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Miyamoto Musashi vs. Sasaki Kojiro: el duelo más famoso

















Miyamoto Musashi vs. Sasaki Kojiro: el duelo más famoso de la Historia de Japón  







Dos samuráis frente a frente, espada en mano, a la orilla del mar. Uno de ellos, de porte elegante y vestido con finos ropajes, empuña un largo acero de exquisito temple. El otro, de gesto torvo y facciones salvajes, viste con harapos y tiene como arma un tosco garrote de madera, que semeja vagamente la forma de una katana. Ambos se miran fijamente, sin mover un músculo, mientras los primeros rayos del alba empiezan a iluminar el cielo. La escena es digna de la mejor película de Kurosawa. Los aficionados a la cultura japonesa habrán adivinado ya que hablamos de uno de los combates más legendarios de la historia samurái, el lance que enfrentó a Miyamoto Musashi contra Sasaki Kojiro en la isla de Ganryujima. La palabra clave aquí es esa, legendario, porque las cosas no sucedieron tal y como las cuenta el relato tradicional que todos conocemos.




Miyamoto Musashi es un personaje controvertido. Epítome de las virtudes del samurái para unos, simple e insignificante ronin para otros, está claro que no deja indiferente a nadie. Muchos lo alaban como maestro espadachín y lo consideran el guerrero más fuerte de la Historia de Japón. Otros le niegan el pan y la sal, diciendo que su figura está muy sobrevalorada respecto a sus méritos reales, y le acusan de enfrentarse solo a adversarios de pacotilla en duelos en los que hacía trampas siempre que podía. ¿Con qué versión quedarse? Ni tanto ni tan calvo. La verdad, como de costumbre, seguramente está en el punto medio.

Miyamoto Musashi, un samurái de leyenda

Es verdad que el personaje de Musashi está bastante sobredimensionado. Cuesta trabajo creer que él solito pudiera realizar todas las proezas que sus admiradores más entusiastas le atribuyen. Pero también es innegable que fue un guerrero lo bastante importante como para que su fama le haya sobrevivido más de 400 años. Cuando el río suena, algo de agua debe de llevar. Lo malo es que separar mito y realidad cuando hablamos de Musashi es una misión casi imposible.



Aquí vamos a intentar trazar una pequeña semblanza del Musashi real, ateniéndonos a los hechos que, más o menos, sabemos con seguridad. Musashi nació probablemente en 1584 en la aldea de Miyamoto, en el seno de una familia humilde de samuráis rurales del feudo de Harima, cerca de la actual Kobe. Desde pequeño mostró excelentes aptitudes para las armas. Debía de llevarlo en la sangre, ya que tanto su padre como su abuelo habían sido espadachines de cierta fama.

De niño, Miyamoto Musashi se llamaba Shinmen Takezo. No sería hasta muchos años después que adoptaría el nombre por el que hoy es conocido. Eso de cambiarse de nombre cada dos por tres se llevaba mucho en el Japón feudal. Sin ir más lejos, su padre, Shinmen Munisai, había tomado el apellido del mismo clan al que servía, los Shinmen, ya que al parecer estaba en muy buenos términos con su señor. Gran parte de lo que sabemos de la vida de Musashi está sacado de sus propios escritos. Principalmente, su famoso Libro de los Cinco Anillos (Gorin no Sho), al principio del cual nos habla un poco de su vida y milagros. En este prólogo, escrito en 1645, apenas unos meses antes de morir, cuenta que participó en un total de seis batallas a lo largo de su vida, y en cuatro de ellas ocupó puestos de mando liderando tropas. No menciona cuáles son exactamente, pero probablemente tenía buenas razones para guardar silencio al respecto.




