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Los sobrevivientes del Titanic





LOS SOBREVIVIENTES DEL TITANIC



LA BRUTALIDAD DEL SALVAMENTO Y LAS HORAS DE ANGUSTIA



La conmoción que sacudió al mundo al conocerse el hundimiento del Titanic, en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, ha sido sustituida por la curiosidad. Desde esa fecha, en que perecieron 1.513 personas de las 2.224 que transportaba el transatlántico Titanic en su viaje inaugural desde Southampton, en el sur de Inglaterra, hasta Nueva York al colisionar con un gigantesco iceberg, el interés por conocer los detalles del desastre no han cesado.


Y cada día reviven viejas historias. Como la de cuatro emigrantes españoles que sobrevivieron al naufragio del vapor y que emigraron a Cuba tras las tragedia.
El relato de su angustia está en las páginas del periódico cubano "La Discusión" del 29 de abril de 1912. Fue el día en que llegaron a La Habana, quince días después de que se hundiera el lujoso transatlántico.
Emilio Pallás, un panadero de 29 años, las hermanas Florentina y Asunción Durán, de 30 y 26 años, de Lérida, y Julián Padró, un chófer barcelonés de 26 años, fueron algunos de los afortunados supervivientes españoles.
A los cuatro les costeó el viaje desde Nueva York a La Habana una compañía naviera norteamericana (les dio pasajes en primera clase en el buque "Monterrey" y a su llegada a la capital cubana se alojaron en el hotel "Perla de Cuba". Nunca más tomaron un barco. Se quedaron en Cuba hasta su muerte.

Emilio Pallás y Julián Padró relataron que, después de la cena el domingo 14 de abril de 1912, "nos recogimos en nuestros camarotes y cuando ya habíamos conciliado el sueño, fuertes golpes dados a la puerta nos despertaron".
"Salgan enseguida que hay peligro afuera", les comunicó un amigo argentino, y "en ropa interior y envueltos entre sábanas salimos a uno de los pasillos".

Los dos describieron como "algo verdaderamente horrible" la lucha que se estableció entre los pasajeros para ganar los botes salvavidas.
"Los marineros y empleados, con hachas unos y con revólveres otros, hacían retroceder a los hombres mientras conducían a las mujeres y a los niños".
En aquél dramático cuadro, recordaron que "el que caía al suelo se podía considerar muerto y si lograba ponerse de pie, era manando sangre de las heridas que recibía por los pisotones de los demás".
Padró relató que se dejó deslizar por una de las sogas y "llegué al bote con toda felicidad", pero su compañero no tuvo igual suerte y fue detenido por un marinero que lo echó hacia atrás, "pero con una maniobra logró ganar la barandilla y se dejó caer sobre el bote, lo que provocó que se dislocara un pie".
"La balsa salvavidas -precisó Padró- por fin llegó al agua no sin antes recibir a otros náufragos que caían del cielo. Nuestra salvación fue un milagro, pues fuimos de los últimos en separarse del Titanic".

Las hermanas Florentina y Asunción declararon que "no a todos se les permitió subir" a los botes salvavidas y como ejemplo citaron el caso de una persona que "llegó nadando hasta nuestro bote y le cortaron de un cuchillazo la mano", mientras que "a otras hubo que matarlas a tiros".
Las dos hermanas relataron con mucha claridad los últimos momentos del Titanic. "se hundió de proa, las luces se apagaban poco a poco, hasta que se oyó un estampido y una enorme columna blanca".
"Recordamos con horror los desesperados gritos de los que se hundierón con el barco", dijeron.
Los cuatro sobrevivientes españoles calificaron de "horribles" las escenas de los náufragos cuando eran trasladados a Nueva York en el buque "Carpathia" que los salvó de morir congelados.


El vigía del Titanic


Frederick Fleet, que en la noche del 14 de abril dio el grito de ¡iceberg! cuando ya era demasiado tarde para evitar la colisión, aunque sobrevivió a la tragedia -se suicidó en 1965-, nunca dejó de autoinculparse por no haber visto la enorme montaña de hielo antes. "Si hubiera tenido unos prismáticos habría podido evitar muchas muertes", no se cansaba de repetir a los que querían escucharle.
La British Titanic Society y la norteamericana Titanic Historical Society han querido honrar su memoria colocando una lápida en su honor, con su nombre seguido de la frase "Vigía del Titanic" y una imagen del barco. Lo han hecho sobre la tumba de beneficencia, sin nombre, donde hace más muchos años reposan sus restos.
Los sobrevivientes afirmaron que no tuvieron interés en la película por el temor de revivir uno de los momentos más trágicos de su existencia, el dramático abandono del barco, dejando atrás a seres queridos y las horas pasadas en los botes salvavidas a la espera de ser rescatados.


