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Los experimentos científicos mas atroces de la historia



El mal nos asusta y nos atrae, por eso las mejores historias de terror son las que narran malvados experimentos. Pero en la historia reciente de la humanidad la realidad supera la ficción en lo referente a pruebas médicas crueles y macabras.
eh reunido en una lista los experimentos más malvados a los que el ser humano ha sometido a sus congéneres, especialmente los más indefensos y desfavorecidos.



Un bebé en apuros

En 1920, los psicólogos conductistas John B. Watson y Rosalie Rayner llevaron a cabo en la Universidad Johns Hopkins un experimento de condicionamiento de miedo y su eliminación. El sujeto de estudio que eligieron fue Albert, un saludable bebé de 11 meses. En un principio, analizaron a qué le tenía miedo el niño: si bien se asustaba con sonidos estridentes, Albert no mostraba ningún tipo de rechazo hacia las ratas. Lo que querían lograr Watson y Rayner era conectar el miedo al ruido con el roedor, de tal manera que la sola presencia del animal produjera pavor en el niño. Finalmente, el niño asoció ambos estímulos y lloró cada vez que veía una rata. Albert fue sacado del hospital en el que se encontraba antes de poder terminar, por lo cual, Watson y Rayner no pudieron revertir estas nuevas fobias adquiridas.

Madre Amor


El psicólogo norteamericano Harry Harlow realizó una serie de experimentos con monos para estudiar el aislamiento social. Para ello, tomó a algunas crías de monos que ya habían tenido contacto con su madre y la sustituyó por dos elementos: uno de ellos era una estructura metálica con un biberón; la otra, era un objeto de felpa, pero sin comida disponible. En todos los casos, los monos eligieron a la madre que era más agradable al tacto, aunque no tuviera alimento para ofrecer. Ellos iban a la estructura metálica para buscar alimento pero, luego, volvían rápidamente al animal de felpa. El experimento de Harlow demostró que la seguridad muchas veces es más importante que la supervivencia.


Autoridad ficticia



Stanley Milgram, un psicólogo social norteamericano, quería descubrir por qué las personas pueden torturar o matar a otros humanos cuando alguien con un halo de autoridad o rango superior les indica hacerlo. Para ello, realizó un experimento en el cual una persona le hacía preguntas a otra y, si las respondía de manera errónea, le podía dar una descarga eléctrica supervisada por un científico. Lo que el sujeto del experimento no sabía era que la descargas no eran verdaderas, ya que el encuestado era un actor que fingía recibirlas. Como resultado del pedido de la autoridad presente, algunas de las personas seguían aplicando choques eléctricos cada vez más fuertes, a pesar de ver cómo el receptor se retorcía del dolor.


Fascismo programado



Los experimentos psicológicos no sólo fueron llevado a cabo por estudiosos universitarios. El profesor de historia de escuela secundaria Ron Jones quería explicarle de manera práctica a sus alumnos por qué algunos ciudadanos alemanes permitieron, y avalaron, el Tercer Reich. Jones comenzó a darles órdenes simples, como por ejemplo, la forma correcta de sentarse o de dirigirse a él. A medida que pasaba el tiempo, él asumió un rol más autoritario, lo cual resultó en un mayor acatamiento de las órdenes por parte de los alumnos. Jones les enseñó a iniciar a nuevos miembros y los obligó a no juntarse con aquellos que no formaban parte del movimiento, que ahora tenía el nombre de "Tercera Ola". Finalmente, Jones decidió terminar con el experimento debido a que el nivel de disciplina y lealtad se había tornado enfermizo.


Sin tratamiento


En el año 1985, la Universidad de California, ubicada en Los Ángeles, Estados Unidos, realizó un experimento para lograr la mejoría del tratamiento de la esquizofrenia. Para ello, instó a algunos pacientes con esta enfermedad a dejar de tomar la medicación correspondiente para su tratamiento. Los efectos de esta terrible decisión se vieron seis años después: Tony La Madrid, un jóven de 23 años sujeto del experimento, se suicidó al saltar de la azotea de un edificio de 9 pisos.

