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Misterios de la Segunda Guerra Mundial







La Segunda Guerra Mundial dio lugar al nacimiento de innumerables leyendas y misterios. La Segunda Guerra Mundial trajo consigo muchos cambios alrededor del mundo, ya sean cambios de pensamiento o en la forma en la que la gente se relacionaba con la tecnología. Este despertar de la sociedad también trajo consigo muchas teorías conspirativas en contra de otros países y, por lo tanto, paranoia y miedo entre las personas. El resultado de esto fueron muchos misterios alrededor del planeta que hasta la fecha no tienen explicación.

Estos son algunos misterios de la Segunda Guerra Mundial a√ļn sin resolver.



1. El informe de los muertos



‚ÄĘ El enigm√°tico caso de tres pilotos de aviones bombarderos Douglas DB-7 Boston, que despu√©s de una misi√≥n de bombardeo a las defensas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, regresaron a la base con el terror impreso en sus rostros. El mariscal, quien los recibi√≥, los envi√≥ inmediatamente a elaborar su informe y luego les otorgo un descanso para que se relajara y tomaran unas cervezas.

‚ÄĘ Minutos despu√©s, el mariscal recibi√≥ la noticia de que estos mismos pilotos hab√≠an muerto en esta misi√≥n. Este caso es muy interesante porque se dej√≥ la evidencia f√≠sica de la manifestaci√≥n de estas tres almas en pena, que incluso despu√©s de la muerte escribieron el informe que conten√≠a una descripci√≥n detallada de como murieron en la misi√≥n.

‚ÄĘ El caso es todav√≠a hoy un misterio, como fue posible que ellos pudieran estar en la base, si hab√≠an muerto unas horas antes, durante la batalla, y mucho menos cre√≠ble es que pudieran escribir exactamente lo que sucedi√≥ en la batalla. La √ļnica explicaci√≥n razonable es que otros tres impostores tomaran el lugar de los pilotos‚Ķ Sin embargo, en materia de ‚Äúhip√≥tesis‚ÄĚ es mucho m√°s absurdo que estos tres impostores estuvieran en batalla como para saber exactamente lo que sucedi√≥ en esa misi√≥n.


2. Los soldados del eterno ca√Ī√≥n antia√©reo



‚ÄĘ En la primavera de 1944, el Puerto de Hollandia (hoy Jayapura) fue el escenario de una importante invasi√≥n aliada. La isla, ocupada por los japoneses, fue un trampol√≠n a las Filipinas y fue atacada por las fuerzas del general Douglas MacArthur. Tomados por sorpresa y derrotados, los soldados japoneses huyeron hacia el este y los aliados entraron en la isla. Los lugare√Īos dijeron que algunos japoneses se quedaron ‚Ķ al menos en esp√≠ritu.

‚ÄĘ En 1956, Reuters inform√≥ que los residentes de Hollandia hab√≠an pedido a los miembros de un comit√© exorcizar una ca√Ī√≥n antia√©reo japon√©s abandonado en la playa. Todos los d√≠as, a la medianoche, dijeron, fantasmas de soldados japoneses esquel√©ticos con cascos parec√≠an manejar el viejo ca√Ī√≥n oxidado y velaban la espera de un posible ataque aliado. Y esto se repiti√≥ ‚Ķ. todas las noches!

‚ÄĘ Algunas doctrinas que estudian este tema, de los esp√≠ritus, dicen que una persona que muere de forma abrupta o repentina, puede quedar atrapada en este plano porque no saben que murieron. Al igual que en la leyenda anterior, al parecer, tienden a repetir los hechos ocurridos momentos antes de su muerte. Por lo general son v√≠ctimas de asesinatos o accidentes, y de acuerdo a algunas religiones, necesitan orientaci√≥n para conocer sus condiciones. Por lo tanto, en algunos casos se vuelven agresivos al no ser conscientes del hecho de que est√°n confinados a los momentos de su muerte.


3. ¬ŅHitler uso la famosa "Lanza del Destino"?



