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Luis Miguel: historias de devoción y locura

Anoche, el cantante reunió a 11 mil personas en el primero de sus tres shows en Movistar Arena y revivió el culto de sus fans.

Las cotizaciones previsionales, la cuota sindical, el seguro de cesantía y el “fondo Luis Miguel”. Desde hace un par de años, esos son los descuentos que Yasna Córdova, de 41 años, acordó con su jefe para las remuneraciones mensuales que recibe como secretaria de una consulta pediátrica en La Serena: aparte de los montos obligatorios, la trabajadora destinó un ahorro voluntario sólo para asistir en primera fila a cada uno de los conciertos que el mexicano ofrezca en Chile.

“Así es menos doloroso: te lo descuentan cada mes y no te das ni cuenta”, establece Córdova en torno al gasto situado junto a su isapre y su AFP. “Empecé con $ 5 mil, luego $ 10 mil y ahora voy en $ 20 mil. Es la única forma que tengo para solventar toda esta inversión”, calcula, en torno a una operación que suma aún más ceros: para la tanda de conciertos que el artista empezó anoche en Movistar Arena -y que continúan hoy y mañana-, Córdova compró las ubicaciones más exclusivas, desembolsando un total de $ 862 mil ($ 287.500 por jornada) para disfrutar tres veces del mismo espectáculo.

Eso, sin contar que, desde 1987, prácticamente no se ha perdido ningún recital de “Luismi” por estos lados. “Jamás me aburre. Y si fueran 40, como la cantidad que hace en México, iría a los 40”, amenaza con convicción y palabra de honor.

Una historia y un testimonio que rasguñan la desmesura, pero que no se alejan de los relatos de un porcentaje no menor de las incondicionales del hombre de Hasta que me olvides en el país. Fanáticas que lo siguen desde sus días imberbes y ochenteros -cuando con voz quinceañera cantaba La chica del bikini azul o la propia Palabra de honor- y que han crecido con él en las décadas donde su figura se hizo más hermética y menos estilizada, asistiendo a las localidades privilegiadas de cada una de sus presentaciones.

Una aventura titánica: desde la primera vez que vino, para una visita promocional de 1982, el intérprete ha materializado 31 shows, bajo todas sus formas -Viña, galas, estadios de fútbol, arenas- y precios.

“Y, al menos desde el Santa Laura en 1990, sólo me he perdido uno de esos conciertos: un recital de gala de 2012, al que no fui porque estaba muy caro”, se sincera Silvana Cortés, de 40 años y presidenta del fan club oficial Todo por Luis Miguel. Eso sí, esta vez el precio no fue tema: irá a las tres fechas en la capital y a la del sábado 18 en la Quinta Vergara, itinerario que le costó $ 862 mil en entradas.

Sin vacaciones

Pero si el dinero no es problema, el tiempo tampoco. Con un trabajo como educadora de párvulos y con permisos especiales en el lugar donde se desempeña, Cortés y un par de amigas estuvieron hasta las cinco de la madrugada del pasado martes 14 esperando a su ídolo en las afueras del aeropuerto de Pudahuel. Luego, durmiendo apenas un par de minutos, partió de inmediato a su labor.

Ayer, antes del espectáculo, se trasladó hasta el Ritz-Carlton para entregarle un ramillete de flores a través de su staff de producción, ritual idílico que replica cada vez que el intérprete se asoma por Chile. La fanática sigue: “No me arrepiento de nada. Sé que si sumo todo lo que he gastado en él es mucha plata, porque también lo he visto en Perú, Ecuador y Argentina, pero es mi única gran inversión, mi único placer”.

Con su declaración de principios, Cortés encarna a otro puñado de devotas que, sin hijos ni preocupaciones familiares, concentra parte de sus planes en cada una de las venidas de la voz de Suave. Al menos, “Micky” deja tiempo para programarse: su frecuencia de visitas es cada dos años.

“Hay gente que disfruta de bailar o irse de vacaciones, pero yo no hago eso. No me interesa mucho salir de viaje. Prefiero, simplemente, destinar parte de mi plata a sus conciertos”, asume Córdova. La periodista Bianca Frigiani, de 39 años, apoya: “Desde 1999 a 2012 fui a todos sus recitales y, para financiarlo, hacía muchísimos pitutos y cosas paralelas que me permitían pagar las entradas más caras”.

Como fuere, desde esta noche y hasta el sábado, todos esos testimonios que rasguñan la desmesura tendrán un sentido al borde del escenario y a escasos metros de una de las mayores motivaciones de sus respectivas vidas.

La misma que anoche debió esperar. El intérprete apareció con 50 minutos de retraso, luego de un ensayo durante la tarde y un griterío que confirma su trono incuestionable en el mercado nacional (ver crítica). ¿Quién será? fue el primer golpe, el que desató la escena de siempre: 11 mil gargantas rendidas a un éxito que sólo parece eternizarse.
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