¿Una profecía?


La tragedia del «Titanic» fue relatada por un escritor 14 años antes de que sucediera con una exactitud sorprendente. En 1898, Morgan Robertson describió en «El naufragio del "Titán" o inutlidad» el hundimiento de un barco llamado «Titán» tras chocar con un iceberg. Como el «Titanic», este barco literario era de origen británico, realizaba su primer viaje, era el más lujoso y más grande jamás diseñado y chocaba con un gigantesco bloque de hielo cerca de Terranova una noche de aparente calma del mes de abril. Uno y otro recibieron el impacto también por el lado de estribor.
Otras de sus novelas, describían batallas entre Inglaterra y Alemania en las que intervenían submarinos, aviones y cohetes, como sucedería en la Segunda Guerra Mundial.
Robertson era un marino retirado que estaba convencido que eran unos «guías espirituales» -es asombroso- los que le indicaban lo que debía escribir. Lo cierto es que su relato llega a coincidir incluso en los avances técnicos del «Titanic». El «Titán», igual que el transatlántico que se hundió en 1912, era el primero en llevar tres hélices y un avanzado sistema para la época de bloqueo automático de las puertas con la fuerza del agua. Sin embargo, Éste no fue el único presagio de este escritor que fue encontrado muerto a la edad de 54 años, apoyado de pie en una cómoda mirando al mar. En 1909, escribió sobre un ataque sorpresa de Japón a una base norteamericana que daba comienzo a una guerra, describiendo el ataque a Pearl Harbor en 1941.



TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE



"En marzo de 1912, navegamos a Marsella, Francia. Mientras estuvimos allí, reservamos pasaje en el Titanic para navegar en la primera travesía de éste a Nueva York. La fecha de partida era el 10 de abril de 1912. Tuvimos que dejar a nuestro padre en Marsella porque, debido a una infección en el ojo, no pasó el examen físico que se requería."
Mi tío sonrió y exclamó:
"¡Fue un cambio de sucesos muy afortunado para él!"
- A continuación, dijo:
"Mi hermana tenía 14 años de edad y yo tenía 12 años cuando nos embarcamos en el Titanic. Nos entristeció el dejar a nuestro padre, pero nos entusiasmó el estar a bordo del paquebote real Titanic, el navío más grande, más rápido y más lujoso de aquella época... ¡y, según se decía, no podía hundirse! Había más de 2.200 personas a bordo, entre las cuales estaba alguna de la gente más acaudalada y más influyente de aquel tiempo.

Muchos estaban a bordo del Titanic para celebrar el viaje inaugural. El hacer esto era como un símbolo de distinción entre las personas prominentes de la sociedad. El barco iba a la velocidad que se esperaba. La llegada a Nueva York se había fijado para el miércoles 17 de abril. El agua estaba tranquila y el tiempo fresco, como era de esperar en abril.

"El domingo 14 de abril, nuestro quinto día en el mar, el tiempo se puso excepcionalmente frío... era un frío tan crudo que muy pocas personas estaban afuera en la cubierta de paseo. Supimos que se había advertido que había icebergs en la región. No se creía que apareciera ninguno en el rumbo del barco, de modo que el Titanic siguió adelante a toda velocidad. Pero, el capitán del Californian, otro barco que se hallaba en el Atlántico Norte, envió al Titanic una advertencia por radio de que se habían visto icebergs en nuestro rumbo. No se hizo caso de este mensaje. El precio que se pagó por la confianza excesiva del capitán Smith ciertamente fue muy alto: casi 700 compañeros tripulantes y más de 800 pasajeros.

