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Mr. Robot: ¿por qué le ganó a Game of Thrones!






Cuidado, alerta de spoiler. La gran sorpresa de los Golden Globes 2016 (Globos de Oro 2016) fue para muchos, aunque no tanto para sus fans, la victoria de Mr. Robot, de USA Network, en la categoría del mejor drama, por encima de Game of Thrones (Juego de tronos). Sí, de Game of Thrones.

Cuando el creador de Mr. Robot, Sam Esmail, subió al escenario del Beverly Hilton, muchas personas en el mundo se preguntaron qué es Mr. Robot, desconociendo que en Estados Unidos fue una completa revolución televisiva en 2015. Para muchos sitios especializados como Entertainment Weekly, la serie protagonizada por Rami Malek y Christian Slater fue el mejor show nuevo del año, aunque quizá no llegaron tan lejos como para afirmar que triunfaría en la categoría más importante de los Golden Globes en TV. Total, además de Game of Thrones competía contra Empire, otra de las series favoritas del público. Entonces, ¿por qué salió victoriosa?

MR. ROBOT




Mr. Robot es un drama sobre hackers. Al menos esa es la idea general de la serie, aunque el programa en sí es mucho más complicado. Elliot (Rami Malek) es un joven programador de computadoras con serios problemas de sociabilidad. Si bien tiene un buen trabajo donde es muy apreciado por su inteligencia, dedica su tiempo libre a la piratería informática, al consumo de morfina y a desconectarse del mundo. Sufre un grave trastorno que marca la primera temporada, pero de eso hablaremos más adelante.



En medio de esta vida bajo una capucha que casi nunca se saca, Elliot es reclutado por una misteriosa organización anarquista denominada fsociety, cuyo líder es un irascible hombre que se hace llamar Mr. Robot (Christian Slater). ¿Cuál es el propósito de este grupo? Colapsar al sistema financiero mundial a partir de un ataque virtual contra la más grande corporación del planeta, la misma que contrata los servicios de la empresa para la que trabaja Elliot.








Como coincide con la posición de fsociety, Elliot se suma a la operación como su principal carta por estar dentro del blanco y a pesar de su falta de habilidades sociales, se relaciona a su manera con el equipo, incluso con Mr. Robot, quien termina convirtiéndose en una figura paterna para Elliot. Su verdadero padre murió cuando él era un niño… y entonces ocurre el primer gran quiebre.

Después de caer en la cuenta que Darlene (Carly Chaikin), una de las integrantes de fsociety, es su hermana – intenta besarla –, Elliot descubre que Mr. Robot es en realidad su padre, a quien creía muerto… pero entonces ocurre el segundo gran quiebre.

Tras confrontar a su progenitor para saber qué ocurrió, Elliot regresa a su casa de infancia solo para descubrir en el cementerio que su padre sí está muerto, que la persona con la que habla solo existe en su cabeza, que él es en realidad Mr. Robot… y poco después tiene lugar el tercer y definitivo quiebre de la primera temporada.

Elliot desaparece por unos días después de encontrarse en medio de su crisis psíquica con Tyrell (Martin Wallström), un joven ejecutivo de E Corp, denominada por fsociety como Evil Corp, y cuando despierta en una camioneta, la economía del país ya ha colapsado. El plan de los hackers funcionó. El mismo Elliot lo ejecutó, pero no recuerda absolutamente nada, ni siquiera dónde está Tyrell. ¿Acaso no es una historia asombrosa?

El hilo narrativo es el gran activo de Mr. Robot, una serie por la que USA Network apostó todo desde el principio, al punto de renovarla para una segunda temporada desde antes de su estreno en junio de 2015. El canal de cable es el hogar de programas como Suits y hasta hace poco de White Collar, pero ninguna había tenido la repercusión del drama hacker, sobre todo ahora que organizaciones como Anonymous todavía se dejan sentir en el mundo. Si bien es cierto que no es la primera producción que aborda esta temática, ninguna otra ha alcanzado el valor narrativo y visual de esta serie. Por si fuera poco, Mr. Robot es un producto creativo que cuestiona, que genera preguntas, que toca el plano moral y existencial del espectador sin el pecado de pontificar aunque parezca que sus protagonistas, dentro de sus limitaciones, vicios y defectos, hacen eso.