Todo indica que luchó en Sekigahara en el bando perdedor, del lado de los Toyotomi. También estuvo en los sitios de Osaka 15 años después, donde cortó unas cuantas cabezas, seguramente de nuevo en el mismo bando. En el Japón de principios del s. XVII, con el imperio recién unificado bajo la égida de los Tokugawa, alardear de antiguos lazos con la casa Toyotomi no era la mejor idea del mundo. Musashi, que de tonto no tenía un pelo, se guarda para sí los detalles. También se sabe que participó en la campaña de Shimabara, la última gran batalla que Japón conocería hasta bien entrado el s. XIX. Shimabara fue en realidad una revuelta campesina en la isla de Kyushu, que el shogunato aplastó con dureza en 1638. El papel de Musashi fue poco glorioso: una piedra lanzada por un campesino lo dejó fuera de combate. A sus más de 50 años, retirado hacía ya tiempo de la vida militar, tampoco estaría el hombre ya para muchos trotes.



Y es que la carrera de Musashi como duelista no duró demasiado. Después de Sekigahara, con 16 años, se hace ronin (seguramente a causa de la derrota) y empieza su peregrinar por el país en busca de aventuras y rivales a los que derrotar. A los 30, poco después de su duelo con Sasaki Kojiro, se retira del mundo de la espada y se centra en las artes. Pintura, caligrafía, escultura… todo se le daba bien, era un auténtico hombre del Renacimiento. Muchas de sus obras pueden admirarse hoy en día en museos de todo Japón.

Musashi desarrolló un estilo de esgrima propio y original, consistente en blandir dos espadas (katana y wakizashi) al mismo tiempo. Niten Ichi Ryu (“Dos Cielos en Uno”), el nombre de la técnica, alude al hecho de manejar dos filos a la vez. También gustaba de emplear una espada de madera maciza en sus duelos, que manejaba con mortífera eficacia. En realidad, Musashi nunca dejó de seguir cultivando sus habilidades con la espada. Solo que, pasados los 30, al parecer no sintió la necesidad de ponerlas a prueba. O de jugarse la vida en el proceso.

Musashi cuenta que venció su primer duelo a la edad de 13 años y, desde entonces y hasta el día de su retirada, libró un total de 60 combates en los que no fue derrotado una sola vez. En un arranque de humildad, él mismo admite que, si logró ganar a todos aquellos adversarios, fue simplemente porque eran más débiles que él. Sea falsa modestia o no, lo cierto es que Musashi se cuidó muy mucho de desafiar a algunos de los espadachines más acreditados de su época, como los maestros del clan Yagyu, instructores personales de esgrima de los shogunes Tokugawa. Pero también parece que algunos de los duelos más famosos que le atribuye la leyenda, como sus lances contra la escuela Yoshioka en Kyoto (antiguos instructores oficiales de la anterior dinastía de shogunes, los Ashikaga), o el duelo contra Inei, maestro lancero del templo de Hozo In, ocurrieron realmente. Y, si Musashi vivió para contarlo, es de suponer que salió victorioso de ellos.




Ya hemos dicho que hay muchos mitos en torno a su persona. Dicen que llevaba muy mal el asunto de la higiene personal, y que nunca en su vida se dio un baño. Otros hablan de que iba siempre despeinado y vestido con harapos, y hasta le atribuyen enfermedades como sífilis o eccemas capilares. Es difícil discernir qué hay de verdad en todo esto pero, teniendo en cuenta que gran parte de su juventud se la pasó vagabundeando, como buen ronin errante que era, es de suponer que no iría muy aseado. Porque Musashi siempre fue un espíritu inquieto, siempre en busca de perfeccionarse a sí mismo. Sus viajes de entrenamiento por todo Japón, en pos de nuevos retos y rivales a los que enfrentarse, han quedado en el imaginario colectivo del país, y le dan al personaje cierto halo de romanticismo. La imagen arquetípica del samurái solitario que va desfaciendo entuertos de pueblo en pueblo, tantas veces vista en tebeos y películas, bebe directamente de su figura.



Hacia 1640, en el ocaso de su vida, Musashi decide descansar de tanto trajín y busca asilo bajo el manto del clan Hosokawa, en la provincia de Higo (actual Kumamoto, en Kyushu). Allí pasará sus últimos días prácticamente como un eremita, en retiro y soledad. En 1645, poco antes de su muerte, termina la gran obra de su vida, el Libro de los Cinco Anillos, que recopila todas sus enseñanzas sobre el arte de la espada, la estrategia y la vida en general. Hasta aquí todo lo que sabemos del Musashi histórico.