"A eso de las 11:45 de la noche del domingo 14 de abril mi hermana y yo nos despertamos al sentir una sacudida. Ella estaba en la litera superior del camarote y gritó:
'¡Algo está mal!'
"'Vuelve a dormir" - le dije a ella -. "Te preocupas demasiado".
Poco después, cierto hombre de edad avanzada, a quien conocimos a bordo del barco y que mostró un interés paternal por nosotros, vino a nuestro camarote y nos dijo de manera tranquila:
"Salgan del camarote y suban a la cubierta superior. No se molesten en llevar sus pertenencias por ahora. Vendrán por ellas más tarde".

"Teníamos boletos de tercera clase, lo cual significaba que podíamos subir a la cubierta de segunda clase. Pero los que tenían boletos de segunda y tercera clase no podían pasar por una entrada custodiada que llevaba a la cubierta superior de primera clase. No obstante, se nos dijo que sería prudente que subiéramos a la cubierta superior de primera clase a fin de tener mayor oportunidad de meternos en un bote salvavidas. La única manera de lograr esto era por medio de subir cinco o seis cubiertas desde la cubierta de tercera clase por una escalera de hierro hasta llegar a los botes salvavidas que quedaban arriba. Hicimos esto con mucha dificultad, pues a mi hermana se le hizo difícil subir la escalera de hierro. Pero con la ayuda de otros pasajeros logramos hacerlo".

"¡Qué espectáculo! Quedaban pocos botes salvavidas. La tripulación solo estaba permitiendo que las mujeres y los niños subieran a bordo de los botes salvavidas... no había suficientes botes para todos. Vimos a mujeres llorando porque no querían abandonar a sus esposos; esposos suplicando a sus esposas e hijos que se apresuraran a meterse en los botes salvavidas. En medio de este tremendo desorden e histeria en masa estábamos mi hermana y yo, dos niños inmigrantes que no sabían hablar inglés, que estaban más asustados de lo que uno pudiera pensar, y que iban llorando en busca de ayuda.

"Estaban llenando el último bote salvavidas. Un caballero de mediana edad estaba con su esposa jovencita que estaba encinta. Le ayudó a entrar en el bote salvavidas, luego echó una mirada hacia la cubierta y vio que otros querían ir a bordo. Dio un beso de despedida a su esposa, y, al regresar a la cubierta, agarró a la primera persona que halló en su paso. Felizmente, yo estaba en el lugar apropiado al tiempo apropiado, de modo que él me puso en el bote salvavidas. Grité para que ayudaran a mi hermana que se había quedado paralizada de miedo. Con la ayuda de otras personas, a ella también la metieron en el bote salvavidas. ¿Quién fue el valiente que ejecutó este acto de bondad? Se nos dijo que fue John Jacob Astor IV.

En aquel entonces, él tenía 48 años de edad y su esposa, Madeleine, tenía 19 años de edad. Estaban viajando a los Estados Unidos porque querían que su hijo naciera allí. Se escribieron muchos relatos en los periódicos acerca de cómo John Jacob Astor dio su vida por un inmigrante joven. Los registros de la familia Astor indican que, según la señora Astor, el señor Astor había reñido con un miembro de la tripulación que trató de impedir que él ayudara a su esposa a entrar en un bote salvavidas. El la ayudó de todos modos. Y, como dije, la besó y, al regresar a la cubierta, se puso a ayudar a otros a entrar en el bote salvavidas.

Yo estaba feliz de estar en el bote salvavidas, pero aún sentía tristeza por los que quedaron en el Titanic. Al mirar atrás hacia aquel barco grande y hermoso pude observarlo desde una perspectiva diferente y, como algunas de las luces todavía estaban encendidas, pude ver el tamaño y la belleza del barco. En la quietud de la noche, y puesto que el agua conducía tan bien el sonido, podíamos oír la orquesta tocando en la cubierta y a la gente cantando "Más cerca de ti, Dios mío". (Nearer My God To Thee)

La tripulación de los botes salvavidas alejó éstos del barco lo más que pudo. Se temía que hubiera una succión cuando el buque se hundiera por completo en las profundidades del océano. Eso no ocurrió, y tampoco hubo una explosión como habían creído algunos que habría. Las aguas estaban excepcionalmente tranquilas aquella noche, y eso fue afortunado, porque la mayoría de los botes salvavidas estaban muy llenos de gente.