Las actuaciones de Christian Slater y Rami Malek también han sido muy aplaudidas por la crítica. Del primero ya se sospechaba lo mucho que tiene que ofrecer, tiene una importante y polémica carrera desde los años 80, pero de Malek no se sabía mucho, salvo sus apariciones como secundario en varias cintas taquilleras como en The Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2 y las dos últimas películas de Night at the Museum. Cuando aceptó el galardón al mejor drama, Sam Esmail contó que fue su novia, la también actriz Emmy Rossum, quien le sugirió que tenga a Rami Malek como el protagonista de su osada serie de televisión… y no se equivocó. El actor encarnó a la perfección a un antisocial y deprimido hacker al borde de la locura, consiguiendo incluso una candidatura a los Golden Globe, aunque al final fue derrotado por Jon Hamm y Mad Men.

Ahora, ¿todo lo expuesto es suficiente razón para coronarse como el mejor drama de 2015? Para una gran mayoría, la favorita era Game of Thrones. La serie de HBO es un pilar en la televisión contemporánea que permitió el ingreso del drama de fantasía a esta plataforma, con una historia que ha roto las reglas conocidas, y por eso esta podía ser su oportunidad de llevarse por primera vez el Golden Globe al mejor drama. Sin embargo, una vez más le fue esquivo el galardón. ¿Acaso su quinta temporada no fue suficiente? ¿El giro final con la supuesta muerte de Jon Snow (Kit Harington) no le bastó a la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood?


GAME OF THRONES




La crítica siempre ha ensalzado los logros visuales de Game of Thrones y ha respondido de forma entusiasta a sus quiebres narrativos, pero no deja de considerar que sus actuaciones son su gran pasivo. Después de todo, gran parte de su elenco principal es joven, incluso con estrellas menores de 20 años. Si bien no es necesariamente cierto que la juventud implique que un actor sea menos bueno que uno mayor – Jennifer Lawrence es un gran ejemplo –, lo que sí es verdad es que la experiencia y el recorrido pesan en una carrera. Sin embargo, ¿hay algo más?


A diferencia del resto de dramas que competían por el Golden Globe, la serie de HBO cuenta con un presupuesto importante de US$200 millones y muchas veces, como ocurre en el cine, tal despliegue de producción termina siendo un lastre. Al parecer, la idea es que ‘si es una superproducción, no debe ser muy buena’ y para muchos, algo así afecta a The Walking Dead



DATOS CLAVES DE GAME OF THRONES Y MR. ROBOT


La sexta temporada de Game of Thrones será estrenada el próximo domingo 24 de abril por HBO, mientras que la segunda entrega de Mr. Robot debutará este 2016 por USA Network.



Apuntes rápidos para entender el éxito de ‘Mr. Robot’



-No soy muy de premios. No es que los desprecie con la altivez del comecaviar, qué va; simplemente: son un generador de conversación y polémica en el que, básicamente, no me da tiempo a entrar. Son un escaparate donde la ecuación maneja la calidad artística, sí, pero sobre todo la efectividad e insistencia del márketing de las productoras. La aclamadísima The Wire, por ejemplo, jamás ganó un premio de lentejuelas. Sí reconozco que me gusta solazarme con las patadas en la espinilla de Gervais o sketches formidable como este de Andy Samberg en los pasados Emmy.

-Ya saben que veo más series de las que puedo comentar aquí. Así que aprovecho este ratico para escribir unas notas apresuradas sobre una de las sorpresas del 2015, la serie que ha ganado el Globo de Oro a mejor serie dramática: Mr. Robot.


link: https://www.youtube.com/watch?v=Ug4fRXGyIak




1. Lo primero es el contexto: es una serie de USA Network,
una cadena de cable básico muy solvente, responsable de productos muy correctos, como Monk, In Plain Sight, Suits o Burn Notice. Procedimentales de calidad, con un toque cómico y personajes (y actores) bien cuajaditos. Un canal, a priori, sin la ambición de competir en las grandes ligas, pero capaz de proponer relatos enganchones y muy, muy aseados.

2. Mr. Robot es una anomalía en la estrategia de la cadena.
¿Por qué? En primer lugar, por su apuesta implacable por una poderosa trama de fondo. Hay unidad episódica (por ejemplo, el viaje experimental del 1.4.), pero predomina el juego en largo: la “novela”, para que nos entendamos, de diez capítulos. No es una serie en la que uno pueda entrar y salir con facilidad, como (siempre con matices) podía ocurrir en otros productos de USA Network.


