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Michelle Obama, la Jackie negra

LA NUEVA PRIMERA DAMA DE LOS EE.UU.

Michelle Obama, la "Jackie negra"


Son muchos los que por su encanto, su elegancia y la seguridad de su estilo la comparan con la esposa de John Kennedy y con Hillary Clinton.



Al principio a Michelle Obama no le hacían mucha gracia las ambiciones presidenciales de su marido. Temía que iba a tener que educar sola a sus hijas como ya pasó cuando su marido Barack se presentó por primera vez para ser miembro del Congreso y su matrimonio pasó una dura prueba.

Pero luego llegó el cambio. Y prácticamente nadie luchó con tanta energía y convicción de lo acertado de la decisión para que su marido llegue a la Casa Blanca. Ahora Estados Unidos tendrá una primera dama insólita y no sólo por el color de su piel.

Son muchos los que por su encanto, su elegancia y la seguridad de su estilo hablan de una Jackie Kennedy negra. Algunos incluso ven también "algo de Hillary" en ella.

Es una mujer inteligente, segura de si misma y con tesón, que sabe lo que quiere y no se deja embaucar por nadie. Ni siquiera por su marido, aun cuando tanto lo admire.

Algunos dicen que Michelle, doctorada en derecho, podría estar a la altura de su marido si decidiera emprender una carrera política. Tiene pasión donde él tiene temple. El futuro presidente ya comentó en broma en cierta ocasión que estaba contento de no tener que competir con su mujer: "Perdería", sentenció.

No será una "first lady" que pase desapercibida cuando comparezca junto al hombre más poderoso del mundo. Con una altura de 1,80 metros le hace la competencia a su marido. Esta mujer de cuerpo atlético, que practica deporte, llamará la atención por su atractivo.

Le gustan los vestidos de colores fuertes, como la creación en rojo y negro que llevó el martes por la noche para celebrar la victoria. Aparece a menudo con un cinturón amplio y con los hombros descubiertos.

Está orgullosa de comprar en las tiendas, pero cuando tiene que rascarse el bolsillo para hacerse algo a medida, tampoco se amilana. De una forma u otra, siempre se la ve bien. Para la revista "Vanity Fair" figura entre las diez mujeres mejor vestidas de Estados Unidos.
Y es así como regresa algo de glamour a la Casa Blanca, a diferencia de la casi inapreciable y formal Laura Bush. Y la nación volverá a tener niños en la Casa Blanca, después de ver crecer a Chelsea Clinton, con Malia, de 10 años, y la pequeña Sasha, de siete.

Michelle ya había declarado que en el caso de una victoria electoral iba a hacer todo lo que estuviese a su alcance para que sus hijas sigan llevando una vida normal. Su objetivo principal -añadió- siempre será ser una buena madre en la medida de lo posible.

Pero igual que pasó con Hillary Clinton, la futura "first lady" y que hasta ahora es una muy bien pagada vicepresidenta del hospital universitario de Chicago, dejó en evidencia que su proyecto de vida no es quedarse en la cocina.

Con su pasión, unida a su desparpajo a la hora de hablar, colocó en algún aprieto a su marido al principio de la campaña electoral, como cuando dijo que por primera vez en su vida estaba orgullosa de su país, en referencia al entusiasmo que se vivía con la candidatura de Barack Obama.

Esta declaración hizo que recibiese reproches de poco patriota y reforzó el punto de vista conservador de que ella era más "negra" que su marido, -hijo de una blanca estadounidense con estudios y un keniano, también con estudios-, que era una mujer amargada, que siempre estaría enojada con los blancos racistas.

Y realmente Michelle es diferente a su marido. Es descendiente de esclavos negros. Procede de una familia trabajadora y creció en condiciones humildes en el South Side de Chicago, un barrio pobre de la ciudad.

Gracias a su inteligencia y su disciplina consiguió llegar a las prestigiosas y elitistas universidades de Princeton y Harvard, pero también aquí, como se puede leer en su redacción para el examen, se tuvo que enfrentar al hecho de "ser negra".

En la campaña electoral, Michelle se reveló como una excelente oradora que, sin temer a las multitudes, siempre ha intentado suavizar su imagen. Como primera dama, seré "lo que mi país exige. Haré lo que sea necesario", dijo.

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