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Lost - Por qué atrapa tanto [Revista Noticias]

¿Por qué atrapa tanto?

No es fácil entrar en la trama, el tiempo no es lineal, a los nuevos espectadores les cuesta entenderla. Las razones del éxito inédito de la serie que rompe los cánones de la TV.



Lost” ha generado en todo el mundo una legión de fanáticos y devotos seguidores que no se pierden un capítulo. La Argentina no es la excepción. Todos los lunes a las 21, la cuarta temporada se emite por AXN, el canal de Sony, y para muchos televidentes es una cita sagrada.

Se ha convertido en una serie de culto y los seguidores arman foros de debate, compran merchandising, coleccionan los capítulos, construyen teorías sobre lo que sucede en la isla, anticipan el final. Los más fanáticos, incluso, sabotean las cuentas de mail de aquellos que se atreven a esbozar alguna crítica a la serie.

El best-seller Stephen King reconoce su carácter excepcional. “Ah, ‘Lost’ –suspira–. Nunca hubo nada parecido en la TV. Nadie había captado así la imaginación del espectador desde ‘Dimensión desconocida’ y ‘Los expedientes secretos X’. La trama es terriblemente simple: 48 sobrevivientes a la caída de un avión atrapados en una isla tropical, pero los estándares de producción son altísimos y los personajes atrapan. ‘Lost’ proyecta una sensación genuina de pavor y misterio, lo que la hace inusual en un medio signado por el aburrimiento y lo predecible”.

Es cierto, la trama en sí es simple, pero “los estándares de producción” la complican de manera que no resulta fácil internarse en ella. Se requiere continuidad, paciencia y cierto entrenamiento, tres requisitos que otras series no exigen. La historia de los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic Airlines, que iba de Sydney a Los Ángeles y que se estrelló en una isla del Pacífico, no se cuenta de una manera lineal. Por el contrario, el presente de la isla está salpicado de “flashbacks” de la vida de uno o más personajes antes de tomar el avión, o incluso de sucesos ocurridos en la isla. También hay “flashforwards”, es decir, remisiones al futuro, por lo que la línea temporal se enreda. Además, abundan los enigmas, los sucesos que no se comprenden del todo, las alusiones a escritores y filósofos. A priori, la serie parece poco hospitalaria, ya que está libre de los tics de los productos predigeridos que suele ofrecer la TV. Es probable que si a alguien del medio televisivo le hubieran contado cuál sería la utilización de elementos formales, habría apostado a que ese despliegue de recursos expulsaría al espectador en vez seducirlo, Pero, en la práctica, como sucedió con Twin Picks, ocurrió todo lo contrario. En los Estados Unidos, en España y en los países de Latinoamérica en los que se emite, también se ha convertido en suceso.

¿Por qué genera adicción?

Más allá de la trama. En la Argentina, el suceso no ha sido menor que en el resto de los países en los que se emite. Además, la serie ha logrado aquí que muchos intelectuales superaran el rechazo que les producen la mayor parte de los productos televisivos y se interesaran en ella. De hecho, dos de los suplementos culturales de mayor difusión, Ñ y Adn, le han dedicado una nota extensa que invitaba a la reflexión sobre el fenómeno. Jorge Fernández Díaz, el director de esta última publicación, reflexionaba en la introducción de la nota: “No entraña ninguna novedad el prestigio y la fuerza del cine. Los mismos intelectuales le asignaron siempre al cine un valor artístico equivalente a la literatura. Lo verdaderamente novedoso es que ese valor artístico, esos atributos excelsos de la narración, están siendo en este momento absorbidos por la televisión, que antes era aquella ‘caja boba’, adocenada y conformista, y que ahora es el terreno de los mayores talentos, de las más perturbadoras historias y de los riesgos más notorios”. Aunque su afirmación excede el fenómeno “Lost”, queda claro que se está gestando un cambio cualitativo en la TV del que la serie constituye un ejemplo paradigmático que sienta precedentes: la televisión no sólo admite la riqueza formal de otros medios, sino que es precisamente esta riqueza la generadora de un éxito inusual.

El escritor y titular de la Cátedra de Literatura del siglo XX de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Daniel Link, apunta de lleno a la importancia de la forma. “Todo el encanto de ‘Lost’ –afirma– es formal (hasta los contenidos son formas puras) y repasando los últimos episodios de la tercera temporada se nota la calidad y la intensidad a la que había llegado el programa. Como se recordará, ‘Lost’ terminaba invirtiendo completamente la perspectiva temporal, en una pirueta que parecía creada para desconcertar a quienes gustan de esos juegos de espejos. Fatalmente, la cuarta temporada se inclina por esa opción, trastornando severamente las nociones de ‘presente’, ‘pasado’ y ‘futuro’”.