3.Pero quizá más arriesgado es el desafío formal de Mr. Robot. Es una serie en la que bullen referentes: desde la alienada y solitaria voz en off a lo Taxi Driver, pasando por alucinaciones a lo Aronofsky o esa enérgica incomodidad en el encuadre que emparenta con Fincher. Esta serie está mil veces más cerca del magnetismo enfermizo de Hannibal que de la limpieza artesanal de Suits.

4.Por eso es una serie que te atrapa, que te convierte en cómplice de su desorientación, que te hace sentir vulnerable solo con mirar el móvil. No solo por esa ansiedad paranoica tan del thriller de los setenta, sino por cómo trabaja el asunto de los hackers con este Robin Hood del wifi. La estética opresiva de Mr. Robot, la duda parlante, la desconfianza del propio yo, la trama donde no hay agujeros para esconderse logra transmitirte la angustia tecnológica, el pavor viral, hasta el punto de romperte la cuarta pared. Además, todo está aderezado con esa retórica ciber-anarquista donde el Mal siempre viaja en business. El 1% frente al 99%, la democracia ha sido hackeada y demás blablas anónimous. Tópico ideológicamente, pero dramáticamente muy fructífero.

5.Ahí es donde la serie se hace más engolada y pastosa. A ratos cuesta seguir la trama, con secundarios (la pandilla de geeks) que no terminan de tener mucha entidad dramática. Yo no sería capaz de enumerar a los cerebros troyanos que se reúnen en la sala de arcade. Slater tiene más enjundia (aunque no tanta, supongo, como para ganar un Globo de Oro), destaca el siempre pérfido Michael Christopher (el inquietante magnate Philip Price en la serie) y, cómo no, también se salvan de la quema el viscoso y ambicioso matrimonio eslavo: los Wellick.

6.(Ojo, espoilers en este párrafo) Antes citábamos a Fincher. Parte de la confusión argumental -tan bien traducida a imágenes- tiene que ver con que el propio protagonista parece tener hackeado su propio cerebro. “I’m Mr. Robot“; ¡vaya escenón! En un movimiento similar a The Fight Club, Mr. Robot pega una voltereta que obliga a rebobinar la serie. Quizá en un segundo visionado todo resulte más claro… o quizá se le salten las costuras y la alarma del reloj de Whiterose acabe por convertirse en cacatúa, junto a los tiburones blancos de la coda. A mí el giro abracadabra me resultó forzado y, sobre todo, convierte su segunda temporada en un artefacto inflamable, puesto que carecerá del efecto misterio-sorpresa que tanto empaque ha dado este año. Ojalá no sea así.

7.Porque la serie ha demostrado fuerza dramática sin necesidad de acudir al puzzle. Lo de Rami Malek es, sencillamente, impresionante. Su mirada extraviada, su voz de colocón marihuanero, su porte Asperger, sus ojos resplandecientes cuando abre un boquete en cualquier firewall… Pocas series dependen tanto de la eficacia de un actor como Mr. Robot. Inmenso, portentoso Malek. Tras este Elliot y aquel Snaffu, cuesta reconocerle tan articulado y chispeante.


-No estaba todo inventado en la forma de titular los episodios. Touché.



-¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Quizá:

¿Hay algo que sea real? O sea, mira esto. ¡Míralo! ¡Es un mundo construido sobre la fantasía! Emociones sintéticas en forma de pastillas, guerra psicológica en forma de publicidad, químicos que alteran la mente en forma de comida, seminarios que lavan el cerebro en forma de la prensa, burbujas aisladas controladas en forma de redes sociales. ¿Real? ¿Quieres hablar de realidad? No hemos vivido nada remotamente parecido desde el principio de siglo. La apagamos, le sacamos las pilas, comimos una bolsa de organismos modificados genéticamente y tiramos los restos en el basurero creciente de la condición humana. Vivimos en casas con marca de corporaciones, construidas con números bipolares, que suben y bajan en pantallas digitales y nos hipnotizan en el más profundo sueño conocido por el hombre. Hay que buscar mucho, muchacho, para encontrar cualquier cosa que sea real. Vivimos en el reino de la mentira, un reino en el que has vivido demasiado tiempo. No me digas que no soy real. No soy menos real que el maldito pedazo de carne en tu hamburguesa(“eps1.9_zer0-day.avi”, 1.10.)
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