‚ÄĘ Cuenta el evangelio de Juan que para comprobar la muerte de Cristo, un soldado romano, Longinus, clav√≥ una lanza en su cuerpo. Inmediatamente comenz√≥ a brotar agua y sangre, lo que fue considerado un milagro.

‚ÄĘ Se dice que esta lanza cay√≥ posteriormente en manos de Constantino el grande, quien usando su poder expandi√≥ el Imperio Romano, sin conocer jam√°s la derrota. En los siguientes mil a√Īos 45 emperadores utilizaron la lanza, entre ellos Carlomagno y Federico el grande. Ninguno de los 3 mencionados perdi√≥ una batalla mientras mantuvo posesi√≥n de la lanza. Se dec√≠a que Carlomagno nunca dejaba la lanza a mas de 2 metros de su alcance, incluso cuando dorm√≠a. Dice la leyenda ‚Äúquien posea la lanza gobernar√° el mundo‚ÄĚ.



‚ÄĘ Richard Wagner el compositor de operas favorito de Hitler tambi√©n se hace eco del poder de la lanza en la opera ‚ÄúParsifal". La lanza es robada por fuerzas del mal y Parsifal debe recuperarla para proteger el futuro del pueblo germ√°nico.

‚ÄĘ A comienzos del siglo XX la lanza se hallaba en el Hofburg de Viena, y un joven Adolf Hitler se encontr√≥ frente a ella durante una visita guiada. Al recordar el momento dec√≠a Hitler que al situarse frente al aparador, entr√≥ en una especie de trance. ‚ÄúGradualmente me di cuenta de una poderosa presencia alrededor de ella, la misma particular y magn√≠fica presencia que hab√≠a experimentado internamente en esas rararas ocasiones de mi vida en que sent√≠a que un gran destino me aguardaba. Inmediatamente me di cuenta que ese era un momento importante en mi vida, y de todos modos no pod√≠a entender como un s√≠mbolo cristiano pod√≠a haberme causado semejante impacto‚ÄĚ.

‚ÄĘ En los siguientes a√Īos Hitler retornar√≠a frecuentemente al Hofburg a contemplar la lanza, obsesionado por la misma. Cuando Alemania se anex√≥ Austria en 1938, una de las primeras ordenes de Hitler fue pedir que le trajeran la lanza y lo dejaran solo con ella. Su obsesi√≥n de reunirse con la lanza del destino se cumpl√≠a tras 25 a√Īos de espera.

‚ÄĘ Nadie puede afirmar a ciencia cierta cierta si la lanza ten√≠a o no poderes, pero lo que s√≠ es un hecho hist√≥rico, es que Hitler se suicid√≥ en Berlin un 30 de abril de 1945. El 30 de abril asimismo, en la ciudad de Nuremberg, los Aliados descubr√≠an un bunker secreto donde estaba escondida la lanza y tomaban posesi√≥n de la misma.



‚ÄĘ El general Patton tambi√©n se sinti√≥ fascinado por la misma e intent√≥ infructuosamente apropiarse de ella, pero tuvo que entregarla a su gobierno Ya con la posesi√≥n de la lanza los americanos lanzan la mayor arma jam√°s conocida: la bomba at√≥mica. Tras la guerra la lanza fue devuelta a su lugar en el Hofburg, en Viena, y curiosamente Austria fue la √ļnica naci√≥n de Europa Central que no fue invadida por el comunismo. Hoy en d√≠a aun se encuentra en el Hofburg, donde podemos visitarla junto a otras maravillosas joyas y reliquias.


