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Miguel Luis Piedra Buena - Procer Patagónico

Comandante Piedra Buena, Pionero de la Patagonia


Teniente Coronel de Marina



Luis Piedra Buena


Biografía de Luis Piedra Buena (1833 - 1883)

El Teniente Coronel de Marina Luis Piedra Buena nació el 24 de agosto de 1833 en Carmen de Patagones, Provincia de Buenos Aires (Argentina) y desde su infancia el mar ejerció un gran influjo sobre él, a tal punto que siendo niño fue hallado por un capitán mercante llamado Lemón, a veinte millas de la costa tripulando una débil balsa que había construido. El capitán Lemón lo llevó a Patagones, obtuvo el permiso de sus padres y embarcó a Piedra Buena como grumete de su barco que zarpó hacia los Estados Unidos.

En julio de 1848, cumpliendo el itinerario de un viaje, Piedra Buena arribó a las Islas Malvinas para cargar víveres frescos y luego continuar la travesía hacia el Cabo de Hornos, llegando hasta las puertas del continente antártico con el objeto de cazar ballenas, regresando luego a Carmen de Patagones.

En 1849, Piedra Buena realizó un viaje de Montevideo hasta Tierra del Fuego, como segundo oficial, para aprovisionar a los misioneros ingleses. Se hallaban a fines de ese año en la Isla de los Estados cuando la marea trajo a la playa los restos de un barco; el joven oficial salió mar afuera y regresó con catorce náufragos rescatados de una muerte segura. Esa iba a ser una de las principales características del marino que fue Piedra Buena.

En 1850 es primer oficial de la goleta "Zerabia". Carga ganado lanar y vacuno para las Islas Malvinas. Siente la seducción de las tormentas y los peligros y llega hasta la Antártida. Navega toda la zona de los canales fueguinos, conoce a los indios de aquellas latitudes y en lonas blancas marineras pinta los colores nacionales y les obsequia una bandera argentina, tratando de inculcarles el sentido de la patria.

En 1854, Piedra Buena otra vez en los mares presta auxilio a veinticuatro náufragos que estaban a merced del temporal; pocos meses después, a bordo de la goleta "Manuelita", que le había cedido Smiley, rescata de la muerte en Punta Ninfas a la tripulación de la barca ballenera estadounidense "Dolphin". En 1859 remonta el río Santa Cruz y llega a una de sus más dilatadas islas a la que denomina "Pavón", la cual le es cedida por el gobierno y en ella instala un reducto al que concurren los indios del lugar.

Sigue luego navegando por los mares patagónicos y de la Tierra del Fuego. En 1860 concreta su máxima ambición, contar con su propio buque; le compra a su viejo maestro y amigo Smiley la goleta "Nancy", que procede a armar para defender el territorio y las costas del sur patagónico, en tanto continúa salvando vidas. Penetrado de un sentimiento de contenido nacional construye, en 1862 en la Isla de los Estados, un pequeño refugio al cuidado de los hombres de su tripulación y alza en él la bandera nacional. En uno de sus largos viajes arriba a la Bahía de San Gregorio en 1863 y traba amistad con el cacique Biguá, lo trae a Buenos Aires presentándolo a las autoridades nacionales que lo designan Cacique de San Gregorio. La finalidad está cumplida y es prolongar la Patria y Piedra Buena obsequia a Biguá el pabellón de su barco, que ha dejado de llamarse "Nancy" para ostentar el nombre de un heroico marino criollo: "Espora".

En uno de sus viajes que llega hasta el Cabo de Hornos y graba en la mole del Cabo:

"Aquí termina el dominio de la República Argentina". "En la Isla de los Estados (Puerto Cook) se socorre a los naúfragos. 1863. Capitán L. Piedra Buena



El Gobierno Nacional teniendo en cuenta los méritos de Piedra Buena que tanto hace por defender la soberanía argentina en la Patagonia, le entrega el 2 de diciembre de 1864 los despachos de "Capitán honorario sin sueldo".

Transcurren los años y Piedra Buena sigue su labor de socorrer náufragos dejando a veces abandonados sus intereses comerciales y a la vez inculca a los indios que ellos son hijos de la República Argentina cuya soberanía deben defender. Las navegaciones que realiza en las costas de la Patagonia, Malvinas y Tierra del Fuego son numerosas.

