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Muerte a la ciencia de la felicidad



Libros de autoayuda, coaching llamando al optimismo y gurús en busca de nuestro bienestar. Tres ingredientes de un mismo cóctel realmente explosivo y millonario. ¿Pero qué dice la ciencia sobre la felicidad?





“Porque desde luego, alguna especie de idea general debía tener si habían de llevar a cabo su tarea inteligentemente; pero no demasiado grande si habían de ser buenos y felices miembros de la sociedad, a ser posible. Porque los detalles, como todos sabemos, conducen a la virtud y a la felicidad, en tanto que las generalidades son intelectualmente males necesarios”.

Cuando oigo hablar del término felicidad suelo recordar a Aldous Huxley y su novela “Un mundo feliz”. Desde hace aproximadamente una década, una corriente influyente de la psicología ha optado por transformar su discurso. Su objetivo no es otro que modificar el enfoque clásico y optar, según sus adeptos, por “estudiar la experiencia subjetiva positiva”.

Martin Seligman, uno de los psicólogos más famosos del mundo y padre de la psicología positiva, publicó en el año 2002 un libro en el que pretendía demostrar qué era la felicidad y cuáles eran los pasos que debíamos dar para conseguirla.

Y es que según Seligman, la psicología tradicional se había centrado durante décadas en una perspectiva negativa de la vida, mediante el estudio de la enfermedad. La felicidad de las personas, según la psicología positiva, podría alcanzarse fomentando sus fortalezas (además de encontrando sus debilidades), mejorando sus buenas experiencias y por último, promoviendo las destrezas y habilidades de cada individuo.



¿Eres feliz?




"La felicidad no es la meta, sino el camino". "El arte de ser feliz". "La felicidad de las pequeñas cosas". ¿Los reconocen? Títulos como éstos pueblan miles de estanterías en librerías de medio mundo. La inocente psicología positiva de Seligman se ha convertido hoy en un millonario fenómeno de masas. Libros de autoayuda, discursos de coaching para sacar lo mejor de ti mismo y gurús del optimismo no hacen más que repetir lo mismo: la felicidad existe.

felicidadY para que tú, como ser terrenal, seas capaz de disfrutar de esa suerte de paraíso de Adán y Eva, debes descubrir la verdad. Los cinco pasos que te separan del verdadero camino. Los elementos clave para sacar el máximo rendimiento de ti mismo. Los detalles que conducen a la virtud y a la felicidad, y las generalidades que debes rechazar, que diría Huxley.

Para reafirmar su compromiso y ayudarte a ser feliz, la escuela creada por Seligman en la Universidad de Pensilvania ha creado incluso una web sobre la Auténtica Felicidad. En esta página podemos responder a cuestionarios y evaluar valores como la gratitud, la satisfacción con nuestra vida o el optimismo.

La receta de la felicidad no se compone ya de conseguir un trabajo gratificante, tener pareja y mantener un buen estado de salud. Éstos son los cinco pasos identificados por Seligman que separan nuestra vida actual de la auténtica felicidad:

Sentir emociones positivas (placer)
Vivir con entrega (disfrutar el momento presente)
Dotar a nuestra vida de sentido
Lograr las metas que nos proponemos
Establecer y mantener relaciones estables con las personas que tenemos al lado
Podríamos pensar que los elementos que plantea la psicología positiva son aceptables, e incluso, parecernos razonables. El problema es que algunos críticos del movimiento de Seligman denuncian que esta corriente no es más que magia simpática. Sus detractores también advierten del peligro que supone abrazar un desmesurado optimismo.

Y es que los factores positivos no tienen por qué ser los únicos que transformen nuestra vida. Como explica la investigadora María Prieto-Ursúa, el estrés y la adversidad son dos condicionantes negativos que juegan un importante papel en el desarrollo de las fortalezas personales necesarias para sobrevivir y crecer.



