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Los Suicidios en el Metro de Caracas

Increiblemente 43,5% de los suicidas del Metro de Caracas lograron sobrevivr, a lo cual muchos consideraban que era inferior el porcentaje de poder vivir un Arrollamiento



Se rompe el tabú: desde que se inauguró el Metro de Caracas en 1983 más de quinientas personas se han lanzado a los rieles. Pero casi la mitad de quienes buscaron suicidarse quedaron vivos. La otra mitad cumplió su propósito.

En 2009, la cifra de arrollamientos –como llaman oficialmente a los suicidios- se multiplicó por seis: de trece ocurridos en 2008 repuntó a ochenta y nueve. A pesar de este elevado despegue, la empresa no ha diseñado un plan de prevención, así que los operadores han tenido que ingeniárselas para minimizar estas muertes voluntarias.


El Sistema de Cámaras, Detección de Actitudes Suicidas y detener el Tren de Manera Sorpresiva han sido las herramientas para intentar salvar vidas




En veinticinco años de funcionamiento, hubo quinientos veintitrés arrollamientos, como oficialmente llaman en el sistema a los intentos de suicidio: quienes mueren, entran en las estadísticas en la categoría de “sin signos vitales” y quienes sobreviven, en la de “con signos vitales”. El cuadro “Distribución de Arrollamientos según Años”, del anuario estadístico 2008, publicado en junio de 2009 por la Gerencia Ejecutiva de Transporte del Metro de Caracas, indica que doscientos noventa y cinco personas (56,4%) lograron quitarse la vida y doscientos veintiocho (43,5%), no.

La elevada tasa de sobrevivencia no obedece a que exista un plan establecido de prevención del suicidio. Los operadores sólo reciben entrenamiento en módulos de adiestramiento que imparte el Servicio Psicosocial de la empresa. Allí aprenden qué hacer una vez que los suicidas se lanzan a los rieles, pero no los instruyen formalmente para evitar que los usuarios salten.




El tema del “arrollamiento” está explicado en la letra G del acrónimo M.U.R.C.I.E.L.A.G.O.S., una matriz en la que cada inicial corresponde a una actividad específica de acción de los operadores
(revisión de las vías, “mal súbito” de pasajeros o conductores, evacuación, alarmas). La G viene de Gamma, que es como llaman al procedimiento que se activa cuando hay un “presunto suicida” en el andén. El Centro de Control de Operaciones (CCO) de cada estación informa entonces por los parlantes: “Personal operativo, actividad G en curso”.




Así está reglamentado en el Módulo de Conducción de Trenes en la Vía Principal. Pero en este manual no hay lineamientos para la prevención de suicidios. Los trabajadores, por iniciativa propia, han aprendido a detectar conductas suicidas con información que se transmite boca a boca a través de un entrenamiento empírico, confirmaron varios operadores en servicio, algunos con hasta dieciséis años de antigüedad, que pidieron no ser identificados por temor a sanciones de sus superiores.


Es común escuchar repetidas veces "No cruze la franja amarilla" significa que un operador esta haciendo Zoom en tu Rostro




Si el operador (u operadora) ubica a alguien así en el andén, le solicita discretamente que abandone la estación. Y no ha pasado nada. Nadie se entera de nada. Llega el vagón, unos salen, otros entran, como si nada. Ésta, por supuesto, es la medida preventiva no formalizada por excelencia. Es el escenario ideal para evitar que aumente esa veintena de suicidios anuales que ocurren en el Metro de Caracas desde que comenzó a funcionar el dos de enero de 1983, según revelan los anuarios estadísticos de esta compañía.

Es el deber ser porque la verdad es que no hay suficiente personal para actuar cada vez que aparece en los monitores un “potencial suicida”.



Una operadora de este centro de control admite que no se dan abasto para actuar cada vez que se detecta, si es que lo ven, a alguien con signos de lanzarse hacia los rieles. No es para menos: tratan de vigilar por las cámaras a dos mil personas cada cierto tiempo por andén. “Es demasiada gente. Más de dos millones de personas viajan a diario en el Metro de Caracas, y mucha veces los suicidas pasan inadvertidos”.