Corre el mes de marzo de 1873 cuando viaja con la goleta "Espora" a la Isla de los Estados y allí lo sorprende un terrible temporal que abate la nave contra las rocas, produciéndose la pérdida de la misma. Con los restos de esta nave y luego de una ardua tarea que le insumió 27 días de trabajo construye un pequeño cúter al que llamó "Luisito" y con el que navegó hacia Punta Arenas. Desde este punto volvieron a la Isla de los Estados salvando en esa oportunidad a los náufragos del buque "Eagle" y del "Dr. Hanson". El gobierno alemán premió el acto de arrojo y envió a Piedra Buena un magnífico anteojo-telescopio contenido en un estuche cuya plaqueta de plata rezaba: "Nosotros, Guillermo, por la Gracia de Dios Emperador de Alemania y Rey de Prusia: Consideramos esta caja como recuerdo de gratitud al capitán D. Luis Piedra Buena, del buque argentino "Luisito", por los servicios prestados en el salvamento de la tripulación del Dr. Hanson naufragado en octubre de 1874".

Convencido el Gobierno Nacional de mantener una comunicación constante con las costas del sur como de asegurar el dominio del estado en aquellas regiones, le asignó a Piedra Buena una subvención para que con un barco bajo su mando pudiera prestar aquel servicio. Para ello adquirió la goleta "Santa Cruz" y realizó la travesía tocando Chubut, Deseado y Santa Cruz, llevando a su bordo al sabio explorador el perito Francisco P. Moreno.



De regreso de ese viaje el gobierno le extendió los despachos de sargento mayor con grado de teniente coronel el 17 de abril de 1878.

En 1882, interviene con la "Cabo de Hornos" en la expedición científica a la patagonia meridional colocada bajo la dirección del marino italiano Giacomo Bove. El viaje tuvo una duración de ocho meses y reconoció como centro principal de observación la Isla de los Estados, que el gobierno había otorgado a Piedra Buena. Los trabajos continuaron luego en el canal de Beagle.

El 8 de noviembre de 1882 el general Roca, Presidente de la Nación, le confirió el grado efectivo de teniente coronel de la Marina de Guerra.

Se aprestaba a efectuar una nueva navegación a la región donde había surcado tantas millas afirmando la soberanía nacional y salvando náufragos, cuando lo sorprendió la muerte el 10 de agosto de 1883.

Fue Piedra Buena un marino argentino, sencillo, trabajador, honrado y su vida es hoy la mejor página de patriotismo en la historia de los mares australes de la República Argentina.


Anécdotas

Cuando Piedra Buena estaba en el mar se sentía orgulloso. Te voy a contar cómo salió adelante después de naufragar su barco y permanecer en una costa desierta del sur. Salió un 21 de febrero de 1873 en su entrañable barco "Espora" para ponerse a trabajar en su fábrica de aceite. Había muchísimos pingüinos y los primeros días alcanzó a degollar algunos con la ayuda de sus compañeros. Pero el tiempo y el mar empezaron a empeorar, ya casi era imposible continuar. Chubascos, nieve, granizos; un temporal que hacía casi imposible gobernar el Espora. Estamos ya a 10 de marzo del mismo año. Decidió largar el ancla y varar el buque en la playa de arena, pero desgraciadamente éste se atravesó y los golpes que daba le sacaron la estopa, yéndose a pique. No les quedó más que salvar provisiones. Don Luis no podía resignarse a que su Espora se perdiera para siempre...
La construcción del Luisito



Piedra Buena construyendo el "Luisito"
(acuarela de Emilio Biggeri - Museo Naval)


Después de varios intentos de salvataje, el formidable marino patagonés escribe en una sublime frase: "La gente da el buque por perdido, pero yo no..." Como el hijo que no se resigna a la muerte de su madre, ¿Cómo SU goleta iba a abandonarlo? ¡Imposible!
Pero la tripulación estaba acobardada. Y fue en ese momento cuando nació en la mente del capitán Luis una idea genial. Piedra Buena solo en la isla de Año Nuevo, con sus tripulantes moralmente acobardados unos y físicamente enfermos los otros; concibió la idea de construir un cúter (embarcación de porte mediano) con los rezagos del barco perdido. Dilema de vida o muerte. O se construye un barco salvador, o mueren todos de frío e inanición en aquella isla. Su gente estaba desalentada y sin ganas de ayudarlo.