Un mal viaje

El ácido lisérgico (LSD) es una droga psicodélica que siempre resultó interesante para los investigadores psiquiátricos debido a que con ella se podían emular ciertas enfermedades mentales, como la esquizofrenia. Los investigadores de la Universidad de Oklahoma (Estados Unidos) West, Thomas y Pierce decidieron probar su efecto en un elefante llamado Tusko porque el cerebro de estos mamíferos es muy similar al de los humanos en muchos aspectos. Debido a que en experimentos anteriores los elefantes se mostraron resistentes a ciertas drogas, los investigadores decidieron inyectarle a Tusko 297 miligramos de LSD, mil veces la dosis regular tomada por un humano. Luego de unos minutos muy psicodélicos, Tusko cayó muerto al piso.



Indefensión aprendida


Los psicólogos Mark Seligman y Styeve llevaron a cabo un experimento con tres grupos de perros en 1965. A los tres equipos de perros se les colocó un arnés pero cada uno de ellos se les asignó diferentes objetivos: el primer grupo logró la libertad luego de un período de tiempo sin sufrir ningún daño; el segundo fue dividido en parejas y un perro de cada uno sufría descargas eléctricas que terminaban cuando tocaba una palanca; el tercer grupo, también dividido en parejas, recibía descargas eléctricas al azar. Luego, este tercer grupo fue colado dentro de cajas a las cuales también se les aplicaban descargas eléctricas pero, en este caso, podían pararlas al saltar fuera de la misma. Sin embargo, no lo hicieron: este grupo ya sufría de "indefensión aprendida", una condición que imposibilita a la víctima de cualquier tipo de mejora de la situación en la que se encuentra.


Destino de rata


Carney Landis era un licenciado en psicología por la Universidad de Minnesota (Estados Unidos). Su objetivo era averiguar si todas las personas tienen la misma expresión facial cuando sienten una emoción. Los participantes del experimento, en su mayoría estudiantes, fueron llevados a un laboratorio para ser expuestos a estímulos extremos, como oler amoniaco o colocar sus manos en un cubo repleto de sapos. Finalmente, se les dio una serie de instrucciones - muy poco eficaces, por cierto - para decapitar una rata. Sólo un tercio de los participantes realizó la ejecución, lo cual produjo un gran sufrimiento en los roedores.



Un experimento monstruoso


En 1939 la Universidad norteamericana de Iowa realizó un experimento a cerca de la tartamudez. El lugar elegido por el investigador Wendell Johnson fue un orfanato: allí se dividieron a 22 niños en dos grupos de estudio. Al primero, se le aplicó una terapia de tipo positivo, mediante la cual se elogiaba su fluidez verbal. Al segundo grupo le fue aplicada una terapia negativa, que consistía en desvalorar a los niños e indicarles que eran tartamudos ante cualquier imperfección verbal. Aquellos pequeños que formaron parte del grupo de refuerzo negativo, además de graves consecuencias psicológicas, sufrieron problemas para hablar durante toda su vida. En el año 2001 la Universidad de Iowa se disculpó por este experimento, el cual había sido apodado "Monstruo" debido al uso de huérfanos para su realización.



Abuso animal



En un intento de observar las consecuencias de la adicción a las drogas, un grupo de investigadores utilizó monos que comenzaron a entrenar para inyectarse a sí mismos cocaína, morfina, codeína y anfetaminas, entre otras. Una vez que lograron hacerlo, se los colocó en una serie de jaulas con una gran cantidad de sustancias. Algunos de los monos que tomaban cocaína sufrieron convulsiones y se arrancaron sus propios dedos; otros, rompieron sus brazos al intentar escapar. Aquellos que tomaban anfetaminas, arrancaron su propia piel. Finalmente, muchos de ellos murieron a las 2 semanas de haber comenzado el experimento.

La cárcel de la mente


Philip Zimbardo, psicólogo de la Universidad de Stanford, presentó un experimento en el año 1971 para estudiar cómo se asumen ciertos roles en la sociedad, aunque su verdadero objetivo era estudiar el surgimiento del mal en el ser humano. Para ello, utilizó a estudiantes que eligieron ser guardias o prisioneros. En un principio, ninguno de los dos grupos ejerció poder sobre el otro. Sin embargo, un día después, los prisioneros realizaron un motín que provocó una reacción severa en el grupo de guardias. Ellos establecieron un régimen de privilegios: aquellas personas que carecían de ellos, por ejemplo, eran privados de un baño. Como consecuencia, los prisioneros empezaron a sufrir síntomas depresivos, trastornos emocionales, pérdida de identidad e indefensión aprendida. Luego de 5 días, Zimbardo dio como finalizado el experimento.

