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Los siete pecados capitales.

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Galería de imágenes de los siete pecados capitales personificados como bellas mujeres, y vos, con cuál te indentificás?

Avaricia.
La codicia es, como la lujuria y la gula, un pecado de exceso. Sin embargo, la codicia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular. Tomás de Aquino escribió que la codicia es "un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales."

Ni una sonrisa de sus deliciosos labios, ni una mirada de sus ojos verde esmeralda; ni un paso de más, a no ser para trasladarse a nuestro lecho de ensueños; no pronunciará tampoco palabra alguna, a no ser para dejarme saber, susurrando apenas, cuánto tiempo falta para que debamos ensamblar las manos una vez más, y recibir la tibia corriente de nuestros mares interiores, que se esmeran en invadirnos en cada ola provocada, sólo para nosotros.
No pienso dejar nada para deleitar los sentidos de viles profanos, ni los tonos fluorescentes de su sombra, y menos aún el aliento que exhala.


Pereza.
La pereza es el más “metafísico” de los Pecados Capitales en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. Es también el que más problemas causa en su denominación. La simple “pereza”, más aún el “ocio”, no parecen constituir una falta.

Y ya no ambiciono nada más en esta vida, tan sólo reposar, disfrutando el poder soñar con esa companía, que de existir, sería para mí lo que representa un sorbo de agua fresca para el náufrago sediento.
No deseo despilfarrar otra energía, que no sea tan sólo para imaginarla, para rodear su cintura si camináramos sobre la alfombra roja que iría desplegándose ante cada uno de sus
pasos; no pienso moverme de donde da gusto observar el misterio del tiempo, sin hacer nada más que entregarme a esa burbuja en estado de suspensión emotiva, atrapando la inmensidad de cada segundo que transcurre, amándola siempre, más allá de su ausencia que me produce el agobio, de saberme un agnóstico solitario.


Soberbia.
En algunas enseñanzas religiosas la considera como una forma de idolatría en la que uno rechaza a Dios por lo que hace él mismo

Sólo yo puedo sentir el legítimo orgullo que me invade, por la íntima satisfacción que siento, devorándome su ser en cada beso; dejándola sin aliento en cada abrazo, hasta me cuesta creer que no es un sueño su cautivante realidad; y he ostentado, sí, altaneramente, ensoberbecido ante su belleza subyugada, el haber alcanzado un triunfo magnánimo, y en tal condición me siento. Me siento una especie de general romano, recorriendo orgullosamente los territorios conquistados, mientras la plebe murmura, admirándolo a su paso triunfal.


Envidia.
Como la codicia, la envidia se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo, difieren por dos grandes razones: Primero, la codicia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta.

Cintas rojas a su paso, como una telaraña constante, como un telón entrelazado que la rodee perennemente, pues sé que desde que existe, no hay una sola fémina en el mundo que no deseara emular - en vano desde luego - sus misteriosos y encantadores destellos que irradia con su sola presencia.
Rechazará entonces con una coraza de cristal ornamentada con esas cintas, todo atisbo de pérfidos pensamientos de quienes ni en sus sueños más ambiciosos, podrían llegar siquiera a esbozar una sonrisa, como la que despliega ella para que sepa el mundo que es feliz, abarcándolo todo tan sólo entreabriendo sus labios.


Lujuria.
La lujuria es usualmente considerada el pecado que incluye pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual. La lujuria insatisfecha puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas y/o transgresiones incluyendo (pero no limitadas a) adicción al sexo, adulterio y violación.

Acaricio descalzo sus mesetas de terciopelo, para poder sentir cada vez que parto desde allí, el alborozo del viaje hacia un placer sublime.
Elijo entonces al azar cualquiera de sus exultantes hemisferios..
Arribamos así, a una sincronía armónica en sensuales contorsiones, uno dentro del otro; recorriendo cada huella del gemido, procurando siempre que ese tránsito no sea nada más que la invitación a comenzar todo de nuevo, una y otra vez.
Con mi lascivia compartida, no han de culminar nunca los ardientes viajes hacia nuestros territorios más recónditos y atrevidos.


Gula.
Actualmente la gula o glotonería se identifica como el consumo excesivo de comida y bebida, aunque en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este pecado. Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria, la gula también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo.

Celebro alborozado, íntimos festejos con selectos amigos, por ser el amo de ese universo irreverente y majestuoso. Luego de exquisitos platos elaborados especialmente para despertar aún más el apetito, llega el turno de carnes rojas y blancas, ciervos y faisanes, cochinillos y pavita, rociado todo, desde ya, con litros de generosos y añejos vinos.
Es tal la abundancia, que no dudamos en provocarnos vómitos, para vaciar nuestros estómagos y seguir deleitándonos con esos pantagruélicos banquetes.
A la hora de los postres, verdaderos manjares recubiertos de cremas y frutas frescas, confabulan para provocar el brindis por un nuevo inicio.


Ira.
La ira puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacía uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias manos), fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros.

Que nadie ose ofenderla con elogios; o deleitarse a través de la sola contemplación de sus encantos; que se tapen los oídos cuando habla, pues hay sinfonías y arias que sólo nacieron para el deleite de oídos sensibles, como quien estaba viviendo dentro de su ser, en natural amalgama, al hacer ella lo propio con el mío.
Ríos de sangre correrán para los audaces y pérfidos aduladores; espadas candentes en los ojos de quienes denodadamente pretendan regocijarse con su imagen.
La protegeré con toda la furia que emerge desde mi alma, a mi ninfa de las flores, sin remordimientos por los hayes de quienes osaren invadir el etéreo espacio que ocupa.



Saludos langas
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