En un estado de desaliento entre sus marinos, este hombre de voluntad de acero comenzó la obra maestra de su genio: el Luisito. Llovía y nevaba, pero se seguía trabajando al aire libre como si estuvieran en el más confortable de los astilleros. Era un trabajo duro y áspero... cortaban maderas, martillaban y por falta de brea usaban grasa de foca o de pingüino. Dormían casi a la intemperie cubriéndose con pieles de foca que era lo único que tenían, y comían su carne. De los ocho marinos, ya en la segunda semana solo dos trabajaban en la empresa... algunos encima de no colaborar protestaban todo el tiempo. Cuando faltaba poco en el armado de la nave salvadora, debieron sujetar a uno que hacha en mano quería romper lo construído con tanto esfuerzo... ¡mala onda que le dicen ahora! Escribió Piedra Buena en su diario:
" Don Celestino amenazó con quemar la embarcación... Empezó a decir Carlos que todo estaba mal hecho y que iba a romper la embarcación con el hacha... al fin lo hice callar y que fuera a buscar palos con los demás..."
Piedra Buena

Luis Piedra Buena

Piedra Buena llegó en un momento a plantarse en estos términos:
"-El que quiera dejarme, si es que en ello busca la muerte, que me deje. Sin estas armas (y mostrando dos armas de fuego) no tendrán que comer. Con que elijan: o morir de hambre y de frío, dejando el trabajo, o salvarse continuando con el trabajo..."
Allí cobró algo de impulso la iniciativa. Esos hombres vestidos con pieles de lobo de mar retomaron (no sin quejas) las faenas. Cuando por fin lo terminaron faltaba lo más importante: que permanezca en el mar sin irse a pique. Había que probarlo y para eso hicieron una rampa de madera. El 11 de mayo (¡dos meses en la aún hoy solitaria Isla de los Estados!) fue un día hermoso. No sólo porque por excepción , brillaba el sol y no había viento; sino porque ese día "en la marea de la tarde LA EMBARCACIÓN NADÓ". Ya habían botado el cúter. ¡Y no se había hundido: boyaba perfectamente! Lo llamó como su hijo mas pequeño: Luisito. Lo que más asombra es que fue construido a ojo, sin que mediara plano previo que guiara la construcción. Medía casi once metros de eslora, cuatro metros de manga y podía soportar 18 toneladas de carga; todo con un único palo para velas.
Ocuparon una semana en cargar los tanques con aceite animal, las provisiones, agua, leña; todo bajo constantes tormentas, nevadas... y peleas entre marinos. En el diario del capitán se lee el 18 de mayo:
"-... a las 12 dejamos a nuestro pobre Espora todo hecho pedazos."

"El Luisito"

No llegaron hasta el puerto de Punta Arenas, en donde residía por entonces la familia de Piedra Buena con su "otro hijo Luisito; sino hasta el 27 de mayo de 1873. Los puntarenenses corrían a la playa a admirar el pequeño Luisito y a sus náufragos por quienes los mas devotos ya habían hecho rezar misas.
¡ Una odisea que duró tres meses y medio!
El gran genio de los mares del sur escribiría:
-" 27... llegamos a Punta Arenas y encontré todo lo mas precioso que era mi familia y mis hijitos, buenos; olvidando en el instante todo lo pasado. A Dios gracias".
Curiosamente el Luisito siguió usándose por bastantes años mas, en el asentamiento que Piedra Buena tenía en la Isla Pavón a pocas leguas de la desembocadura del rio Santa Cruz en la hoy provincia del mismo nombre. A escasos dos o tres kilómetros de la isla hoy existe la ciudad de Comandante Luis Piedra Buena.-



Fuentes:
http://www.infovyp.com.ar/piedrabuena.html
http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi2000/santa-cruz/relatos/pages/piedrabu.htm
http://www.aventurarse.com/expediciones/deextremoaextremo/piedrabuena.html
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