"Según los registros, el Titanic se hundió a eso de las 2:20 de la mañana del 15 de abril de 1912. Lo vi hundirse poco a poco en el océano hasta que llegó a su horrible fin. El momento en que se hundió me dejó con el recuerdo de algo que me atormenta hasta el día de hoy. Es el recuerdo del sonido horripilante de los gemidos y gritos de la gente que pedía ayuda con desesperación al ser arrojadas violentamente a las aguas glaciales. Casi todos murieron debido a la exposición al agua fría. Los sonidos duraron unos 45 minutos y luego desaparecieron."

Mi tío se quedó callado por un rato mientras recordaba el suceso. Luego continuó diciendo:
"Se había enviado la señal S.O.S., la petición de auxilio, a eso de la medianoche. El barco Carpathia de la Cunard White Star Line la recibió. Este buque se hallaba a unos 93 kilómetros de distancia e inmediatamente dio la vuelta, abandonó su rumbo hacia Gibraltar y se dirigió a toda máquina al rescate. Llegó a las 4:30 de la mañana. Es de interés que el buque Californian estaba solo a 32 kilómetros de distancia de donde se hundió el Titanic, pero el radiotelegrafista no recibió la S.O.S. debido a que estaba libre de servicio. Los informes posteriores revelaron que el Californian sí vio cohetes de señales en la noche, pero creían que los pasajeros del Titanic estaban celebrando el viaje inaugural con fuegos artificiales.

"El Carpathia completó las operaciones de rescate a eso de las 8:30 de la mañana. Nuestro bote salvavidas fue uno de los últimos que rescataron. Después que se nos puso a bordo del barco, se nos arropó bien, se nos dio té caliente y nos acomodaron lo mejor posible dadas las circunstancias; me sentí feliz de estar vivo, aunque el abrigo y los zapatos que tenía puestos eran demasiado grandes para mí."
"Luego el capitán del Carpathia llamó a todos los sobrevivientes para que subiéramos a la cubierta y viéramos el iceberg. Según el recuerdo que se grabó en mi mente de niño de 12 años de edad, el iceberg era tan alto como una casa de dos pisos, mucho más ancho que ésta y tenía una especie de enorme chimenea. El barco nos dejó en Nueva York antes de continuar su viaje a Gibraltar, acto muy bondadoso de parte de la administración de la Cunard White Star Line. Llegamos a Nueva York el jueves 18 de abril a las 8:30 de la noche, y se nos llevó a los muelles de la Cunard White Star."

"Al recordar aquellas largas horas durante las cuales estuvimos en el bote salvavidas, ahora me parece milagroso que pudimos llegar a la seguridad del Carpathia. El frío crudo era casi insoportable. Nos apiñamos para mantenernos calientes. Las personas se comportaron amablemente las unas para con las otras. Recuerdo lo ventoso que estuvo sobre la cubierta del Carpathia. Los vientos habían aumentado a varios nudos por hora. Felizmente, los vientos no se desataron sino hasta que se terminó de ejecutar la misión de rescate. Si las aguas no hubieran permanecido tranquilas y sin olas durante ese tiempo, es dudoso que las operaciones de rescate se hubieran efectuado con tanto éxito."

"¿Murió alguno de los que estaban en los botes salvavidas?,"
- le pregunté.
"De entre las personas que estaban en nuestro bote salvavidas, supe de solo una que murió a causa del frío. Envolvieron el cuerpo en una sábana y lo echaron por la borda."
"¿Había algunos hombres en tu bote salvavidas?"
"Con la excepción de unos cuantos miembros de la tripulación que sirvieron de remeros, solo había mujeres y niños, tal como lo ordenó la tripulación. Una pareja joven que tenía un bebé engañó a la tripulación. La esposa fue muy lista; hizo que su joven esposo se vistiera de mujer, le cubrió la cabeza con un chal y le entregó el bebé. El estaba en un bote salvavidas y ella en el nuestro. Ambos fueron rescatados por el Carpathia."

