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Los templos del cine


POR JESSICA DOS SANTOS JARDIM @EPALECCS / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ
EN UNA ÉPOCA, NO TAN REMOTA, CADA PARROQUIA DE CARACAS TUVO UNA SALA DE CINE (SOLAMENTE CATIA LLEGÓ A TENER 15). SIN EMBARGO, CON EL PASO DEL TIEMPO ESPACIOS COMO EL BROADWAY (CHACAÍTO), EL RÍVOLI (ESQUINA PADRE SIERRA), EL CENTRAL (IBARRAS A MADRICES), EL IMPERIAL (PLAZA LA CANDELARIA) Y LOS MOLINOS (AVENIDA SAN MARTÍN) DEVINIERON EN INSÓLITOS TEMPLOS. ¿SUPONEN ESTAS NUEVAS PRÁCTICAS RELIGIOSAS UNA FORMA DE ESPECTÁCULO MODERNO?
Y NO PARÉ DE SUFRIR
Dicen que la fachada es la misma, pero a lo interno ya no se observa el piso de granito de los años 50 ni las figuras de bronce del escultor y dibujante neerlandés residenciado en Venezuela, Cornelis Zitman, que adornaban el encantador cine Broadway.
En San Martín el templo de la Iglesia Universal del Reino de Dios funge como sede principal
La cartelera que desde el 13 de septiembre de 1951 anunciaba las más aclamadas películas de la década, hoy se alza con nuevas (y “religiosas”) producciones: “Casos imposibles”, “Terapia del amor”, “Ayuno por los desesperados”.
Estas historias se desarrollan en un espacio diferente pero que sigue impoluto, con toques minimalistas, sillas de madera que sustituyeron a las viejas butacas y un andamio gris en forma de castillo donde alguna vez hubo una pantalla.
Los memorables guiones cinematográficos de los 60 y 70 fueron borrados por la “Oración fuerte al espíritu santo” del “Arca Universal”, que cobra para hacernos “parar de sufrir” en la “Iglesia Universal del Reino de Dios”, secta brasilera fundada y dirigida por el supuesto obispo Edir Macedo.
Los espectáculos ya no se dividen en clase “A”, “B” ni “C” pero siguen dirigidos a públicos específicos: los lunes son para quien busca prosperidad, los martes son los días de la liberación, mientras los miércoles y domingos corresponde la ceremonia del Espíritu Santo y los jueves son dedicados a recuperar a la familia.
¿A CUÁNTO EL BOLETO?
Corría un “martes de liberación” cuando me dispuse a entrar al templo. El ingreso fue más sencillo de lo que me esperaba. Bastó con un par de frases cortas, pero asertivas, en torno a mi necesidad de hallar en qué creer y un rostro enmarcado en una falsa desesperación que, a los pocos minutos, se tornó en real.
Ante mis ojos un “pastor” hablaba con un tono de voz casi imperceptible: “Libérese, mujer, del sufrimiento porque encontró marcas de lápiz labial en la camisa de su marido”, en una especie de déjà vu que me situó frente al canal RCTV a las 12 de la medianoche. A los segundos la voz se hizo más enfática y, de repente, el hombre halaba por los cabellos a la traicionada mujer bajo el cuestionamiento: “Espíritu maligno, ¿quién eres tú?”.
La multitud (sí, multitud) permanece estupefacta. La mujer se retuerce en una danza de muecas. Sus gestos indican dolor y su voz ronca responde afirmativamente cuando el pastor le pregunta: “¿Ya expulsó al demonio?”. Acto seguido, la creyente se dirigió relajadísima hasta su asiento, como si absolutamente nada hubiese pasado.
Antiguo cine Los Molinos en San Martín
Posteriormente, y sin mayor hilo conector, el pastor le pide a los presentes que depositen sus ofrendas en los sobres que se encuentran en sus respectivos asientos. Mira minuciosamente a quienes no lo hacen y exclama: “Tenemos a Judas agarrando al bolsillo. Cuanto más dinero se le dé a Dios, más bendiciones tendrás”, y eso transcurre en la última hora de las dos que componen “la misa”.