Bueno, todo no. Falta un detalle, acaso el más importante. Cuanto menos, el pasaje más famoso de su vida. El duelo que le enfrentó a Sasaki Kojiro, que da título a este artículo. Podemos dar casi por seguro que el combate tuvo lugar realmente. Pero los detalles del lance son, como suele decirse, material de leyenda. Vamos a intentar analizar qué pudo ocurrir realmente en la playa de Ganryujima aquella mañana de abril de 1612, cuando las dos (supuestamente) mejores espadas de Japón se cruzaron. Pero, antes de nada, es de rigor hablar del hombre que estuvo frente a Musashi en aquella pelea.


¿Quién era Sasaki Kojiro?

Sasaki Kojiro, el otro protagonista de esta historia, es un tipo aún más envuelto en el misterio que el propio Musashi. Apenas sabemos nada de él, al menos de manera fiable. Algunas fuentes pretenden que tenía 18 primaveras en el momento de su duelo contra Musashi, pero eso se antoja altamente improbable. Al parecer se alojaba como invitado en el castillo de los Hosokawa, en Kokura. El poderoso clan Hosokawa, señores de la provincia, estaba pensando ofrecerle un puesto como instructor de esgrima en su corte. Resulta difícil creer que un muchacho de 18 años pudiese aspirar a semejante posición. Parece más acertado pensar que tendría ya sus buenos 40 o 50 años.



Se dice que Kojiro era un ronin originario de Echizen (actual prefectura de Fukui, al Norte de Kyoto). Todo indica que había sido discípulo de Toda Seigen, o al menos había aprendido el arte de la espada en su escuela. La misma escuela, dicho sea de paso, en la que estudió por las mismas fechas el célebre Itto Ittosai antes de fundar su archifamoso estilo Itto Ryu. Kojiro hizo algo parecido y acabó independizándose de su maestro para crear también su propio estilo, al que llamó Ganryu. La tradición nos dice que Kojiro gustaba de usar espadas especialmente largas, con hojas de más de noventa centímetros (lo cual, en realidad, tampoco es una longitud exagerada para una katana de la época). Su acero favorito, Monoboshi Zao (“Vara de tender la Ropa”) tenía ese nombre, cuentan, por su extremada largura.

La técnica de Kojiro también es un misterio. Ha quedado para la historia el nombre de Tsubame Gaeshi (“Giro de la Golondrina”), el golpe maestro de la escuela Ganryu, pero no se sabe en qué consistía exactamente. Haciendo un poco de ingeniería inversa, estudiando los tratados de esgrima de la época, podemos especular que se trataba de una especie de finta en la que, tras dar un potente tajo descendente, se efectuaba un rápido giro de muñeca para dar otro en dirección ascendente. Otros dicen que el Tsubame Gaeshi era una técnica que Kojiro había perfeccionado a base de asestar katanazos a golondrinas en pleno vuelo, para horror de los ecologistas de la época. Otros hablan también de la técnica Kosetsu (“Corta-Tigres”), pero de esta sabemos todavía menos.




La leyenda pretende que Musashi y Kojiro eran rivales por destino, enemigos por antonomasia, una especie de Darth Vader y Obi Wan Kenobi del Japón feudal, condenados a enfrentarse quisieran o no. Probablemente la realidad era más prosaica. Históricamente, el caché de un samurái siempre se midió en relación a sus méritos con las armas. En tiempos de guerra, en base a las cabezas enemigas que se cobraba en el campo de batalla. En tiempos de paz como aquellos, qué remedio, en base a los adversarios derrotados en duelo individual. Cuanto más renombre tuviera el rival abatido, mejor. Así que, al coincidir en un mismo lugar dos reputados duelistas como Musashi y Kojiro, la cosa estaba clara. Con una pieza tan suculenta a tiro de katana no quedaba sino batirse, que diría Pérez-Reverte

La tradición dice que Sasaki Kojiro fue el adversario más fuerte al que jamás se enfrentara Musashi. Pero en realidad el lance no debió de dejarle una impresión demasiado honda, porque no lo menciona en ninguno de sus escritos. Quién sabe, tal vez simplemente preferió olvidar lo sucedido en Ganryujima. Porque, como veremos, algunas versiones de los hechos no dejan a Musashi en muy buen lugar.