La ecuación de la felicidad


Sonja Lyubomirsky, otra de las controvertidas investigadoras de la psicología positiva, propuso una fórmula para que pudieras ser un 40% más feliz. Si consideramos que "S" es la situación de partida y está determinada genéticamente, "C" son las circunstancias de la vida y "A" es nuestra actividad deliberada, la receta mágica para la felicidad ("H", de happiness) sería la siguiente:

H (100%) = S (50%) + C (10%) + A


A lo largo de los últimos años, la psicología positiva, aun cargada de buenas intenciones, no ha hecho más que abusar de correlaciones. Marino Pérez-Álvarez, de la Universidad de Oviedo, plantea que el movimiento de Seligman se transformó a partir de 2011. El objetivo ya no era buscar la felicidad, sino promover el bienestar y el crecimiento personal.

Y aquí empieza la trampa. Algunos de los textos de la psicología positiva explican que "el bienestar produce salud", cuando evidentemente la frase sólo es correcta en el orden inverso. Pero hay más. Seligman propone que la experiencia de la emoción positiva es heredable en un 50%. Parece ser que los nuevos gurús del optimismo no sólo plantean ecuaciones matemáticas para que seas más feliz. También han detectado secuencias de ADN que podrían dibujarte una sonrisa.





Cambiar tus hábitos sin base científica

Las excentricidades de la psicología positiva y su millonaria industria de oradores motivacionales han permitido que sea tachada de mera pseudociencia. Los discursos exagerados han topado con la cruda realidad del método científico: las hipótesis en investigación deben demostrarse para que se conviertan en teorías.

Como podemos leer en Materia, el último debate sobre psicología científica ha terminado siendo un fraude. En 2005, la científica Barbara L. Fredrickson publicó un artículo sobre sus hipótesis de las emociones positivas, en el que explicaba que tu vida cambiaba si experimentabas 2,9013 emociones positivas por cada emoción negativa.

Ser feliz ya no era sólo una cuestión genética. Cambiar tus hábitos era posible: mantener una relación de 3 a 1 en tu experiencia emocional era suficiente para que tu vida fuera de color de rosa. Por desgracia, esta aseveración no tiene ningún tipo de base científica. Las matemáticas de la felicidad eran en realidad una tontería mayúscula. Para demostrarlo, el ingeniero Nick Brown y el físico Alan Sokal se propusieron razonar por qué la hipótesis de Frederickson no tenía sentido.

Y es que el último argumento de Frederickson roza el esperpento. Según la científica, dependiendo de la felicidad que busquemos, nuestro sistema de defensas se activará de una manera u otra para luchar contra las bacterias. La última crítica de Brown y Sokal a sus estudios ha sido publicada en la revista PNAS:

El artículo evalúa la investigación de Frederickson publicada, que estableció dos dimensiones diferentes del bienestar psicológico, correlacionadas de manera distinta con los niveles de expresión de determinados genes asociados con diversas respuestas del sistema inmune. Mostramos que no sólo el artículo de Frederickson es conceptualmente deficiente, sino que su análisis estadístico es tremendamente defectuoso, hasta el punto de que los resultados que propone no son significativos.


Está claro que nuestros pequeños momentos de felicidad se derivan de mecanismos muy complejos. Por ejemplo, cuando realizamos deporte se liberan endorfinas, de forma que además de sentirnos cansados, podemos experimentar un gran bienestar. No es la única situación donde un variado cóctel químico sacude nuestro cuerpo. Al enamoramos, buena parte de la felicidad que sentimos se debe a una mezcla de hormonas y reacciones bioquímicas.

Tras los sencillos discursos que rodean a la investigación en psicología positiva, se esconden en realidad explicaciones simplistas acerca del funcionamiento de nuestro cerebro. La retórica cientifista sobre la felicidad y el optimismo no hace más que alejarnos de la realidad: todo es más complicado de lo que parece.

Durante la próxima década, iniciativas como el Human Brain Project, tal vez puedan enseñarnos un poco más cómo funciona nuestra mente. Sólo así podremos desentrañar la misteriosa y razonable frase de Aldous Huxley: "La felicidad no se consigue por la búsqueda consciente de la felicidad; generalmente es el subproducto de otras actividades".


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