad del Siglo XVI, los cosacos castigaron duramente los territorios turcos, incluso sus piratas se dedicaron a surcar el Mar Negro y asolar los prósperos puertos otomanos, llegando en 1615 a saquear municipios muy cercanos a la misma Estambul, en pleno corazón del Imperio Otomano. A su vez, el Imperio Otomano contestó con ataques de los tártaros hacia la Mancomunidad Polaco-Lituana, considerada "responsable" de la conducta de los cosacos.

Los Zares no tardarían en ver a los cosacos como una fuerza extremadamente interesante por su obvia vocación militar y por su dominio de las distancias. En aquella época, a los monarcas de Moscú les interesaba empujar a los khanatos asiáticos hacia el Este, dispersar a sus gentes y, eventualmente, limpiar toda la estepa de tártaros. Los cosacos iban a convertirse en la vanguardia rusa contra Asia, cosechando una serie de éxitos que los hicieron famosos en el folklore ruso, como la conquista del Khanato de Kazán (1552), o del Khanato de Sibir (1582), que inauguró la conquista de Siberia. Todos estos triunfos contribuyeron a popularizarlos en el folklore ruso.

En cada territorio que conquistaban, establecían un fuerte o stanitsa, ejecutaban a los khanes locales e inundaban la zona con colonos cosacos, que se dedicarían a despejar las llanuras circundantes de bandidos tártaros. Literalmente, estaban empujando y fortificando las fronteras de Rusia, limpiando la estepa de no-blancos y abriendo las puertas de aquel inhóspito y salvaje territorio para la colonización eslava del Este. Casi todas las ciudades siberianas fueron fundadas por cosacos como stanitsas y crecieron a partir de allí.

En 1648, el cosaco Dezhnev había llegado al fin de Asia, justo enfrente de Alaska. Hoy, el estrecho marítimo que separa Asia de América se llama Estrecho de Bering —en honor de un hombre que lo "descubrió" 80 años más tarde—, cuando realmente, debería llamarse Estrecho de Dezhnev.

Ese mismo año, en el Oeste, los cosacos y los ucranianos, ya bastante apurados por el Imperio Otomano al Sur, se levantaron en contra de la ocupación polaca, expulsando a los invasores y colocándose bajo la protección de Moscú.

Después de esto, los cosacos instauraron dos repúblicas autónomas en territorio ucraniano: En 1649, formaron el Estado de los Cosacos de Zaporozhia, sentando las bases de la misma independencia ucraniana, y en 1670, proclamaron una república cosaca en la ciudad de Astrakán, que habían conquistado de los tártaros. Estas repúblicas fueron abolidas por Catalina la Grande a finales del Siglo XVIII tras la incorporación de esos territorios a Rusia, lo cual provocó una revuelta cosaca y de campesinos ucranianos que sólo tras duros esfuerzos pudo ser sofocada. Esto forzó a Catalina a tomar nota de la fuerza que suponían los cosacos y los campesinos.




Napoleón


Cuando Napoleón invadió Rusia en 1812, los cosacos se distinguieron enseguida como caballería ligera sumamente veloz, audaz y feroz. No tardaron en convertirse en las tropas más temidas por los franceses. Durante la retirada de Napoleón, los cosacos operaron tras las líneas enemigas como guerrilleros y saboteadores, atacando líneas de suministro o de comunicación y, en suma haciéndole la vida imposible al Ejército Francés, hasta el punto de que lo persiguieron hasta la mismísima París, que fue ocupada por las potencias aliadas, incluyendo los rusos. En París los cosacos se hicieron muy populares, pues eran vistos como el producto más exótico y admirable de las tropas rusas. Fue entonces cuando su fama se extendió por Occidente, convirtiéndoles en un icono del posterior romanticismo.




La Edad Dorada de los cosacos




La situación del Imperio Ruso y de las huestes cosacas en 1866. Obsérvese cómo, desde su hogar en Ucrania occidental, se han desplegado como fichas de algún juego de estrategia, especialmente entorno al Cáucaso, Asia Central y Mongolia, las zonas emisoras de invasiones asiáticas. Los números del mapa se corresponden con las distintas huestes o "tribus". Los cosacos más famosos en Occidente son los del Don y los de Kuban, por haber estado particularmente involucrados en la lucha contra Napoleón y las guerras Ruso-Turcas, como por su casi incesante piratería anti-turca en el Mar Negro:
1: Don / 2: Kuban / 3: Terek / 4: Astrakhan / 5: Urales / 6: Orenburgo / 7: Semirecheniye / 8: Siberia / 9: Transbaikal / 10: Amur / 11: Usuri / 12: Irkutsk / 13: Yakutsk.

