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Macri se "kirchneriza" telefonazos del Gobierno

Hace unos meses hubiese sido impensado que el macrismo adopte posturas emparentadas con la gestión anterior. Sorprende la amenaza de María Eugenia Vidal al sector privado. O las multas a cementeras. O los llamados a las alimenticias. Nuevo estilo, producto de las urgencias

Para que no queden dudas sobre la inexistencia de segundas intenciones, en el Gobierno se refieren a "una campaña de concientización", sin medidas intervencionistas sobre el sector privado.

Algo así como una cruzada para que los empresarios no inflen los precios innecesariamente ante el alza de costos. Sin embargo, y pese a cualquier tipo de aclaración, la flamante estrategia oficial genera resquemor en las cámaras empresarias.

El hecho de que Macri (aunque le genere sorpresa a más de uno) esté recurriendo a "prácticas kirchneristas" en su intento por calmar el ritmo inflacionario, trajo gran nerviosismo al "círculo rojo".

Y que esté dispuesto a pagar el costo político de esos resquemores es un síntoma elocuente sobre cuál es el objetivo número uno en esta etapa del programa económico: evitar, a como dé lugar, el contagio de la reciente devaluación a los precios de los bienes y servicios (pass through).

Desde el punto de vista técnico, el Banco Central ya advirtió que ese traslado es lo que más le preocupa. También, que mantendrá la tasa de interés bien alta todo el tiempo que sea necesario para evitarlo.

"El Banco Central considera que debe mantenerse en niveles elevados para contener el traslado a precios", afirma Federico Sturzenegger, ahora enfocado en los daños colaterales de la suba del dólar.

La tasa de referencia acaba de ser confirmada en el 40% anual y todo apunta a que así seguirá por bastante tiempo. A partir de esto, el gremio de los economistas revisó a la baja sus pronósticos de crecimiento 2018.

Desde un costado más político, ya hubo reacciones que permiten apreciar el giro de Cambiemos. El caso más llamativo -y que efectivamente produjo una revolución en el sector empresario- provino de María Eugenia Vidal.

"Voy a mostrar a todos los empresarios que están aumentando los precios de los alimentos", señaló enojada, al considerar que son injustificadas las remarcaciones en cualquier producto de confección nacional que no tenga un componente dolarizado.

"Quiero saber por qué están aumentando. Suben pese a que no tienen materiales importados. Pedí un estudio para mostrar quiénes son los empresarios que están haciendo esto, porque no tienen razón para aumentar", completó.

La frase -con su explícita amenaza de "escrache" para los remarcadores- tuvo un efecto político potente.

A los ejecutivos de negocios no se les escapa el hecho de que Vidal es, después de Macri, la principal referente del espacio Cambiemos. Y que es observada como la posible candidata por la coalición gobernante para sucederlo.

Desconfianza empresaria
Los empresarios, muchos de ellos directivos de compañías que son formadoras de precios, observan con recelo todos estos movimientos.

También los dichos de funcionarios e integrantes de Cambiemos. Como los de "Lilita" Carrió, quien no dudó en embestir contra los laboratorios medicinales al acusarlos de organizar un ataque político sobre la jefatura de Gabinete.

En especial de Mario Quintana, en la pelea que el ex Farmacity mantiene con la industria de los medicamentos.

El panorama sumó un nuevo capítulo cuando la secretaría de Comercio convocó a un grupo de empresas líderes para que expusieran sobre sus costos y el impacto de la devaluación.

Por su parte, Francisco Cabrera, ministro de Producción, encabezó encuentros con los empresarios de peso para asegurarse que "el traspaso a precios de la devaluación sea el menor posible".

La ofensiva del Gobierno contra el sector empresarial se completó con el inicio de la investigación a las cementeras más grandes del país por el aumento continuo de precios del cemento, que encarecen los costos de la construcción.

Este es un sector considerado clave por el Ejecutivo, ya que es capaz de apuntalar la actividad económica en épocas de vacas flacas, con firmas de la talla de Loma Negra, Holcim y Petroquímica Comodoro Rivadavia.

En rigor de verdad, algunas ya habían sido acusadas de "cartelización" en el año 2005, durante la presidencia de Néstor Kirchner, por acuerdos de precios y cuotificación del mercado.

Aquella investigación se extendió durante varios años hasta que en 2013 la Corte Suprema confirmó una condena por $310 millones que debieron pagar las compañías.
Curiosamente, el gobierno de Macri insinúa que podría seguir el mismo camino que en su momento inició Kirchner. Concretamente, contra las empresas Juan Minetti, Loma Negra, Cementos San Martín, Cementos Avellaneda y Petroquímica Rivadavia.