4. Los aviones fantasma de la Segunda Guerra Mundial



‚ÄĘ Durante tiempos de guerra, varios aviones sal√≠an en una misi√≥n peligrosa, regresando todos los aviones excepto por uno. Todos esperan a que regrese, pero no hay nada en el horizonte. Horas despu√©s se escucha un avi√≥n acerc√°ndose, todos esperando que sea aquel avi√≥n perdido. Pero ¬Ņc√≥mo puede ser si su dotaci√≥n de gasolina debi√≥ haberse acabado? El avi√≥n aterriza y se encuentran con un fuselaje da√Īado, el avi√≥n sin un s√≥lo soldado a bordo y el tanque de gasolina completamente vac√≠o.
Algunos cuentan que la tripulaci√≥n est√° a bordo, pero muerta. Algunos dicen que el avi√≥n est√° tan da√Īado que es imposible que hubiera podido volar, pero poco se sabe de los misteriosos aviones fantasma.


5. La desaparición del vuelo 19



‚ÄĘ El origen de las teor√≠as que circulan al Tri√°ngulo de las B√©rmudas se remonta a este misterioso caso. De forma b√°sica, la historia cuenta que 5 aviones en entrenamiento salieron de la estaci√≥n naval en Fort Lauderdale, Florida. El piloto del avi√≥n que los dirig√≠a se quej√≥ de que sus br√ļjulas y aparatos no estaban funcionando bien y que no sab√≠a d√≥nde estaba. Despu√©s de varias horas de vuelo, los aviones se quedaron sin gasolina y, hasta la fecha, los aviones no se volvieron a ver, con los 14 hombres del entrenamiento tambi√©n desaparecidos.


6. La misteriosa muerte de Hitler



‚ÄĘ La versi√≥n oficial de los aliados ‚ÄĒque concuerda con la versi√≥n dada por su secretaria personal, Traudl Junge, en el libro Hasta la √ļltima hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida (Bis zur letzten Stunde: Hitlers Sekret√§rin erz√§hlt ihr Leben), con la versi√≥n de Joachim C. Fest, historiador y bi√≥grafo, en El hundimiento (Der Untergang) as√≠ como la biograf√≠a del General Freytag von Loringhoven‚ÄĒ indica que Hitler renunci√≥ a intentar huir de Berl√≠n y se suicid√≥ con un tiro de pistola y, al mismo tiempo, ingiriendo una c√°psula de cianuro en su F√ľhrerbunker, a 15 m de profundidad en el subsuelo del edificio de la Canciller√≠a en Berl√≠n, junto a su nueva esposa Eva Braun y rodeado de unos pocos incondicionales, el 30 de abril de 1945, cuando el Ej√©rcito Rojo, dirigido por el mariscal Georgi Zh√ļkov, tomaba Berl√≠n y se encontraba a menos de 300 m del b√ļnker.

‚ÄĘ Aquel d√≠a, Hitler almorz√≥ en compa√Ī√≠a de sus secretarias en un silencioso ambiente y despu√©s del almuerzo, el cual fue servido por Constanze Manziarly, hizo matar a su perra Blondie. Luego dio a su ayudante Otto G√ľnsche instrucciones estrictas sobre la cremaci√≥n de su cuerpo y el de su esposa, probablemente para evitar que fueran exhibidos como ¬ętrofeos de guerra¬Ľ, recordando el ultraje del cad√°ver de su amigo Benito Mussolini, que fue colgado desnudo boca abajo junto con el de su amante en una gasolinera de Mil√°n, donde fue golpeado, escupido y despreciado durante d√≠as. El siguiente relato procede del testimonio de G√ľnsche: Hitler se retir√≥ a eso de las 16 horas junto con Eva Braun a su despacho privado contiguo a la sala de mapas y Otto G√ľnsche se par√≥ frente al despacho esperando el momento de entrar; le acompa√Īaba Linge. Se sinti√≥ un disparo ahogado y G√ľnsche esper√≥ unos 15 minutos de acuerdo a instrucciones; posteriormente Linge ingres√≥ a la habitaci√≥n de dos ambientes. Hitler estaba recostado a un extremo del sof√° con un tiro en la sien, con salida de proyectil, de la cual a√ļn manaba sangre, su boca ten√≠a una grotesca mueca.