Duelo en Ganryujima

La versión canónica del duelo es más o menos como sigue. En la primavera de 1612, Miyamoto Musashi, a sus 29 años, dirigió sus pasos a Kokura, en el Norte de la isla de Kyushu. Allí se alojó en casa de Nagaoka Sado, un samurái vasallo de los Hosokawa que antaño había sido alumno de su padre, Munisai. Por casualidades de la vida o por maquinaciones del destino, un afamado espadachín, Sasaki Kojiro, se encontraba también de paso por Kokura. Si bien Musashi estaba aún haciéndose un nombre por sí mismo como duelista, Kojiro era ya un tipo consagrado. Su buen nombre le precedía. No solo era un maestro de la espada, sino que también tenía fama de hombre culto y elegante, bien versado en etiqueta cortesana. Se hospedaba en el castillo como invitado personal de los Hosokawa, y se rumoreaba que pronto entraría a formar parte del séquito de Hosokawa Tadaoki, daimyo de aquellas tierras.



La oportunidad era demasiado tentadora como para dejarla pasar. Musashi quiso medir sus fuerzas con tan formidable adversario y le envió la carta de desafío de rigor, que Kojiro aceptó al punto. Al estar Musashi hospedado en casa de un vasallo de los Hosokawa, retar a duelo a un huésped personal del propio señor Hosokawa podía suponer un problema de protocolo, pero el desafío se cursó siguiendo los cauces oficiales pertinentes y nadie puso mayor inconveniente. El duelo se fijó a las 8:00h de la mañana del 14 de abril en la isla de Funajima, un pequeño islote en mitad del estrecho de Shimonoseki, frente a la costa de Kyushu. Tras el duelo la isla sería conocida popularmente como Ganryujima, por el estilo de esgrima de Sasaki Kojiro, aunque su nombre oficial a día de hoy sigue siendo Funajima.

El día anterior al combate, Musashi desapareció de casa de Nagaoka Sado dejando una simple carta a modo de despedida, en la que explicaba que no quería causar a su anfitrión más molestias. Por más que lo buscaron, nadie pudo dar con él en todo Kokura. Llegó el día señalado y Kojiro se presentó a la hora convenida, ataviado con sus mejores galas y su querida Monoboshi Zao al cinto. Pero Musashi no aparecía por ningún sitio. Kojiro y sus testigos esperaron y esperaron en la playa, hasta que al fin vieron acercarse un pequeño bote de remos con el retador a bordo. Una partida de samuráis del clan Hosokawa lo habían encontrado horas antes en una posada cercana, durmiendo como un tronco.




Cuando lograron despertarlo, Musashi se puso a desayunar y a vestirse con toda la parsimonia del mundo, haciendo caso omiso a las prisas de los oficiales. Parecía haber olvidado por completo que había quedado para batirse a muerte esa misma mañana. Musashi llegó a la isla varias horas más tarde de lo convenido, pero sin muestra ninguna de agitación. Llevaba su desastrada ropa de diario, con las mangas de su kimono atadas a la espalda con una cinta para facilitarle los movimientos y una tosca toalla enrollada en la frente a modo de bandana. Como arma portaba un simple palo de madera con forma de espada, que había tallado poco antes de manera improvisada a partir de un remo de barca. Al lado de los finos ropajes y la figura apuesta de Kojiro, eran como el día y la noche.

Nada más verlo bajar de la barca, Kojiro lo reprendió desde la orilla. “¿Tienes tanto miedo que se te ha olvidado hasta la hora de nuestro duelo?”, le espetó. Musashi no dijo ni pío y se limitó a ponerse en guardia con su cachiporra, aproximándose lentamente a su adversario. Kojiro se aprestó para recibirle, desenfundó su katana y lanzó la vaina al suelo. Al ver que las olas se la llevaban mar adentro, Musashi sonrió burlonamente y le dijo:


– ¡Estás perdido, Kojiro! El resultado de este duelo ya es cosa hecha.
– ¿Cómo dices? – respondió Kojiro, confundido
– ¿Desde cuándo un guerrero que espera salir victorioso arroja la vaina de su espada al mar?