Reasignación sexual

Entre los años 1971 y 1989, bajo el mando del Dr. Aubrey Levin, el ejército del Apartheid comenzó su lucha contra la homosexualidad en sus filas. Los psiquiatras del ejército enviaban a todo soldado que parecía ser gay o lesbiana a unidades militares para enfermos mentales. Una vez allí, les daban medicamentos para "curar" su condición sexual. Si no respondían a ese tratamiento, se les aplicaba electroshock, tratamiento hormonal, castración química u operaciones de cambio de sexo, de las cuales se realizaron alrededor de 900.



Manipulación mental


El proyecto MK-Ultra, que fue llevado a cabo por la División de Inteligencia de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos), tenía como objetivo realizar estudios para examinar métodos de influencia y control de mentes, además de crear mecanismos para extraer información de sujetos que se resistan a darla durante interrogatorios. En nombre del programa se realizaron muchas actividades ilegales: sometimiento de ciudadanos canadienses y norteamericanos que ignoraban las condiciones de la investigación, uso de drogas como el ácido lisérgico, aislamiento, abuso sexual y diversos métodos de tortura. Los principales centros en los cuales se llevó a cabo este proyecto fueron universidades, cárceles, instituciones mentales y empresas farmacéuticas.


Un cambio trágico



David Reimer nació en Canadá en el año 1965. Ocho meses después de su nacimiento fue sometido a una circuncisión fallida y, como consecuencia, su pene quedó inutilizable. Sus padres, muy angustiados, visitaron al psicólogo John Money, un psicólogo que defendía la teoría de que la orientación sexual es cultural: sugirió a los Reimer realizar un cambio de sexo a su hijo para convertirlo en "Brenda". David tomaba suplementos hormonales y vivía como cualquier niña, aunque estaba bastante confundido con respecto a su identidad debido a que se sentía incómodo siendo mujer. Sus padres decidieron decirle la verdad a la edad de 14 años y David decidió volver a ser hombre. Aunque dejó de tomar estrógenos y le reconstruyeron un pene, David nunca pudo tener una vida plena. Se suicidó a los 38 años.


Experimento Tuskegee




En 1932 médicos financiados por el Gobierno de EE.UU. iniciaron en Tuskegee, Alabama, un experimento que tenía como objetivo estudiar la progresión natural de la sífilis sin la ayuda de tratamiento. A lo largo de 40 años, 399 pacientes sifilíticos, la mayoría de ellos pobres, negros y aparceros analfabetos, creyeron que se les estaba proporcionando asistencia médica estatal gratuita, mientras que en realidad no recibían tratamiento alguno y ni siquiera sabían que tenían sífilis. Al mismo tiempo, los médicos seguían controlando su estado de salud para ver si se daba algún caso de autocuración de la enfermedad.


Al final del estudio, solo 74 personas de los enfermos seguían con vida. 28 pacientes murieron directamente a causa de la sífilis, 100 murieron a causa de complicaciones relacionadas con la enfermedad, 40 esposas de los pacientes fueron infectadas


.El Proyecto Aversión (Aversion Project)


Con la ayuda de psiquiatras del Ejército y capellanes militares, el régimen del 'apartheid' de Sudáfrica se libraba de los homosexuales en las fuerzas armadas del país. Tras confesar su orientación sexual eran enviados a un hospital militar cerca de Pretoria, a un lugar llamado 'la Sala 22'.

Allí, entre 1971 y 1989, muchas de las víctimas fueron sometidas a castraciones químicas y a descargas eléctricas con el fin, teóricamente, de curarlas de su "condición" homosexual. 900 hombres fueron sometidos a cirugías forzadas de "reasignación sexual". Los hombres fueron convertidos quirúrgicamente en mujeres en contra de su voluntad y devueltos a la vida civil sin los medios para costear las caras hormonas necesarias para mantener su nueva identidad sexual.

Estudio STD de Guatemala



En 1947, cuando se descubrió que la penicilina era útil para curar la sífilis, el Gobierno de Estados Unidos decidió enviar prostitutas sifilíticas a los presos, enfermos mentales y soldados de Guatemala, ninguno de los cuales dio su consentimiento para participar en un experimento. Si un hombre lograba evitar la infección, la enfermedad le era inoculada. Una vez infectadas, algunas víctimas eran tratadas con penicilina y otras no para estudiar las diferencias de reacción. Alrededor de un tercio de las aproximadamente 1.500 víctimas no recibió penicilina. Más de 80 'participantes' en el experimento murieron.