‚ÄĘ Seg√ļn G√ľnsche y Linge, Eva Braun estaba recostada al otro extremo con los ojos abiertos y una mueca de dolor en su rostro, una pistola estaba en la mesa a su disposici√≥n, pero no alcanz√≥ a usarla, pues el cianuro suministrado por el m√©dico personal de Hitler, Ludwig Stumpfegger, hab√≠a sido r√°pido.

‚ÄĘ En efecto, Linge sigui√≥ a G√ľnsche al entrar al compartimiento de Hitler, y una vez confirmada su muerte, levant√≥ los cuerpos envueltos en una alfombra y los sac√≥ al patio trasero de la Canciller√≠a, en unos momentos en que llov√≠an obuses rusos por doquier.

‚ÄĘ G√ľnsche deposit√≥ ambos cuerpos en un orificio de ob√ļs, los roci√≥ con unos 200 l de gasolina y les prendi√≥ fuego. Mientras se consum√≠an, unos cuantos testigos, entre ellos Martin Bormann, Goebbels, realizaron un nervioso y acongojado saludo militar, mas un ob√ļs que estall√≥ cerca les oblig√≥ a volver al b√ļnker sin verificar la total consumaci√≥n de la incineraci√≥n.



‚ÄĘ Su muerte se puso en duda durante mucho tiempo, cre√°ndose toda suerte de mitos.
Recientes versiones surgidas en los a√Īos 1990 del lado ruso, confirman que los sovi√©ticos (NKVD), despu√©s de una infructuosa b√ļsqueda en la que incluso hallaron a un doble de Hitler suicidado en una habitaci√≥n de la Canciller√≠a como una forma de despistar, por fin dieron con los restos irreconocibles en parte de Hitler, Braun y la familia Goebbels y que estos, secretamente a√ļn para el mismo general Zh√ļkov, fueron transportados en cajas especiales a la frontera, a un cuartel militar que luego pasar√≠a a ser territorio de la Rep√ļblica Democr√°tica Alemana.

‚ÄĘ Los rusos confirmaron inicialmente en 1955 la muerte de Hitler, pero no se mostraron evidencias muy sustanciales, salvo algunos detalles odontol√≥gicos, lo que confirmaba a pesar de todo que los rusos ten√≠an los cuerpos.



‚ÄĘ Estos restos permanecieron secretamente enterrados bajo un jard√≠n de dicho cuartel en la ciudad de Magdeburgo y s√≥lo algunas autoridades de la NKVD sab√≠an d√≥nde estaban, hasta que en 1970 fueron exhumados, se extrajo el cr√°neo a Hitler y el resto de los cad√°veres fue incinerado para evitar que su tumba fuera objeto de veneraci√≥n, y las cenizas fueron lanzadas al r√≠o.
No se ha podido dar con el cr√°neo de Hitler, pero una parte signada como de Hitler, el hueso parietal de su caja craneana, est√° en un Museo sovi√©tico. Sin embargo, en septiembre del 2009, el arque√≥logo Nick Bellantoni anunci√≥ que, luego de un an√°lisis de ADN practicado a los restos, se determin√≥ que el fragmento del cr√°neo corresponder√≠a a una mujer de entre 20 y 40 a√Īos de edad.


7. Normandía Negra



‚ÄĘ Seg√ļn cuenta un oficial de Marina Ingles, no identificado, en el a√Īo 2000, se relat√≥ en documentos oficiales, que el barco en el que trabajaba un marino estaba en Le Havre, Francia, cuando, entonces, alrededor de las 23:45 de la noche, se dirigi√≥ al puente para reemplazar el turno con un compa√Īero. Este intercambio de turnos se conoce como la tumba (graveyard shift) en la Marina.

‚ÄĘ Al llegar al puente, vio al compa√Īero y al capit√°n analizando informes meteorol√≥gicos, el capit√°n dijo que no hab√≠a echado el ancla y que se esperaban fuertes vientos durante la noche. Se deb√≠a evitar a toda costa que el barco golpera con los restos de alg√ļn otro nav√≠o de la segunda guerra mundial, o de cualquier otra reliquia de la guerra, ya que hab√≠a muchos restos dispersos en ese momento.

