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Mató a un amigo y lo descuartizó con una sierra: le dieron 15 años

Mar del Plata.Discutieron por drogas y le pegó tres tiros. Luego averiguó en Internet cómo deshacerse del cuerpo. Ayer lo condenaron.



Rociaba perfume en el local y mantenía la cordialidad de siempre para atender el negocio de alfombras y pisos flotantes que había heredado de su padre. Por eso ningún cliente percibió nada extraño durante los días en los que mantuvo el cadáver de su amigo descomponiéndose en algún lugar del depósito. Nadie se dio cuenta tampoco de lo que ocurría un poco después, cuando ya lo había descuartizado con una motosierra. Había bajado un manual de criminalística de Internet y había hecho consultas en Google bajo la consigna “¿cómo deshacerse de un cuerpo?”. Pero igual su horripilante crimen quedó al descubierto. Y ayer terminó condenado a 15 años de cárcel.

Juan Ignacio Novoa, un joven de 31 años, culto y de clase media acomodada, era adicto a la cocaína y al crack. El 13 de enero de 2012, mató a tiros a su amigo Walter Farías (27): le disparó con un calibre 22 tres veces a la cara y una en el abdomen mientras estaba sentado frente a la pantalla de una computadora, en su local de Alvarado al 2500, en Mar del Plata. Luego se deshizo de su cuerpo en el bosque Peralta Ramos.

No hacía mucho tiempo que los jóvenes se conocían. Farías había purgado una pena por robo en la cárcel, al salir trabajó en un kiosco y pronto se relacionó con personajes del ambiente de la noche y las drogas. Se cree que era quien le proveía cocaína a Novoa. ¿Qué pasó entre ellos? ¿Qué provocó el crimen? Se desconoce. El comerciante se negó a declarar y la única vez que habló fue para decir que estaba arrepentido, pero no de haber cometido el asesinato sino de haber involucrado a su amigo Adrián Galluzo, que ayer fue condenado a 2 años de prisión por encubrimiento agravado. Fue quien lo ayudó a deshacerse del cadáver.

Tras el asesinato, Novoa se informó. En la computadora que se le secuestró constan las búsquedas que realizó en la web: qué químicos servían para eliminar rastros de sangre y dónde obtenerlos (los compró en un local del centro); métodos “para deshacerse de un cuerpo” y manuales de criminalística. Tres días después del crimen, el muchacho resolvió descuartizar a su víctima.

En un baño de su negocio de alfombras destrozó al cuerpo y lo fue metiendo “en latas y bolsas de consorcio”, se oyó durante el juicio. Primero usó un hacha, luego una sierra de corte y finalmente una motosierra, que compró nueva. Después le pidió ayuda a su amigo Galluzo y llamaron a un flete. Pero el chofer que lo manejaba, un ex policía, sintió el olor nauseabundo que despedían las bolsas disimuladas entre trozos de maderas y cortes de alfombras viejas y llamó tres veces al 911 mientras iban hacia el bosque Peralta Ramos. Algo no estaba bien. Pero la Policía nunca fue: los pudo haber atrapado in fraganti.

El asesino y su amigo arrojaron las bolsas con el cuerpo al costado de un arroyo, sobre un montículo de basura. Al otro día un vecino las quemó y días después, el 20 de enero, un ciruja se puso a hurgar y halló una mano: estaba en una lata de pintura y se había salvado del fuego. Llamó a la Policía y los forenses lograron luego rescatar el cráneo, que tenía tres tiros.

A otro día, el comerciante fue detenido. Tenía las manos manchadas de negro: había lavado pisos y paredes, quitado alfombras y pintado. Pero con nada de eso pudo ocultar lo que había hecho.

La abogada de la familia de la víctima, Celia De Caro, dijo a Clarín que no apelará y que está conforme con la pena de 15 años de prisión por homicidio agravado que recibió Novoa (dos más que lo que había solicitado el fiscal Juan Pablo Lódola). La defensora Carla Auad sostuvo que recurrirá al Tribunal de Casación, pues considera que el comerciante no estaba en uso pleno de sus facultades.
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