Los números del departamento de Recursos Humanos dicen que siete mil doscientas treinta y dos personas trabajan en la Compañía Anónima Metro de Caracas, de las cuales tres mil ciento noventa y tres son operadores, mientras que ochenta y cuatro son personal de confianza (directivos y gerentes).


Esto es lo que pasa al sobrevivir al tren, ella no quiso suicidarse solamente se desmayó en el Andén




El 29 de abril de 2011, la vida de Zarevitz Camacho dio un giro de 180º. Se encontraba en la estación del metro El Silencio a las 10:30 pm, esperando el tren que la llevaría de regreso a su hogar. Perdió el conocimiento debido a un fuerte mareo y en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en los rieles del metro con un tren pasando por encima de su cuerpo, de sus dos piernas.

–¿Qué es ésto? –se preguntó Zarevitz.

Aún no entendía con claridad lo que estaba sucediendo, más allá de sentir un ardor indescriptible en las piernas. Como pudo, empezó a gritar para que todos supieran que ella seguía con vida.

Fue trasladada al Hospital Miguel Pérez Carreño la misma noche en que ocurrió el accidente. El diagnóstico de los médicos fue preciso: debían amputarle ambas piernas. "Hagan lo que tengan que hacer, pero quítenme este ardor", respondió a los galenos, según un relato que le ofreció al fotógrafo y bloggero, Isaac Paniza. Hoy, Zarevitz tiene 28 años de edad y es amputada bilateral, "en pocas palabras: mocha", como ella misma describió –entre risas– a Iván González, de Contrapunto. Mira su historia en este testimonio que mezcla honestidad y esperanza



Después de un tiempo de recuperación en la Policlínica Cabisoguarnac, llegó el día de regresar a su hogar, la esperaban sus padres y familiares con flores y algunas pancartas, según le contó a Paniza: su cama habitual fue sustituida por una cama clínica. Rompió en llanto y le pidió a sus padres que después de un mes desaparecieran esa cama. Se enfrentaría a una nueva etapa en su vida, lo que define como un nuevo proceso de adaptación. Por recomendaciones de su psicólogo debía mirarse al espejo todos los días y tocar sus muñones, esto la ayudaría a aceptar su nueva imagen.



La vida de Zaravitz tomó su nuevo curso con el tiempo, hasta que su proceso de recuperación se vió truncado por una espícula ósea en el fémur derecho. La operaron nuevamente el 15 de septiembre de 2012. Tuvo un leve retroceso tras lo que había alcanzado con sus sesiones de fisioterapia. Debió esperar su recuperación para seguir avanzando, no había excusas para comenzar de nuevo.



Desde su lugar, afirma esta mujer que no existen impedimentos para lograr lo que te propongas. Ha estudiado Inglés, hizo un curso de maquillaje y actualmente practica natación, su pasión.




"Nadar para mí es sinónimo de vida, solo está el agua, tus pensamientos y tú, siento libertad plena; cuando estoy nadando salen sonrisas y lágrimas", le comentó a Isaac Paniza. Gracias a unas prótesis, ella puede estar de pie y siente que aunque sea largo el proceso de recuperación por las fisioterapias, logrará caminar igual o mejor que antes.



Frank Ávila es el fisioterapeuta de Zaravitz y también es amputado de su pierna izquierda, un discapacitado que ayuda




Cesar Camacho (padre de Zarevitz) siempre acompaña a "Zare" en sus clases de natación, un padre digno de admiración y respeto, define a su hija como una valiente luchadora y una frase que recuerdo en nuestras conversaciones es: ” De aquí en adelante lo que haga Zarevitz ya no me sorprende, mi hija es capaz de conquistar la meta que se proponga, aprendo de ella todos los días de mi vida” .

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