‚ÄĘ El capit√°n tambi√©n le dijo que tendr√≠a que permanecer en vigilia, porque hablaba con fluidez ingl√©s y ser√≠a la mejor persona, en todo caso, para comunicarse con el puerto y escuchar los informes y las instrucciones.

‚ÄĘ Luego empez√≥ su turno y pas√≥ el tiempo. Unas pocas horas despu√©s, recibi√≥ una llamada desde el puerto de control. Es curioso que el operador portuario hablara en ingl√©s, el no se lo esperaba. Tal vez √©l (el operador) pensaba que era un americano‚Ķ Despu√©s de la comunicaci√≥n por radio, y de haber recibido los informes, decidi√≥ descansar.



‚ÄĘ Relat√≥ que hab√≠a tenido un sue√Īo v√≠vido, algo que dijo, era muy extra√Īo, por que su memoria era inusualmente clara despu√©s de despertar. En su sue√Īo vio a un pelot√≥n de cinco o seis hombres vestidos con uniformes de Guerra, con patr√≥n de las chaquetas de invierno. Era una tarde un poco nebulosa, y muy tranquila. No hab√≠a se√Īales de conflicto armado en ning√ļn lugar, cuerpos, casas quemadas, tanques destruidos, cualquier cosa. Era s√≥lo un camino fangoso, con √°rboles altos en una zona rural tranquila y este peque√Īo grupo de soldados en marcha.

‚ÄĘ Marchaban tambi√©n de forma relajada. Uno de ellos era un oficial, esta descripci√≥n es evidente por la banda blanca en la parte frontal del casco. Todos eran j√≥venes, ninguno de m√°s de 25 a√Īos. Todos estaban armados, a excepci√≥n del oficial.

‚ÄĘ Los soldados ten√≠an expresiones serias y sombr√≠as. Parec√≠a que ten√≠an sus ojos fijos en algo adelante, m√°s all√° del camino. Ellos no parec√≠an notarlo, ya que estaban marchando lentamente hacia el. El pelot√≥n se acerc√≥ y se detuvo. El oficial mir√≥ a cada uno y dijo de forma clara, tranquila y baja: ‚ÄúNormand√≠a Negra‚Äú.



‚ÄĘ Seg√ļn la versi√≥n del marino que relat√≥ esto, dijo que nunca hab√≠a estado en Francia antes, pero jurar√≠a que la vegetaci√≥n de la zona era de Francia, y que los soldados eran infantes de marina. En el mismo escenario vio algo que parec√≠a ser una base estadounidense, pero √©l sab√≠a que estaba en alg√ļn lugar de Francia. Vio a unos 150 soldados, divididos en tres columnas, totalmente alerta. En el sue√Īo, estaban a unos 50 metros a la izquierda. Mir√©, y clamaron en voz alta, ‚Äú¬°Gloria! ¬°Gloria! Gloria. ‚ÄĚ

‚ÄĘ Despu√©s de este extra√Īo sue√Īo, pens√≥ que nada encaja. En primer lugar, que no era un nativo del Ingl√©s, que no era americano, ni brit√°nico. Pero el sue√Īo era en Ingl√©s!Y nunca hab√≠a so√Īado en Ingl√©s. Seg√ļn √©l, ni siquiera recordaba los sue√Īos.



‚ÄĘ La teor√≠a es que los fantasmas de los soldados estadounidenses de alguna forma escucharon el Ingl√©s para el operador de radio del puerto y decidieron acercarse y decir ‚ÄúHola‚ÄĚ. ¬ŅTal vez estaban nost√°lgicos o ansiosos por enviar un mensaje de ‚Äútodav√≠a estamos aqu√≠‚ÄĚ?