Supongo que una mala interpretación de mi rostro animó a la señora que se encontraba a mi lado y creyó tener derecho a decirme, alegremente: “Y tú no has visto nada, nuestro pastor cura a paralíticos, enfermos de cáncer, sida, tuberculosis, de todo”.
ENTRE SUBTÍTULOS
En Venezuela, eso que a algunos les ha dado por denominar “pluralismo religioso” se hace notar cada día con más fuerza y se evidencia, precisamente, en las cientos de exsalas de cine convertidas en iglesias cristiano-evangélicas que repuntan ante el declive de la religión católica (en 1991 se hablaba de 86% de católicos. Hoy el número no supera 70%).
De hecho, en nuestro país el número de instituciones religiosas inscritas se incrementó 41%, según una revisión a la Memoria y Cuenta del Ministerio de Interior, Justicia y Paz, aunque los documentos no precisan el credo o filiación exacta de las instituciones.
Sin embargo, el Consejo Evangélico de Venezuela (CEV) afirma que “cerca de 17% de la nación es evangélica”, y agrega que “el número de creyentes ha crecido entre 6% y 7% en la última década”. Estos creyentes están agrupados en dos grandes instituciones: el CEV, con 160 organizaciones, y la Confederación Evangélica Pentecostal, que tiene entre sus miembros a otras 150 congregaciones.
Reuniones anunciadas en su particular marquesina
Pero, ¿por qué reunirse precisamente en los viejos cines de la ciudad? ¿Por qué resulta tan fácil para los líderes de estos templos escoger estos históricos locales? ¿Quiénes son ellos? ¿De dónde sacan los fondos para adquirirlos? ¿Cómo explicar la estrecha relación comercial que, también, poseen con los canales de televisión privados del país? La seguridad del templo se negó a respondernos tan siquiera nuestra sutil duda: “¿Esto es alquilado o propio?”.
Sin embargo, Víctor Mejía Ticona, arquitecto peruano y autor del libro Ilusiones a oscuras, explicó que esto se debe a un tema de espacio y comodidad.
“La idea es que el sermón tenga una captación similar a la de una película en un cine. Siempre hay una buena cantidad de personas y tiene como punto principal el escenario, solo que en este caso en vez de pantalla hay un altar y gente que imparte el culto”, señala Mejía quien, a su vez, sostiene que “la ubicación de estos locales —casi todos están en avenidas y lugares céntricos o en sitios populares— sirve perfectamente para captar más público”.
YA NO SON CINES PERO SIGUEN EN EL BARRIO
En efecto, los excines adquiridos por estos mercaderes de la fe son los “cines del casco histórico”, con salas capaces de albergar hasta 1.600 espectadores; pero también los llamados cines de barrio: locales modestos que eran manejados por sus propios dueños a costos inferiores como, por ejemplo, Rex en San José, Jardines en El Valle, Ástor en Antímano, Para Ti en Monte Piedad, Lídice y Pinar, entre otros, que poseían solo tres funciones diarias: vespertina (5 pm), intermedia (7:15 pm) y nocturna (9:15 pm).
Estos cines se multiplicaron tras la Segunda Guerra Mundial, hecho que partía de un lógico razonamiento: allí, donde viven más personas, más oferta de cine debe haber.
A LA PAR, ESTOS TEMPLOS VENDEN PRODUCTOS TALES COMO LA ROSA DE SHARON, LA SAL BENDECIDA, LA TIERRA DE JERUSALÉN, EL ACEITE BENDITO, LOS MARTILLOS CONTRA EL MAL, ENTRE OTROS

Quizás por eso los asistentes a estos templos parecieran ser personas de clase popular baja o, al menos, el discurso del pastor va dirigido en gran medida a aquellos que padecen de fuertes problemas económicos: “Usted tendrá mucho dinero”, “Usted obtendrá su casa”, etc. A la par, estos templos venden productos tales como la rosa de Sharon, la sal bendecida, la tierra de Jerusalén, el aceite bendito, los martillos contra el mal, entre otros.
