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Los israelíes sobresalen en el camuflaje de la expulsión de


Los israelíes sobresalen en el camuflaje de la expulsión de los palestinos



Un inventario de los métodos de expulsión y sus diversas formas de ocultamiento

Así como que los descendientes de un pueblo eran desterrados de sus hogares y de sus diversos países de origen a lo largo de la historia, nosotros, los israelíes hemos desarrollado nuestras propias habilidades de expulsión -habilidades que no avergonzarían a reyes, nobles y funcionarios de los gentiles-. Nuestra contribución a la familia de las naciones que destierran es grande, especialmente teniendo en cuenta nuestra corta existencia como entidad soberana.

Después de la gran expulsión de entre 700.000 y 800.000 palestinos en 1948 volvimos con expulsiones de pobladores en menores cantidades y perfeccionándonos en el camuflaje de ellos bajo varias definiciones legales o haciendo variaciones de teorías circunstanciales. La burocracia civil y militar israelí no intenta lavar sus actos con alguna guía ideología única. Pero el espíritu de Avigdor Lieberman, Naftali Bennett, Rehavam Zeevi y Yosef Weitz observan desde arriba.

He aquí un inventario de los métodos de expulsión en sus diversas ocultaciones:

1. "Dejar de ser residente". El control de Israel del registro de población palestino le permitió expulsar a unos 250.000 palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza entre 1967 y 1994 revocando su condición de residentes (debido a que se quedaron en el extranjero más de siete años). Estas cifras fueron proporcionadas por el ministerio de Defensa para HaMoked: Centro para la Defensa del Individuo, en 2011 y 2012. Hay que agregar a esta cifra unos 100.000 palestinos (al menos), que huyeron o fueron expulsados ​​de Cisjordania y Gaza durante la guerra de junio de 1967 y no estuvieron presentes durante el censo realizado ese verano. No se les ha permitido regresar a sus hogares. Los israelíes que han emigrado a Los Ángeles, es preciso señalar, continúan siendo israelíes.

2. "Engaño." Los Acuerdos de Oslo hablan de un mecanismo para el retorno gradual a la Ribera Occidental y la Franja de los que “perdieron” sus tarjetas de identidad en 1967. Más tarde, los representantes israelíes en las negociaciones afirmaron que la intención era para los que habían perdido físicamente sus tarjetas de identificación, no la condición de residentes en sí. Entre tanto, aquí tenemos otra sección del acuerdo que Israel no está llevando a cabo, al tiempo que exige a los palestinos asumir sus compromisos en su totalidad.

3. El control continuo del registro de población palestina en Cisjordania y Gaza, 20 años después del establecimiento de la Autoridad Palestina, permite que israel siga evitando que cientos de miles de personas regresen a sus hogares y familias. También le permite aprobar que sólo unas decenas de miles de personas regresen mediante el gesto de buena voluntad de "reunificación familiar".

4. Definir como "residentes permanentes" a los palestinos nacidos en Jerusalén Oriental es una condición que aparece como una especie de favor que los países conceden, igual que el que otorga a un sacerdote de las Filipinas, por ejemplo, que quiere vivir en la Tierra Santa según las reglas del gobierno israelí. Sin embargo, este es un favor con una condición: al que vive en el extranjero durante siete años se le revoca ese favor. Su estatuto de residente permanente se revocará. Pero los palestinos nacidos en Jerusalén son lo que son: nacido allí. En la Jerusalén palestina. No eligieron vivir bajo el Gobierno israelí, es Israel el que los ocupó. Y es Israel el que decidió que todo el que vive y trabaja en el extranjero (incluso en la Ribera Occidental, un kilómetro al norte de sus hogares) pierda la condición de residente permanente. En otras palabras más simples es esto: No se les permitirá regresar. Desde 1967 hasta finales de 2013, Israel expulsó a 14.309 palestinos nacidos en Jerusalén de esa manera (de acuerdo con la información que el Ministerio del Interior dio a HaMoked). ¿No son tantos? Piense en los 7.000 colonos "víctimas" de la Franja de Gaza y el ruido que todavía están haciendo porque su proyecto de robo de tierras y del agua llegó a su fin en 2005. La espada de la expulsión está tranquilamente flotando sobre las cabezas de todos los palestinos de Jerusalén, oculta bajo la cubierta de las leyes de Israel y de su gloria.

5. Los beduinos. ¿Quién hace su escrutinio? Siempre los están expulsando. De las fuentes, de las tierras de pastoreo, a causa de campos de tiro militares. Debido a las reservas naturales. En la década de 1990 fueron los desterraron al vertedero de Abu Dis para hacer sitio a otro barrio de Ma'aleh Adumim. Ahora hay planes de expulsar a otros grupos de beduinos a una ciudad que se construirá al norte de Jericó.

6. Los beduinos. ¿Quién hace su escrutinio? (II) Con el silencio mediático, unas docenas de beduinos de la tribu Kaabneh, que había vivido en el este de Jerusalén desde la década de 1950, fueron expulsados ​​de Cisjordania.

7. "Área C" Incluso antes de definirla así el ejército israelí y la administración civil implementaron reglas draconianas (solo para los palestinos) en cuestiones de vivienda, construcción y agricultura. Esta es la razón por la que sólo unos 300.000 palestinos -el 12% de los residentes- viven en un 60% del área de Cisjordania. A los residentes de las aldeas "no reconocidas" se les obliga a trasladarse a los enclaves de las zonas A y B.

8. En 2002 Israel expulsó a Gaza a 26 de los palestinos que fueron sitiados en la Iglesia de la Natividad en Belén. Les prometió que podrían regresar después de dos años. Desde entonces ellos, sus esposas e hijos están viviendo en Gaza, en el exilio, a 70 kilómetros de las casas donde nacieron. Los judíos son un pueblo misericordioso, dos o tres veces permitieron a los padres ancianos visitar a sus hijos.

9. Hacer la vida insoportable en los enclaves. Las posibilidades de que un joven palestino encuentre trabajo se están reduciendo, sobre todo debido al control israelí de la mayor parte del territorio de la Ribera Occidental y también por las limitaciones de movimiento que impone. El 20% de los residentes de la Ribera Occidental y el 40% de los residentes de la Franja de Gaza dicen que les gustaría emigrar. Y no olvidemos a los jóvenes de Jerusalén Oriental, cuyos puestos de trabajo con los patrones judíos son a menudo una trampa para los ataques racistas. ¿Es posible que los expertos demográficos israelíes no sean conscientes de que la relación entre las dificultades económicas, la falta de un horizonte político y profesional y los ataques militares y racistas, generen el deseo de salir?
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