Musashi, maestro consumado de la guerra psicológica, habló a Kojiro de la vaina como podría haberle mencionado el vuelo de las gaviotas o la cuadratura del círculo. Sus palabras eran una simple táctica para desestabilizarlo. Otro tanto podría decirse de su deliberado retraso en presentarse a la cita. Sea como fuere, la estrategia surtió efecto. Kojiro se las arregló para mantener la compostura, pero estaba visiblemente enfadado por la impertinencia de Musashi. Elevó su espada por encima de la cabeza, en posición de guardia alta, y se dispuso a terminar el combate de una maldita vez. Apuntó a la frente del rival y su Monoboshi Zao descendió a la velocidad del rayo. Al mismo tiempo, Musashi descargó también su golpe sobre la cabeza de Kojiro. La suerte estaba echada.

Ambos ataques sucedieron al mismo tiempo. Los dos contendientes permanecieron inmóviles, frente a frente, en la misma postura en la que habían finalizado sus estocadas. Durante unos momentos que parecieron eternos, todos contuvieron la respiración. Al fin, la toalla que Musashi tenía enrollada en la frente cayó, partida en dos, y se la llevó el viento. Acto seguido, Kojiro se derrumbó en el suelo sin exhalar siquiera un gruñido. Al fin, Musashi reaccionó. Avanzó de dos zancadas hasta donde yacía su rival, lo remató de un solo golpe y observó impasible sus últimos estertores. Acto seguido, se volvió hacia los testigos del duelo, los saludó con una reverencia y, sin esperar a que nadie pudiera decir una palabra, abordó con paso resuelto el bote y puso rumbo de vuelta a tierra firme. Apostado en la proa de la barca, Musashi, sin volver la vista atrás por un momento, contemplaba en silencio el anchuroso mar que se extendía ante él.




La narración es un tanto peliculera, pero es la que ha quedado para la Historia. Ahora bien, tenemos motivos más que fundados para dudar de la veracidad de estos hechos. El principal problema es que este relato está basado en la historia recogida en el Nitenki, una recopilación de textos y anécdotas sobre la vida de Musashi cuyo valor como fuente histórica es más bien escaso.

¿Sucedieron así las cosas?

El Nitenki, que puede traducirse como “Escritos sobre los Dos Cielos”, en referencia al estilo de esgrima creado por Musashi, es una especie de hagiografía del maestro creada por integrantes de su escuela, para mantener vivo su recuerdo entre los alumnos de las nuevas generaciones. Compilado en torno a 1776 (más de 150 años después de su muerte) a base de juntar anécdotas e historias de tradición oral de aquí y allá, todo atisbo de rigor histórico brilla por su ausencia. La mayoría de los historiadores consideran el Nitenki como poco más que un relato de ficción pero, de un modo u otro, es su versión de los hechos la que ha quedado en el imaginario colectivo.

Probablemente las novelas de Eiji Yoshikawa, que toman el Nitenki como principal fuente de inspiración, tienen buena parte de culpa. Yoshikawa fue un escritor de novela histórica muy popular en el Japón de mediados del s. XX. Solía publicar sus obras a modo de folletín por entregas en los periódicos, y su éxito entre el público era descomunal. Un auténtico Alejandro Dumas japonés. A él le debe Musashi su tremenda popularidad hoy en día. Antes de que empezara a publicar, en la década de los 30, sus novelas sobre Musashi, este era casi más conocido por su faceta de pintor que por sus dotes como duelista. Pero, siendo justos, Yoshikawa tampoco engaña a nadie. Nunca pretendió escribir un relato cien por cien histórico, su objetivo era simplemente contar una historia interesante. No es culpa suya que los lectores no hayan sabido (o querido) distinguir la ficción de la realidad.