El cambio de estrategia gana intensidad al punto que el ministro Cabrera ya citó a las firmas involucradas para que expliquen el brusco incremento de sus precios.

Esta nueva "hoja de ruta" oficial no se limita a los gestos en público. Según pudo saber iProfesional, se repiten (y con gran insistencia) los llamados telefónicos a empresarios de una gran cantidad de rubros a los que se les "solicita" que no remarquen los productos.

Según confiesan a este medio, quedan asombrados por la vehemencia de estos reclamos. Las alimentarias son las más buscadas.

Uno de los argumentos esgrimidos por los funcionarios es que desde Casa Rosada se logró mantener sin cambios los precios de los combustibles, pese a la suba del dólar y también del barril de petróleo internacional.

Por cierto, no parece conmoverlos demasiado. Tal razonamiento, a los ojos del directivo de una alimentaria, es "débil".

"Todos sabemos que van a aumentar y en un porcentaje importante. En nuestras proyecciones, ese incremento ya entra a jugar, con lo cual no es muy creíble que el "pass through" vaya a ser leve", afirma a iProfesional.

Desde la vereda de enfrente, un integrante del equipo económico deja en claro que no hay intención alguna en suavizar la postura: "Vamos a ir fuerte. Estamos decididos a limitar el traspaso de la devaluación".

En su tono de voz se percibe algo de frustración. Es que no encuentra una respuesta razonable ante la pregunta de por qué ahora sí debería ser creíble un Gobierno que, hasta hace un par de semanas, era enfático en su rechazo a la aplicación de controles directos sobre los empresarios.

Además, sabe a la perfección que el mercado tiene sus reglas propias, que son ajenas a cuestiones políticas.

Ejemplos sobran. Como el del campo, acaso el sector políticamente más cercano a la Casa Rosada y que, sin embargo, "encanutó" la soja pese a las necesidades de una urgente liquidación de divisas.

Un partido en Washington, otro en Buenos Aires
La corrida cambiaria modificó todo el escenario económico y dejó un dólar en torno a $25 y tasas de interés bien altas.

El Gobierno cree -y así lo anunció en público- que se trata de un nuevo equilibrio.

Si quiere mantenerlo, si pretende que este tipo de cambio sea competitivo y no haga falta otra devaluación, tiene que lograr que el contagio a precios sea el menor posible.

En otras palabras, si la última escalada del billete -de $20,55 a $25- se traslada rápidamente a los valores de los bienes y servicios es altamente probable que se reinstale el temido escenario de carrera entre el dólar, precios y salarios.

Si así fuera, la Argentina repetirá el ciclo de los últimos años:

- La inflación vuelve a atrasar el tipo de cambio real.

- Luego se pierden reservas por la mayor dolarización de portafolios.

- Y por último sobreviene la devaluación.


Este ciclo siempre termina en un nuevo punto cero, lo que implica la acumulación de años sin crecimiento genuino.

Para que esta vez no pase lo mismo, la decisión es que los ministros de Producción, Hacienda y hasta de Finanzas encabecen cumbres con las industrias formadoras de precios. En especial, la alimenticia.

En simultáneo, el compromiso informal de los funcionarios ante los directivos de negocios es que se pondrá un límite a los (casi seguros) reclamos para reabrir las negociaciones paritarias.

Pero esa será la segunda instancia. El segundo tiempo del partido, si se traza un paralelo con el fútbol.

Está claro que ninguno de los grandes sindicatos -referentes para el resto- aceptará una moderación en sus pedidos si los precios ajustan de la mano de la suba del dólar.

No es casual entonces que los funcionarios actúen ahora diferente a lo que hicieron a inicios del mandato, cuando también hubo un salto del tipo de cambio.

Por ahora, tanto gremialistas como los formadores de precios observan críticamente al Gobierno.

Básicamente porque, en medio de la crisis de confianza por la corrida cambiaria, la improvisación (incluso con movidas más identificadas con la gestión kirchnerista que con Macri) genera más desconfianza que apoyos. A uno y otro lado.

El otro partido trascendental se juega en Washington, en la negociación abierta con el Fondo Monetario, donde se apunta a conseguir los miles de millones de dólares necesarios para garantizar la paz cambiaria.

De eso se trata. De lograr el nuevo equilibrio y así pasar a la próxima "posta": impedir que el traspaso a precios de la devaluación lo eche todo a perder.
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