Es en esta época de intrigas, que abarca la mayor parte del Siglo XIX, que tiene lugar la novela "Miguel Strogoff", de Julio Verne, un libro sumamente interesante por tratarse de un recorrido de gran parte del territorio ruso, desde Moscú hasta Irkutsk, la capital de Siberia, así como por su descripción de las costumbres de todas las gentes que lo pueblan, incluyendo los tártaros. Esta novela, publicada en 1875, es una verdadera apología de la Rusia zarista como representante de la mentalidad europea y occidental en plena barbarie asiática: altamente recomendable su lectura con un buen mapa de Rusia a mano, y más dadas las polémicas "coincidencias" del autor con la misma ideología nacionalsocialista.

En este siglo, los cosacos consumaron los vínculos de lealtad que les unían a Rusia, al Ejército y a la dinastía Romanov. No sólo alcanzaron grandes honores y privilegios bajo los Zares, sino que constituyeron incluso la guardia de élite del mismísimo Zar, lo cual revela que éste los consideraba una fuerza 100% leal. Se les eximió de impuestos y se reforzó aun más su sentimiento de clan elitista, aunque ello hubiese sido logrado a costa de renombrados esfuerzos a lo largo de 4 siglos, y en el seno de un servicio militar que duraba 20 años.




Los cosacos y el Bolchevismo: la "descosaquización"


Cuando se implantó el Comunismo en Rusia en 1917, estalló una Guerra Civil (1917-1919) "a la española". El Ejército Rojo, una banda de asesinos formada por el judío León Trotsky, se enfrentó al Ejército Blanco, una fuerza leal a los antiguos Zares y a la Rusia tradicional. La inmensa mayoría de los cosacos se encuadraron en las filas del Ejército Blanco, que acabó perdiendo la guerra principalmente por falta de apoyo del exterior, mientras que los bolcheviques no paraban de recibir suministros de sus hermanos de tribu de Londres, Nueva York y Estocolmo.

El Comunismo triunfante veía a los cosacos como la mayor herramienta de la autoridad y represión de los antiguos Zares. Formalmente, los 4 millones de cosacos fueron proclamados por Lenin como "enemigos del Estado", y junto con el terror desatado contra todo aquel sospechoso de no comulgar con el Bolchevismo, se lanzó a partir de 1920 la particular cruzada bolchevique de "descosaquización" (razkazachivanye). A eso se le llama genocidio, si no me equivoco.

Esta criminal campaña de genocidio colocó a los cosacos, y a la mayoría de la población general, más en contra si cabe, del régimen bolchevique.

Con la genocida "colectivización" soviética, los cosacos compartieron la misma triste suerte que los kulaks tan odiados por el régimen bolchevique: genocidio, asesinatos, torturas, persecuciones, destrucción de sus pueblos. Y hambre. Durante la terrible hambruna-represión de 1933, en la que murieron 7 millones de campesinos, los cosacos del Don y del Kubán sufrieron horriblemente.




Los cosacos y la II Guerra Mundial


Teniendo en cuenta la campaña de "descosaquización" a la que estaban siendo sistemáticamente sometidos, fue normal que, cuando llegaron las tropas alemanas a combatir contra el Bolchevismo, los cosacos los viesen como libertadores y aliados suyos. Los alemanes no tardarían en formar tropas cosacas en sus filas. También hubo algunos cosacos que combatieron en el Ejército Rojo, pues Stalin empezó a hacer promesas para levantar la moral, pero generalmente lo hacían forzados para salvar a sus huestes de las represiones estalinistas, y muchas veces no dudaban en pasarse al Eje si tenían la oportunidad.


Cosacos que combatieron en las filas de las SS durante la II Guerra Mundial.


En 1945, los cosacos anti-bolcheviques (no sólo soldados, sino pueblos enteros, hombres mujeres y niños) se entregaron a los ingleses en Austria, con la esperanza de poder unirse a ellos y combatir el arrollador avance de los comunistas. Sin embargo, los ingleses estaban compinchados con Stalin. A pesar de haberles prometido ponerles a salvo, los cosacos fueron traicionados por las autoridades británicas: 150.000 cosacos, hombres, mujeres y niños, fueron deportados a la fuerza (incluso a golpes de culata y de bayoneta, y algún asesinato sobre la marcha) a la URSS, donde todo el mundo sabía cuál iba a ser su destino: desaparecer para siempre en el Archipiélago Gulag.





Una imagen de tipos raciales: algunos de los pocos cosacos del Kuban que combatieron en las filas del Ejército Rojo, con sus uniformes tradicionales en el desfile de la victoria, Moscú, 1945. Poco tiempo después, la URSS ya no necesitaría el patriotismo de los cosacos, y volvió a sus medidas de "descosaquización", granjeándose definitivamente la antipatía de los cosacos y exterminando a casi todo su pueblo.









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