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Los vientos ideológicos de cola


Por Esteban Valenti*


La expresión ''viento de cola'' se ha transformado en un clásico de la política uruguaya, pasará a la historia como uno de los absurdos más grandes y como una debilidad dialéctica de la izquierda que de cierta manera aceptamos esa justificación y la discutimos suavemente.


En la presentación que realizó el lunes 22 de setiembre Danilo Astori, escuché una fuerte y profunda argumentación. Me voy a sumar.

La derecha utiliza ese concepto desde hace mucho tiempo para explicar los innegables avances que ha tenido el país en materia de su crecimiento de la producción y su impacto en todos los indicadores sociales. Y nosotros se lo hemos permitido, con cierta ligereza.

Todos los factores económicos regionales e internacionales sin duda tienen su papel, lo tuvieron en el pasado y lo seguirán teniendo, pero explicar los grandes avances económicos y sociales solo o principalmente por esos factores, bautizados como viento de cola, es una enorme falsedad y una más grande operación política e ideológica.

¿Por qué utiliza ese argumento la derecha? Podríamos quedarnos con la explicación más simple y directa, para disminuir o directamente anular los méritos de los dos gobiernos de izquierda en estos más de 9 años. Es insuficiente, es algo mucho más complejo, en particular en esta campaña electoral.

Todo comenzó durante sus propios gobiernos cuando explicaron o trataron de construir un relato de la decadencia nacional, incluso a partir de los años 50 y 60 y en forma acentuada luego de la caída de la dictadura en los 4 gobiernos tradicionales, colorado, blanco, colorado y rosado. Siempre la explicación de los problemas, de las crisis, de los ajustes y directamente de los desastres fueron los vientos contrarios. Las crisis, mucho menores que las actuales, en Rusia, en México, en Brasil y finalmente en Argentina, todas bautizadas con nombres de bebidas alcohólicas excepto la explosión de nuestros vecinos.

La operación viento de cola, viento de frente es el mayor esfuerzo de construir un relato de sus errores, de sus políticas equivocadas e injustas, de su total falta de un horizonte estratégico y de los fracasos nacionales construidas por ambos partidos tradicionales. No hubo autocrítica, no hubieron errores, no hay nada que reconocer porque todo vino desde afuera. Ellos mansos e inmutables, flotando y mecidos por los vientos y el país barranca abajo.

La crisis financiera y bancaria del 2002 explotó por contagio de la crisis bancaria argentina pero en primer lugar porque toda la plaza financiera nacional estaba en peligro desde antes, infectada de banqueros inmorales y especuladores y porque fallaron o directamente no funcionaron los controles más elementales de las autoridades uruguayas, desde 1990 en adelante hasta la explosión. Otra que viento de frente.

En 20 años el país vivió momentos diversos a nivel regional e internacional y sin embargo la decadencia fue permanente y sobre todo el estancamiento social. Fueron los profundos errores de un modelo que con matices y retoques era muy similar al de nuestros vecinos el que nos llevó al desastre. Y sin en Uruguay no se alcanzaron las profundidades del desastre modélico fue porque la gente enfrentó a través del referéndum los planes privatizadores del gobierno de Luis Alberto Lacalle, que al supuesto viento de frente quería responderle apagando los motores nacionales o vendiéndolos al mejor postor. Como hizo Carlos Menem.

El Uruguay del 2004, último año del gobierno de Jorge Batlle tenía un PBI de 14.000 millones de dólares, un endeudamiento que superaba al Producto Bruto Interno, reservas por menos de mil millones de dólares y luego de una caída estrepitosa del PBI de más del 25%, ese año creció un 7%. Y en ese mismo lapso, de un año la indigencia se llevó por delante a otros 50.000 uruguayos y la pobreza alcanzó el escandaloso porcentaje del 39%, mientras que en los menos de 18 años explotó hasta alcanzar el 60% del total. Una tragedia social desconocida en la historia nacional.

La operación ''viento de cola'' busca cubrir sus responsabilidades en ese desbarranque construido a lo largo de varios gobiernos anteriores, Lacalle, Sanguinetti y obviamente Batlle.

Lleguemos al presente. El viento fue igual para casi todos los países de la región productores de materias primas agrícolas, minerales, metales y necesitados de inversiones. Pues los resultados si se observa la década han sido muy diferentes. La presentación de Alicia Cárpena la Secretaria Ejecutiva de CEPAL en el evento del FA del 22 de setiembre fue concluyente. Se podría decir aplastante.

Uruguay creció a un promedio del 6%, muy superior al de la región, incluso en el fatídico año 2009 en el que paralizó el crecimiento de casi todos los países, Uruguay creció un 2%. Uno de los cinco países en el mundo que crecieron.

Y ahora, 2014 cuando Argentina que produce por ejemplo casi el doble de soja por habitante que nosotros está paralizada, que Brasil crecerá 0.9% o Chile menos del 2% el Uruguay superará el 3% de crecimiento. Y Bárcena agrego un elemento muy importante, los valores comparativos del aumento de los que Uruguay exporta e importa (combustibles, minerales y metales) no fueron en absoluto favorables al país. Los términos relativos de intercambio, no explican de ninguna manera el crecimiento de 4.000 a 14.000 millones de dólares de exportación de productos y servicios.

Sin los cambios estructurales, sin el manejo del conjunto de la economía, sin la política de promoción de las inversiones productivas, sin colocar la macroeconomía al servicio del Proyecto Nacional no hay viento de cola que pueda explicar los extraordinarios resultados obtenidos por Uruguay en su crecimiento y en la mejora de sus indicadores sociales y su distribución de las riquezas y los ingresos.

En ese Proyecto Nacional virtuoso todos ganaron porque la torta creció de tal forma, superando los 52.000 millones de dólares que no hay sector social que no se haya favorecido, pero los ingresos de los más ricos eran en el 2004 17 veces superiores a los de los más pobres y hoy son 12 veces mayores. No hay ningún país en toda América que haya logrado esos cambios en esta década. Ninguno.

Y ese cambio en las prioridades, en colocar el trabajo como el centro de toda la política económica y social y sus resultados es la única explicación seria y honesta de lo que vivió el país.

Pero hay otra faceta muy peligrosa de la operación viento de cola, que tiene dos partes. Primero es el intento de torpedear el esfuerzo realizado por la gran mayoría de la sociedad uruguaya. Sin el trabajo, el esfuerzo, el riego, la inteligencia, las capacidades aplicadas por todos nosotros nada de eso hubiera sido posible. Y no aplicado de cualquier manera, sino con una visión estratégica y con una creciente confianza y autoestima nacional.

El viento de cola es un insulto para la gran mayoría de los uruguayos.

Y segundo es una preparación, es comenzar a construir la escenografía y el discurso para explicar futuros fracasos de sus eventuales gobiernos. Siempre habrá algún factor externo para aplicar ajustes impositivos, para concentrar la renta y la riqueza, para utilizar el trabajo como factor de ajuste. No es por maldad, es porque son de derecha y la esencia de su ADN de derecha es la operación viento de cola. Es uno de los principales puntos de coincidencia, no es programática, es sobre todo ideológica.


(*) Periodista, escritor, director de Bitácora y Uypress. Uruguay


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