No obstante, según los expertos no solo esto influyó en la transformación de estos espacios en templos religiosos. “No debes olvidar que las pantallas únicas, esos cines históricos que mencionas o los llamados cines de barrio ubicados en La Pastora, Catia, fueron migrando a los centros comerciales para convertirse en multiplex, es decir, concentrar en un solo complejo varias pantallas de cine (salas) con más funciones, horarios, etc. Aquellos espacios (como, por ejemplo, el teatro Alameda) dejaron de ser funcionales porque eran salas muy grandes, donde se concentraban 500, 700 o, a veces, hasta más de 1.000 butacas, pero de pantallas únicas, y podían pasar muy pocas películas. La mayoría de estos sitios fueron adquiridos por grupos religiosos, no solo en Venezuela sino en el mundo entero”, explica Bernardo Rotundo, presidente del Circuito Gran Cine.
Cristo bendicente en una gran valla de El Recreo
En efecto, lo mismo ocurrió con las históricas salas cinematográficas construidas en Lima (Perú) en los años 60 y 70, como el antiguo Cine Metro, donde ahora funciona la iglesia brasileña Dios es Amor; o el City Hall, que exhibía películas bollywoodenses y hoy también alberga a los fieles de Pare de Sufrir quienes, según datos públicos y notorios, pagaron 830.000 dólares por este local.  A su vez, el cine Orrantia y el cine Western terminaron en manos de la iglesia Agua Viva.
En los mismos términos se encuentran los memorables cines de Quito (Ecuador), tomados por estos cultos a partir de los años 90. Por ejemplo, el cine teatro Alhambra (ubicado en el centro histórico ecuatoriano) y el cine Capitol fueron convertidos en iglesias evangélicas.
Es más, hace unos días las autoridades de Uruguay, que se considera “el país más laico de América Latina”, se mostraron preocupadas por la creciente transformación de cines y teatros emblemáticos del centro de Montevideo en sedes de grupos religiosos, cuando en el pasado acogieron a artistas de la talla de Louis Armstrong. El motivo de esta preocupación fue la compra del mítico Cine Teatro Plaza, nuevamente por parte de la iglesia evangélica brasileña Dios es Amor, por tres millones de dólares.
LOS ACTUALES TAMBIÉN
A modo de bonus track, en medio de esta extraña “coincidencia”, nos tropezamos con un anuncio realizado por Regal Church, en el que afirma que “en la actualidad más de 400 modernas salas de cine se han abierto para que las congregaciones evangélicas realicen sus servicios y reuniones”.
En este sentido, el líder de alabanzas de la iglesia Restauración Pentecostal Evangélica, Hebert Castellanos, nos explica: “Nosotros alquilamos la sala 8 de Cines Unidos del centro comercial Líder porque nuestro templo queda en Palo Verde y hace unos cuatro años las vaguadas nos dañaron mucho el espacio. Este centro comercial es un punto accesible para toda la gente que vive en los barrios José Félix Ribas, Leoncio Martínez, Palo Verde, Petare; además, somos como 300 o 400 personas. Las salas de estos cines se pueden usar solamente antes de las 12 del mediodía y a nosotros nos cuesta alrededor de 17.000 bolívares mensuales, es decir, cuatro domingos que son cancelados por nosotros, los creyentes. Por otra parte, se debe alquilar un sonido aparte porque ni las pantallas ni las cornetas del cine se pueden usar”.
Las interrogantes construyen su morada en mi cerebro, así que decido seguir los consejos escritos de Juan Calzadilla y partir: “Caminar es una forma de poner el pensamiento en marcha. O de hacer que el pensamiento nos siga. O, en el peor de los casos, de abandonarlo en el camino”.
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