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Mayo ecológico en Bonn (Alemania)






¿Cómo debe ser la agricultura del futuro?


Pocos momentos fueron más candentes que el actual para debatir sobre transgénicos, biocombustibles, hambre, pobreza. Cumbres y “contra cumbres” se suceden este mayo en Alemania



El Protocolo de Cartagena tiene ya 16 años de vida. Fue aprobado en 1992 durante la celebración en Río de Janeiro de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. A finales de 1993 entró en vigor, y hasta el 16 de mayo próximo se somete a discusión en Bonn.

Como a otros muchos ejemplos de buenas intenciones y falta de voluntad, a este Protocolo, cuyo objetivo principal es “proteger la salud humana y el medio ambiente frente a posibles efectos adversos de los productos de la moderna biotecnología”, le faltan las firmas importantes y la potestad de actuar en caso de ser incumplido.

La cumbre con la que Naciones Unidas trata ahora de insuflar autoridad a su documento es ya la cuarta, y las posibilidades de éxito se calibran a la baja. En frente protesta contra la presión de los consorcios agrícolas un encuentro alternativo llamado “Planet Diversity”, y la semana que viene la misma ciudad de Bonn acoge el próximo evento: la IX Conferencia de Naciones Unidas para la Protección de la Naturaleza.

La presion de la Industria



Ya desde la apertura de la cumbre en la antigua capital alemana, empresas como BASF, Bayer CropScience o Dow AgroSciences han dejado clara su postura: están en contra de que el Protocolo de Cartagena les obligue a asumir responsabilidades legales internacionales, como preveía inicialmente el acuerdo, ante los daños que sus transgénicos puedan provocar en el medio ambiente o la salud humana.

A corto plazo, estas compañías agrícolas temen una oleada de denuncias. La simplificación y la internacionalización del procedimiento podrían animar a los campesinos tradicionales a seguir el ejemplo de empresas como la productora de semillas Monsanto que, tras años de batalla jurídica, logró ser indemnizada por quienes habían contaminado su cosecha con material genéticamente manipulado. Porque una cosa sí ha sido constatada: la naturaleza sigue su curso y no la frenan las vallas entre parcelas.


Cumbre y “contra cumbre”


La cumbre de Bonn, en la que participan 3.000 representantes de 147 países, no alberga la esperanza de ver plasmadas sobre el Protocolo de Cartagena las firmas de Estados Unidos, Canadá o Argentina. Pero considera una “cuestión de credibilidad”, en palabras del secretario general de la Convención de Biodiversidad de Naciones Unidas, Ahmed Djoghlaf, sacar adelante ese “instrumento internacional jurídicamente vinculante” que el documento se comprometió a crear en 1992 para atender, según expone literalmente, “el asunto de la seguridad de la biotecnología”.

Las 80 ONG y grupos ecologistas y otras asociaciones que organizan paralelamente una cumbre alternativa se han propuesto ser el contrapeso a la influencia de los grandes consorcios que controlan el mercado alimentario. Con manifestaciones y eventos piden a Naciones Unidas que no olvide el compromiso asumido. La manipulación genética de las plantas no es sólo un riesgo y una amenaza, aseguran, sino que extiende los monocultivos, destruye la biodiversidad, fomenta la dependencia de los campesinos de las grandes compañías y sume a muchos de ellos en la pobreza.


Problema de pobres


Alemania y la Unión Europea cuentan con una buena base legal que las protege de los transgénicos, dice la delegación que se ha acercado hasta Bonn. Indefensos se encuentran principalmente los países en vías de desarrollo y tercermundistas, y ahí reside seguramente lo limitado del interés: el Ministerio de Agricultura alemán, por ejemplo, está representado en la cumbre por uno de sus secretarios. El jefe de esta cartera, el socialcristiano Horst Seehofer, se ha quedado en Berlín.

Y aún así, del 19 al 30 de mayo Bonn celebra otro gran encuentro ecológico: la Conferencia de Naciones Unidas para la Protección de la Naturaleza, o Convención por la Biodiversidad. También con vistas a este evento se arman los verdes y las organizaciones no gubernamentales en contra de los transgénicos, los biocarburantes, el poder de los grandes y a favor de que se solucione rápido el acuciante problema del precio de los alimentos, y ello sin recurrir a la alteración genética: la biotecnología genera más problemas de los que soluciona, sentencian.



FUENTE: http://www.dw-world.de/dw/article/0,,3333692,00.html?maca=spa-ellitoral_news-2222-xml-mrss
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