‚ÄĘ Tal vez a√ļn no sab√≠an que la guerra hab√≠a terminado. Sin embargo, una cosa es cierta: algunos de ellos por lo menos todav√≠a est√°n all√≠. De todos modos, al contar esta experiencia, √©l marinero se sinti√≥ mejor, pero para √©l es incomprensible porqu√© los soldados muertos hace m√°s de 60 a√Īos, gritaba: ‚Äú¬°Gloria, gloria, gloria‚ÄĚ o dec√≠an ‚ÄúNormand√≠a Negra.‚ÄĚ

‚ÄĘ √Čl dice que nunca m√°s so√Ī√≥ en Ingl√©s. O con Francia y Le Havre, o soldados de la Segunda Guerra Mundial.


8. El final de Mussolini



‚ÄĘ Mis recuerdos son fieles y est√°n comprobados en libros hist√≥ricos publicados. Dudamos de que los j√≥venes sepan qui√©n fue Benito Mussolini. Gobern√≥ dictatorialmente a Italia despu√©s de marchar sobre Roma en varios trenes para exigir del Rey V√≠ctor Manuel su designaci√≥n para primer Ministro, que le fue concedida. Se uni√≥ a Hitler y con Jap√≥n formaron el EJE; invadi√≥ a Abisinia; su oratoria lo hizo famoso. La guerra llegaba a su final, ya hab√≠an capitulado los alemanes en Bolonia, cuando el Cardenal Schuster, Arzobispo de Mil√°n, propici√≥ un encuentro de partisanos (guerrilleros) con el Duce, sin acuerdo; el jefe partisano exigi√≥ rendici√≥n que Mussolini rechaz√≥, y dirigi√©ndose al Cardenal, expres√≥: "Eso es imposible". Pens√≥ en organizar resistencia en Valtellina, cerca de la frontera suiza. Mussolini viaj√≥ a Dongo, a orillas del lago "Como" en cami√≥n blindado, disfrazado de sargento alem√°n. Adelante fue registrado por partisanos, llevaba gafas negras y simulaba dormir. Est√° borracho, dijo un soldado a la primera requisa que practic√≥ Urbano, quien al regresar, dijo al jefe partisano Giuseppe Negri: "yo creo que el cabez√≥n est√° aqu√≠". El jefe mand√≥ a L√°zaro, quien subi√≥ al cami√≥n e identific√≥ al sargento de las gafas negras: ¬°"Caballero Benito Mussolini" Este volvi√≥ a mirar en silencio: "¬°Le detengo en nombre del pueblo italiano!" El Duce baj√≥ del veh√≠culo.



‚ÄĘ Al viaje se uni√≥ Clara Petacci, amante del Duce, que hab√≠a convencido a sus carceleros de que la llevaran junto a √©l para correr la misma suerte. Fueron subidos a otro cami√≥n y llevados cerca de Villa Belmonte; el guerrillero Audisio los hizo descender y empuj√≥ a Mussolini contra una tapia, Clara llorando grit√≥: !no lo hagan! Audisio le dijo: "‚ĶD√©jelo, si no quiere morir con √©l‚Ķ" Mussolini se abri√≥ la chaqueta y ofreci√≥ su pecho. Audisio dispar√≥ pero no mat√≥ al Duce sino a Clara, que trataba de protegerlo. Audisio dispar√≥ de nuevo, las balas lanzaron al hombre contra la pared, quien se desliz√≥ hasta quedar tumbado; en el suelo lo remat√≥ con varios tiros sobre el pecho‚Ķ" El cami√≥n lleg√≥ a Mil√°n al amanecer del 29 de abril, (1945). En plaza Loreto descargaron los cuerpos, los colgaron de una viga en una gasolinera despu√©s de sujetarle a las piernas el traje de Clara para cubrirle sus partes √≠ntimas. Ese d√≠a firmaban en Berl√≠n la capitulaci√≥n ante las fuerzas aliadas.