Experimentos con agente naranja





De 1965 a 1966, el doctor Albert Kligman, financiado por Dow Chemical, Johnson & Johnson y el Ejército de Estados Unidos, llevó a cabo lo que se consideraba "una investigación dermatológica" de aproximadamente 75 prisioneros, en el marco de la cual estudió los efectos del herbicida conocido como 'agente naranja' en los seres humanos.
A los prisioneros se les inyectó dioxina (un subproducto tóxico del agente naranja) en una cantidad 468 veces mayor a la originalmente requerida por el estudio. Como resultado, los presos desarrollaron cloracné (acné severo combinado con espinillas, quistes, pústulas) en la cara, las axilas y las ingles. Mucho tiempo después de que terminaran los experimentos los presos continuaron sufriendo los efectos.


Cáncer negro



Desde 1960 hasta 1971, Eugene Saenger, radiólogo de la Universidad de Cincinnati, condujo un experimento para el que expuso a 88 pacientes con cáncer, pobres y en su mayoría negros, a radiaciones en todo el cuerpo. Las víctimas no firmaron ningún formulario de consentimiento, ni fueron informados de que el Pentágono financiaba el estudio. Simplemente les dijeron que recibirían un tratamiento que les podría ayudar. En una hora recibieron el equivalente a cerca de 20.000 radiografías, como resultado de lo cual sufrieron náuseas, vómitos, dolor de estómago severo, pérdida del apetito y confusión mental. Un informe de 1972 indicó que hasta una cuarta parte de los pacientes murieron a causa de la radiación.


Experimentos en esclavos


El hombre considerado el padre de la ginecología moderna, James Marion Sims, llevó a cabo numerosos experimentos en esclavas en EE.UU. entre 1845 y 1849. Mujeres con fístulas vaginales y desgarros entre la vagina y la vejiga fueron sometidas a operaciones sin anestesia. Como eran esclavos no tenían voz para protestar. Algunas pasaron un máximo de 30 operaciones.

Segunda Guerra Mundial: auge de experimentos




Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1942 los alemanes de la Luftwaffe sumergían a prisioneros desnudos en agua con hielo durante un máximo de tres horas para estudiar los efectos de las bajas temperaturas sobre los seres humanos y para idear maneras para conseguir que una persona con hipotermia volviera a entrar en calor.
Otros prisioneros fueron sometidos a estreptococos, tétanos y mionecrosis o les ataban los vasos sanguíneos para crear heridas artificiales "como las del campo de batalla" y les introducían partículas de vidrio en las heridas para agravarlas. El objetivo era probar la eficacia de la sulfonamida, un agente antibacteriano.

El famoso doctor nazi Josef Mengele inyectó varias sustancias químicas en gemelos, e incluso juntó a dos cosiéndolos para crear gemelos siameses.

Los experimentos japoneses son ejemplo de atrocidades aún mayores: extremidades del cuerpo fueron amputadas y luego cosidas en otras partes del cuerpo. Las extremidades de las víctimas fueron congeladas y volvieron a descongelarse, resultando en gangrena. Diversas bacterias y enfermedades se inyectaron en prisioneros para estudiar sus efectos. La Unidad 731, al mando del comandante Shiro Ishii, llevó a cabo estos experimentos en el nombre de la investigación biológica. El general estadounidense Douglas MacArthur concedió a Ishii la inmunidad a cambio de información bacteriológica obtenida mediante estos experimentos macabros.

Proyecto 4.1

El Proyecto 4.1 fue un estudio médico realizado en los nativos de las islas Marshall, que en 1952 fueron expuestos a lluvia radioactiva tras una prueba nuclear en el atolón de Bikini. En lugar de informar a los residentes de la isla de su exposición y de tratarlos mientras eran estudiadas, EE.UU. prefirió simplemente esperar y ver los resultados de la exposición. Después de la primera década, la cantidad de los niños con cáncer de tiroides creció significativamente por encima de los índices normales. En 1974, casi un tercio de los isleños habían desarrollado tumores.
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