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Maldito estrés!



¿Cuántas veces contraes la respiración, aprietas las mandíbulas, frunces el ceño y aprietas los músculos?



Millones de personas, aun sin darse cuenta, hacen esto a diario… Y lo que no saben es que se trata de la representación física del estrés.

¿Sabes que es el causante del 80% de las enfermedades que existen hoy en día?



Y no solo eso, sino que muchos estudios han puesto sobre la mesa cifras que realmente dan mucho que pensar: el 43% de los adultos sufren a causa del estrés, y entre el 75 y el 90% de las visitas a los médicos son para consultas relacionadas con él.

Todos estamos expuestos a él, absolutamente todos… Y así será hasta que aprendas a crear un escudo que te permita alejarlo de tu vida para siempre.



Pero para eso antes debes saber cuáles son sus consecuencias y, lo más importante, qué nivel de estrés hay en ti para alejarlo antes de que sea tarde.

¿Imaginas vivir relajado, siempre alegre y optimista, con una mejor memoria y una mayor intuición, seguro de ti mismo y sin perder la paciencia incluso en situaciones límite?

Cuando no hay estrés, ya nada altera tu paz y bienestar… Y lo que muchas personas no saben es que alejarlo puede ser mucho más fácil de lo que creen.

Estás a un paso de saber todas las respuestas.

Esa bomba de relojería llamada ESTRÉS



Te hemos hablado del estrés, pero debes saber algo más sobre él: nunca aparece solo, sino que viene acompañado de un ejército de consecuencias dispuestas a luchar hasta el final para lograr su objetivo.

Y este objetivo no es otro que perturbar tu paz y armonía, alterar tu estado de relajación natural, alejarte de todos tus propósitos y convertirte en una persona fácilmente irritable y con tendencia a la depresión.

¿Sabías que todo eso acorta la vida, daña tus arterias y afecta a tu cerebro?



Un estrés mal controlado también provoca sequedad en la boca, dificultad para respirar, dolores de cabeza, tensión en los músculos, caída de cabello, cambios de humor repentino, dolores de estómago, agotamiento, ansiedad y pérdida de energía.

Además, el corazón de acelera, la digestión se detiene, la tensión muscular aumenta con riesgo a sufrir lesiones, el sistema inmunológico se debilita y tu paz y armonía quedaron olvidadas en algún lugar que empieza a quedarte demasiado lejos.

Y todo eso logra apartarte por completo de la vida que quieres para ti y hace de tu día a día un lugar del que demasiado a menudo necesitas escapar.

Es normal que en la época en que vivimos estemos estresados: las prisas, las tareas pendientes, nuestro estilo de vida agitado, el bombardeo continuo de información, las experiencias negativas, el miedo, los imprevistos en diferentes áreas de nuestra vida… Todo influye para que estemos estresados; y realmente hay demasiadas causas como permanecer ajenos a él.

Pero la buena noticia es que todo eso tiene solución, aunque para ello es vital que antes conozcas cuál es tu nivel de estrés.

Del 1 al 4: ¿cuál es tu nivel de estrés?



Que todos estemos expuestos al estrés no significa que todos tengamos el mismo grado de tensión y fatiga.

Cuando más bajo es el nivel de estrés, más fácil resulta aprender a manejarlo… Pero sea cual sea tu caso, debes saber que sí se puede.

¿Te gustaría saber en qué fase estás? Es el primer paso para alejarlo para siempre.

- Fase 1: La primera fase del estrés aparece cuando una persona pierde su capacidad para adaptarse a situaciones tensas, ya sea porque son recurrentes o duran demasiado tiempo.

Los primeros síntomas que aparecen son: insomnio, cansancio constante, cambios de peso corporal, sequedad bucal, aumento o pérdida de peso, dolores de cabeza y cuello… ¿Tienes dos o más de estos síntomas? Entonces debes saber que estás en la Fase 1 del estrés.

- Fase 2: Cuando el estrés persiste, afecta al sentido de la pertenencia y la capacidad para aprender se ve gravemente afectada con todo lo que eso implica.

¿Tardan más en curarse tus heridas? ¿Sientes apatía, empeora tu memoria, te sientes en cierto modo deprimido o tienes antojo de cosas saladas?

Si es así, bienvenido a la fase 2.

- Fase 3: En esta fase se ve implicado además el corazón y pueden empezar los problemas cardíacos.

Las emociones empiezan a colapsarse y la capacidad que todos tenemos para disfrutar de la vida queda relevada por los problemas, que a su vez se magnifican.

¿Te suena? También es probable que además de algunos síntomas de fases anteriores, en la fase 3 sientas ansiedad, irritabilidad, colapso frente a nuevas situaciones de estrés, victimización constante o sufras lesiones en la piel.

- Fase 4: Y en la fase 4, el estrés se convierte en la parte central de tu vida.

Es ahí donde la identidad se convierte en una colección de enfermedades, te limitas a sobrevivir y pierdes el sentido de la vida.

En la fase 4, cuando el estrés y todo su ejército ya han invadido parte de tu salud, sueles tener problemas de corazón, incapacidad para conciliar el sueño sin pastillas, enfermedades cognitivas, poca resistencia a infecciones, hipertensión, fatiga crónica y osteoporosis entre otras.



¿En qué fase del estrés crees que estás? Sea cual sea, ¡pon remedio cuantos antes!

Dijo el filósofo alemán Arthur Schopenhauer que “La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada”.

Lo cierto es que una vez aprendes a manejar el estrés, todo cambia para siempre y tu vida se vuelve mejor y mejor.

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