Además del Nitenki, existen otras fuentes a tener en cuenta. Y todas nos dan un relato distinto del duelo en Ganryujima. Hay historias para todos los gustos, a cual más estrambótica. Hay quien dice que Musashi se talló no una, sino dos espadas con la madera del remo, y despachó a Kojiro con su característico estilo de los Dos Cielos. Otros apuntan que la isla estaba llena de gente (¡casi dos mil personas!) que había acudido a ver el duelo, cuando se supone que estaba expresamente prohibida la presencia de público. Cualquiera que haya estado en el minúsculo islote de Ganryujima sabrá que juntar a dos mil personas allí es una tarea harto complicada. Los duelistas apenas habrían tenido sitio para blandir la espada sin sacarle el ojo a alguien. Lo único que parece seguro es que Kojiro no salió vivo de Ganryujima. Hoy en día, una lápida de piedra cerca de la playa marca el lugar donde, teóricamente, está su tumba.

¿Duelo de titanes o pelea barriobajera?

Lo más sensato es no creerse ni la mitad de lo que cuentan las fuentes de mediados y finales de la era Edo, y no digamos las posteriores. La más versión más fiable del envite, probablemente, es la que un testigo presencial, Numata Nobumoto, vasallo del clan Hosokawa, dejó escrita en su diario. Nobumoto pasa de puntillas por el duelo, del cual solo comenta brevemente que Musashi y Kojiro se batieron en buena lid en un islote en mitad del estrecho de Shimonoseki, y Musashi venció. Se había acordado previamente que ambos contendientes acudirían solos, sin ningún discípulo que los acompañara. Hasta aquí, todo transcurre según el relato que conocemos. El giro viene ahora.



Contraviniendo las reglas, Musashi sí que se trajo consigo a varios alumnos de su escuela, que remataron a Kojiro en el suelo después del combate. Musashi solo lo habría dejado malherido en el duelo. Los discípulos de Kojiro, al enterarse, acudieron en tropel a la isla, con la intención de linchar a Musashi y a los suyos. La autoridad competente (o sea, Numata Nobumoto y sus hombres) tuvo que intervenir para sacarlos de allí y evitar que la cosa acabara como el rosario de la aurora. Musashi corrió a ponerse bajo la protección de Nobumoto, quien vio que la única solución era poner tierra de por medio y mandarlo a la vecina provincia de Bungo, lejos de las iras de los alumnos de Kojiro. Hizo falta una escolta de arcabuceros montados a caballo para asegurarse de que Musashi abandonara las fronteras de Kokura de una pieza. Numata nos cuenta todo esto en su diario, recopilado para la posteridad a finales del s. XVII, unas cuantas décadas después del famoso duelo.

A partir de este relato, algunos historiadores, como Mukashi Harada, apuntan teorías interesantes que analizan los hechos desde un prisma muy diferente. Según Harada, Sasaki Kojiro habría sido en realidad un pez gordo en la región de Kokura, un gerifalte local con un nutrido grupo de seguidores en la región. De hecho, a día de hoy el apellido Sasaki es bastante común en la zona, lo que puede sugerir que el clan ha tenido allí su base de poder desde mucho tiempo atrás. Tras la batalla de Sekigahara, en 1600, los Tokugawa comienzan su política de recolocar a los daimyo en nuevos territorios de manera poco menos que arbitraria. A los Hosokawa les tocó en suerte Kokura, un lugar en el que eran unos perfectos extraños. El clan Sasaki, que llevaba generaciones cortando el bacalao en la zona, habría supuesto una potencial amenaza para la autoridad de los Hosokawa.

Así, los Hosokawa se habrían valido de los servicios de Musashi para descabezar (literalmente) al clan Sasaki y cortar por lo sano cualquier conato de oposición. El duelo en Ganryujima no habría sido más que una tapadera para acabar con el molesto Kojiro. Harada incluso apunta que podrían haber sido directamente hombres de los Hosokawa quienes remataron al vencido Kojiro, y luego simplemente pusieron a Musashi a salvo en una provincia vecina. Años después, le pagarían bien el favor acogiéndolo en sus tierras en el ocaso de su vida.