"Al llegar a Nueva York, creíamos que se nos llevaría a la isla de Ellis para que pasáramos por los trámites de la inmigración. Pero, este procedimiento se suspendió debido al dolor y sufrimiento que ya habían aguantado los sobrevivientes. La Cruz Roja se encargó de la tarea de unirnos con nuestras familias. Mi hermano mayor, Isaac, estaba en Nueva York, y al encontrarnos con él sentimos una mezcla de gozo y tristeza. Mi padre seguía en Francia.
Pero, llegamos a la conclusión de que si él hubiera estado en el Titanic con nosotros, no habría sobrevivido debido a la regla de solo dejar subir a los botes salvavidas a las mujeres y niños. Quizás hasta hubiera afectado el que nosotros estuviéramos entre los sobrevivientes. Se nos habría hecho difícil abandonar a papá a bordo del Titanic mientras procurábamos nuestra propia seguridad. Felizmente, él llegó sano y salvo en otro buque tres meses después."



DOS ARGENTINOS HEROES SOLIDARIOS EN EL TITANIC



La tragedia naviera más famosa dejó historias de heroísmo y solidaridad.

Entre los pasajeros figuraban dos argentinos, Violeta Jessop, una mujer de familia irlandesa, nacida en Buenos Aires, que viajaba como parte de la tripulación; y Edgardo Andrew, un joven de Río Cuarto, que había estudiado en Inglaterra y se estaba mudando a Estados Unidos.

Violeta logró sobrevivir al Titanic y a otros dos naufragios más. Murió a los 84 años, en su casa de la campiña inglesa. Siendo anciana, recibió el llamado de una mujer que dijo ser la bebé que ella había salvado cuando el barco se hundía.

Edgardo, en cambio, figura entre los 1.522 que desaparecieron en las heladas aguas del Atlántico, aquella trágica noche de abril de 1912. Había logrado ponerse un chaleco salvavidas y acomodarse en uno de los botes, pero, viendo a una muchacha desesperada, se lo cedió y luego se arrojó al mar.

Violeta había nacido en 1887, en Buenos Aires. Era la mayor de los nueve hijos de un matrimonio de inmigrantes irlandeses. Cuando murió su padre, la familia regresó a Gran Bretaña. Su vida estuvo ligada al mar desde pequeña: su madre mantenía a la familia trabajando como camarera para distintas compañías navieras, y ella siguió ese camino desde muy joven.

En 1910, empezó a trabajar en la "White Star Line", como parte de la tripulación del barco "Olympic", entonces el más grande y lujoso del mundo. El 20 de setiembre de 1911, cerca de la isla de Wight (Inglaterra), chocó con el crucero "HMS Hawke".

Al año siguiente, ingresó como parte de la tripulación del Titanic. Violeta fue uno de los 705 sobrevivientes de ese desastre. Desde el bote salvavidas, vio cómo el barco se hundía, y soportó ocho horas de angustia y frío hasta ser rescatada por el "Carpathia".

"Me ordenaron que subiera a cubierta", le contó Violeta a uno de los diarios de su época . "Me reuní con otras camareras, mirando a las mujeres que abrazaban a sus esposos antes de ingresar a los botes con sus hijos. Poco después, un oficial del Titanic ordenó que abordáramos el bote. A medida que el bote descendía, un oficial me dio un bebé para que lo cuide. Y me arrojó un bulto al regazo", relató.

Una vez a bordo del "Carpathia", una mujer apareció de repente, le arrebató el bebé y se fue corriendo. "Yo tenía mucho frío y estaba demasiado aturdida para pensar en lo extraño que fue el que esa mujer no se detuviera para decirme "gracias".

No fue ese su último naufragio. En 1914 fue reclutada como enfermera de la Cruz Roja en el "Britannic", que el 21 de noviembre de 1916 se hundió en el Mar Egeo. Cuando trataba de dejar el barco, Violeta saltó al mar y se fracturó el cráneo con la quilla, pero alguien la tomó de un brazo y la subió a un bote.

Violet trabajó en el mar hasta 1929. En 1950 se retiró a vivir a la campiña inglesa, para criar animales y cuidar un pequeño jardín.

Siendo anciana, recibió la llamada de una mujer que se identificó como el bebé al que había ayudado a sobrevivir del hundimiento del Titanic. No le dijo su nombre, pero le dio las gracias por haberle salvado la vida.

Andrew, el otro argentino que viajó en el Titanic, era oriundo de Río Cuarto e hijo de ingleses. A los 17 años se fue a estudiar a Inglaterra. En 1912 abordó el Titanic para establecerse en los Estados Unidos.

