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Los sueños ocultos del Nahuel Huapi

Los sueños ocultos del Nahuel Huapi
En otras latitudes de América la fantasía popular creaba y recreaba un lugar ideal, donde todo era riqueza e incluso se obtenía la vida eterna. Se hablaba de la Gran Quiriva, Iximaya, El Dorado, Elelín, Paytití, Mbaé-berá-guazú y la majestuosa Ciudad de los Césares

En los lagos andinos la leyenda de la Ciudad de los Césares se expandía desde el siglo XVI e impulsaba a aventureros afiebrados a explorar todos los espacios posibles.
Intrépidos, muchos se internaban en la Cordillera de los Andes asociando el Paso de los Vuriloches a una posible llegada a Los Césares. Los nativos utilizaban un camino secreto cercano al lago Nahuel Huapi, que les permitía migrar cuando lo deseaban.

La fantasía de los viajeros los llevó durante más de tres siglos a una infructuosa búsqueda. Hazañas y mezquindades se sucedieron y la tradición oral creó una ciudad tan rica, que se decía tenía sus calles recubiertas de oro; el oro robado al Inca.

Los relatos siempre impregnados de codicia se multiplicaron en matices y originaron cuentos que afirmaban lo que otros, interlocutores circunstanciales, querían escuchar para sostener la esperanza de la riqueza futura.

Un relato afirma que el padre Juan José Guillelmo descubrió El Paso de los Vuriloches alrededor del año 1700. Era un camino más rápido y seguro que el entonces llamado "Camino de las Lagunas", hoy Paso Pérez Rosales.
Otra historia revela que tal vez Fray Francisco Menéndez lo recorrió después. A fines del siglo XVII hay otras versiones en donde se habla del uso que le daban los españoles: "venían a maloquear a los poyas al este de la cordillera". Lo concreto es que durante mucho tiempo, esta parte de la cordillera fue cruzada de este a oeste y viceversa.
En principio, por ser un lugar bajo de los Andes y por su belleza, que parecía el portal a lo soñado.

Dejaron muchos el aliento con su incansable andar, esperando quizás encontrarse con la mítica Ciudad de los Césares en el corazón de un cerrado bosque, detrás de una gran cascada de aguas transparentes o disimulado en un recodo del camino.

El Paso de los Vuriloches se convirtió en un camino visible y palpable, que llevaba a una mítica ciudad muy bella pero esquiva. Con el tiempo, el sur del Nahuel Huapi se transformó en tierra de aventuras y de leyendas. Evocaba gestas incomparables en escenarios llenos de misterio.
Por donde se recorra y se preste atención a sus habitantes, a los lugareños, surgen testimonios, relatos asombrosos, fábulas que explican la variada topografía o características de la flora.

Nicolás Mascardi, un jesuita italiano, cruzó la cordillera, se dice, impulsado por una visión de San Francisco Javier, con la convicción de hallar la Ciudad de los Césares; y siguió más al sur, siempre más al sur. Fue asesinado en lo que hoy es Santa Cruz, con flechas y boleadoras, por los nativos.
Tiempo después, el padre Francisco Elguea, intentó seguir con la idea de Mascardi, pero fue envenenado por los Puelches que vivían a orillas del Nahuel Huapi.

Las tribus que habitaban el lugar eran migrantes y suficientes conflictos tenían para resolver entre sí. Cuando su territorio fue invadido por hombres venidos de otro rincón del planeta, incansables, inagotables, armados, violentos y empujados por una arrolladora codicia, mimetizaron su presencia en el paisaje para proteger el Paso de los Vuriloches.
Hoy el extranjero se muestra deslumbrado por beber en el hueco de sus manos el agua fresca de un arroyito, o comer frutas silvestres mientras camina sin apuro por una huella del bosque, que cruje como si tuviera vida propia. Descubre riquezas a cada paso.

Pero cuando llegó tras Los Césares, estaba tan cegado, que no podía disfrutar la belleza incomparable que lo acompañaba a cada paso. Lo encandilaban sueños imposibles, que aseguraban riquezas interminables para el que encontrara la ciudad perdida.
Los nativos que vivían al sur del gran lago Nahuel Huapi protegían la existencia del Paso de los Vuriloches con su silencio y convencido que estaba custodiado por el Dios Anón; para nosotros, el formidable Monte Tronador.

FUENTE
http://www.brcnews.com.ar/home/leyendas-patagonia-bariloche-ciudad-cesares/
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