La teoría es, cuanto menos, interesante. Y, conociendo los oscuros juegos de poder del Japón de la época, suena hasta creíble. ¿Significa esto que Musashi era un simple peón en medio de una gran conspiración? Nunca lo sabremos. Lo que sí parece fuera de toda duda es que en el duelo propiamente dicho, en el choque de aceros puro y duro, ganó él. Lo que pasara después queda para las tinieblas de la Historia. Debió de ser una victoria amarga, o al menos una experiencia que lo marcó profundamente porque, a partir de entonces, hay un giro en su vida. Abandona su obsesión por los duelos y se concentra en su carrera como artista. El Musashi que regresa de Ganryujima mira en una dirección diferente. Es un hombre nuevo, distinto, con otras metas más elevadas.

¿Era Musashi un tramposo?

Tradicionalmente, se ha acusado a Musashi de usar tácticas poco honorables para derrotar a sus adversarios. En parte por la fascinación japonesa por los héroes caídos, y en parte por lo poco ortodoxo del comportamiento de Musashi, lo cierto es que el público japonés siempre ha mostrado cierta preferencia por Kojiro. No en vano la isla de Funajima, en la que tuvo lugar el duelo, se llama hoy en día Ganryujima (“Isla de Ganryu”) en honor a él, y no Musashijima, como sería de esperar. Sin abrir de nuevo el escabroso melón de si fueron los alumnos de Musashi quienes remataron a Kojiro, si analizamos el combate por lo que sabemos de él a ciencia cierta, es complicado juzgar si Musashi se comportó de manera censurable.



Musashi ya había empleado la táctica de llegar tarde en duelos anteriores, como parte de su estrategia de guerra psicológica. A ojos de personas del s. XXI tal vez no parezca la manera más correcta de proceder, pero sería un error valorar desde nuestro sistema de valores el comportamiento de gentes nacidas en el s. XVI. La idea que los samuráis de finales de la era Sengoku y principios de la era Edo tenían de los duelos estaba lejos de la visión romántica que podemos tener hoy en día. Eran un asunto de honor, sí, pero los samuráis no se batían por mero deporte para ver quién era más diestro con el acero. Eran combates a muerte, una guerra a pequeña escala entre dos contendientes. El propio Musashi explica su punto de vista (acaso como justificación para sus actos) en un pasaje de su Libro de los Cinco Anillos:

“Las tácticas de combate individual deben ser aplicables también a batallas a gran escala. En otras palabras, lo que vale para un duelo uno contra uno sirve igualmente para una batalla campal con cientos de tropas desplegadas.”




Y viceversa, cabría añadir. En la mente de Musashi, no había diferencia ninguna entre una “guerra” entre dos individuos y una guerra convencional entre dos ejércitos. Las batallas no se libran en un lugar y a una hora prefijadas. Si los ataques sorpresa están a la orden del día en la guerra convencional, no hay razón para que no lo estén en una “guerra” personal entre dos espadachines. Para Musashi, en esencia, ambas cosas son lo mismo, y se atienen a las mismas reglas. O sea, no tienen reglas. Miyamoto Musashi habría suscrito de buen grado ese viejo adagio de que en el amor y en la guerra, todo vale.

Con todo, cabe la posibilidad de que la tardanza de Musashi no hubiese sido intencionada. El islote de Ganryujima está en medio del estrecho de Shimonoseki, que separa las dos islas principales del archipiélago japonés, Honshu y Kyushu. Las corrientes en ese lugar son tremendas, y cuando la mar está de mal humor no es fácil avanzar ni para los modernos barcos a motor de hoy en día. No es descabellado pensar que una barca de remos como la que transportaba a Musashi tuviera problemas por un cambio de marea o algo similar, y eso le hiciera tardar más de la cuenta en llegar a su destino. Musashi advierte en su Libro de los Cinco Anillos sobre los contratiempos de los viajes por mar, para los que siempre hay que estar preparado y planificar las cosas con antelación. Tal vez el consejo es fruto de su propia experiencia en Ganryujima.