9. La batalla de los √Āngeles



‚ÄĘ Despu√©s de Pearl Harbor, la gente en la costa oeste de Estados Unidos viv√≠a en constante miedo por otro ataque japon√©s sorpresivo. Tanto era el miedo que, en 1942, un simple globo meteorol√≥gico inici√≥ un repentino caos en Los √Āngeles. Muchas personas vieron esto como un verdadero ataque, y el fuego anti-√°reo pronto llen√≥ la oscuridad de la noche, lo que continu√≥ unas cuantas noches m√°s.
Al final las muertes de esta "batalla" de Los √Āngeles fueron tres personas por ataques al coraz√≥n y tres por fuego del propio Estados Unidos. No se encontraron aviones japoneses y Jap√≥n neg√≥ haber tenido participaci√≥n en alg√ļn ataque a Los Angeles.
Teorías surgieron de este evento, diciendo tanto que el gobierno lo había provocado para inducir pánico (y por lo tanto favor a la guerra) en la población como que los eventos en el cielo eran de origen extraterrestre.


10. Las almas del Pacífico Sur



‚ÄĘ Todas las batallas de la Segunda Guerra Mundial libradas en el Pac√≠fico Sur, fueron sangrientas, sombr√≠as e implacables. Y tal vez para algunos la pesadilla aun no termina. Hacia finales de los 50, un reportero de la BBC de Londres inform√≥ que hab√≠a una casa en Kuala Sengalor, Malasia, anteriormente ocupada por oficiales japoneses, donde se pod√≠an escuchar resonar los pasos de pesadas botas militares. Otras fuentes informaron que los pescadores de la isla filipina de Corregidor, ferozmente disputada, siguen viendo patrullas espectrales a√Īos despu√©s de la guerra. Hasta la agencia Reuters, la agencia de noticias brit√°nica m√°s respetada, escuch√≥ una historia de la costa norte de Nueva Guinea al respecto.

‚ÄĘ Es como si estos soldados espectrales se perdieran en un lapso de tiempo, para siempre repitiendo el mismo acto que tuvo lugar antes de su muerte.


11. El extra√Īo caso de Rudolf Hess



‚ÄĘ Rudolf Hess era un nazi de alto rango que, en mayo de 1941, fue capturado por autoridades inglesas despu√©s de hacer estrellar el avi√≥n en el que iba, el cual se dirig√≠a a Escocia. Pidi√≥ hablar con el Duque de Hamilton, diciendo que buscaba un acuerdo de paz entre Inglaterra y Alemania para derrocar a Rusia.

‚ÄĘ No est√° claro si Hess ten√≠a la autoridad para decretar esto y los ingleses lo mantuvieron simplemente como prisionero de guerra. Despu√©s de pasar tiempo en prisi√≥n y ser juzgado, se le encontr√≥ culpable de cr√≠menes contra la paz y conspiraci√≥n, conden√°ndolo a cadena perpetua. Pas√≥ el resto de su vida en una prisi√≥n en Berl√≠n y por los √ļltimos 20 a√Īos fue el √ļnico prisionero en el lugar.

‚ÄĘ Surgieron teor√≠as alrededor de este caso, Rusia siempre sospechando que Hess quer√≠a unir a las dos potencias en contra de ella, adem√°s de que el estado mental de Hess decay√≥ bastante en sus √ļltimos a√Īos por lo solitario de su confinamiento, sufr√≠a de amnesia y le era imposible recordar los a√Īos de su tiempo como nazi, lo que levant√≥ teor√≠as acerca de que no era el verdadero Hess.