Cuando el barco chocó con el iceberg, logró ponerse un chaleco salvavidas e ingresar en uno de los botes, pero, viendo a una muchacha desesperada, le cedió su lugar, para después arrojarse al mar.



LOS HUERFANOS DEL TITANIC



Los hermanos Michel y Edmond Navratil, de 4 y 2 años de edad, respectivamente, se subieron a uno de los últimos botes salvavidas con ayuda de su padre poco antes de que el Titanic se hundiese. Su padre no corrió la misma suerte y no salió del buque, por lo que los dos jóvenes se convirtieron automáticamente en huérfanos a bordo de ese bote. Conocidos como "Luis y Lola" en los artículos de la prensa, su madre pudo reunirse con ellos un mes después de la catástrofe.

Michel y Edmond Navratil, de 4 y 2 años, viajaban con su padre a Estados Unidos a bordo del Titanic. Su padre no pudo salir del buque naufragado, por lo que dejó a dos pequeños huérfanos sin manera de ser identificados.

Michel y Edmond se reunieron con su madre, Marcelle, en la ciudad de Nueva York un mes después del desastre del Titanic. Los padres de los niños se habían separado recientemente, y lo que se suponía que era una estancia de fin de semana con su padre se convirtió en una nueva vida en Estados Unidos sin Marcelle.




LOS PERROS DEL TITANIC



De todos los documentos de la empresa White Star -operadora de la nave-, y testimonios de los sobrevivientes, se sabe que a bordo del Titanic viajaban no más de 10 o 12 perros, todos ellos de pasajeros de primera clase.

Solo fueron 3 los perros que sobrevivieron al naufragio:

- "Sun Yat Sen", un Pekinés, propiedad de Henry Harper, un acaudalado empresario británico, quien junto con su esposa Myra lograron ser rescatados.

- "Lady", de raza Pomerania, que viajaba con su dueña Margaret Hays. Ambas fueron rescatadas del bote salvavidas número 7.

- Un otro Pomerania, del cual se desconoce su nombre, propiedad de Elizabeth Barrett Rothschild, quien viajaba junto a su esposo Martin Rothschild. Este último perdió la vida en el naufragio.

De los perros que perdieron la vida en el naufragio fueron:

- Un Chow-chow que viajaba con el señor Harry Anderson.

- "Kitty", un Airedale terrier del Sr. J. Astor.

- "Frou frou", un perro pequeño, que había sido adquirido pocas semanas antes en Florencia (Italia) por Helen Bishop, que se encontraba con su esposo de viaje de luna de miel por Europa.

- Un viejo Airedale terrier y otro perro de raza desconocida, propiedad de la familia Carter.

- "Gamin de Pycombre", un Bulldog frances propiedad de Robert Daniel. Su dueño sobrevivió al naufragio y meses después exigió a la empresa propietaria del Titanic la devolución de los 750 dólares que -sostenía en la demanda-, había pagado por su perro, una verdadera fortuna para la época.

- Un Gran danés, propiedad de Anne Isham.



LA ULTIMA SOBREVIVIENTE



Millvina Dean fue la última fallecida de los pasajeros que sobrevivieron al hundimiento del Titanic. La última que aún podía recordar el hundimiento era Lillian Asplund, ya que cuando ocurrió tenía 5 años, pero falleció el 6 de mayo de 2006 en Massachusetts, Estados Unidos. Además, al igual que su madre, siempre se negó a dar su testimonio del desastre. Barbara West, que tenía 10 meses y 22 días al momento del hundimiento, también falleció en octubre de 2007, por tanto, Millvina Dean (Elizabeth Gladys Dean), con 10 semanas en el momento del desastre, fue la persona más joven de todas las que embarcaron y la última fallecida de los sobrevivientes: murió el domingo 31 de mayo de 2009 en Inglaterra.




LOS RESTOS DEL TITANIC





link: http://www.tudiscovery.com/titanic/virtual_dive/titanic.swf




link: https://www.youtube.com/watch?v=c5cFoRLeVZw




link: http://www.youtube.com/watch?v=V6cl3GsxS-U




link: http://www.youtube.com/watch?annotation_id=annotation_422776223&feature=iv&src_vid=V6cl3GsxS-U&v=S8-sQ0NaZu0



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