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Los hombres torpedo aliados



Durante la Segunda Guerra Mundial el ejército británico diseñó (partiendo de los Maiale italianos) un torpedo tripulado para acabar con buques enemigos. Su misión no era suicida, como cabría pensar, pues los dos buceadores que lo manejaban los abandonaban de él antes de la detonación. La Royal Navy los llamó Chariots. Su funcionamiento era relativamente sencillo, aunque sumamente peligroso para los pilotos. Y es que, la idea era crear un pequeño submarino de 10 metros de largo y 1 de diámetro, cargado con un explosivo magnético y tripulado por dos buzos. Éstos iban equipados con un aparatoso traje de submarinismo.Tras salir de los buques nodriza los tripulantes de los Chariots navegaban lentamente hasta los navíos enemigos, depositaban la bomba y, tras activar el temporizador, se alejaban lo más rápidamente posible del lugar.



El último ataque de estas armas durante la Segunda Guerra Mundial fue, el 27 de octubre de 1944, el ataque al puerto de Phuket y fue un ejemplo de perfección. El subteniente Eldridge y su número dos, el suboficial Sidney Woollcott, recibieron la orden de asaltar este puerto tailandés ocupado por los japoneses. Junto a ellos, a su vez, se envió al suboficial W. S. Smith y al marinero Bert Brown. Los primeros viajarían en el Chariot "Tiny" y los otros en el "Slasher". Las máquinas en las que iban montados contaban con una autonomía de entre cinco y seis horas y alcanzaban una velocidad de hasta cuatro nudos y medio.



Aquella noche lucía la Luna llena que ofrecía la suficiente luz a los enemigos como para detectar a los Chariots. Aquel ataque suponía el colofón a un entrenamiento de semanas tanto en el agua como en la selva de Sri Lanka, donde se les había enseñado a sobrevivir. Cuando se lanzaron al agua, esta estaba tibia, clara. Era muy diferente a las heladas aguas del Reino Unido en las que se habían entrenado. Partieron sobre las 22:00 horas y el Tiny llegó al barco enemigo a las 00:30. Estuvieron fuera del agua hasta que vieron el barco japonés. Entonces se sumergieron hasta que llegaron hasta el casco, que estaba cubierto de percebes. Al llegar, los dos submarinistas trataron de unir el explosivo al casco, pero este estaba tan sucio que fue imposible. Los imanes no se adherían. Por ello, decidieron unirlo con una abrazadera a la quilla. Conectaron el temporizador para seis horas más tarde. A las 6:32 el barco japonés explotó. Lo mismo sucedió con el que habían asaltado los tripulantes del Slasher que, además se hundió rápidamente. Habían mandado al fondo del mar a dos barcos enemigos y lo habían hecho sin una sola baja. Posteriormente, el gobierno británico les condecoró por la acción… a través del correo.








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