12. Dunkerque



‚ÄĘ La retirada de Dunkerque, del 27 de mayo al 4 de junio de 1940, fue el ep√≠logo de una sangrienta batalla terrestre, mar√≠tima y a√©rea que concluy√≥ con la evacuaci√≥n por mar, hacia los puertos ingleses del canal de la Mancha, de m√°s de 300.000 soldados brit√°nicos y franceses que se encontraban cercados por las fuerzas alemanas.Sin embargo, Dunkerque fue tambi√©n uno de los hechos m√°s misteriosos de la segunda guerra mundial.Los alemanes, despu√©s de haber conquistado Amiens, y para completar su gigantesco movimiento de pinzas llegaron con sus divisiones Panzer hasta el mar, en la desembocadura del Somme, atraparon en una gran bolsa al ej√©rcito belga, la fuerza expedicionaria inglesa y las mejores unidades del ej√©rcito franc√©s.Hitler en una decisi√≥n inexplicable orden√≥ personalmente detener el avance de las Panzerdivisionen(24 de mayo) permitiendo el reembarque de los soldados enemigos hacia las islas brit√°nicas.Adem√°s orden√≥ que la Luftwaffe no atacara desde el aire a los soldados que estaban siendo reembarcados en las playas de Dunkerque.Extra√Īamente ese mismo d√≠a cesaban las operaciones inglesas en Noruega.El estratega audaz y decidido que hab√≠a demostrado ser hasta ese momento, parec√≠a haberse convertido s√ļbitamente en un novato en las estrategias de guerra con decisiones que m√°s que errores militares fueron horrores estrat√©gicos que incidieron muy negativamente para los alemanes en el desarrollo posterior de los acontecimientos.Cuando casi un mill√≥n de soldados anglo-franceses quedaron atrapados en las cercan√≠as de Dunkerque, Hitler inesperadamente ordena detener el avance de las divisiones panzer que se encontraban a s√≥lo 16 kms al oeste de Dunkerque.En ese momento la √ļnica fuerza aliada que se interpon√≠a en su camino era un solo batall√≥n de infanter√≠a brit√°nico!!!.Guderian que se aprestaba a darle el √ļltimo golpe de gracia a las tropas cercadas recibi√≥ con estupor la orden del alto mando alem√°n.La descabellada orden de Hitler, provoc√≥ la col√©rica reacci√≥n de los jefes de las unidades blindadas y el general Von Kleist, comandante del grupo de ej√©rcitos "A", decidi√≥ seguir por su cuenta el avance ocupando el centro de comunicaciones de Hazebrouck.La v√≠a de escape hacia Dunkerque quedaba cerrada pero una nueva orden de Hitler le forz√≥ a emprender la retirada y abandonar el terreno conquistado!!!.Ese 24 de mayo de 1940, Hitler frustr√≥ la posibilidad de que su Wehrmacht llevase a cabo el completo aniquilamiento de las fuerzas anglo-francesas.Su tremendo error tendr√≠a decisiva influencia en el ulterior desarrollo de la guerra. Los generales alemanes nunca le perdonaron a Hitler este error militar que impidi√≥ aniquilar la √ļltima resistencia inglesa.La flota inglesa logr√≥ rescatar 338.000 hombres que, de no haber mediado la orden de Hitler, tranquilamente pod√≠an haber sido masacrados por el ej√©rcito alem√°n.



‚ÄĘ La propaganda alemana atribuy√≥ la actitud de Hitler con su deseo de no aniquilar a los brit√°nicos a fin de mantener abierta la puerta para una eventual negociaci√≥n con Gran Breta√Īa.Para otros, Hitler no hizo otra cosa que respaldar la apreciaci√≥n de Von Rundstedt de que el terreno en torno a Dunkerque, con muchos canales, era poco favorable para el avance de los tanques alemanes sumado a la escasez de combustible despu√©s de 15 d√≠as de batalla.Otra versi√≥n afirma que Goering asegur√≥ fanfarronamente a Hitler que sus aviones eran capaces de aniquilar a las tropas cercadas e impedir la evacuaci√≥n.Tambi√©n estaban los recuerdos vividos por el propio Hitler como soldado en las fangosas tierras de Flandes.Lo cierto es que, de no haberse detenido el avance alem√°n, la evacuaci√≥n de Dunkerque hubiera sido t√©cnicamente imposible.Si las razones de Hitler fueron militares no se entiende porque no aprovech√≥ ese momento para invadir Inglaterra cuando √©sta ten√≠a el grueso de su ej√©rcito atrapado en Dunkerque.Las dudas al respecto son muchas y quiz√°s nunca sean esclarecidas teniendo en cuenta que sus protagonistas ya est√°n muertos.


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@MrCheettah

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