El éxito estrepitoso parece confirmar algo que se sabe, pero que no siempre se toma en cuenta, sobre todo cuando se trata de televisión: la trama, el “argumento”, no es el elemento fundamental de un relato. Si adquiere alguna importancia es porque se la da la forma. Se ha repetido hasta el cansancio que Shakespeare, tal como era común en su época, echaba mano de historias que no eran originales y que fue la forma en que las plasmó la que lo hizo entrar en la Historia. Los creadores de “Lost” toman un antiguo tema de la literatura de todos los tiempos: el naufragio y la salvación en la isla desierta. La vuelta de tuerca está, sin duda, en la manera de narrar exigiéndole al televidente una participación activa, un ejercicio de encastre del que suele salir frustrado. Lo confirma Adriana Schettini, crítica de televisión de NOTCIAS: “La principal clave del éxito está en el guión, trabajado con inteligencia y que, a su vez, valora la inteligencia de los espectadores. Un relato estructurado como un rompecabezas. Para el televidente, la tentación de encajar las piezas por cuenta propia es irresistible. Pero el guión está un paso adelante y maneja con astucia el efecto sorpresa: cada vez que el espectador cree que ha acomodado bien las piezas, descubre que no encajan”.

Preguntas filosóficas. Un éxito televisivo obedece a causas diferentes y ninguna de ellas puede explicarlo por sí misma. Sin embargo, existe siempre una que se repite: el producto tiene la riqueza suficiente como para hacer posible diversas lecturas. Lo que inquieta y fascina de “Lost” es, precisamente, que sobre la línea horizontal de la trama, sobre su “melodía”, resuenan muchas otras notas armónicas. Para Julián Gorodischer, crítico de espectáculos y autor de “La ruta del beso”, son sobre todos las preguntas filosóficas que plantea la serie las que la convierten en un fenómeno único. “‘Lost’ –afirma– atrae porque es trascendente. Hay un intento de hablar de la condición humana, de explicar los conflictos que atañen al hombre, de formular preguntas como: ¿podemos confiar en el otro o necesariamente nos traicionará?, ¿qué hacemos aquí, en este mundo?, ¿estamos solos? La trama está apoyada en dilemas que se vinculan al existencialismo y, como gran producto de entretenimiento, logra plasmar eso de una manera llevadera que combina con el tratamiento de los aspectos más profundos de nuestra búsqueda de una identidad. Pero, al mismo tiempo, logra generar, en los espectadores más fieles y compulsivos, mucho autoritarismo. Impugnan a la crítica que no piensa como ellos. La serie ha creado una élite de ‘full time’ que subestima a los espectadores de otras series”.

Las justificaciones del éxito abarcan un amplio rango que va de lo formal a lo filosófico, de los psicológico a los sociológico. Para Esther Díaz, filósofa, autora de “Entre la tecnociencia y el deseo”, las causas bordean estas dos últimas vertientes. “El hecho de que ‘Lost’ transcurra en una isla, remite a un clásico de la literatura, ‘Robinson Crusoe’. Lo que atrae de ‘Robinson...’ es lo perturbador de que alguien con toda la civilización encima llegue a una isla. Esta es una fantasía que nos sobrevuela a todos cuando estamos cansados de la ciudad, es el idílico sueño de volver al origen. Por otro lado, en la serie hay una ambigüedad, no se sabe bien qué es lo que sucede. Lo ambiguo produce incertidumbre y la incertidumbre nos incita a buscar, a querer saber la verdad. También influye otro factor: existen personajes que tienen nombre de filósofos, de personajes de la literatura, uno de ellos lee ‘La invención de Morel’, de Bioy Casares, es decir, que ver la serie permite también adquirir cierta pátina de cultura. En Buenos Aires tenemos un buen ejemplo de este fenómeno: la Feria del Libro, que a mucha gente le sirve para tapar culpas culturales. Es posible que alguien no tenga idea del pensamiento de Locke, pero sepa que fue un filósofo importante y eso le baste para pensar que ‘Lost’ es un acceso a la cultura”.

En un mundo tan complejo como el actual, es posible que hasta la fantasía de la isla desierta se haya modificado y haya adoptado la forma de un infierno incomprensible como el de “Lost”.


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