En cualquier caso, Musashi siempre se caracterizó por emplear tácticas poco convencionales. Él mismo era un tipo poco convencional. Usar dos filos a la vez o blandir una espada de madera ya pueden considerarse excentricidades. También se cuenta que ganó algún que otro combate lanzando su katana contra el pecho del enemigo, como si fuera un puñal arrojadizo, algo casi inconcebible para un samurái de la época. Pero, sobre todo, era un maestro a la hora de desestabilizar al adversario a base de tretas psicológicas. Era su manera de luchar, simple y llanamente.

Solo quienes estuvieron presentes en Ganryujima aquella mañana de abril de 1612 saben a ciencia cierta cómo ocurrieron las cosas. Las historias en torno a este duelo mítico son tantas, y se contradicen en tantos puntos, que es difícil acertar con qué quedarse. En los siglos siguientes la escena se ha repetido y recreado miles de veces en cine, teatro, novelas, tebeos, videojuegos… y con cada nueva iteración se añaden nuevos matices y giros, que complican aún más la trama. Tal vez sea mejor quedarse con lo básico. Dos samuráis frente a frente, batiéndose en duelo. Uno vence, el otro cae. Simplemente eso. Lo demás, queda para la leyenda.










Suerte y Gracias por pasar, un buen comentario siempre es bien apreciado









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31Comentarios
      Kazy-godsaker

      🔟 😊 👍

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      matyasd88

      Te dejo lo que te mereces 😄 👍

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      cristianchincha

      Muy buen post, te deje +10 lince

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      frederickjhonson

      Excelente post, te dejo a Kojiro segun la saga Fate.

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      marianov4

      Buen post 🤘

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      daxnix

      🤘

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      LeonardJaramillo

      Buen post tenia como un año y medio sin leer algo de musashi ya que me la pasaba leyendo vagabond antes de irme a prestar servicio militar

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      helgistar

      En qué fuerza estas

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      SoujirouZet

      Que buen post!!!

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      manguro
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      matyasd88

      🤘 🤘

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      anguzhu
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      Mi37

      el japon feudal....tierra de honor y orgullo 🤘 🤘 🤘

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      retrasito_mental

      buen post

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      H4MM3R

      No leo nada porque estoy leyendo el primer libro jajaja

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      OscarElvir

      MUY BUENO! AGUANTE GOKU

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      CASI80
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      Uhtred-

      Zarpado post +10

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      LuigiSilver

      La otra vez lei la biografia de musashi.. un grande.

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      ldesulovich

      Leete el Libro de los 5 Anillos.

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      LuigiSilver

      @ldesulovich No lo consigo.. tenes un link?

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      escudon

      @LuigiSilver Bromeas? es facilisimo de encontrar, tu seguramente quieres que te demos el link directamente.

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      rixmaster

      Alguien sabe cuando empieza a sacar mas caps Inoue?

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      spartacus_121

      @escudon si por supuesto

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      Garinx

      +10 campeón.

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      desbrozado

      Buen post +10 y recomendado 👍

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      abelnicolas1976

      Muy bueno 👍

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      3dm0nd84

      Muy bueno bro
      Reco y puntos!

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      Info_Set

      Excelente Post Amigo ! Realmente Muy completo !!!

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      killer_mouse

      mi vecino dice que es descendiente de miyamoto y vive del negocio de los padres, y se rasca el mani las 24 horas, y vive haciendo asado en la terraza

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      mynameistrance

      😁 😁 😁

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      lanuscamp

      Takehiko Inoue, que hijo de mil puta 🙆‍♂️

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      filing699

      @Metall_666 todavía no lo retomo el muy hdp 😢

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      LautaroJaeger

      Te dejo puntos por poner a uno de mis ídolos 🙆‍♂️

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      lokuraroja

      excelente post lince 🤘 🤘

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      JulioRicardoNun1

      pense que el mas famoso era kenshi himura vs makoto shishio

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      helgistar

      De alguien tenían que inspirarse estimado 🙆‍♂️ 😯 😲 😄 😂

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      wellmapukun

      excelente

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      VegeC

      Te dejo puntines

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      skape_

      muy bueno

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